http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-279471-2015-08-16.html

 

La ucranización del Brasil

La movilización del 16 fue contra la homosexualidad, por el regreso del régimen imperial y contra el comunismo.

 

Con la detención de José Dirceu, ex jefe de gabinete de Luiz Inácio Lula da Silva subió el nivel del acoso político-mediático contra el Partido de los Trabajadores del Brasil (PT). La derecha brasileña pretende ahora disminuir los niveles de popularidad del ex presidente brasileño a fin de evitar un posible retorno en 2018 al gobierno. La nada imparcial justicia brasileña proveniente del Partido Socialdemócrata PSDB, en complicidad con los medios, busca ver en prisión a Lula para acabar con la era del PT en el gobierno.

 

De acuerdo a la declaración de la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido de los Trabajadores, reunida el 4 de agosto pasado, la oposición conservadora brasileña busca tres objetivos, íntimamente vinculados entre sí: a) Erosionar el gobierno de Dilma Rousseff; b) Criminalizar al Partido de los Trabajadores; c) Atacar la popularidad del ex presidente Lula da Silva.

 

Un saludo a Pinochet

 

Desde el punto de vista de la derecha brasileña si Lula conservara su "chance" electoral, el PT seguirá vivo aún luego de un segundo gobierno complicado de Dilma. ¿Qué fenómeno explica esto? Lula, de lejos, sigue siendo el ex presidente mejor valorado de la historia del Brasil fruto de las profundas transformaciones políticas, sociales y económicas que emprendió desde 2003, luego de las administraciones neoliberales comandadas por el PSDB. Por ello ahora los cañones le apuntan tratando de involucrarlo en el affaire Lava Jato – Petrobras, para intentar mermar un posible retorno a Planalto. Incluso la movilización del 16 de agosto tuvo esa finalidad.

 

 

Hay un elemento que fue poco destacado por los medios, pero que sirve para ilustrar el escenario de acoso que la derecha brasileña montó frente al PT en general y a Lula en particular: la bomba lanzada el 30 de julio pasado contra el Instituto Lula. “El clima de intolerancia y odio que viene siendo desplegado por las fuerzas conservadoras derrotadas en las últimas elecciones es una afrenta a las tradiciones del pueblo brasileño y agrava los problemas que el país viene superando”.Para el PT los casos de corrupción deben ser investigados y juzgados, pero hay que evitar un pretexto en ellos para avanzar en una posible privatización de aquellas empresas públicas, como pretende determinada élite conservadora que busca retornar al gobierno.

 

 

Por ello, y como una respuesta a la marcha convocada por el PSDB, el PT se propone convocar a una gran movilización de movimientos sociales para el próximo 20 de agosto, en defensa de la democracia brasileña, de la empresa Petrobras, y del propio Partido de los Trabajadores. El “van por todo”, supuestamente atribuido a los cambios de los gobiernos posneoliberales, más bien podría explicarse en Brasil como una estrategia de la oposición conservadora. Van por Dilma, pero también por Lula.

 

 

De hecho, en varias ciudades la derecha brasileña se ha armado de camisetas y carteles elogiando al juez Sérgio Moro, que lidera las investigaciones de la operación Lava Jato sobre una enorme red corrupta en la estatal Petrobras. En São Paulo 100.000 personas acudieron a la manifestación contra los 210.000 manifestantes de abril, sin embargo en las calles, se escuchaban gritos de “¡El PT nos ha robado!”. En Brasilia, se han manifestado 25.000 personas, muchas de las cuales pedían la privatización de todos los organismos públicos "hasta el Gobierno”, decía uno de los asistentes. En la playa de Copacabana de Río de Janeiro, haciendo un alto en su "veraneo", la mayoría conservadora pedía la destitución Rousseff. Algunos hasta reclamaban una intervención militar. “Necesitamos una intervención del Ejército para eliminar a todos y cerrar la Cámara y el Senado”.
 

