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Los gritos del silencio

 

 

 
 

Título original:

Silencio y griterío
Rosa María Palacios


Hace una semana los periodistas de investigación Daniel Yovera y Edmundo Cruz publicaron en La República y en Poder.pe el resultado de una larga y paciente investigación acerca de los negocios de los hijos de Alberto Fujimori. La historia es bastante sencilla si se va al esquema de la operación. Hiro y Kenyi Fujimori Higuchi crearon empresas de forma sucesiva, varias veces, –en compañía de otros personas muy allegadas, que incluyen hasta a un primo de Joaquín Ramirez– que prestan dinero a sus propias empresas, sobre todo, a la almacenera de aduanas Limasa, creada el 2009. Luego, capitalizan la deuda y extinguen o absorben a la empresa creada por apenas pocas semanas. De esa forma aumentan el capital, una y otra vez y van cambiando de socios, aunque siempre permanecen ellos como accionistas. La historia termina con la sociedad de Limasa con una transnacional japonesa gigantesca que también capitaliza un préstamo. A partir de ahí declaran a Limasa “empresa transnacional”.

El esquema no es ilegal, pero abre muchas interrogantes. La primera, para la Unidad de Inteligencia Financiera es: ¿de dónde sale el dinero de estos préstamos de socios peruanos que luego se capitalizan? No hay hipotecas o prendas inscritas. ¿Puede una empresa con pocos días de constituida conseguir estas líneas de crédito bancarias? Difícil. La segunda, ¿Por qué seguir un esquema tan complicado –que puede tener implicancias tributarias para las empresas acreedoras– si lo mismo se puede conseguir con los aportes directos de los accionistas o la venta las acciones de Limasa a nuevos socios, cuyos capitales –y el origen de estos– son más fáciles de identificar?

Lo que se teme es que estos dineros provengan de una fuente ilícita, tanto en el caso de los socios peruanos, cuanto con el de los japoneses. La sospecha es que este sea dinero en posesión de Alberto Fujimori, sustraído del erario peruano y administrado, desde que este abandonara Japón hace más de 10 años, por su hijo Hiro Fujimori. En teoría, las capitalizaciones de préstanos con allegados peruanos, solo serían un cambio de testaferros, donde, poco a poco, va entrando capital. Sin embargo, por la vía de la sociedad japonesa, estaría regresando al Perú, limpio legalmente, dinero que salió en maletines. Reitero, en teoría. Así, Hiro Fujimori no podría justificar por sí mismo ese capital, pero la transnacional japonesa, sí. Cabe decir que para la transnacional Sankyo se trata de una cifra pequeña, (un millón cuatrocientos setenta mil dólares de préstamo, luego capitalizado en parte) pero para los Fujimori, injustificable con sus propios patrimonios, supuestamente modestos.

Las sospechas se basan en otros indicios. El asesor corporativo de Sanyko con base en Canadá, Daniel Scott Matson, a su vez, socio de los Fujimori, estuvo el 28 de febrero pasado, en plena campaña electoral, de visita en la Diroes. ¿Qué tendría que conversar por tres horas con Alberto Fujimori? Nadie lo sabe. Ni siquiera una visita de cortesía al padre preso de un socio justificaría tan larga estancia. De otro lado, la página Web, que anunciaba que la antes almacenera Limasa, convertida luego en Integrated Global Logistics, era una empresa transnacional a partir del 2014, ha desaparecido así como el anuncio de nuevos negocios vinculados al almacenaje aduanero ¿Por qué? Nadie lo sabe. ¿Qué pasó con la supuesta expansión del negocio? Misterio.

Pero como bien sabemos, con indicios, el Ministerio Público solo puede investigar preliminarmente. Una acusación fiscal se basa en pruebas y esta investigación periodística, que trae mucho más, recién empieza.

Lo que si llama la atención es el silencio absoluto de Kenji Fujimori, el congresista más votado del país y, por tanto, nuevamente funcionario público. ¿Está esperando que la historia desaparezca porque no la “rebotaron” otros medios, salvo páginas web? Pues le tengo malas noticias. Por lo menos en rosamariapalacios.pe la acogida de los lectores ha sido espectacular y solo en mi Facebook el alcance de la historia ya ha llegado casi a un millón de personas. La historia va a continuar y el silencio no la hará desaparecer.

Tampoco el griterío va a callar al buen periodismo. Las hordas de fujimoristas enviados a vandalizar, con cientos de insultos personales, las redes donde participo son solo un indicio más de que Edmundo Cruz y Daniel Yovera han tocado carne. Y cuando ellos tocan carne, aparecen La Cantuta, Comunicore o Narcoindultos, solo por mencionar algunas de sus muy famosas investigaciones.

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