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¿Tiene salida el Frente Amplio?

©

Antonio Zapata

 

 

 

 

Al estallar las contradicciones en el FA, diversos analistas han pronosticado su división y algunos la han celebrado anticipadamente. Pero, no parece ser la única opción en juego y quisiera revisar alternativas menos dramáticas y penosas.

A mi entender, el mejor análisis de la crisis del FA se debe a Juan de la Puente, quien identifica los dos proyectos en colisión. Resumiendo en mis palabras su parecer, Verónika tiene como meta ser gobierno el 2021, encarnando una izquierda moderna y abierta a las demandas sociales, cívicas y democráticas de sectores populares y de clase media. Por su lado, el sector de Arana tiene como objetivo formar un sujeto social, denso y ecologista; en tanto ello, su proyecto es formar un grupo de presión y no necesariamente pretende ser gobierno. Esta diferencia explicaría la contradicción sobre el padrón; Verónika quiere abrirlo y Arana pretende mantenerlo cerrado, porque sus metas obligan a convicciones fuertes y no a las masas organizadas que requiere Mendoza.

Esa oposición es innegable y Juan la ha precisado claramente. De ahí desprende que ya se ha producido una división y le desea a Verónika viento en popa para su proyecto independiente. Pero, la diferencia precisada por Juan no es antagónica. Por el contrario, ambos proyectos tienen espacio dentro del mismo Frente, porque sus objetivos programáticos son consistentes. Ambos comparten una opción de transformación del Estado y la Sociedad colocando por delante a los sectores postergados por el modelo neoliberal. Si se revisa el debate sobre principios del FA se encuentra una coincidencia casi al 100% y una situación semejante en torno a programa y agenda parlamentaria. Así, no hay un abismo sobre el fondo de las cosas.

Entonces, ¿qué motiva tanta bulla? En primer lugar, la idea de que el FA debe ser un partido, unido en torno a un solo liderazgo y con una sola inscripción. Si eso se busca, entonces se divide porque no da para eso. Pero, por qué tendría que ser así. Una coalición es un entendimiento entre grupos afines que sin embargo tienen diferencias de enfoque que obligan a marchar medianamente separados. El grupo de Arana tiene la inscripción de Tierra y Libertad y Verónika puede buscar la suya. En ese entendido, el nombre FA quedaría reservado para el frente entre ambos grupos.

De este modo, para mantener al FA es preciso aceptar plenamente que TyL manejará su inscripción como decida en su congreso del Cusco. Paralelamente, se entiende que Verónika buscará su registro a partir del congreso de setiembre, fogueando un aparato orientado a ganar las presidenciales del 2021.

Otro punto es la cuestión del dinero. Aunque el acuerdo fue por unanimidad, el grupo de Arana ha resentido la decisión de cotizar para un plan político del FA que incluya a Verónika. Detrás de esta pequeña mezquindad, se halla una cuenta grande. La ONPE ha solicitado una partida para el financiamiento de los partidos. Si se concreta, el ingreso del FA será superior a los cien mil soles mensuales. Pero, asuntos de plata siempre tienen solución entre fuerzas que optan por mantener un paraguas común.

Construir una coalición en medio de una crisis requiere prudencia. La unidad pende de un hilo, porque hay un congreso en marcha y el grupo de Arana piensa que mejor se suspende. Por ello, la situación es delicada y los agravios entre dirigentes pueden agravarla irremediablemente.

La única solución es que ambas corrientes entiendan que tienen mucho por ganar gracias al mejor modus vivendi. Manteniendo la unidad del FA, Arana tendrá además su grupo cerrado y contará con dinero; mientras que Verónika organizará la esperanza depositada en sus tres millones de votos y partirá materialmente de cero, como ha sido siempre en los proyectos de hondo calado nacional.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 
 

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