La oportunidad perdida del presidente del Perú

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  VALENTÍN PACHO (*)

 

 

 

 

Aunque, sin mucho interés, algunos peruanos en el extranjero escuchamos vía Internet el tedioso Mensaje a la Nación del Presidente de la República por el 193° Aniversario de la Independencia Nacional. Dio la impresión que se trataba no del Jefe del Estado, sino la de Papá Noel, haciendo un recuento de los regalos que había hecho a su pequeño grupo de beneficiarios, ignorando a la inmensa mayoría de peruanos a quienes alguna vez prometiera la Gran Transformación.

Es cierto que esta gran mayoría estaba más interesada, en cómo pasar las fiestas patrias que en el mensaje, pues hace tiempo que perdió credibilidad en Ollanta Humala, con excepción de los congresistas somnolientos obligados a escucharlo y la gran prensa ávida de chaparle alguna metida de pata para especular sobre ello, en función de los intereses del neoliberalismo exigente con más de lo que le ha otorgado.

El problema central del Perú es cómo salir del modelo neoliberal excluyente, la única alternativa es promoviendo un radical cambio de estructuras para una población cada vez más empobrecida, con millones de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría y niños que crecen sin perspectivas de futuro, viviendo en áreas marginales de Lima y en el resto del país

El aumento de la delincuencia es porque la pobreza aumenta. El gobierno, en lugar de centrar la atención en las causas que la genera lo mismo que la inseguridad, solo recurre al fácil trámite de aumentar policías y endurecer la legislación sobre el caso, cuando el problema es estructural.

No hace lo mismo con los delincuentes de marca, los que se convirtieron en millonarios aprovechando los puestos de gobierno, entre ellos varios ex presidentes, ex ministros, ex parlamentarios, parlamentarios actuales y altos funcionarios del estado que por arte de birlibirloque se convirtieron en victimas de “persecución política” para los que no hay ni habrá sanciones.

Cree Humala que remediando dificultades domésticas de pequeñas o grandes poblaciones se han solucionado los problemas sociales del país, cree que dando limosna a los pobres acabará con la pobreza, pero los pobres seguirán aumentando y las grandes poblaciones seguirán igualmente atrasadas: los ricos, en cambio, seguirán engrosando sus arcas y la desigualdad seguirá agudizándose en el Perú.

Las organizaciones sindicales y demás sectores populares encabezadas por la CGTP, realizaron el 9 de Julio un paro nacional cívico y popular, para exigir solución a sus demandas, las mismas que fueron presentadas en pliego a Palacio de Gobierno con la esperanza de que serían tomadas en cuenta en el discurso presidencial, pero nada. En su mensaje Ollanta Humala los ha ignorado tanto que ni siquiera se ha referido al aumento del salario mínimo. A los productores de la riqueza los ha ninguneado, no así a sus represores a los que ha promovido. Después de todo es imposible que Humala y su nuevo entorno de sobones puedan comprender la situación de los trabajadores, por eso no da importancia a la necesidad de mejorar los jornales.

Los partidos políticos que han manejado y manejan el país no han querido ni quieren entender que no hay posibilidades de generar desarrollo si es que no se industrializa el país, la poquísima industria nacional que hubo hasta la década 80, la destruyó el gobierno de Fujimori y los empresarios peruanos aplaudieron.

La gran mayoría de trabajadores que perdieron su empleo y los nuevos que no pueden encontrarlo para sobrevivir se refugian en el comercio ambulatorio, como vendedores de productos de la industria principalmente china, a precio de dumping, trabajando 16 horas al día a costa de quebrar a la incipiente industria textil de Gamarra. En ninguna parte del mundo el comercio ambulatorio significa desarrollo, solo es parte de la lucha por sobrevivir.

El clamor en el Perú de hoy es no más exportación de materias primas. El Perú las tiene todas para el desarrollo del país. Solo los minerales generarían una industrialización diversa. Del petróleo se generaría la petroquímica y ello propiciaría trabajo productivo para el desarrollo de la industria nacional y del país. Lo mismo debería pasar con la agricultura para el consumo nacional. Sin embargo el señor presidente se olvidó en el mensaje hasta de sus orígenes para complacer a una burguesía neoliberal y ociosa que lo desprecia.

Ollanta Humala tuvo su última oportunidad y la perdió.

 

(*) Secretario General adjunto de la Federación Sindical Mundial FSM y ex secretario general de la CGTP.

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

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