Un ensayo para completar

Arequipa y el Partido Comunista

Francisco del Carpio

 

 

Antecedentes históricos 
 


En la última etapa del colonialismo español, paladines tan arequipeños y reaccionarios como José Manuel de Goyeneche y Barreda y Juan Pío de Tristán y Moscoso arrastraron a buena parte de los habitantes de la Intendencia de Arequipa tras la causa de la monarquía. Aunque Goyeneche sirvió a disímiles banderas como las de Fernando (VII) de Borbón, Carlota de Portugal y José Bonaparte, al regresar los Borbones al trono español, tras la derrota de las tropas francesas y la firma del Tratado de Valencia el 11 de diciembre de 1813, Goyeneche juró lealtad la monarquía borbónica.

Ante el levantamiento de Pedro Murillo en el Alto Perú, José Manuel de Goyeneche, siendo Presidente de la Real Audiencia del Cuzco, partió como comandante en jefe del ejército pacificador de Abascal a debelar a los insurgentes, llevó tras si 5.000 milicianos nobles de Arequipa y Cuzco que encabezaron una tropa realista integrada exclusivamente por criollos españoles e indígenas peruanos. Goyeneche derrotó a las de fuerzas de Murillo y tras esa victoria, envió a su primo el coronel Domingo de Tristán (padre de Flora) a someter a los rebeldes, refugiados en las Yungas bolivianas. Goyeneche restableció el orden en la ciudad de La Paz, fusilando a ocho y encarcelando a quince patriotas altoperuanos en los presidios de Boca Chica, Islas Malvinas, Filipinas y en el Morro de La Habana.

Tras la Revolución de Mayo, Abascal incorporó el Alto Perú al Virreinato del Perú y nuevamente Goyeneche organizó nuevas fuerzas y en pocas semanas ocupó todas las provincias del Alto Perú, incluyendo las ciudades de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, recuperando el dominio español de todo aquel vasto territorio. Su victoria en la Batalla de Guaqui (o del Desaguadero) le valió los títulos de Conde de Guaqui y "Vizconde del Alto Perú” otorgados por Fernando VII accediendo a la solicitud que presentaron súbditos españoles residentes en Potosí, Cochabamba, La Plata y Arequipa

Fracasado en su intento de debelar la Revolución de Mayo en el Río de la Plata Goyeneche regresó a su España como teniente general de los Ejércitos Reales, Vocal de la Junta de Guerra de Indias, Vocal del Consejo de Guerra y Presidente de la Junta de Arreglo de Comercio de Ultramar. Fue elegido, también, diputado a Cortes por Arequipa y Senador del Reino por la provincia de Canarias. El Rey Fernando le nombró su Gentilhombre de Cámara con Ejercicio y Servidumbre, así como Caballero de la Orden Militar de Santiago. Ocupó igualmente los cargos de Consejero Honorario de Estado, Senador Vitalicio, Prócer del Reino, Regidor Perpetuo de Cádiz, Comisario Regio del Banco Español de San Fernando, etc.

En 1814 sucedió la sublevación de los Angulo en el Cusco. Se formó una Junta de Gobierno la misma que depuso el poder colonial y colocó a la cabeza del movimiento, más por estrategia política que por valor militar, al veterano cacique de Chincheros, un brigadier realista retirado llamado Mateo García a quien, por su rasgos nativos, le llamaban “Pumacahua” antes que su verdadero nombre. La Junta cusqueña decidió el envío de sus fuerzas en tres direcciones. Una expedición se dirigió a Puno y La Paz, para establecer contacto con Belgrano y con las fuerzas argentinas en el Alto Perú. Otra división fue a Huamanga, con el intento de avanzar, posteriormente, hacia Lima y la tercera división marchó a Arequipa, al mando del propio Pumacahua, que llevaba como segundo jefe a Vicente Angulo y que esperaba extenderse desde allí hacia Moquegua y Tacna.

