Pese a quien le pese

Velasco volverá

  FRANCISCO DEL CARPIO

 

 

 

 

 

 

 

 

Volverá sobre los hombros de su tropa y sus reservistas. Volverá en los lomos fieros de los trabajadores arequipeños que en junio del 2002 se levantaron contra la privatización de sus empresas y en los puños encrespados de los campesinos de Cocachacra que pelean hoy para que la Southern no les envenene ni el aire ni el agua ni la tierra.

 

 

 

Piura ha dado al Perú las dos glorias más grandes de su historia republicana, uno en cada siglo. Bajo el sol de Piura, silenciosamente, nacieron dos caballeros, dos militares, dos gigantes de la historia. Uno marinero: Miguel Grau, "el Caballero de los Mares", quien dio no solo muestras de valor, sino de honor y generosidad con el enemigo y amor a la patria; y, el otro, soldado raso: Juan Francisco Velasco Alvarado quien demostró, también, no sólo valor sino honor, generosidad y lealtad para los suyos.

Ambos han sido determinantes para la historia del Perú. Grau, con un vetusto monitor acondicionado dio al Perú la más grande lección de honor y heroísmo no aprendida por quienes le sucedieron en su arma. César Hildebrandt pintó el mejor retrato del Almirante: "fue el mártir voluntario y hazañoso de un país que, como ahora, había decidido suicidarse. Eso agranda aún más su figura. Por Grau es que el gentilicio peruano recobró honores y dignidades. Por Grau es que podemos mirar atrás sin avergonzarnos del todo. Y el legado de Grau no es un botín naval anclado en Talcahuano. Su herencia tiene el clamor de una advertencia que los pobres de espíritu de toda la vida se niegan a oír".

Del General Velasco -sin temor a equivocarnos- podemos decir lo mismo. Juan Francisco Velasco Alvarado demostró no sólo valor sino también honor, generosidad y lealtad para los suyos, los más humildes, los más necesitados y desvalidos. Pero, por lo que más se recordará a este hombre será por haberse enfrentado al imperialismo y haber inculcado en nuestro pueblo el concepto de dignidad nacional, criterio que, por cierto, la burguesía parasitaria del Perú, lo que José Zuzunaga llamara lupemburguesía no conoce, como tampoco la conocen algunos periodistas "mermeleros" que solo escriben o hablan lo que sus patrones quieren.

Para los que no sepan, este general del ejército peruano nació pobre y murió pobre. Vio la luz en el barrio popular piurano de Castilla el 16 de junio de 1909 en el seno de una familia de trabajadores, cursó sus estudios primarios en una escuela fiscal de Castilla y los secundarios en el colegio nacional de Piura. Al concluir la secundaria viajó a Lima para ingresar al ejército como soldado raso, voluntario, finalizando su carrera militar como presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú. Su experiencia militar le permitió conocer el país, de punta a punta, teniendo la oportunidad de constatar cómo nuestra patria era expoliada por las transnacionales, mientras un empresariado "nacional" parasitario, ocioso y subsidiario de esas transnacionales "gobernaba" la nación, para usufructo de sus patrones extranjeros.

Juan Velasco Alvarado fue el Presidente más brillante que ha tenido el Perú en toda su historia no solo porque tuvo la hombría de enfrentarse al imperialismo y a la oligarquía en un país donde la testosterona para tratar al capital extranjero es articulo de lujo. Fue brillante porque, con él se recuperaron nuestras riquezas naturales, se nacionalizaron el petróleo y las minas y fuimos potencia energética; se repartió la tierra a los campesinos; se nacionalizaron la industria pesquera y los ferrocarriles; se desarrollaron nuestra marina mercante y la aviación comercial y se dio participación a los trabajadores en las ganancias de sus empresas. Finalmente, se promulgó una avanzada Ley General de Educación que, de haber sido aplicada, hubiera cambiado la faz del país, sin embargo, un sector de profesores emprendieron una cruzada contra ella movilizando a bastos sectores del magisterio y a estudiantes secundarios y universitarios, argumentando que era una ley fascista.

