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El Comercio y una izquierda que no es de izquierda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al César lo que es del César.

Como en el Libro Rojo Nelson Manrique cita a Verónika Mendoza diciendo: "Derrotar a la corrupción no va a ser un camino fácil. Solo la vigilancia ciudadana logrará que se haga justicia". Lo mismo pudo decir Roberto de la Cruz o Juan Pérez, sin embargo cuando lo dice Mendoza Frich para el sociólogo toma importancia. En el artículo que sigue Manrique desarrolla  la tesis de que Susana Villarán dejó a la izquierda para ser Alcaldesa. No pues, la izquierda que apoyó a Susana Villarán es la misma izquierda que apoya hoy a Verónica Mendoza (salvo Gárate). A esa izquierda perteneció, Basombrío, los Villarán, Dammert, Tapia, Rospigliosi y otros a la que por un tiempo llamaron la "izquierda miraflorina" y luego "izquierda caviar" por su exquisitez culinaria e ideológica.

 

 

 

Será el llanto y el crujir de dientes (Mateo 13:42)
Nelson Manrique


Escándalos políticos ponen en duda transparencia de organizaciones

En el alzamiento provocado por la instalación del peaje en Puente Piedra todo un pueblo se ha unido contra la elevación del precio del transporte público. Es notable el salto operado en la conciencia de los vecinos, desde la respuesta al golpe a su economía hasta apuntar al fondo de la cuestión: los arreglos turbios de la Municipalidad de Lima, que no solo ha regalado a Odebrecht el 4% de los ingresos del peaje que correspondían al municipio y le ha extendido la concesión de 30 a 33 años, sino le ha permitido instalar el peaje sin haber concluido previamente las obras a las que estaba obligada por el contrato vigente.

PUEDES VER:
La maldad.

Derrotar a la corrupción no va a ser un camino fácil. Como lo ha señalado Verónika Mendoza, solo la vigilancia ciudadana logrará que se haga justicia. Más allá de los datos que aporten los reos brasileños será necesario reconstruir una compleja trama de complicidades entre empresas, políticos y medios de comunicación que entorpecerán la investigación, apoyados por un sistema judicial desprestigiado y penetrado por la corrupción.

Un par de ejemplos para ilustrar la magnitud del desafío. La empresa Graña y Montero aparece reiteradamente como socia privilegiada de las constructoras brasileñas. Graña y Montero es una de las propietarias del grupo editorial más importante del país, El Comercio, que controla el 80% de la prensa escrita y dos importantes canales de televisión, Canal N y América TV.


Dispone así de recursos privilegiados para modelar la opinión pública. G&M tiene además enlaces con la élite política. El fujimorista José Chlimper, candidato a la vicepresidencia en la plancha de Keiko Fujimori, Secretario General de su partido y protagonista del escándalo de la manipulación de un audio para cubrir al financista de Keiko, Joaquín Ramírez, ha sido director de Graña y Montero entre el 2006 y el 2015.

Por el lado del oficialismo hay también bastante por investigar, más allá de las responsabilidades funcionales de PPK como ministro de economía y premier del gobierno de Alejandro Toledo, con participación en la gestación de la Carretera Interoceánica. Los testigos de Lava Jato coinciden en señalar al brasileño Jorge Barata como el hombre clave en el reparto de sobornos en el Perú.

Pedro Pablo Kuczynski fundó la ONG Asociación Empresarial para el Desarrollo Rural, de la cual fue presidente, el 2007, luego de dejar sus cargos en el gobierno de Toledo. Al año siguiente PPK pasó a ocupar el cargo de vicepresidente y Jorge Barata fue nombrado director. El presidente del directorio de la constructora Graña y Montero, José Graña Miro Quesada, socio de la constructora Odebrecht, fue también nombrado por PPK como director de su ONG (http://bit.ly/2iBInao).

Los elementos señalados no constituyen pruebas, sino indicios que ameritan una investigación a fondo, que incluya a todos los que tuvieron alguna relación con las empresas involucradas en la corrupción, incluyendo a los gobiernos regionales y a las administraciones ediles de Luis Castañeda y Susana Villarán.


Hay en marcha una campaña en las redes sociales, con eco en algunos medios de comunicación, que pretende involucrar a la izquierda partiendo de la presunta participación de Susana Villarán en arreglos turbios con Odebrecht. Hay dos precisiones que hacer. En primer lugar, la exalcaldesa ha manifestado su voluntad de colaborar con todas las investigaciones que requieran su participación, para probar su inocencia.

En segundo lugar, las relaciones entre Susana Villarán y la izquierda terminaron hace tiempo. Ella ganó las elecciones el 2010 con el apoyo de organizaciones izquierdistas con las cuales rompió apenas asumió la alcaldía. Fue apoyada nuevamente por la izquierda cuando la coalición de Luis Castañeda, Alan García y las mafias de transportistas y de los mercados pretendieron vacarla.

Villarán correspondió a ese apoyo aliándose con Alejandro Toledo cuando postuló a la segunda reelección. Y dio el paso definitivo fuera de la izquierda cuando decidió participar en las últimas elecciones como integrante de la plancha presidencial de Daniel Urresti, un militar –al que ella declaró inocente– enjuiciado por el asesinato del periodista Hugo Bustíos y por la violación de Isabel Rodríguez Chipana, una testigo que lo reconoció cuando lo vio como ministro de Ollanta Humala (http://bit.ly/2jQKRiX).

Susana Villarán no acogió las invocaciones de los familiares de las víctimas y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de la que una vez fue presidenta. No concibo ninguna variante de izquierdismo (llámese moderna, posmoderna, o como sea) compatible con semejante opción. Al César lo que es del César.

 
 

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