Entre la farsa y el suicidio

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  Sinesio López

 

 

No todas las elecciones políticas son buenas. Si son generales, libres, limpias, competitivas y periódicas o, para decirlo en breve, si son limpias y justas entonces son indiscutiblemente legítimas. En varios países de América Latina las elecciones son generalmente limpias (en el acto del sufragio), pero no son justas porque el proceso electoral (el dinero de la campaña, el apoyo del gobierno, la inclinación y la concentración de los medios, etc.) no es verdaderamente competitivo puesto que todos los recursos del poder se inclinan a favor del candidato de los ricos, del gobierno o de ambos. El problema en este caso es que no se ha logrado precisar el grado de injusticia que convierte a las elecciones en ilegítimas. Esta es una tarea pendiente.

Las elecciones de los regímenes autoritarios (las de Fujimori, por ejemplo) y las de diversos tipos de dictaduras no son limpias ni justas porque se hacen para perpetuarse en el poder. Eso hace de ellas una farsa. El caso más notorio es el de la dictadura portuguesa que durante 40 años (1933-1974) tuvo elecciones generales y periódicas, no para abrir las puertas a la alternancia en el poder, sino para perpetuarse en él. Este es el caso de un verdadero autoritarismo competitivo.

Algo parecido a las elecciones generales sucede con las elecciones para designar candidatos o primarias que pueden ser de diverso tipo. Las mejores primarias son las elecciones abiertas (a todos los ciudadanos), obligatorias y vinculantes (realizadas por los organismos electorales del Estado) como en USA, Chile, Argentina, entre otros. Las peores son las que realizan los dueños de la pelota para legitimar su candidatura. Este es el caso peruano donde no hay partidos sino caudillos, entornos e inscripción electoral. Va a ser muy interesante observar (si se puede) la elección como candidatos a la presidencia de la República de los señores Aráoz, Acuña, PPK e incluso del Apra de García que ya no tiene los militantes de antes, pero conserva los padrones. Casi todas son primarias bamba. Lo que sorprende es que los organismos electorales les exijan solemnemente cumplir con lo que a todas luces es una farsa.

En la izquierda, los dueños de la pelota (Simon y Arana) han querido hacer lo mismo, pero no han podido. Tanto Únete por la democracia como el Frente Amplio van a realizar, por separado, primarias con diversos candidatos para quitarles la pelota a los dueños de la misma. ¿Será posible? Es difícil, pero no imposible. Es posible que Verónika Mendoza le gane a Arana en el Frente Amplio así como Sergio Tejada (si compite) les gana a Goyo y a Simon en Únete si las elecciones son abiertas en las que, además de los militantes, participen efectivamente los izquierdistas independientes, los simpatizantes y los progresistas. De lo contrario, se imponen las capillas. Gane quien gane el problema es que las llamadas “primarias” en la izquierda legitiman su fragmentación y si ganan Verónika y Sergio se quema una buena plancha unitaria de la izquierda y del progresismo: la plancha de los treintones. Es un suicidio.

Las izquierdas tienen muy poco tiempo para evitar el suicidio si presionan a los dueños de las franquicias electorales (Simon y Arana) para ponerse de acuerdo en hacer una elección primaria unitaria y abierta de todas las izquierdas (sin vetos) para designar una buena plancha presidencial unitaria. Esto es también difícil, pero no imposible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal de Arequipa

 

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