El Clan Fujimori

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Diario UNO mayo 22, 2016

 
 
 

 

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El reconocimiento hecho por la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA) de que investiga a la mano derecha de Keiko Fujimori es uno más en la lista de los casos que vinculan al Fujimorismo con el narcotráfico desde el siglo pasado. Aquí la historia

Fujimori y Montesinos cuando anunciaban “Plan Siberia” (ver texto)”.

OPINIÓN DISIDENTE
Carlos Bedoya

El de Joaquín Ramírez de ninguna manera es un caso aislado del fujimorismo actual ni diferente de lo que fue el fujimorismo de los noventa. Se trata más bien de una continuidad de hechos que vinculan a la familia Fujimori con el narcotráfico.

Una de las cuestiones más saltantes y que toman nuevamente relevancia es el caso “Limasa”, nombre de una empresa de Kenji Fujimori, el menor de los hijos del exdictador, en cuyos almacenes se encontró hace unos años un contenedor destinado a México con más 100 kilogramos de cocaína.

La coartada de Kenji fue que él no controlaba la empresa, sino su socio: Miguel Ángel Ramírez, nada menos que primo de Joaquín Ramírez, el protagonista en la investigación de la DEA, y al que Keiko Fujimori ha blindado todo lo que pudo.

Al fotógrafo Luis Choy lo habrían matado por investigar el caso Limasa.

Al fotógrafo Luis Choy lo habrían matado por investigar el caso Limasa.

MISTERIOSO ASESINATO
Otro hecho grave que involucra al primo Miguel es el asesinato en el 2013 del fotógrafo Luis Choy, quien según ha trascendido estos días habría sido en realidad parte de una investigación periodística sobre narcotráfico que vinculaba al socio de Kenji en Limasa. Insólitamente, dos de los sicarios contratados para dar muerte a Choy, murieron abatidos a tiros tras su fuga del penal.

La cosa no termina allí. Tenemos también el caso “Calle Quiroz”, apellidos de un narcotraficante incluido en la lista norteamericana de los más ranqueados, que donó 40 mil dólares a Keiko Fujimori en la campaña presidencial del 2011.

De igual modo, el caso “Barranca” donde el patrimonio del candidato a la municipalidad provincial por el fujimorismo, Beto Tapia, fue usado por cárteles mexicanos. Se encontró un cargamento de cocaína en el camión del candidato en el 2014, en plena campaña electoral, y Tapia alegó que un familiar había abusado de su confianza y usado el vehículo en forma indebida.

Kenji era socio de empresa Limasa, la del contenedor con más de 100 kilos de cocaína. Primo de Ramírez era el gerente.

Kenji era socio de empresa Limasa, la del contenedor con más de 100 kilos de cocaína. Primo de Ramírez era el gerente.

COCAÍNA POR FUSILES
Fuerza Popular se vende como la cara moderna del fujimorismo en base a la idea de que Keiko no es su padre. Pero eso es falso. Por si alguien lo duda, le servirá hurgar entre los antecedentes del que bien puede llamarse en Clan Fujimori.

Allí encontrará que, a mediados de agosto del año 2000, el jefe de la inteligencia colombiana, el coronel Germán Jaramillo informó al entonces presidente de ese país, Andrés Pastrana, que Alberto Fujimori era parte de un “negocio de cincuenta mil fusiles rusos AK-47” que fueron comprados por el gobierno peruano al de Jordania para luego venderlos secretamente a las FARC.

El pago fue hecho con dinero proveniente de Luiz Fernando da Costa, alias Fernandinho, el narcotraficante más importante del Brasil, quien lo entregó a cambio de un cargamento de cocaína enviado por la guerrilla colombiana.

Ante la aparente contundencia de la investigación, Pastrana pensó en reclamar al gobierno de Fujimori y entregar la información al gobierno de Estados Unidos, en la medida en que el presidente peruano era enemigo declarado del Plan Colombia.

