La geisha y el cholo

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Dos citas con una mujer despechada... y

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AUGUSTO ÁLVAREZ RODRICH

       

23AGOSTO2018

La infidencia de Keiko Fujimori al revelar sus dos citas con el presidente Martín Vizcarra implica una quiebra definitiva de la confianza entre ambos y el preludio de un mayor distanciamiento al que hoy ya es notorio. Entre las dos versiones, se puede concluir que Fujimori pidió las citas para plantearle a Vizcarra que apoye la ley ‘mordaza’; se oponga al reglamento de alimentación saludable con octógonos; despidiera a la ministra de salud Silvia Pessah; y le consulte casi cualquier decisión relevante, estableciendo las bases de un gobierno tutelado a partir de la creencia de que para eso ella lo puso en Palacio.

 

La infidencia de Keiko Fujimori al revelar sus dos citas con el presidente Martín Vizcarra implica una quiebra definitiva de la confianza entre ambos y el preludio de un mayor distanciamiento al que hoy ya es notorio.

Entre las dos versiones, se puede concluir que Fujimori pidió las citas para plantearle a Vizcarra que apoye la ley ‘mordaza’; se oponga al reglamento de alimentación saludable con octógonos; despidiera a la ministra de salud Silvia Pessah; y le consulte casi cualquier decisión relevante, estableciendo las bases de un gobierno tutelado a partir de la creencia de que para eso ella lo puso en Palacio.

Por eso, cuando Fujimori pidió una tercera reunión, Palacio se la negó.

Desde que empezó la presidencia de Vizcarra se habló de la conveniencia de una cita con Keiko Fujimori para establecer condiciones básicas de gobernabilidad. No había evidencia de la misma, salvo una información publicada por Juan Carlos Tafur que fue desmentida por Vizcarra y callada por Keiko Fujimori.

¿Por qué, entonces, la jefa de FP rompió el secreto? Por un lado, actuando en el marco de un embate mayor contra Vizcarra ante la constatación de no poder controlarlo. Pero, más allá de la venganza de una mujer despechada en su pretensión política, Fujimori quiso remarcar su protección cerrada a Pedro Chávarry como fiscal de la nación, quien actúa como su huachimán del mismo modo que Blanca Nélida Colán protegía a su padre y a Vladimiro Montesinos.

Vizcarra se equivocó al no apostar por la transparencia y por confiar en quien, como es obvio, no lo merecía.

Más allá de la infidencia, la revelación de Fujimori es una expresión de la quiebra de cualquier posibilidad de confianza entre ambos, además de una declaratoria formal de guerra.

Lo que ha querido transmitir Keiko Fujimori es que no le va a permitir al presidente Vizcarra que la agenda nacional la ponga Palacio, sino que ella la quiere manejar desde el congreso que aún domina.

A eso apuntó cuando dijo que “hay que saber diferenciar lo urgente de lo que se puede hacer con tranquilidad el próximo año”, es decir, que ella va a decidir cuándo y para qué se hace el referéndum, si este se llega a realizar.

En ese contexto, sería políticamente suicida que ahora el presidente Vizcarra se asustara por la bravata de Keiko Fujimori –que no es más que un manotazo de ahogado– y retrocediera en su propósito de la reforma judicial y política a la que se opone FP. Ahora sí, tras la traición de Keiko Fujimori, el presidente ya no puede dar ni un paso atrás.

 


Ella lanzó el golpe y va tras él

Si hace apenas diez días era una especulación periodística, ya no hay duda de que, como se planteó entonces en esta columna, Keiko Fujimori ha lanzado un embate golpista contra el presidente Martín Vizcarra tal como lo inició hace ocho meses contra Pedro Pablo Kuczynski, en la navidad 2017, y lo concretó tres meses después, en la semana santa 2018.

Así, a casi medio año de tumbarse a PPK, Keiko Fujimori puso en marcha el domingo en la TV el plan para sacar a Vizcarra de Palacio con el argumento de que ha mentido.

No es un argumento casual pues lo están construyendo a partir de un eje de la estrategia fujimorista que es la defensa cerrada de Gonzalo Chávarry como fiscal de la nación, quien, como lo hizo su jefa Blanca Nélida Colán en los noventa con su padre y Vladimiro Montesinos, será el ‘huachimán’ de Keiko Fujimori en las acusaciones que debe enfrentar, junto con Rosa Bartra desde el congreso con el informe lava jato que será un ariete para atacar a rivales y blindar a sus patrones, tal como ha sido el comportamiento penoso de esta comisión parlamentaria.

El argumento lanzado por Keiko Fujimori el domingo –y repetido por sus mototaxistas desde entonces– es que, si Vizcarra mintió, ¿cuál es el problema con Chávarry con su mentira de la cita con los periodistas? Es, sin duda un argumento tramposo, pues el problema del fiscal de la nación no es esa mentira sino su vocación demostrada por encubrir las investigaciones de corrupción sobre los audios de los jueces, fiscales y consejeros que están al servicio de FP.

¿Por qué Keiko Fujimori ha lanzado este embate contra el presidente Vizcarra que es golpista pues pretende sacarlo de Palacio e ir a un adelanto electoral, poniendo temporalmente de presidente a Daniel Salaverry, el artífice de la vacancia de PPK con su chuponeador Moisés Mamani?

Primero, porque está muy asustada: su problema no es perder la elección sino ir a la cárcel. Segundo, porque su reputación ya bordea al subsuelo en las encuestas. Tercero, porque carece de estrategia política por tener cerca adulones mediocres en vez de gente inteligente. Cuarto, porque no sabe negociar ni hacer política; solo mandar e imponer.

Como planteó esta columna hace diez días, “el ruido del huayco que viene todos lo conocen porque no es la primera vez que ocurre (…) y no se sorprenda si pronto el fujimorismo y sus colaboradores empiezan a hablar cada vez con más frecuencia y entusiasmo de un adelanto electoral en vez del referéndum”. El lodo ya llegó.

 

 

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