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Un blog de política independiente

La infatigable capacidad de difamar impunemente

©

rosa maría palacios

 

 

Ilustración de Guilermo Figueroa

 

 

Héctor Virgilio Becerrril Rodríguez. Congresista de la República por Amazonas por el periodo 2011 – 2016. Elegido por 14,946 votos preferenciales que le dieron un quinquenio para hacerse famoso desde la bancada del fujimorismo. Tuvo mas suerte que su hermano Víctor Antonio, contador, congresista fujimorista el año 2000 -2001, gerente de Pomalca por una década, que no pudo lograr su elección como Presidente Regional de Lambayeque el 2014.  El hermano mayor, Héctor Virgilio, nacido un 28 de diciembre de 1957, logró ser mantenido en la nomina fujimorista por sus propios e innegables méritos para el pugilato verbal y así, logro obtener 44,459 votos preferenciales, esta vez por Lambayeque, que lo llevan al Congreso en el periodo 2016 – 2021.

Químico Farmacéutico de profesión, hoy vuelve a titulares por hacer alquimia fotográfica para difamar. No es extraño que insulte. Eso, a estas alturas, es del todo esperado. Lo patético es que los niveles de bajeza a los que llega se superan sucesivamente. Cuando uno cree que ya no es posible caer más bajo, él sale victorioso.

El fujimorismo pretende que creamos – o cree, no se que es peor – que el maniqueísmo es la única forma de entender el mundo. Así, partido en mitades, sólo caben dos posibilidades. Ser fujimorista o ser antifujimorista. No hay más. En ese mundo de caricatura el antifujimorista sólo es una cosa: terrorista. Siguiendo la línea argumental, entonces Mario Vargas Llosa sería terrorista. Y los más de ocho millones de peruanos que votaron por Kuczynski, también. Digamos, bajo sospecha, están.

¿Y si el antifujimorista pertenece a cualquier movimiento ubicado a la izquierda dentro de los cien matices que tiene ésta? Entonces no cabe duda, es terrorista. Punto. Para el fujimorismo, toda la izquierda peruana es terrorista. Así lo ha dicho la próxima Presidenta del Congreso, Luz Salgado. Es obvio que esto es falso y que un niño de primaria entendería las contradicciones evidentes de semejante argumentación. El terrorismo en el Perú es un delito, perseguible de oficio y por tanto debe ser denunciado por las autoridades.  Si la izquierda representada en Frente Amplio es terrorista ¿por qué Luz Salgado no la denuncia? ¿No tendrá a 20 congresistas de esa agrupación delante de sus ojos?

Cabe recordar que el fujimorismo construye su leyenda reivindicativa y excusatoria, en materia de derechos humanos, sobre la base de una falacia. Sostienen que “la única forma para que Alberto Fujimori venciera al terrorismo” era permitir que operará el Grupo Colina. Por tanto, su cárcel es injusta, dado que nos salvamos de ser una versión de Corea del Norte, gracias a él. La falacia se ha explicado varias veces. El terrorismo en el Perú no se venció haciendo las mismas o peores salvajadas que las huestes de Abimael Guzmán. Se venció con inteligencia, que operó la Policía Nacional, no las Fuerzas Armadas. Mucho menos, el Presidente de la República.

Sin embargo, insultar como “terrorista” – es un insulto que te imputen un delito – políticamente, funciona. Eso fue lo que hizo notar Verónika Mendoza a la prensa este lunes, luego de las penosas declaraciones de Luz Salgado el fin de semana. Entonces, presuroso, apareció hoy el congresista Becerril con esta foto en su cuenta de twitter:

El tuit dice a la letra: “V.Mendoza: Nos quieren estigmatizar como terroristas. ¿Y la bandera roja con la hoz y el martillo de SL q te encanta?

La fotografía pretende mostrar a Mendoza rodeada de gente feliz al lado de la bandera de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialiastas Soviéticas – ya dejo de usarla hace décadas, desde que se fraccionó – que efectivamente usó Sendero Luminoso y mucha de la izquierda latinoamericana para identificarse el siglo pasado.

Tal vez para personas menores de 20 años esa bandera signifique nada, como otros símbolos de revoluciones sangrientas. Pero para los que somos mayores simboliza el terror, el miedo, la opresión totalitaria, la perdida de libertades. Es como si viéramos a Keiko Fujimori riéndose al lado de una bandera nazi. ¿Le gustaría al congresista Becerril? Supongo que no.

Lo que se supo en instantes, es que todo fue un montaje. Un burdo fotoshop. Una fotografía familiar, intima, en la que se había sustituido la imagen del esposo de la congresista (que toma un selfie)  por un tercero y se había ocultado una ventana con una bandera sobrepuesta. La verdadera foto es esta:

Ante la tamaña sinvergüencería pública, el congresista Becerril:

a) Retiro el tuit

b) Pidió disculpas públicas.

c) Declaró haber sido engañado por un grupo que le dio la foto trucada para desprestigiarlo.

d) Todas las anteriores.

e) Ninguna de las anteriores

¡Y la respuesta correcta es la e)! No sólo no ha pedido disculpas, ni retirado el tuit, ni intentando siquiera alguna explicación. Insiste propalando fotografías de otros eventos, ya contestados en su momento. Es decir, la única bandera que tiene clara es la de la difamación.

¿Se puede hacer algo contra este Congresista? En teoría, si. En la realidad, no. Veronika Mendoza o cualquiera de las personas que aparece o desaparece en esa foto tienen derecho a interponer una querella por difamación (es una acción privada, no se puede seguir de oficio). Sin embargo, para procesarlo se le tiene que levantar la inmunidad parlamentaria. ¿Con una bancada de 73 congresistas que lo apaña? Imposible. Tiene licencia para delinquir. Esa es la dura realidad. Para cuando termine su mandato, el delito habrá prescrito. Tenemos cinco años de esto por delante. ¡Gracias Lambayeque!

¿Caben acciones civiles? Por supuesto. Una buena reparación por daños y perjuicios no le caería mal al Congresista impune. La vía civil no tiene protección constitucional. Sería hermoso verlo pagar alguna cantidad de dinero para que se le quite la payasada de meterse con honras ajenas. Ojala los perjudicados se animen.

 
 
 

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