EL CUENTO
Pero antes de que ello ocurra, y a pocos días de que Pastrana conociera esta delicada información, el gobierno peruano convocó una rueda de prensa para negarlo todo, lo que tuvo de inmediato una gran repercusión internacional.

En efecto, el 21 de agosto del 2000 se presentaron en Palacio de Gobierno, el presidente Fujimori, su asesor y mano derecha Vladimiro Montesinos, los ministros de Defensa e Interior, Carlos Bergamino y Walter Chacón (padre de la actual congresista Cecilia Chacón), y el jefe formal de la inteligencia peruana, Humberto Rozas para decirle al mundo que habían detectado que tres vuelos de cargueros soviéticos (en marzo, abril y julio de 1999) provenientes de Jordania, con escala en Canarias y Guyana, ingresaron a territorio colombiano dejando caer en medio de la selva miles de fusiles atados a paracaídas, luego de lo cual aterrizaron en Loreto, Perú.

OPERACIÓN AL DESNUDO
El “Plan Siberia” según Fujimori había incluso frustrado un cuarto envío. Era tal el cinismo del exdictador, que Pastrana casi duda de la versión de Jaramillo, hasta que las pruebas de la responsabilidad directa del gobierno fujimorista en este tráfico de armas fueron totales:

1) los fusiles AK-47 capturados a las FARC por parte del Ejército colombiano fueron rastreados hasta determinar que fueron vendidos de gobierno a gobierno entre Jordania y Perú con “certificaciones y contratos debidamente firmados por ambos”;

2) el primer ministro jordano confirmó la operación afirmando además que la venta fue hecha mediante generales peruanos en actividad;

3) se demostró que entre los tripulantes de las naves que transportaron los fusiles se encontraban especialistas de la Fuerza Aérea Peruana, quienes fueron fotografiados por un infiltrado de la inteligencia colombiana.

Estos hechos que relata con detalle Andrés Pastrana en su libro “Memorias Olvidadas” (noviembre, 2013), fueron judicializados en el Perú tomando como prueba para condenar a Montesinos a 20 años de prisión, todos los documentos de la investigación de Jaramillo.

OTRA VEZ 
Algo muy parecido ocurre estos días cuando la DEA entra en escena con la investigación abierta a Joaquín Ramírez, secretario general de Fuerza Popular (en licencia tras el escándalo), congresista reelecto, y hombre de confianza de la hija de Alberto Fujimori, Keiko Sofía, quien disputa la segunda vuelta electoral con Pedro Pablo Kuczynski.

La secuencia es la misma. Primero se conoce un caso muy grave como el de Ramírez, que de ser cobrador de combi pasa en pocos años a magnate con decenas de propiedades (y al menos dos departamentos muy caros en Miami) y millones de dólares de patrimonio.

La DEA lo infiltró desde hace años y admite ahora que lo investiga entre otras cosas por la existencia de un audio que involucraría a la propia candidata fujimorista en el lavado de 15 millones de dólares a través de una red de estaciones de combustible.

Luego, al igual que en el 2000, el fujimorismo sale a negarlo todo, da también una versión descabellada con la idea de fugar por delante (culpando a PPK), y victimiza a Ramírez como empresario exitoso al que se le han prendido por ser un cholo con plata. Finalmente, todo se empieza a desmoronar día a día al son de las múltiples evidencias del periodismo de investigación que encuentra más vínculos entre Fuerza Popular y el narcotráfico.

NARCOFUJIMORISMO
Casos como Vaticano, narcotraficante a quien el fujimontesinismo cobraba cupos por cada cargamento de droga que exportaba en avionetas, o como el de los narco aviones que también fue judicializado, en donde se demostró que muchas aeronaves de las Fuerzas Armadas y hasta el propio avión presidencial, fueron usadas para exportar toneladas de cocaína durante el gobierno de Alberto Fujimori, dan cuenta de que los capos de la droga en el Perú a fines del siglo pasado despachaban desde la Presidencia de la República.