El ambiente en Arequipa era entonces (antes y después) favorable a los realistas. El intendente José Gabriel Moscoso creía, sinceramente, que Pumacahua, por sus antecedentes realistas, no iba a entrar en la ciudad. Pero no fue así, las tropas cuzqueñas derrotaron a los españoles en la Apacheta el 9 de noviembre; y, al día siguiente, Pumacahua entró triunfalmente en la ciudad con júbilo, zozobra, cupos, y saqueos contando con el apoyo entusiasta de Mariano José de Arce un cura de encendido fervor revolucionario quien recorría las calles levantando a la multitud, ataviado de un sombrero con una divisa azul y blanca que lo identificaba con la causa de los sublevados en el Río de la Plata. La radical actitud de Arce determinó que se rechazaran conatos de fidelidad a la Corona española y que en el Cabildo Abierto se acordara tanto la adhesión a la Junta Revolucionaria del Cuzco como, también, el nombramiento de Pumacahua como teniente general del Ejercito Libertador. Se procedió luego a la formación de un gobierno civil, en el que figuraba, a propuesta de Arce, José María Corbacho.

Mientras tanto Mariano Melgar, que estaba en el valle de Majes, se enroló en el ejército de Pumacahua convocado por el “Partido de Chuquibamba". Melgar se alistó en la columna de patriotas que allí se formó y se dirigió con ella a su Arequipa natal, como soldado raso, al encuentro de sus amigos José Maria Corbacho y Mariano José de Arce. Las fuerzas de Pumacahua eran inexpertas y buena parte de la población arequipeña seguía fiel al virrey. Pese a su poca simpatía por Pumacahua, debido a sus antecedentes realistas, Melgar continuó en la empresa. La ocupación de Arequipa por las tropas rebeldes fue muy corta. El mando militar de la administración colonial desde el Alto Perú encomendó al mariscal de Campo Juan Ramírez la misión de combatir a los alzados en el Cusco. Sus tropas los derrotaron en La Paz y avanzaron a Puno. Pumacahua al enterarse del avance de Ramírez sobre Arequipa salió de la ciudad el 30 de noviembre. El 9 de diciembre Ramírez hizo su ingreso triunfal a la ciudad por las mismas calles cubiertas de flores en que, días antes, se había aclamado deslealmente a Pumacahua.

Ramírez se detuvo dos meses en Arequipa para avituallar su ejército. El Ayuntamiento, lo aprovisionó con mulas, arrieros y víveres, además de tiendas de campaña, zapatos, camisas, frazadas y monturas. El 12 de febrero de 1815 las fuerzas realistas salieron hacia Cabanillas, para seguir a Lampa y Pucará y llegar el 10 de marzo a la altura de Ayaviri. A corta distancia estaba el ejército patriota que, desde Sicuani, se dirigía hacia el Collao preparándose para un encuentro que iba a ser ya definitivo.

Los dos ejércitos fueron avanzando con cautela y dificultad al paso del río Ayaviri, que había crecido por las lluvias. En la madrugada del 11 de marzo el general Ramírez levantó su campo y sus tropas cruzaron el río teniendo al frente suyo, una columna interminable, desordenada y fogosa multitud de soldados de Pumacahua. La batalla, si así puede llamarse al enfrentamiento entre las experimentadas tropas coloniales y el improvisado ejercito patriota, se dio en la quebrada de Umachiri donde sobró arrojo y entusiasmo pero faltó orden, disciplina y experiencia militar. Por la noche la batalla había terminado y los cadáveres quedaron tendidos en el campo. Durante la batalla se sucedieron las ejecuciones de la oficialidad patriota, entre ellos dos coroneles que se tomaron prisioneros, reservando la vida del auditor de Guerra, hasta recibir su declaración, tras la cual fue fusilado en el campo de batalla el 12 de marzo de 1815. Este no fue otro que Mariano Melgar, un muchacho de veinticuatro años y medio de edad, armado solo de sus versos de amor a su musa y a su patria.

