En el Perú, por sus fracturas sociales, hay espacio para opciones radicales

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Entrevista a Antonio Zapata

 

 

 

 

¿Cómo diría que recibimos los 25 años de la captura de Abimael Guzmán?

Hay diversas respuestas. La novedad es cierta preocupación por el resurgir de Sendero, no como aparato militar sino político con influencia en sindicatos, como en la última huelga magisterial.

Como partido.

Como partido político. Hay un nivel de preocupación, que para algunos se convierte en histeria, para otros en una llamada de atención para hacer un debate ideológico…

Que no tuvimos nunca.

En los ochenta, en plena guerra, no había condiciones para eso. Y no lo hicimos en los noventa ni después, en el 2000, cuando creíamos que Sendero estaba derrotado políticamente, lo cual no era cierto. Otro tema a rescatar en estos 25 años es que las heridas no han cerrado: la guerra fue muy cruel con muchas víctimas inocentes. El clima es de un fuerte rechazo, con señalamiento de responsabilidades…

Con Sendero en el primer lugar de la lista.

Es cierto que hay la idea en la opinión pública de que los militares se excedieron, pero a Sendero se le hace primer responsable y por razones lógicas: ellos empezaron y fueron muy crueles porque se la agarraron con la población civil. No estamos al borde de la reconciliación, ¿no?

Si la opinión pública tiene una posición contra Sendero, ¿no debería estar cerrada la puerta para la aparición de movimientos similares?

Es que en el Perú, por sus fracturas sociales, hay espacio para opciones radicales.

En política el espacio vacío siempre se llena.

Así es. Y hay opciones radicales que podrían ocupar ese vacío. No sería extraño.

¿Un movimiento como el Movadef podría tener predicamento con los jóvenes?

No veo eso entre la juventud universitaria. Se dice que (el Movadef) ha aparecido en el liderazgo de maestros. No sé cuántos podrían ser. Sí se sabe que los maoístas, los legales e ilegales, han crecido en la red educativa, por eso es como un poco obvio que se va a insistir con eso. En el gremio magisterial es donde resulta más necesario un debate ideológico, político. ¿El Estado es el responsable de algo así? Más los partidos, diría. Carlos Tapia tiene razón cuando dice que la izquierda no se moja en el debate con los ‘terrucos’ en las bases.

¿Es una izquierda que se pone de perfil?

De perfil frente al movimiento popular. Es una izquierda electoral que se mueve con facilidad para impulsar candidaturas, pero que ha ido abandonando la lucha por el liderazgo de las organizaciones sociales. Y eso tiene consecuencias: como usted dice, si se deja el espacio libre, alguien lo va a llenar. Es una vieja ley de la política.

¿Podría ocurrir en el Perú algo similar como ha pasado con las FARC en Colombia, que ahora son un partido legal?

Los procesos de reconciliación ocurren cuando el antagonista tiene una fuerza militar. Por eso las FARC negociaron, porque podían ofrecer dejar las armas. Esa condición no existe en Perú. Si Sendero hubiese querido avanzar hacia algo así, lo hubiera planteado mucho antes. La segunda situación es cuando el gobierno de turno tiene cierta afinidad con los alzados. En el Perú, con un gobierno de derecha liberal y una oposición de derecha populista, ese espacio también está cerrado. No veo posible…

¿La presencia política legal de Sendero con otro nombre?

Claro. Además, la reconciliación ocurre cuando el grupo alzado en armas reconoce y asume responsabilidades. Eso no ha pasado.

¿Cuántas horas conversó con Elena Iparraguirre para poder escribir su libro?

Tengo registro de 21 conversaciones, pero debo haber conversado en total unas 30 veces, a cinco horas por vez: unas 150 horas.

Y ella no demuestra rastros de arrepentimiento?

Su argumento va así: lo importante es preguntarse si la guerra fue justa o no. Para ella lo fue por una serie de argumentos que tienen que ver con las fracturas sociales, la explotación. Ella, me parece, tiene un acto de contrición por las víctimas, pero las asume como un resultado inevitable.

Que nace de una decisión que fue correcta y justa.

Así es. Tampoco es que haya un desprecio por la vida humana de su parte, sin embargo se reafirma en la justicia de su causa. Ella cree que la historia la reivindicará. De hecho sigue creyendo en la inevitabilidad del comunismo, de la revolución. Pero ella ni Sendero han dicho nunca que la guerra fue una mala idea. No hay una actitud básica de arrepentimiento.

La próxima excarcelación de Maritza Garrido Lecca genera temor. ¿Se justifica?

No, porque no era de la cúpula ni militante. Ni siquiera tenía una “chapa”. No digo que sea poca cosa, pero pagó 25 años y no tiene mando político ni va a ejercer nada por el estilo. ¿Qué miedo puede provocar ahora Maritza Garrido Lecca? Hay que desdramatizar el tema. Lo que pasa es que ella vende y capta todos los flashes.

¿Qué imagen le queda de Sendero ahora?

Siempre les tuve mucha bronca. Era muy amigo de María Elena Moyano y la vi caer. Luego quisieron matar a Michel (Azcueta) que sobrevivió con las justas. Uno de mis intereses con Iparraguirre fue aclarar estas cosas. Digamos que ahora comprendo mejor la lógica de ellos, su mentalidad, lo que no significa, para nada, justificar ni aceptar.

¿El Perú ha aprendido de la experiencia con Sendero?

Algo sí, no lo suficiente. Lo que pasó con el Lugar de la Memoria te demuestra que el Estado como que busca ponerse de lado, sin irritar a nadie.

¿Y las Fuerzas Armadas o la Policía han aprendido?

Me parece que sí. Entre militares y marinos, el debate es más serio que entre la clase política. Esta última, en cambio, ha permanecido indiferente. ¿Qué dirigente de Acción Popular ha sido autocrítico del gobierno de Fernando Belaunde, por ejemplo? ¿O qué dirigente del Apra?

Y la sociedad peruana, ¿cree que ha reflexionado sobre las condiciones que de alguna manera gatillaron la aparición de Sendero?

No tanto. En más de un sentido, el Perú es bien parecido a como era antes. La distancia entre las clases sociales es enorme. El deseo de exclusividad permanece, y la segregación por lo tanto. El racismo ya no es tanto de piel sino de billetera, es más clasismo. La sociedad es casi tan oligárquica como lo era antes de Velasco. Ya no hay Ancón, pero hay Asia. Y hay grupos que tienen más tierras que las que tenía Casagrande: el grupo Oviedo, Gloria. Lo que se aprecia ahora es un mega-latifundismo, más moderno.

 

 

(*) Historiador y docente universitario, quien acaba de publicar 'La guerra senderista: hablan los enemigos' (Taurus), libro que es, en parte, producto de una serie de conversaciones con la número dos de Sendero Luminoso, Elena Iparraguirre.

 

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