Sus detractores debieron quedar entre el imperialismo y los terratenientes; empresarios y banqueros; barones del azúcar y toda la burguesía expropiada. Sin embargo, fueron los revolucionarios del entonces maoísta "Partido Comunista del Perú-Patria Roja" de Rolando Breña, recién fundando, los que pusieron contra Velasco las masas descontentas de maestros y estudiantes "huantinos de corazón". Fueron ellos los que debutaron aquí con la asonada fascistona del 20 de noviembre de 1973, cuando convirtieron a Radio Universidad en la Rosa de Tokio al servicio de la mentira.

Como sucede casi siempre en la historia, la felonía y la traición -más la ayuda de estos revolucionarios- acabaron con el mejor gobierno de la historia republicana y no republicana del Perú.

El honor y la dignidad frente a este proceso son para el Partido Comunista Peruano, el partido del Senador (años después) Del Prado. Fue el PC el que se jugó todo, hasta el final, por esta revolución de la que Fidel Castro dijo "no será marxista-leninista", pero desde la perspectiva del marxismo leninismo "si, es una revolución".

El Partido Comunista tuvo que luchar en varios frentes defendiendo esta causa. Contra la derecha, contra el Apra y contra esta izquierda pervertida. Fueron los trabajadores de la CGTP y de la FDTA los que se movilizaron para salvaguardar lo conquistado. Fueron en esas movilizaciones que vimos cómo Generales (con mayúsculas) del ejército peruano como Leonidas Rodríguez Figueroa, Edgardo Mercado Jarrín, Enrique Gallegos Venero, José Graham Hurtado  y Jorge Fernández Maldonado junto a Rolando Gilardi Rodríguez de la FAP, marchaban en "columnas checas" con los trabajadores, abrazados por las calles junto a Jorge Del Prado, Raúl Acosta e Isidoro Gamarra y con ellos el Embajador de Cuba revolucionaria: Antonio Núñez Jiménez.

Mientras, los discípulos de Mao vivían en las Universidades su revolución cultural proletaria cantando "veremos a Consuelo (Gonzáles, la esposa del presidente), colgada de un farol y al chino de Velasco con las tripas al sol".
 

 

Fueron los trabajadores de la CGTP y de la FDTA los que se movilizaron para salvaguardar lo conquistado. Fueron en esas movilizaciones donde vimos cómo Generales (con mayúsculas) del ejército peruano como Leonidas Rodríguez Figueroa, Edgardo Mercado Jarrín, Enrique Gallegos Venero, José Graham Hurtado y Jorge Fernández Maldonado junto a Rolando Gilardi Rodríguez de la FAP, marchaban en "columnas checas" con los trabajadores, abrazados por las calles junto a Jorge Del Prado, Raúl Acosta e Isidoro Gamarra; y, con ellos, el Embajador de Cuba revolucionaria: Antonio Núñez Jiménez.


La lucha de Patria Roja "contra la junta militar fascista" dio sus frutos. El 29 de Agosto de 1975, Francisco Morales Bermúdez, general borrachín y traidor, dio el golpe que los ex latifundistas impulsaron y la CIA financió. A partir de ese día el general felón empezó por desmontar toda la obra de Velasco. Y fue entonces que se devolvió todo, se remató todo, absolutamente todo fue a parar a manos de nuevos monopolios capitalistas apátridas para borrar de la memoria nacional al General Velasco. No obstante, y a pesar de todo, él vivirá eternamente en la conciencia de todos los peruanos. Cuando murió, un millón de limeños, desafiando la represión del traidor le acompañaron a su morada final.