La historia registra, también, que Juan Pío de Tristán y Moscoso fue uno de los oficiales “de la corona” que combatió a los patriotas de García Pumacahua. Luego de fracasar en el develamiento de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata ordenado por José Manuel de Goyeneche y Barreda, su primo, Tristán regresó al Perú para seguir sirviendo a España, participó en la reducción del levantamiento de Mateo García Pumacahua donde Mariano Melgar, el arequipeño más ilustre de todos los tiempos, fuera auditor de guerra. Tristán fue leona de dos mundos: general, gobernador y virrey español. Después de Ayacucho fue prefecto del General Santa Cruz en la Arequipa confederada. Como primo de Goyeneche tuvo menos suerte en honores y títulos pero llegó a la presidencia de la Real Audiencia del Cusco en 1816. En 1823 el virrey José de la Serna lo ascendió a Mariscal de campo participando como tal en la lucha contra el Ejército Libertador de Simón Bolívar. Un año después fue electo por la Real Audiencia del Cusco como “jefe de gobierno del virreinato peruano” (una suerte de virrey tardío) en reemplazo de La Serna quien cayó prisionero en la batalla de Ayacucho.

Firmada la capitulación y ante la imposibilidad del retorno del gobierno colonial, a Pío Tristán no le quedó más remedio que adoptar las ideas republicanas siendo designado prefecto de Arequipa. Participó en la creación de la Confederación Peruano-Boliviana siendo nombrado, en 1836, Ministro de Estado y luego, entre 1838 y 1839, Secretario General del Consejo de Ministros del Estado Sur- Peruano, bajo la égida del general Santa Cruz. con sede en Arequipa, siendo así que hoy una calle de la Ciudad Blanca lleva su nombre.

La narración de estos episodios sirven de alguna manera para explicar el por qué, hasta promediar el Siglo XX, un sector fuerte de la población de la Ciudad de Arequipa y aún alrededores se envanecía de ser una suerte de reducto colonial (virreinal o español, para los que gusten de esta terminología) siendo por eso que las principales expediciones contra la independencia del Virreinato de Río de la Plata y el Alto Perú partieran de aquí. Concomitante a ello se ha llegado a afirmar que el nombre de “Ciudad Blanca” no viene del color del material de sus construcciones (sillar) que aún quedan en el centro histórico o monumental, sino por la predominancia de la población “española” en la ciudad. Para documentar este absurdo recurren a los empadronamientos que España hacía en sus colonias y dicen que en el censo del virrey Toledo la población española en Arequipa asomaba al 90 %. ¿Y los indios? Sencillamente no existían.
 
A comienzos de la República, en 1836, el pueblo de Arequipa se pronunció a favor de la Confederación Perú Boliviana y apoyó a Andrés de Santa Cruz contra Felipe Santiago Salaverry pues, este coronelillo, al ocupar la Ciudad Blanca, impuso cupos impagables y el servicio militar forzoso; además, obligó a los artesanos a trabajar gratuitamente para el ejército nombrando como Prefecto del departamento a un tiranuelo de apellido Mendiburo quien ordenó silenciar toda oposición, ganándose la ojeriza del pueblo que lo había cobijado. Salaverry fue finalmente derrotado en Socabaya y fusilado en la Plaza de Armas junto a sus generales ante la resignación de sus partidarios y la indiferencia popular.

La lealtad del sector más conservador de la población de esta parte del Perú con algunos caudillos se repitió veintidós años después. La más incompresible de todas fue la tenida hacia Manuel Ignacio de Vivanco, el mismo caudillo que terminó cediendo las Islas Chincha a España en 1866. Caudillista y conspiradora, Arequipa, en el siglo XIX, fue una ecuación insoluble. Castillista contra Vivanco en 1854, vivanquista contra Castilla en 1856. En 1857, se levantó contra el ordenamiento republicano que encabezaba don Ramón Castilla.

Sin embargo, para entonces, Vivanco se había convertido solo en un pretexto para luchar contra el centralismo limeño pues, el caudillo, ya nada tenía que hacer en el campo de batalla. Sin líder a quien seguir, el propio pueblo arequipeño se constituye en caudillo colectivo. Javier Sánchez y Benito Bonifaz, artesano el primero y poeta el segundo, se convirtieron a su vez en jefes militares de la rebelión y como tales defendieron la ciudad al mando de un regimiento de paisanos, compuesto por trabajadores. Este regimiento era una columna de milicianos llamada “Inmortales". Bonifaz, siendo solo un poeta fue investido como capitán de artillería repitiéndose la figura de Mariano Melgar. Al fragor de la batalla Bonifaz escribió acerca de la Columna Inmortales:

 

¿Los veis lanzándose a la pelea con serenidad de valientes?