Claramente el Perú era un narcoestado, que tras la fuga de Fujimori a Japón y la captura de Montesinos en Venezuela, pasó a ser un territorio liberado o zona franca de las drogas donde todo mundo puede comprar y vender sin mucho lío.

NARCOINDULTOS
Con Alan García II (2006-2011), el crimen organizado de las drogas encontró nuevamente un aliado en la presidencia, esta vez para sacar a sus cabecillas de las cárceles (caso narco indultos), lo que narcotizó las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

No por nada en el 2013, tras la develación de la forma como salían indultadas bandas enteras de prisión durante el segundo gobierno aprista, se nombró embajador en el Perú a Brian A. Nichols, uno de los creadores del Plan Colombia, que hoy ha entrado en acción tras visitar a Keiko Fujimori los primeros días de mayo con dos agentes de la DEA, algo que no hizo ni con Verónika Mendoza, ni con PPK, los otros dos candidatos que ha visitado a lo largo de la campaña electoral de primera y segunda vuelta respectivamente.

Queda claro que para el embajador norteamericano Nichols, Fuerza Popular es el partido político peruano más vinculado al narcotráfico. Y la hipótesis que va tomando más fuerza es que Joaquín Ramírez es en realidad operador y testaferro de un cártel de las drogas en el Perú muy poderoso: el Clan Fujimori.

ABOGADO DE NARCOS
Los antecedentes más remotos del Clan Fujimori datan de la juventud del abogado penalista Vladimiro Montesinos y varios colegas asociados a él, que a fines de los setentas eran ya defensores de narcotraficantes, cuando la familia Fujimori era todavía una más de la clase media limeña.

El cliente más importante de Montesinos en 1978 fue nada menos que Evaristo Porras, poderoso narco colombiano que vino a extender sus negocios al Perú. Montesinos le ayudó a escapar de prisión mediante un falso traslado de carácter médico.

Con los contactos que ya tenía en ese momento, lo puso en un avión directo a Colombia. Luego, movió a sus conocidos en el Poder Judicial para desaparecer el expediente de extradición tras el escándalo público que produjo la fuga.

De allí para adelante, Montesinos se convirtió en el mejor abogado del narcotráfico y aumentó su influencia en los tribunales, la policía, y más instituciones.

GARCÍA-MONTESINOS
Defendió a los varios generales de la policía vinculados al caso Villa Coca, a inicios del primer gobierno de Alan García, manipulando la investigación a tal punto que de delito de narcotráfico todo se fue reduciendo a denuncias de “insulto al superior”, empapelando a los investigadores policiales que habían descubierto a los altos mandos en el negocio de la droga.

Y en esa ruta se termina convirtiendo en un asesor informal pero muy influyente del Fiscal de la Nación, Hugo Denegri, quien le pidió ayuda en 1988 cuando se produjo la matanza de 29 campesinos y la desaparición de otros 45 a manos del destacamento “Linces” de las fuerzas especiales del Ejército Peruano (caso Cayara).

Montesinos manipuló también ese expediente judicial con lo cual se ganó el favor de Alan García, quien finalmente lo conecta con el candidato a segunda vuelta en 1990, Alberto Fujimori, como se cuenta en detalle en el libro “Fe de Ratas” del extinto Raúl Wiener (marzo, 2011).

Es allí cuando empieza a forjarse el clan al cual pertenece la candidata de Fuerza Popular y a quien tiene en la mira la inteligencia antidrogas norteamericana.

Sin lugar a duda, el actual instrumento político del Clan Fujimori mantiene la esencia política de Alberto Fujimori y sus socios, y eso apunta directamente al narcotráfico. Lo de la DEA no es poca cosa. Es un golpe al Clan Fujimori que va más allá de perder la elección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

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