Los editores

 

.

Del chorreo al choreo

©

Rocío Silva Santisteban

 

 

 

 

 

Este debería ser el momento político de la izquierda peruana. Ante lo que Martín Tanaka ha expresado de forma rotunda como “la falla de la élite de derecha del país, demasiado cómplice y demasiado complaciente con el mercantilismo que proclaman despreciar”, la izquierda debería emplear este momentum para sostener lo que debe hacer cualquier persona honesta de izquierda: una crítica frontal al capitalismo que ha provocado, con su sistema de prebendas y priorizaciones al capital por encima del ser humano, una situación en la que se ha aprovechado al máximo de la explotación basada en las inversiones.


Han fallado los tecnócratas, sí, toda esa clase política que se decía no-política y se autocalificaban de especialistas neutros, saltando de gobierno a gobierno. Pero sobre todo fracasaron aquellos que levantaron el discurso de la tramitología para desmantelar la protección al medio ambiente, los pueblos indígenas y los más vulnerables. Ha quedado en evidencia que, haciendo uso de ese discurso, se exoneró a Odebrecht para contratar con el Estado peruano cuando se encontraban en litigio por incumplir las normas, beneficiando al ahora requisitoriado Alejandro Toledo y a sus cómplices.

Los vericuetos de las contratas con el Estado han sido siempre el espacio de la corrupción desde la época del guano y del salitre; la ciudadanía —o digámoslo como la izquierdista que soy, el pueblo— se indigna, se moviliza y nuevamente vuelve a poner su destino en una sororidad: una mirada otra para poder entender el poder del grupo frente al individuo.
Con la caída de la derecha complaciente van cayendo sus ideas-fuerza individualistas y dúctiles al narcisismo, terreno abonado para el egoísmo y para la corrupción. El afán de sostener que el modelo es positivo para beneficio propio pero justificándolo por el chorreo fue y sigue siendo —ahora con otras nomenclaturas— el motor de este sistema corrupto lleno de choros de marca mayor.

La izquierda debería poner los puntos sobre las íes, convocar a una gran marcha nacional, gritar #QueSeVayanTodos y plantear el cambio del marco de este sistema: otra Constitución. Como lo sostiene Paul Maquet: “Con una izquierda fortalecida, esta grieta en el sistema podría significar la oportunidad para demostrar lo que venimos diciendo desde siempre: el problema no es de individuos corruptos, sino de un sistema corrupto. Y por lo tanto, la oportunidad para derrumbar ese sistema y plantear transformaciones profundas y un debate constituyente”.

Pero la izquierda, toda ella, no se encuentra en condiciones para encarar esta situación: entre un Frente Amplio dividido y con rencillas microcefálicas y otros partidos, fuera de ese espectro, con lastres como juicios pendientes por corrupción (Gregorio Santos), no es posible ejercer ese liderazgo moral y ético que debería caracterizar a una izquierda fortalecida, consecuente y demandante de más y más democracia radical. ¿Es tarde o aún hay tiempo para hacerlo?

 
 

www.jornaldearequipa.com