¿Los veis marchar con la cabeza erguida en busca de gloria o muerte?

¿Los veis pasadas las trincheras cómo sus líneas en el campo tienden?

¿Los veis en el combate cual despliegan al ruido del cañón tanta osadía?

Son los hijos del Misti, los de fuerte y noble corazón, soldados del honor….

Castilla ordenó el sitio de la ciudad y el presidente se hizo cargo, personalmente, de su asedio bombardeándola con artillería pesada. Después de ocho meses de cerco, Castilla decidió el asalto final. Sus divisiones acometieron contra los «Inmortales». Se combatió calle por calle, todo el día. Las barricadas se convierten en formidables obstáculos para los sitiadores. “El capitán de artillería” Benito Bonifaz arengaba a su tropa con versos como “hijos del Misti volad a los campos de la gloria” pero al llegar la noche cayó muerto junto con todos los defensores de la barricada a la que pomposamente bautizó como “Fuerte Malakov”. Al día siguiente Castilla reanudó el ataque. Los arequipeños sin alimento ni municiones sostuvieron el combate. A las diez de la mañana cayeron las barricadas del callejón de Santa Rosa y de los muros de Santa Teresa defendidos por la Columna Inmortales de Javier Sánchez. En esta batalla destacó el joven castillista Andrés Avelino Cáceres quien tomó las barricadas de San Pedro, hasta llegar a los altos de la torre de Santa Rosa. La Columna Inmortales, finalmente, cayó integra, sin retroceder. A las once el enemigo tomó la última barricada llamada “Fuerte Sebastopol”, los defensores de la ciudad siguieron resistiendo, aparecieron nuevos jefes y lo mismo fueron abatidos; a las once y treinta los vencedores estaban en la Plaza de Armas.

Arequipa fue castigada por su osadía. Castilla la “borró” de la geografía y de la historia, quitándole el rango de ciudad capital del departamento y la redujo a provincia. La justeza de este episodio histórico será siempre motivo de controversia; pero, lo que no está en discusión es la valentía de Sánchez ni Bonifaz ni del pueblo arequipeño.

Es que el manejo que los caudillos hicieron de Arequipa en el siglo XIX sirvió para todas las causas. El 11 de septiembre de 1867 al grito de ¡Viva la religión! estos lograron que Arequipa se levantara contra la Constitución liberal proclamada por el Congreso Constituyente y el Presidente Provisorio Mariano Ignacio Prado, dicha rebelión fue liderada nada menos que por el general Pedro Diez Canseco, a quien dos años antes había ayudado a encumbrarse en el poder. Un mes después las fuerzas del gobierno, pertrechadas con los equipos de ataque más adelantados de la época y al mando del vencedor de la escuadra española, desembarcaron en Islay y marcharon sobre Arequipa. El 19 de noviembre las tropas del gobierno atacan la ciudad, pero son rechazadas con grandes pérdidas. El 27 de diciembre, Prado emprende un último ataque desesperado, pero el valor fanático de los arequipeños que luchan por su Cristo Rey y la religión, lo obliga a retroceder. De retorno a Lima, Prado renuncia a la presidencia. Esta fue la última gran revolución (a la inversa) de Arequipa, convertida en «el rifle que apuntaba al corazón de Lima».

El 20 de enero, el general Pedro Diez Canseco, caudillo de la revolución, asume la Presidencia de la República. Durante su breve gobierno realiza dos de las demandas por las que se había batido a muerte el pueblo arequipeño, una referida a los fueros de la religión católica, aboliendo la «impía» Constitución liberal; y la otra relacionada más bien con los intereses económicos de los comerciantes laneros, impulsando la construcción del ferrocarril entre Arequipa y la costa.

