Documento público

 

 

 

Proyecto de Tesis Políticas para su análisis, discusión y propuestas

 

Emilio Rosas Villanueva (Izquierda en la foto chica) , responsable de la Comisión del Comité Provisional de Unidad Popular que elaboró el Proyecto.

 

 

 

 

HACIA UN PRIMER ENCUENTRO DE

UNIDAD POPULAR

  

 

SOBRE LA SITUACIÓN NACIONAL

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

CARACTERIZACIÓN DE NUESTRA SOCIEDAD

 

El Perú es un país capitalista dependiente cultural, política y económicamente de los Estados Unidos de América y del bloque de la Unión Europea; de crecimiento económico deforme con base primario exportadora; con enormes desigualdades económico - sociales y con un sistema precario de partidos políticos. Las clases sociales dominantes han entretejido sus capitales conformando la oligarquía más retrógrada de América Latina. En la composición de la clase obrera, el proletariado industrial va decreciendo en tanto el  lumpen proletariado se va enquistado de a pocos en algunos poderosos sindicatos, otrora emblemáticos en la lucha de los trabajadores.

 

 

1. EL CAPITALISMO

 

 

El desarrollo de la economía autárquica en América del Sur es cortado bruscamente por la conquista española, que incorpora nuestro país al sistema de producción capitalista, interrumpiendo el desarrollo (en el Perú) del esclavismo colectivo en su tránsito al esclavismo individual. España en el momento de la conquista era la primera potencia del planeta, ello explica que se posesionara de los territorios americanos que consideró más ricos. Sin embargo, el impulso capitalista de España no fue lo suficientemente sostenido y cedió espacio a fuerzas retrógradas de contenido feudal representadas por el clero y la corona; en el Perú algunos capitalistas de la conquista se sublevaron contra el retroceso, y ello estuvo signado por rebeliones de tendencia independentista temprana como la de Hernández Girón, la que fue derrotada marcando la consolidación del virreinato aristócrata. Por ello, aunque el Perú fue incorporado al mundo como productor de materias primas y algunas mercancías dentro del capitalismo incipiente, las relaciones sociales de producción en el campo eran casi feudales y también se impuso la servidumbre indígena en las ciudades.

 

Durante el dominio español se desarrolló en el Perú una clase social burguesa extractivo-industrial principalmente en dos aspectos: la minería de metales preciosos, y de la industria textil burda (obrajes) para abastecimiento de la población indígena. La aplastante variedad de mercancías que se consumían en la colonia provenían de Europa, actuando España de intermediaria. Las relaciones sociales de producción en esos aspectos –minería/obrajes- si bien respondían a la propiedad privada capitalista y tenían como destino el mercado, sin embargo estaban lejos de ser monetario-mercantiles plenas por el empleo de mano de obra sin pago de salario, de servidumbre y/o esclava. De esa época data la dualidad de la agricultura entre costa y sierra: en la costa se exterminó la mano de obra del siervo indígena y se impuso el esclavismo directo mientras en la agricultura de la sierra las relaciones sociales eran de servidumbre buscando la renta feudal de la tierra. La actividad que más claramente mostraba rasgos capitalistas era el comercio, caracterizado por el monopolio comercial de la metrópoli. Este comercio era manejado desde Lima por una aristocracia criolla con inmensas fortunas, las que dedicaba al lujo, el boato y la compra de títulos nobiliarios.

 

Derrotada la gran rebelión de Túpac Amaru, durante las guerras de la independencia las clases sociales dominantes actuaron al servicio "de la corona" mejor dicho del sistema colonial, y después de Ayacucho se pasaron al bando contrario convirtiéndose en herederos forzados de la república. El más preclaro ejemplo de ello fue el caso de Pío Tristán, uno de los ejecutores de Melgar en 1815 que se convirtió en "virrey" después de Ayacucho (1824). Convencido de que "su" causa estaba completamente perdida se pasó al bando republicano, siendo nombrado luego prefecto de Arequipa y ministro de Estado durante la Confederación Peruano-Boliviana. Como Tristán, la burguesía colonial se acomodó 'de inmediato' a la nueva situación estableciendo pronto relaciones de subordinación a las inversiones extranjeras, principalmente inglesas, sin cambiar su esencia comercial, agrícola y semi feudal. Cabe destacar que el temprano cultivo del algodón, y extracción de la lana serrana, como materias primas, se acrecentaron durante la República aunque no fueran destinadas al mercado interno. Tal papel continuó a lo largo del siglo XIX,  monopolizando la explotación parasitaria de las consignaciones del guano y salitre, participando de negocios a la sombra del Estado como la liberación de esclavos, el flete de hombres y animales para las causas "republicanas", y la consolidación de la deuda interna.