Desde el 3 de octubre de 1968 han pasado 47 años y el prestigio de Velasco va creciendo como la gloria de Bolívar cuando el sol declina. Porque Velasco aún vive en el recuerdo de los pueblos olvidados del Perú y, más temprano que tarde, volverá, como escribiera Gustavo Valcárcel, "en el agua que besará el desierto y en el regazo de las comunidades indias". Esos versos dedicados a Mariátegui (25 años después de su muerte) y al partido comunista, sirven, perfectamente, para hoy, porque Velasco, también, volverá en el campo repartido entre los indios y en las comunidades campesinas. En el petróleo que nacionalizó y en la tierra devuelta a sus milenarios dueños.

No importa que pasen cien años, pero Velasco volverá: "en el átomo, el carbón y el hierro; en la electricidad popular llena de luces; en el maíz...". Volverá "en el rocío de la vida; en la risa marina de los negros; en el campo repartido entre los indios; en la dicha nacional de las mujeres. En la salud y el agua y en el alfabeto viviente de los libros". Volverá en las fábricas de los trabajadores que protegió con sus leyes y que hoy luchan por recuperar sus horas de trabajo o el trabajo mismo los que fueron despedidos.

Volverá en los trapiches de las haciendas azucareras de Laredo, Pomalca y Chucarapi; en Cerro Verde, Marcona y Cerro de Pasco. Y si Mariátegui, a decir de Gustavo Valcárcel, deberá volver sobre los hombros gloriosos del Partido Comunista, Velasco volverá sobre los hombros de los trabajadores petroleros de Talara y los pescadores de Chimbote.

Finalmente, volverá sobre los hombros de su tropa y sus reservistas. Volverá en los lomos fieros de los trabajadores arequipeños que en junio del 2002 se levantaron contra la privatización de sus empresas y en los puños encrespados de los campesinos de Cocachacra que pelean hoy para que la Southern no les envenene ni el aire ni el agua ni la tierra.

Y volverá para quedarse, por más obstáculos que le pongan los felones, los de siempre, los que lucran con el dolor ajeno y los que se venden diariamente a Cerro Verde. Velasco volverá con su cuerpo completo y su espíritu intacto.

Escrito originalmente para La Jornada, publicación de la FDTA, de Octubre del 2003

 

 

 

Velasco en el recuerdo
Por Víctor Oliva Miguel (*)
 

Fueron los trabajadores de la CGTP y de la FDTA los que se movilizaron para salvaguardar lo conquistado. Fueron en esas movilizaciones donde vimos cómo Generales (con mayúsculas) del ejército peruano como Leonidas Rodríguez Figueroa, Edgardo Mercado Jarrín, Enrique Gallegos Venero, José Graham Hurtado y Jorge Fernández Maldonado junto a Rolando Gilardi Rodríguez de la FAP, marchaban en "columnas checas" con los trabajadores, abrazados por las calles junto a Jorge Del Prado, Raúl Acosta e Isidoro Gamarra; y, con ellos, el Embajador de Cuba revolucionaria: Antonio Núñez Jiménez.


.... H an pasado 33 años del inicio de uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia republicana, y 24 años de la muerte del General Juan Velasco Alvarado. Tiempo suficiente para enjuiciar desapasionadamente al hombre y su obra. Ni satanización ni sacralización para analizar este proceso político sui géneris.


La Revolución Nacionalista de las Fuerzas Armadas del Perú fue un proceso autónomo que se desarrolló institucionalmente para transformar el sistema político, económico y social del país y cancelar nuestra condición de sociedad subdesarrollada, oligárquica y sometida a los intereses del imperialismo y construir una democracia social participativa.


Este proceso político se definió como nacionalista e independiente , y doctrinariamente como un humanismo revolucionario de clara oposición a los diversos sistemas de explotación social.


La primera y radical medida revolucionaria fue la recuperación del petróleo de la Brea y Pariñas de manos de la International Petroleum Company (IPC), que explotaba estos yacimientos y pretendía la propiedad del suelo y subsuelo del área de Talara. EEUU amenazó con aplicar la famosa "Enmienda Hickenlooper", que cortaba toda ayuda económica y militar, lo que no llegó a efectuarse porque Nixon retrocedió ante la firmeza del General Velasco y el rechazo de todos los países latinoamericanos y su solidaridad con el Perú.


