¿Tigres vegetarianos?

©

  VÍCTOR EMILIO ROSAS VILLANUEVA

 

 

 

 

Infinidad de veces se ha contado la fábula donde Martín de Porres, el santo peruano, hizo comer de un plato a perro, pericote y gato; hecho que la iglesia católica lo refiere exactamente como un milagro. Sabido es que tales animalitos pertenecen a especies distintas, cuya rivalidad suele llegar a la muerte y es cierto que gatos se alimentan de ratones. También en los circos se ofrecen espectáculos en que individuos de especies irreconciliables, alternan en roles múltiples veces repetidos. La base de tales números circenses está en la formación de reflejos condicionados, conocidos siglos antes de Iván Petrovich Pávlov y fundamentados científicamente por el sabio ruso.

 

La anécdota viene porque en la escena política mundial -y el Perú no es una excepción- ha surgido un fuerte movimiento ambientalista que reviste distintas formas y se manifiesta también a través de disímiles organizaciones.

 

 No está mal –muy por el contrario es muy positivo- que surjan estos movimientos que se proponen la conservación de las condiciones básicas del medio ambiente que hagan posible la supervivencia de las especies y en particular de los humanos. Muchos de estos grupos afirman que la especie humana camina al suicidio al contaminar el medio que sustenta su existencia.


El problema está en la propuesta que enarbolan para acabar con la contaminación. Y la propuesta suele estar relacionada, en muchos casos, con sospechosas ONGs que predican defender el medio pero escudando su fuente, es decir a los contaminantes.


Es conocimiento básico de la economía que el ser humano para subsistir necesita trabajar. Al trabajar actúa sobre su medio y lo transforma. La transformación en los inicios de la humanidad y en varios modos de producción no afectaba radicalmente el equilibrio del medio ambiente, existiendo una relativa armonía entre actividad productiva humana y el ecosistema.


Cuando se desarrolla el modo de producción capitalista, la acumulación del producto del trabajo social termina cada vez en menos manos por efecto de la competencia, la plusvalía, los monopolios y la aparición del imperialismo, esto genera que las barreras “morales” de la producción social sean eliminadas. Los pueblos se someten al dominio de los grandes imperios, se saquea  indiscriminadamente y sin límites sus riquezas, utilizando los medios más abyectos, peligrosos y atentatorios contra la naturaleza y el ser humano.


Luego de la segunda guerra mundial, después de Hiroshima y Nagasaki, la contaminación se ha tornado inmisericorde, las transnacionales pretenden acaparar todo el planeta con producto social y medio ambiente, el que finalmente está siendo amenazado por el calentamiento global, genuino producto del capitalismo.


¿Quién contamina? Contaminan las grandes transnacionales que son sinónimo de contaminación, tanto en sus países como en los países dependientes.

 

 

Por eso hay que poner los puntos sobre las íes. Si se quiere luchar contra la contaminación, por la preservación del medio ambiente, si se quiere ser consecuente con esta noble tarea, es también necesario atacar el mal desde sus raíces: hay que acabar con el sistema capitalista. Hay que reemplazarlo urgentemente.


Proponernos tomar el poder para imponer la protección del medio ambiente conservando el sistema actual, es una ilusión. Aún el Papa Francisco marca a fuego: “la cobardía en la defensa de la madre tierra", calificándola de "pecado” y pide ”en nombre de Dios..., defiendan la madre tierra”.  Para el jefe del catolicismo “el sistema no da para más” y “se necesita (una) economía al servicio del hombre y no de la acumulación de riqueza”. Evidentemente el Papa pide luchar a fondo contra la contaminación, contra sus causas y causantes.


Sin embargo, por otro lado, no faltan quienes proponen controlar al sistema desde el Estado, imponiéndole límites. Olvidan (o no saben) que el Estado es el órgano de opresión de una clase por otra, siendo su principal función la defensa de la clase social cuyos intereses económicos son el origen de la contaminación. Por lo tanto, no existe Estado neutro. Y el Estado peruano representa a "nuestra" oligarquía que usa su poder para avasallar a la sociedad entera. Como decía Ricardo Palma:
 

Aquí la Hacienda Nacional reposa:
La alumbran cinco funerarias velas
Le chuparon la sangre, y fue a la fosa
Víctima de infinitas sanguijuelas


Quienes proponen cambiar detalles del Estado como luchar contra la corrupción, la delincuencia o la contaminación, sin cambiar su esencia, solo pretenden maquillar el sistema. Ellos promueven una plataforma “ambientalista” pero dentro del capitalismo, conviviendo con las transnacionales que originan la contaminación; piensan, tal vez, que esas transnacionales se les someterán y terminarán de pronto negando sus intereses. O sueñan o imaginan que existe la posibilidad de un desarrollo industrial propio dentro de este sistema donde los burgueses “nacionales” sean socios.


El Perú está viviendo los últimos días de un gobierno de propuestas incumplidas que se proponía, entre otros, desarrollar la industria nacional sin salir del sistema capitalista. Las consecuencias las estamos pagando.

Ahora, otro iluminado, con fraseología “izquierdista”, con seguidores “izquierdistas”, con lema “izquierdista”, propone el milagro de eliminar la contaminación sin luchar contra el capitalismo cuyas transnacionales, en definitiva, son las causantes de esta adversidad.


¡Que la Virgen de Chapi nos ampare!

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

www.jornaldearequipa.com