 

La sustitución de capitales ingleses por capitales norteamericanos y el consiguiente cambio en la naturaleza de las inversiones, orientadas esta vez hacia las materias primas mineras, originó el acomodo de las clases dominantes a la nueva situación; la que varió en algunos periodos hacia la industrialización al compás de las crisis cíclicas del capitalismo y las guerras mundiales debido a la incapacidad de las metrópolis de abastecernos de productos elaborados.

 

En esas coyunturas se produjo la sustitución de importaciones que permitieron el desarrollo de la producción industrial en distintos campos: química industrial, llantas, vidrios, textiles, muebles, curtiembre y calzado, etc. A partir de esos mismos periodos el capital norteamericano se enseñorea en la industria.

 

Sin embargo, y pese a que en la agricultura de la costa se produjo el cambio de las relaciones de producción de servidumbre y esclavas hacia las capitalistas (involucró la producción masiva de algodón como materia prima, y la caña de azúcar y su industrialización), en la sierra continuaba –pasada la mitad del siglo XX- el despojo de tierras de campesinos y la explotación del campo mediante la gran propiedad y relaciones sociales de servidumbre en forma de pongos, mitayos, arrendires, aparceros, colonos y otros. En muchos casos los trabajadores no conocían el dinero, aunque el destino de la producción era el mercado. A esto se le llamó semi feudalismo. Es necesario tener en cuenta que la propiedad de la tierra tenía abismos entre la gran concentración, debido al despojo de tierras a las comunidades indígenas, y el microfundio; así mientras el 0,3% de los propietarios tenían el 70% de la tierra, el 98% de propietarios solamente disponían del 2% de la tierra (la hacienda Casagrande abarcaba costa, sierra y selva). El problema agrario se perfilaba como la principal contradicción de clases, y en ese sentido las clases sociales se enfrentaron a lo largo de decenios de años, revistiendo muchas veces la forma de movimientos indígenas (Mariátegui definió el problema del indio como el problema de la tierra): por un lado quienes buscaban recuperar sus tierras y exigían la Reforma Agraria y de otro los gamonales o terratenientes de la oligarquía. En el siglo XX hasta 1968 todos los años están teñidos  de sangre indígena campesina.

 

 

1.1.  EL PROCESO REVOLUCIONARIO TRUNCO DE 1968 – 1975

 

 

En los últimos cincuenta años en el Perú han cambiado las relaciones semi feudales de producción en el campo, repercutiendo de forma directa en la estructura social del resto del país. Se ha eliminado la servidumbre en la agricultura andina debido a que fue destruida en su base la vieja clase terrateniente con raíces coloniales representada por Pinillos , De los Ríos , Bracamonte , Ganoza, Orbegozo, Chopitea, Puente, a los que se sumaron Vargas , Pardo , Aspillaga extranjeros como Larco Herrera Grace y Gildemeister; también se agregaron los pretendidos abolengos terratenientes De la Torre, Moreyra, Paz Soldán, Ortiz de Ceballos, Cándame, Cabieses, Palacios, Oyague, Unanue, Mujica , Del Valle , O'Higgins , Echenique; debiendo nombrarse además a modernos extranjeros Duncan-Fox , Schaefer, Romero, Hilbck, Temple, Woodman, Seminario, Mac Lauchlan; no olvidando tampoco a los de los De la Piedra, , Elías, Picasso. Fueron eliminados como propietarios terratenientes por la Ley de Reforma Agraria promulgada en Junio de 1969 durante el gobierno del general Velasco, ley que liquidó el latifundismo en el Perú. De un total aproximado de 10 millones de hectáreas de tierras de cultivo se expropiaron y repartieron más de 8 millones de hectáreas.

 

 

Este cambio no "democratizó la propiedad de la tierra" como dicen algunos, sino que la revolucionó, porque cambió la propiedad de la tierra –la propiedad es la principal relación social de producción- y con ello modificó radicalmente el orden y la estructura semifeudal del país, culminando el reemplazo de un modo de producción por otro, imponiéndose a nivel nacional un nuevo tipo de relaciones, las monetario-mercantiles, que reemplazarían a las establecidas por el trabajo servil o sea a las relaciones de servidumbre propias del feudalismo (siervo-señor).