La segunda razón para la satanización fue la Reforma Agraria. El verdadero poder de la oligarquía peruana estaba en la propiedad agraria, mediante la cual ejercían una influencia decisiva desde el punto de vista político, financiero y económico. Con la Reforma Agraria iniciada el 24 de junio de 1969, al tomarse los complejos agroindustriales para formar cooperativas agrarias con sus trabajadores, se dio un golpe de muerte al gran latifundio y se "rompió el espinazo" a la oligarquía peruana y a la explotación inhumana de los campesinos. Esta oligarquía ponía y sacaba gobiernos.


En aras de la verdad histórica creemos un deber explicar lo siguiente:


- De acuerdo con el Decreto Ley 20681 de fecha 23 de julio de 1974, fueron expropiados (no estatizados ni confiscados) para su posterior socialización los diarios de distribución nacional. Durante un año los diarios expropiados fueron administrados por personas designadas por el gobierno y en forma temporal en espera del Reglamento respectivo. Este Reglamento se publicó oficialmente el 24 de julio de 1975 con la denominación de "Reglamento de las Asociaciones Civiles", o sea las nuevas entidades propietarias de los diarios de distribución nacional. Las Asociaciones Civiles estarían constituidas por una Junta General integrada por 30 delegados elegidos por los respectivos sectores organizados; y un Consejo Directivo compuesto por 7 representantes del sector (elegidos por la Junta General). Además deberían integrar el Consejo Directivo el Director del diario y 3 representantes de la Comunidad Laboral.


Lamentablemente, un mes después de la expedición del Reglamento, 29 de agosto de 1975, se produjo el relevo del General Velasco y asumió el mando el General Morales Bermúdez, quien jamás aplicó el Reglamento expedido. El proyecto quedó trunco, pues se desvirtuó su propósito original e inédito de que los diarios pasaran a manos de la sociedad civil.
La cuarta razón para la injusta satanización se refiere al aspecto económico y financiero realizado durante el período 1968-1975.


Es absolutamente indispensable que se conozca y se lea el libro titulado "La Revolución de Velasco en cifras" del General Amílcar Vargas Gavilano, que fue ministro de Economía y Finanzas en ese período. Este libro tiene un especial valor probatorio ante la historia.


Ofrecemos estas reflexiones con motivo de haberse cumplido hace poco el vigésimo cuarto aniversario de la muerte del General Juan Velasco Alvarado, conductor y líder indiscutible de la Revolución nacionalista de las Fuerzas Armadas en el período 1968-1975. Las reformas realizadas vislumbraron las bases de una justicia social, creadora y auténtica que los socialistas peruanos tenemos el ineludible compromiso y deber de continuarlas.
 


(*)Secretario General del Partido Socialista Revolucionario (PSR)

 

 

 

 


In Memorian
Rubén Ramos / Rebelión

Hoy se cumplen cuarenta y siete años del inicio de la Revolución Peruana que condujera el general Velasco y corones progresistas del Ejército peruano. Siete años después, otro general, del mismo ejército, pondría a éste, y a toda la institucionalidad castrense, al servicio de la Seguridad Nacional estadounidense.


Un primer hecho fue la integración en la “Operación Cóndor” junto a las demás cúpulas de las dictaduras militares de América del sur. Su objetivo: asesinar y desaparecer dirigentes y militantes de la lucha popular. El entreguismo significó, igualmente, la reversión de las conquistas progresistas y revolucionarias de orden económico, social, ideológico, cultural y político, y su entrega al manejo y las decisiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM), del Banco Interamericano (BID) y de la Agencia para el desarrollo internacional de Estados Unidos (USAID).