El 13 de agosto, un violento terremoto, de 8 minutos de duración, destruyó la ciudad, que tuvo que ser íntegramente levantada de nuevo. El Prefecto de la ciudad comunica el hecho al Ministro de Gobierno en los siguientes términos dramáticos: «Bajo la impresión del horror y de la más aflictiva situación puedo comunicar a Uds., que Arequipa, la bella y hermosa ciudad no existe más».
 


Partido Comunista: los comienzos 

El siglo XX y las primeras formaciones revolucionarias
 


A comienzos del siglo XX, Arequipa era una ciudad arisca e impredecible. Seguía siendo lo que dijo Basadre "el rifle que apuntaba a Lima” aunque ya no el caudillo colectivo del Perú. A partir de entonces, sobre todo después de la guerra con Chile, se convirtió en el referente revolucionario de cuanto líder o bandolero quisiera dar un golpe o hacer una revolución como se le entendía entonces. Así lo pensó Nicolás de Piérola y sus montoneros, quienes tomaron la ciudad el 25 de enero de 1895 protestando por el golpe de estado de Andrés Avelino Cáceres. Piérola recurrió al típico combate guerrillero de sus famosas montoneras: combatir-huir, y triunfó. A estos tiempos se refieren los versos de la marinera emblemática de los arequipeños antiguos: "Montonero Arequipeño", compuesta por Jorge Huirse. Lo mismo puede decirse del grito de guerra de entonces: ¡Viva Piérola, carajo!

La nueva inmigración europea (no española) fue consecuencia de la participación activa de militares ingleses contra España en la guerra de la independencia. Los nuevos inmigrantes llegaron con sus ahorros y muchas ganas de multiplicarlos, se arriesgaron a invertir y ganaron, formaron aquí sus hogares y dieron origen a grupos económicos familiares que gravitaron fuertemente en la economía regional del sur del país, principalmente Arequipa. Ese fue el caso de los Gibbs y Emmel los que lograron levantar grandes negocios y casas comerciales, dedicados a la importación de artículos suntuarios y exportación de lanas. A ellos se sumaron, posteriormente, los Forga, Stafford, Gibson, Fletcher, y otras firmas. Emmel llegó de Alemania, aproximadamente en 1830, para trabajar en la firma Stamm & Petersen de alemanes radicados en Arequipa. Posteriormente Federico Emmel, funda la sociedad comercial Petersen & Emmel, que se cuenta entre una de las fundadoras de la Cámara de Comercio de Arequipa, en 1887. En 1899 se constituye la casa comercial Emmel Hermanos, la más importante del país en cuanto a la exportación de algodón, té y café se refería. Otros alemanes, como Carl Wagner invirtieron en la minería. En 1868, Alexander von der Heyde y Edward Möller importarían cerveza para Arequipa. Y, en 1898, Ernst Günther estableció la Fábrica de Cerveza Pilsener, que luego se llamó Compañía Cervecera del Sur del Perú, Cervesur.

En la década de 1870, apenas figuraba en Arequipa una empresa industrial, la fosforera “Luz de Arequipa”. A fines del siglo XIX, los altos aranceles de importación, favorecieron, indirectamente, a la industria nacional, Miguel Forga funda, entonces, la fábrica de tejidos “El Huayco”, ubicada en Congata fuera de la ciudad. Hasta 1925, funcionaban en Arequipa 17 fundiciones, 15 fábricas de jabón, 11 curtiembres, 4 molinos de trigo, 4 fábricas de tejidos y 11 empresas diversas.

De esta manera Arequipa en los primeros años del siglo XX ya estaba insertada en el mercado capitalista, habiéndose creado una oligarquía “arequipeña” en base a las familias europeas llegadas a la ciudad y al concurso de los pocos remanentes que quedaron de la economía colonial española.
 