 

Esta base que debió servir para el desarrollo económico sostenido y de largo aliento con el objetivo de eliminar la dependencia, fue resistida y combatida por la propia burguesía nacional -una de las más ociosas e indolentes de mundo- principal beneficiaria de la posterior Ley de Industrias que incidió en el desarrollo del sector metalmecánico y en la sustitución de las importaciones.

 

Los cambios ocurridos en ese periodo tenían su origen en el Proyecto de Desarrollo Nacional –basado en el Plan Inca, el único Plan Nacional de Desarrollo de nuestra historia- proyecto que a su vez se basó en la llamada Escuela de la CEPAL o Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe.

 

El punto de partida de la concepción de la CEPAL (de entonces) lo constituía el análisis de la balanza comercial que era diagnosticada como negativa para América Latina, debido fundamentalmente a la estructura de la misma: América Latina exportaba materias primas de poco valor agregado mientras que importaba productos elaborados con alto valor agregado y precio. Esta situación conducía al empobrecimiento de los países latinos y al enriquecimiento de las metrópolis, dándose el caso que por remisión de utilidades y pagos de la balanza comercial eran los países pobres los que capitalizaban a los países industrializados, debiendo ser al revés. A partir de este punto, sostenía que América Latina debería sustituir progresivamente las importaciones de productos acabados por productos semi terminados, completándose el proceso en cada país con productos nacionales. Para llegar al desarrollo planteaba la conformación de un gran mercado que abarque varios países, con especialización en las fortalezas de cada uno.

 

Se produjo en esa década -la del 70- un breve lapso que permitió el cambio estructural de las exportaciones hacia los productos metal-mecánicos elaborados, sobre la base de dos hechos significativos del momento: a) El fortalecimiento de las grandes empresas de capital principalmente peruano, como MORAVECO, INRESA, FACAMET, FAEDA, CAMENA, etc. b) La instalación de plantas de ensamblaje de vehículos (VW, Ford, Chrysler, Volvo, Toyota, Datsun) que obligó a la importación de paquetes CKD –chasis, motor y caja fundamentalmente- complementándose con la producción nacional de llantas, carrocería, interiores, accesorios, y otros elementos que permitieron el despliegue agresivo de las empresas metal mecánicas antes mencionadas y otras como fábricas de pinturas, vidrios, cables, baterías, y otros. Exportándose toda la línea blanca, carrocerías, vehículos y cascos de barcos (producidos en el SIMA) a otros países generalmente del Pacto Andino.

 

Estos cambios en la estructura productiva de corte industrial generaron el surgimiento de un proletariado de corte también industrial que si bien aún insuficientemente desarrollado, generó una pujante y naciente organización sindical que marcó época y que estuvo signada por el crecimiento y desarrollo de la CGTP.

 

La central sindical creció a partir de la formación de sindicatos y federaciones de base en el sector industrial, y generó un ascenso en las luchas obreras así como una afirmación de significativas conquistas sociales y políticas para los trabajadores, como la Comunidad Industrial-Minera, la participación de utilidades y otras. También debe mencionarse que, en esa década, se dio inicio a la exportación de productos mineros refinados, diferente a la exportación primaria de mineral bruto realizada hasta ese entonces.

 

Estos cambios se implementaron en el espíritu de la Escuela de la CEPAL, espíritu basado en un pensamiento dinámico, siguiendo los grandes cambios de la realidad económica, social y política, regional y mundial, con un método analítico propio, sui generis.

 

Este método, que sustentó la CEPAL fue llamado "histórico-estructural", analizaba la forma cómo las instituciones y la estructura productiva heredadas condicionan la dinámica económica de los países en desarrollo, y generan comportamientos que son diferentes a los de las naciones más desarrolladas. Según este método no hay "estadios de desarrollo" uniformes. El "desarrollo tardío" de nuestros países tiene una dinámica diferente al de aquellas naciones que experimentaron un desarrollo más temprano. Las características de nuestras economías son mejor captadas por el término "heterogeneidad estructural", acuñado en los años setenta por el profesor tucumano Raúl Prebisch quien fuera en los 60 Secretario Ejecutivo de la CEPAL y posteriormente Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

El documento completo en borrador puede verlo en UP_Tesis_Políticas_Archivos_2015

 

 

 

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