Hoy, quiero recordar lo que el Presidente Velasco dijera respecto de nuestros recursos naturales, de la lucha de nuestros pueblos, del poder extranjero (FMI, BM, BID, USAID), de la soberanía, de la unión e integración latinoamericana, de la minería. Precisamente cuando coinciden en el Perú las protestas de los pueblos originarios de sus regiones Apurímac y Arequipa contra la voracidad extranjera de los socios inversionistas mineros de esas instituciones, con la “reunión otoñal” y decadente de la dupla financiera de la ONU (FMI-BM).

Dice Velasco [i]

“Los pueblos del Tercer Mundo luchan por superar definitivamente las condiciones generales del subdesarrollo que secularmente han hecho de ellos pueblos explotados. Aquí se encierra una causa de justicia que no puede ser ignorada y menos desdeñada. Tenemos plenitud de derecho para construir la realidad de un futuro mejor, más justo y más libre.

En esta lucha gigantesca nuestros recursos naturales tienen una importancia decisiva. Ceder en ella equivaldría a renunciar a la posibilidad de cancelar definitivamente un pasado ominoso que nos hundió en la miseria y el atraso. Nadie puede pedirnos que actuemos de este modo. Se han abierto ya, definitivamente, las puertas de una nueva era. En ella no pueden tener cabida las prácticas expoliadoras del pasado. Ser poderoso ya no puede significar impunidad para oprimir a los demás, ni para basar su grandeza en la miseria de los otros.

Hay un mundo insurgente en nuestra época que ya no puede ser detenido en su camino. Es el mundo que constituyen los pueblos hasta ayer oprimidos de la tierra. Es nuestro mundo. El mundo de las naciones que han empezado a transformarse para ser libres. Ese es el mundo al cual el Perú pertenece y al cual habrá de pertenecer en el futuro.

Para nosotros no existe posibilidad alguna de construir una sociedad de justicia si mantenemos la realidad y las normas del pasado. Su transformación inexorablemente significa romper las ataduras que hasta ayer nos supeditaron a los centros de poder extranjero.

La lucha por la soberanía nacional está en el corazón mismo de todo esfuerzo revolucionario. Y esa lucha necesariamente entraña restituir a los Estados soberanos el poder de decisión sobre todos sus recursos naturales. Tal restitución decreta el inevitable enfrentamiento con los intereses de la dominación económica extranjera, parte esencial de la realidad que toda revolución nacionalista tiene que cambiar de raíz. Por todo ello el nacionalismo militante que defiende nuestra soberanía tiene que ser de clara e inabdicable naturaleza anti-imperialista. Sólo comprendiendo la absoluta justificación histórica y la plena razón de justicia de una posición así, podrán los países poderosos del mundo estar dispuestos a encontrar formas de solución real que garanticen un nuevo trato equilibrado, económico, político y moralmente viable.

Tal es a nuestro juicio el pre-requisito de cualquier solución perdurable a los innegables problemas que hoy existen entre nuestros países y aquellos que hoy detentan el poder en el mundo. Nadie crea que somos naciones desvalidas. En nuestra riqueza radica potencialmente nuestra fuerza. Pero nuestra unión es el camino para actualizar esa extraordinaria potencialidad. En la medida en que seamos capaces de implementar políticas unitarias, podremos alcanzar relaciones verdaderamente justas y durables.

Una visión realista y generosa del futuro demanda el reconocimiento de que estamos proponiendo un enfoque sensato a los problemas que encierra nuestra relación con los países que necesitan las materias primas que nosotros producimos. El afán de justicia de los pueblos del Tercer Mundo no podrá ser en adelante sofocado. No se trata, por cierto, de plantear políticas imposibles. Se trata solamente de reconocer necesidades e intereses plurales y distintos. Ello exige redefinir de manera profunda las relaciones desequilibradas e injustas que hasta hoy han prevalecido entre el sector desarrollado del mundo y los pueblos emergentes que estamos luchando por nuestra independencia verdadera. Nadie puede desconocer el legítimo derecho que tenemos a defender lo nuestro.