Las picanterías
 


Las chicherías en Arequipa, según Rommel Arce fueron desde la colonia “un espacio democrático en que fraternizaron por igual el hombre del campo y la ciudad: el loncco y el ccala, respectivamente. Pero también simboliza(ba) la respuesta nacionalista y republicana a lo extranjero”. Según Arce, en el siglo XIX, las chicherías se ubicaban en las afueras de la ciudad y eran de aspecto muy rústico, de ventilación escasa y sin muebles donde sentarse. Mientras se tomaba la chicha, se comía un preparado de ají y entre vaso y vaso o entre chicha y picante la gente iba socializando, hablando de política y cantando los que sabían. Los hombres de la ciudad hablaban y discutían del tema del momento, los del campo escuchaban y tomaban nota de cada detalle para trasmitirlo a sus vecinos en su pueblo.

La historiadora norteamericana Sara Chambers, citada por Arce, sugiere que en las chicherías se conspiraba teniendo una amplia red política que comunicaba a los líderes barriales con los jefes rebeldes locales. “La Sebastopol”, por ejemplo, ubicada en el viejo barrio de San Lázaro, fue una taberna donde los conjurados del movimiento rebelde de 1858, los que luego formarían la “Columna Inmortales” se reunían para proyectar sus acciones. A ella, los hombres de Hipólito Sánchez Trujillo, Javier Sánchez y Benito Bonifaz le pusieron por nombre “Fuerte Sebastopol” demostrando que cumplían, también, un objetivo político y militar.

Las picanterías, al comenzar el siglo XX, mejoraron su infraestructura. Las más elegantonas priorizaban la venta de cerveza y otros licores sobre la chicha, estas optaron por llamarse “Jardín”. "Jardín" era el denominador común para todas las cantinas-chichería o restaurantes campestres ubicados en los alrededores de la ciudad, los habían en Paucarpata, Tingo y Yanahuara porque hasta allí llegaba el tranvía eléctrico, que era el único medio de transporte masivo que entonces existía y porque los caballos y las pocas carretas que aún subsistían solo servían para el traslado, individual o en pareja, de los chacareros acomodados que venían desde los distritos a la ciudad para pleitear, sobre todo.

Estaba el Jardín Primavera ubicado en la primera cuadra de la calle San Pedro, entre el Monasterio de Santa Rosa y el Colegio de Los Salesianos, era una suerte de picantería, con aires de taberna española, donde se vendía de preferencia cerveza alemana, los otros licores de ese tiempo y los infaltables extras simples, dobles o triples. Se llamaba Jardín Primavera porque desde el zaguán de la calle hasta el lindero posterior de la casa había una huerta de medio topo, rodeada de eucaliptos, perales, higueras, membrillos y un viejo cedrón que esparcía un aroma especial. Un muro de barro pircado con piedras, cubierto por tupidas matas de rosa-común entrelazadas con una enredadera silvestre de campanillas lila o fucsia servía de cerco a la huerta del maestro Teodosio Salazar, el mecánico del barrio que sacaba de apuros a la vecindad, sobre todo a las monjas de Santa Teresa cuyo convento se encontraba a media legua de la fonda. Las monjas, para preparar sus alimentos y las de muchos menesterosos, habían hecho traer de España tres cocinas de fierro fundido, de cuatro hornillas y un horno cada una, a las que el maestro Salazar daba mantenimiento.

Al pie del muro, discurría por una pequeña acequia el agua de la ronda que llegaba posiblemente desde el Filtro y regaba los plantones de hortalizas y algunas flores que crecían en los bordes del canalillo que finalmente se perdía en el muro posterior que limitaba con el Monasterio de Santa Rosa

Pasado el primer patio donde vivía la familia de Teodosio Salazar, sostenido por cuatro horquetas de sauce y techado con ramas de eucalipto, paja de trigo y chala, se levantaba un cobertizo que proporcionaba una sombra escurridiza sobre las mesas de la fonda protegiendo, del sol del medio día, a los comensales que a esa hora gustaban asistir al restaurante, porque en la tarde los rayos rojos del astro caían lánguidos entristeciendo el ambiente. En medio de la enramada se mantenía, aún de pie, un enorme molle de 1.20m de diámetro del tallo, cuyas viejas ramas se entretejían con la hojarasca del techo dándole un aspecto soberbio. Cuatro rústicas mesas largas de cinco metros y pico, rodeadas de bancas, más rústicas aún, estaban colocadas en los extremos de la cantina completando el ambiente campestre de esta parte de Arequipa que se negaba a dar paso al desarrollo urbano que ya la amenazaba. A este ambiente se le conocía como "El Patio Grande".