No va a ser tan fácil


Sobre ellos Ilka Oliva Corado* escritora y poetisa guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo, escribió:

 

 

"Estamos con Dilma.- Los medios internacionales serviles a la hegemonía capitalista han colocado en sus portadas fotografías de la manifestación que organizó la derecha recalcitrante en Brasil, lo anuncian como el fin de la era de Dilma, y de la gloria del Partido de los Trabajadores. Esos camisas blancas oligarcas, esa clase media que sueña con ser burguesa de sangre azul y piel caucásica; esa derecha brasileña y latinoamericana que es la representación del Ku Klux Klan  en  la frontera sur de Estados Unidos: esa misma peste que odia a los pobres, a los negros, que odia el progreso, la plusvalía de ese Brasil marginado de favelas que emergen desde la mancilla de la clase dominante. De ese Brasil que se niega a perder la memoria, la identidad, que se niega a perder los sueños y que lucha a cada instante contra los ataques del poderío conspirador de quienes quieren venderlo todo a la barbarie del Imperio. Esos mismos, los de siempre no se cansan de atacar cualquier intento que  prometa un futuro de plusvalía a los pueblos en desarrollo.
Esa derecha mundial que se difunde en los medios de desinformación masiva, hoy ataca a Dilma y va con todo, va con el odio y la vergüenza de su propia gente, va con la sed de destruirlo todo, de arrancar las raíces y quemar la floresta, de demoler puentes y hacer explotar las favelas para que no quede nada, para que no quede rastro alguno de identidad, integridad y conciencia. Para que ahí mismo se vuelvan ceniza las quimeras. Y aplauda triunfante la infamia de los que tienen horchata en las venas.  De los que lamen el culo  de sus amos.
Es innegable el cambio que ha tenido Brasil desde que el Partido de los Trabajadores, con Lula da Silva y Dilma Rouseff comandan el proyecto de un sueño progresista. ¿Quién salvó a Brasil de los Buitres? No fue la derecha, fue Dilma, fue el socialismo, fue el Partido de los Trabajadores.  Esa derecha mundial que descalifica por identidad, arrestos, ideología y consecuencia política no informa acerca del genocidio Palestino, de las cientos de muertes de afro estadounidenses en manos de policías, de los miles de migrantes que mueren en la frontera entre Estados Unidos y México en manos de la Patrulla Fronteriza, que no informa de las violaciones sexuales que sufren, niñas, niños,  adolescentes y mujeres en centros de detención en Estados Unidos, Italia, Francia y España. Que se escudan en Monsanto y en las empresas de minerías  para destruir ecosistemas. Que no informan de los feminicidios, del genocidio que vive México.
Esa derecha descolorida, que solo busca su propia conveniencia, que aplaude “el beso” que le puso fin a la II Guerra Mundial  pero que no cuestiona el actuar estadounidense con la bomba atómica, que descalifica a los miles de muertos a consecuencia en el instante y por irradiación en los años siguientes. Hiroshima y Nagasaki debemos ser todos, como todos debemos ser también los pueblos que se defienden de la crueldad capitalista. Entonces debemos ser Dilma en este instante. Con ella, ahí vamos.
Esa derecha que no es capaz de informar de los desfalcos millonarios que hace la oligarquía, que no denuncia la explotación laboral, ni la trata de personas, que jamás dirá los nombres de los perpetradores de Derechos Humanos en sus países. Que jamás denunciará a los que mancillaron sus patrias.
Esa derecha mundial que celebra los teléfonos y los relojes  inteligentes, pero que escupe el rostro de los que viven en la miseria económica y sueñan con llevarse un trozo de pan a la boca. Son ellos los que atacan a Correa, Cristina, son ellos los que en este mismo instante quieren la cabeza de Dilma y Lula. Esos mismos que ahora piensan en ir de turistas a Cuba de ojetes a fisgonear la integridad de un pueblo que no se rindió nunca a pesar del bloqueo impuesto por este Imperio de zoquetes. Esos mismos que son incapaces de reproducir la carta que escribió Fidel el día de su cumpleaños donde exige a Estados Unidos la indemnización por las décadas de bloqueo. Lo justo jamás lo apoyará la derecha que utiliza las mentes vacías de esas masas moldeables para hacer bulto en las calles, como siempre vergüenza de todos la clase media.
Esa clase media ignorante y cómoda, desconoce (o pretende desconocer) los cambios sociales, culturales y políticos que se  están llevando a cabo para bien de nuestra patria, por nuestros  compañeros. No, la revolución de la Patria Grande no va a retroceder, así se nos vaya la vida en ello."

 

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal de Arequipa

 

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