Y en cuanto al problema energético-minero, precisa:

“El Perú entiende que el problema energético-minero en el mundo de hoy se sitúa en el área central de las relaciones entre los países que luchan por su desarrollo auténtico y autónomo. Nadie debe ignorar la realidad esencialmente conflictiva de tales relaciones. Porque nadie puede ignorar que ellas ponen de relieve una profunda disparidad de intereses económicos en torno a este problema. Será preciso una nueva visión, alta y esclarecedora, para que todos podamos comprender que sólo criterios de auténtica justicia pueden proporcionar el cuadro normativo que permita dar solución integral y duradera a esa compleja problemática que afecta de manera directa o indirecta a virtualmente todos los países de la tierra.

En nuestro caso, la minería reviste un enorme interés para el país, porque el desarrollo nacional está íntimamente ligado al desarrollo de la minería. El sector externo de nuestra economía dependerá fundamentalmente de la exportación de metales con el mayor grado de procesamiento que permita nuestro desarrollo industrial.

Es indispensable apoyar de manera decidida a la pequeña y mediana minería, sin descuidar las actividades de la gran minería que constituye factor de primordial importancia en la vida económica nacional. Pero es preciso plantear la problemática minera dentro de una perspectiva histórica y global que permita encararla en términos de hoy, no del pasado. Esto implica sentar las bases para una política minera nacionalista, reemplazando el sistema de concesiones por el de contratos. Estableciendo que la refinación y la comercialización de nuestros minerales y de sus derivados son de responsabilidad del Estado. Debemos procurar nuevas legislaciones con dispositivos destinados a estimular la concurrencia del capital privado en las etapas de exploración y explotación. La nueva orientación de la política minera peruana debe asegurar que las ganancias de la industria de la minería sean para el país".

Nota:

[i] Rubén Ramos, Velasco: El pensamiento vivo de la Revolución. ISBN 978-980-12-3923-9

 

 

 

La noche de los coroneles

  RAÚL WIENER

Cuando en el año 2000 murió el general Jorge Fernández Maldonado, el coronel que leyó el famoso manifiesto de la revolución peruana del 3 de octubre de1968, no solo perdí un gran amigo (lo conocí en 1983), sino que se frustró un proyecto en el que tenía puestas muchas esperanzas: reconstruir desde sus actores al proceso militar que acaudilló el general Velasco y que cambió al país y las Fuerzas Armadas. En algunas de nuestras conversaciones preliminares, antes que el corazón lo venciera, Fernández Maldonado me adelantó, sin embargo, algunos de los temas.


La idea de la revolución –me dijo- no salió de un día para otro; el golpe militar fue madurado lentamente en la medida que los militares se decepcionaban del “progresista” Belaúnde, paralizado por la oposición en el Congreso e inclinado cada vez más a la concesión, apenas encubierta por la inagotable retórica del arquitecto.


En los mandos medios era generalizada la crítica a la enorme distancia que había entre el espectáculo de la política limeña y lo que estaba pasando en el interior del Perú, donde crecía un malestar general y hervía una rebelión en el campo contra el sistema de propiedad y gestión de la tierra imperante.
La guerrilla del 65


Fernández me advirtió que el grupo más sensible de la época lo constituyeron los jefes de inteligencia que debieron enfrentar al movimiento de Hugo Blanco y a la guerrilla de Luis de la Puente, en 1965.


Estuvimos infiltrados en estas organizaciones y recogimos no solo datos para la identificación de los implicados, sino que empezamos a discutir sobre sus ideas, que nos llegaban a través de la información que manejábamos. La pregunta que nos hacíamos era si esto era un fenómeno aislado que una vez derrotado ya no causaría más problemas, o si estábamos caminando hacia una situación en la que después de los guerrilleros de visos románticos, no vendrían cosas peores.


Luego de rociar napalm en la selva central, Fernández Maldonado se preguntó sobre el número de campesinos que habría de morir en una represión futura.


