La historia se repite
 

Fredy León

 25OCTUBRE2019

 

 

 

¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!


César Vallejo


En 1988 la Izquierda Unida se dividió para luego desaparecer. Alfonso Barrantes decidió emprender su propio camino y fundó Izquierda Socialista; el resultado de esa decisión fue catastrófica, en las elecciones de 1990 las izquierdas sufrieron una humillante derrota: Henry Pease obtuvo 10% de votos y Alfonso Barrantes 6%.

Lejos, muy lejos del 35% obtenido por IU en las elecciones de 1985.

Luego de ese fracaso las izquierdas desaparecieron practicamente de la escena política nacional y amplios sectores populares terminaron apoyando al fujimontesinismo. Los pobres de pan e ideas se convirtieron en los defensores de un gobierno mafioso.

Tuvieron que pasar 25 años para que las izquierdas volvieran a recuperar algo de la confianza perdida y tener cierta presencia política.

En las elecciones del 2016 la candidatura de Verónika Mendoza obtuvo sorpresivamente el 18% de votos y 20 congresistas que luego fueron 19 porque uno rapidito saltó la tranquera. Pesó más el encanto del dinero que el duro esfuerzo por defender ideales.

Al poco tiempo el Frente Amplio se dividió; Marco Arana decidió caminar en solitario, Verónika Mendoza fundó Nuevo Perú y las izquierdas volvieron a perder la confianza ciudadana que se manifestó en los pobres resultados obtenidos en las elecciones municipales y regionales del 2018.

Las tres listas de izquierdas (Frente Amplio, Juntos por el Perú y Patria Libre) apenas alcanzaron juntos el 6% de votos.

Lejos, muy lejos del 18% logrado por Verónika Mendoza.

El cierre del congreso y la convocatoria a elecciones adelantadas alteró radicalmente el curso político del país y obligó a las izquierdas a tomar una decisión.

Mientras Marco Arana vive obnubilado en su propia burbuja y anda más preocupado en sus pequeños intereses de grupo y sueña con su candidatura presidencial que ni se molesta en mirar más allá de su ombligo; Verónika Mendoza comprendió mejor que nadie que si las izquierdas siguen divididas no tienen ninguna opción electoral y el país seguirá bajo la hegemonía neoliberal.

La unidad nunca ha sido fácil y siempre hubo esfuerzos e iniciativas para encontrar un camino por donde poder transitar juntos. En este caso se realizaron dos encuentros, «Voces del Cambio», uno en Huancayo y otro en Cusco, y hubo un evento nacional convocada por la Asamblea de los Pueblos donde los participantes coincidían como nunca en un punto principal: unidad para enfrentar a la derecha neoliberal.

La unidad de las izquierdas no es un capricho personal de un dirigente, es una exigencia de los principales sectores organizados que, sin ser muchos, son algo más que las voces solitarias de algunos ex congresistas que demuestran tener demasiadas dificultades para entender el nuevo momento político que el país vive y se resisten a aceptar que asumir una representación política significa, sobre todo, aprender a escuchar las demandas colectivas.

La unidad no puede ser visto como la simple suma de siglas partidarias ni como un acuerdo de cúpulas alejadas del sentimiento popular, sino que la unidad significa la construcción de un espacio político orgánico donde las masas populares puedan participar activamente y tener el protagonismo en la lucha por una patria nueva. No nos contentamos con que los ciudadanos voten una vez cada 5 años, sino que buscamos construir espacios para que esos ciudadanos participen activamente de la vida política del país. Ese es el sentido real de la unidad al que las izquierdas aspiran.

Pero en política, como en la vida misma, lo perfecto no siempre resulta siendo lo mejor.

Oponerse a la unidad para levantar las banderas de la abstención electoral, como proponen quienes hoy deciden hacer un alto en su camino, es claudicar en la lucha contra la mafia, es renunciar en la práctica a dar la batalla por lograr culminar el proceso de transición hacia una democracia avanzada.

Pueda ser que absteniéndose de la lucha queden bien con su conciencia, pero creo que abandonar un puesto de batalla que con sus votos el pueblo les encomendo, no es síntoma de madurez ni responsabilidad política. Es todo lo contrario.

¿Qué sentido tiene haber luchado por cerrar el congreso si luego iban a renunciar a continuar en la lucha contra la mafia aprofujimontesinista y entregar el nuevo congreso a las mismas fuerzas que destruyeron el país?

Con esa actitud lo único que consiguen es hacer más difícil y complicado la batalla electoral del 2021.

Nadie es imprescindible en política, todos somos necesarios y cada quién tendrá que asumir en su momento su responsabilidad ante el pueblo.

Personalmente, en estas circunstancias nada positivas y de mucha confusión, yo sí creo y confío en el liderazgo político de Verónika Mendoza. Creo que ella ha contribuido decisivamente a reconstruir el espacio de las izquierdas y ha demostrado en los hechos mucha fimeza para defender sus ideas, coherencia total entre su palabra y su práctica política, coraje y decisión para asumir, de cara al pueblo, las responsabilidades que la historia le demanda.

 

  FIRMEZA, COHERENCIA Y DECISIÓN

Soy de los que sostienen que el capital político más importante que hoy tienen las izquierdas es el liderazgo político de Verónika Mendoza. A diferencia de tiempos pasados donde las masas movilizadas fueron las que convirtieron a Alfonso Barrantes como el lider indiscutible de la Izquierda Unida, Verónika Mendoza ha ido construyendo un liderazgo político en medio de un movimiento desmovilizado, ganado por la apatía política, con bajos niveles de organización y que actúa a la defensiva. El gran mérito de Verónika Mendoza es que ha devuelto la esperanza y la ilusión a los que luchan por una patria nueva, ha sacado a las izquierdas del gheto en que se encontraba y colocado como una fuerza protagónica en el escenario político nacional. Si con Alfonso Barrantes el movimiento popular necesitaba urgentemente un lider que los represente, el gran mérito de Verónika Mendoza radica en que su liderazgo político se ha convertido en el principal factor movilizador de conciencias y constructor de un poderoso movimiento popular que pueda derrotar a la derecha neoliberal y llevar, por primera vez, a las izquierdas a ser gobierno.

 

 

 

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