Al fondo de la casa, sirviendo de marco al patio grande, estaba la cocina de adobe con techo de paja a dos aguas luciendo por adentro el tizne que dejaba la candela del fogón, impregnada con la grasa de los aderezos que allí se preparaban y que el vapor llevaba. Ese hollín, llamado c'achinche, con las telarañas ennegrecidas decoraba el oscurísimo interior de la cocina alumbrado solamente por la luz que penetraba por la ventanilla de una de las paredes del costado izquierdo que sostenía la tijera donde descansaba el techo de paja de la cocina. En otro lado, sobre los fogones de piedra cruzados por una parrilla de sunchos se encontraba una claraboya que, a manera de chimenea, colocara Teodosio al fondo del cuarto. La cocina era amplia y desordenada, solo el fogón guardaba relación con la chimenea pues se encontraba al pie de ella. En el suelo y a cualquier lado del fogón se encontraba la leña, al otro la pucuna y más allá la tocpina, implementos necesarios para atizar la candela; los cuyes eran parte del paisaje y se paseaban impávidos por los rincones ocultándose tras las inmensas tinajas donde le preparaba la chicha sin presentir que pronto serían sacrificados.

Para la calle San de Pedro habían construidas dos habitaciones de bóveda levantadas con sillar, ambas se encontraban unidas por un zaguán de unos cuatro metros de alto. La habitación de la izquierda era la cantina, propiamente dicha, la de los licores y la cerveza. El piso era de madera y de él emanaba un olor desagradable, producto de la mezcla de grasa con que enlucían el piso y la cerveza que arrojaban sobre él los parroquianos borrachos que frecuentaban el lugar. En la cantina se encontraba un andamio repleto de licores, un mostrador de madera y una pianola vieja. En la otra habitación de la calle, la de la derecha, se hallaba el taller de mecánica de Teodosio Salazar.

Fue aquí donde, a fines de enero de 1929, se reunieron por primera vez un grupo de conspiradores revolucionarios (Jacinto Liendo, Teodosio Salazar, Guillermo Mercado y Armando Rivera Bodero y junto a ellos Augusto Chávez Bedoya y José Domingo Montesinos) influenciados por el anarquismo de Gonzáles Prada y el bolchevismo triunfante en Rusia para ver la posibilidad de formar en Arequipa un partido capaz de compulsar las fuerzas sociales existentes en la ciudad no solo para mejorar las difíciles condiciones de vida de los trabajadores y la parte más sufrida de la sociedad, sino para conquistar el poder y a la vez poner en evidencia las inmensas posibilidades del país y a la vez asegurar un rápido progreso económico de la población en este país donde los hijos de los encomenderos españoles seguían gobernando en connivencia con los inmigrantes ingleses que ya se asentaron en esta ciudad cobijados en el Club Arequipa junto a la pragmática colonia de inmigrantes alemanes que ya tenía, desde 1887, hasta Cámara de Comercio.

El ejemplo de la Revolución Bolchevique los impulsó a seguir en el empeño. Los primeros conspiradores fueron Jacinto Liendo y Teodosio Salazar. El primero un tipógrafo artesanal ocupado en la impresión de "estampitas" o "capillos" (en recuerdo) de bautizo o primera comunión, de invitaciones a misa, diplomas y algunos cancioneros, Teodosio Salazar era el cerrajero del barrio. Ambos pertenecían a un grupo de anarquistas conocido como “el Grupo Rojo” en el que además confluían: Vicente Salas, Manuel Liendo, Vicente Núñez, Factor Lama, José Salas Cuadros, César Llamas, Francisco Arellano Delgado, Isaías Valdivia Fernández, Patrón Vega, Antonio la Hoz, José Ballón, Antonio del Carpio Núñez (1), Enrique Paz y Manuel Aguilar. Héctor Ballón considera posible que el embrión del que se originó el partido comunista en Arequipa lo constituyó este grupo llamado, también, grupo ácrata, debido a su posición inconformista y librepensador, integrado mayormente por artesanos de todos los oficios como peluqueros, cerrajeros, sastres, zapateros y panaderos; los había también gráficos y choferes motoristas del tranvía eléctrico de Arequipa. Hombres de coraje y de clara orientación anarquista.
 