Una estructura de nivel de coroneles y algunos mandos medios empezó a trabajar en la perspectiva de definir un programa básico para sacar al país del marasmo y reducir las proyecciones de la violencia.


Para este propósito se asociaron con sus propios profesores del Centro de Altos Estudios militares, cuya mirada estaba principalmente dirigida a propiciar reformas desde el Estado que desoligarquizaran la sociedad peruana y modificaran las relaciones de poder con las clases subalternas. Este sería el germen del futuro Plan Inca.


Pero ellos eran ante todo militares y eso implicaba respuestas prácticas a problemas concretos. Ello equivalía a resolver el problema del golpe, es decir del control de la maquinaria del Estado.


El eje del drama


No era solo un asunto de técnica de la captura del poder, sino de consenso militar, que permitiera que la propuesta pasase por institucional y que la idea de la gran reforma no fuese traicionada por los generales conservadores (que eran muchos) y por los jefes de las otras armas que no estuvieron comprometidos en el plan original.


Esa relación entre lo institucional y lo revolucionario fue finalmente el eje del drama que se vivió los siete años de Velasco y los cinco de Morales Bermúdez. Pero al principio la figura providencial del general Juan Velasco Alvarado resolvió a puro don de mando la contradicción.


Elevado a la condición de comandante general del Ejército y presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, en enero de 1968, Velasco se convirtió pronto en el referente de la conspiración de los coroneles.


Según Fernández Maldonado, el general era rudo y directo y cuando se comprometía con algo no había fuerza para hacerlo retroceder. El día de la expropiación de los campos y la refinería de Talara, más tarde conocido como “día de la dignidad” (9 de octubre), toda la lógica de la revolución militar fue puesta a prueba.


Una pistola


Los actores eran un Consejo de Ministros dominado por los generales y almirantes conservadores, que querían una salida negociada con la empresa y que estaban preparando su propia “acta de Talara”; el Comité de Asesoría de la Presidencia (COAP) integrado por los coroneles revolucionarios y sus asesores; y el presidente Velasco, que parecía moverse entre los dos. Los documentos iban y regresaban entre dos salas del Palacio de Gobierno. Y el COAP iba usando expresiones cada vez más fuertes: sería una nueva traición, es inaceptable, etc.


El general Montagne, presidente del Consejo de Ministros, pidió pasar al voto, que sin duda ganaría imponiendo la versión de nuevo arreglo con la empresa. Entonces Velasco pidió un cuarto intermedio, se reunió con sus asesores y comprendió claramente cuál era el problema.


Regresó al Consejo de Ministros y colocó su arma sobre la mesa, luego dijo que les informaba, señores, que en esos momentos había dado órdenes para que las tropas ocupen las instalaciones petroleras y que eso ocurriría independientemente de lo que resuelvan los ministros. Nadie se atrevió a protestar, porque entendieron que quien lo hiciese quedaría fuera del proceso que acababa de comenzar.


Hacia finales del año, los coroneles de Velasco llegaban a generales y pasaban a ocupar posiciones como ministros. Fernández Maldonado se convirtió en titular de cartera de Fomento y Obras Públicas, que en tres meses se desdobló en varios ministerios. Al hasta hacía poco joven coronel le tocó el despacho de energía y Minas, que debía consolidar el primer impulso nacionalista y reformador. Nunca hubo un ministro más a la izquierda en este tema. Hoy se escogen a los ministros de energía y Minas entre privatizadores y amigos de las grandes empresas extranjeras.

 

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ARTICULOS Y DISCURSOS

 

1968: Mensaje a la nación con motivo de la toma de La Brea y Pariñas

1969: Discurso al promulgar la Ley de Reforma Agraria

1969: Mensaje a la nación en el primer aniversario de la revolución

1971: Discurso pronunciado en la ceremonia de inauguración de la Segunda Reunión Ordinaria del Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura

1977: Ultima entrevista

 

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