Izquierda: ¿disueltos venceremos?

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  Santiago Pedraglio

 

 

 

 

Dos agrupaciones de izquierda, el Frente Amplio (Tierra y Libertad, Sembrar y otros núcleos) y Únete (Partido Humanista, Ciudadanos por el Cambio, Fuerza Social…) han convocado a sendas elecciones primarias: las inscripciones de precandidatos se cierran en agosto. Si se les suma la precandidatura de Sergio Tejada (Bloque Nacional y fonavistas), el absurdo resultado, por más reuniones bilaterales que se produzcan, es que habrá por lo menos tres –suicidas– candidaturas de izquierda.

Los dirigentes harían bien en reconocer que la situación demanda decisiones que modifiquen radicalmente la tendencia al desastre. No hay razón “histórica” o de “principios” que valide la fragmentación… y no vaya a ser que luego le echen la culpa a la derecha por resultados que serán de su entera responsabilidad.

Si la voluntad de cambio no se expresa ya, la nueva derrota de la izquierda no solo tendrá un efecto electoral –como algunos se aferran en creer–. Las frágiles agrupaciones se disolverán; sus militantes y simpatizantes se verán decepcionados; y, sobre todo, una prometedora generación de dirigentes de izquierda, hoy en torno a los 35 años de edad, tendrá un duro bautizo de derrota.

¿Cómo salir del atolladero? Aplicando sentido común: las dos agrupaciones pueden suspender sus comicios internos hasta lograr el acuerdo de convocar una sola elección primaria invitando incluso a otros grupos. El criterio de partida es que se ponga fin a los vetos. El “nada con Simon” o “nada con Arana” es un callejón sin salida; los votos tendrán que ser los que les digan “sí” o “no”, a ellos y a quienes inscriban sus precandidaturas.

Esto acarrea, sí, una exigencia: hay que asegurar la participación de no menos de 25 mil votantes (5% de las firmas para inscribir un partido); si no, mejor ni convocarla. Una elección primaria sirve no solo para dilucidar preferencias internas, sino que es, también, un gran acto de movilización y propaganda política. Sin duda, un estimulante desafío.

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

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