Esta corriente, por esos días, era mundialmente popular debido al proceso y posterior ajusticiamiento en Massachussets, Estados Unidos, de los inmigrantes italianos de esa militancia: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Como se sabe -o debería saberse- el controvertido juicio de los anarquistas italianos duró casi una década atrayendo una enorme atención internacional en vista que el Juez Webster Thayer se dejó llevar por sus prejuicios xenofóbicos y anti anarquistas induciendo al jurado para condenarlos a la silla eléctrica. Las ejecuciones de Sacco y Vanzetti generaron protestas masivas y disturbios en todo el mundo y una creciente simpatía por esta corriente política. Fue así, entonces, que a fines de 1927 el grupo ácrata se consolidó, paradójicamente, como organización, tomando el nombre de "Grupo Rojo" haciendo gala de su orientación "libertaria" y sus simpatías por Manuel Gonzáles Prada.

Guillermo Mercado y Armando Rivera pertenecían al Grupo Revolución, agrupación fundada en agosto de 1928 por Jorge Del Prado a su regreso de Lima, donde fue a radicar junto al resto de su familia a causa de la repentina muerte de su padre, el senador leguiísta Eleodoro Del Prado.

Jorge Del Prado, Armando Rivera y Guillermo Mercado aunaron esfuerzos para formar un Comité llamado “Educación y Cultura”, encargado de actividades relativas a la unificación del magisterio y a tareas para crear un vínculo entre el padre de familia y el maestro. Rivera, que era el director de una Escuela Fiscal, mantenía contactos epistolares con José Carlos Mariátegui por ser él el distribuidor de Amauta y Labor y propietario de la librería “Leer”, una de las pocas que existían en la Arequipa de comienzos del siglo XX; Mercado, por su parte, era un bardo moderno, poeta, bohemio y soñador que mantenía relaciones con casi todo el ambiente cultural de ese tiempo y en quien prendió la chispa de la revolución de los bolcheviques en Rusia. 

El "Grupo Revolución", no tenía ideas muy claras, pero si una decidida vocación revolucionaria y estaba conformado, fundamentalmente, por, escritores, fotógrafos, poetas y artistas plásticos e intelectuales en general y estudiantes universitarios decididos a ser portadores de un mensaje social justiciero identificado con los trabajadores. Junto a Del Prado, Rivera y Mercado confluyeron Raúl Medina Osorio, Eleazar Bustamante, Manuel Mansilla, Enrique Rodríguez Escobedo, Manuel Alzamora, Juan Cuentas Zavala y Carlos Castillo. Héctor Ballón incluye, además, a Carlos Trujillo, los hermanos Jorge, Carlos y Manuel Segundo Núñez Valdivia y Roberto del Carpio.

Su actividad era más bien "romántica y rudimentaria", pero Del Prado le dio una orientación "revolucionaria" más cercana al marxismo que al anarquismo de Manuel Gonzáles Prada o al "liberalismo de izquierda" de Mariano Lino Urquieta.

Los hermanos de Jorge Del Prado (Blanca y Julio) residentes en Lima, habían propiciado un acercamiento epistolar entre el Grupo Revolución y José Carlos Mariátegui, quien ya polemizaba con Haya de la Torre sobre si en el Perú se necesitaba un partido de clase o un frente policlasista y si el imperialismo era la primera o la etapa superior del capitalismo. Mariátegui sostuvo la tesis del partido de clase, más concretamente "de la clase obrera", consecuente con ello funda la CGTP. En cuanto a la caracterización del imperialismo, Mariátegui asume la tesis leninista de que este es la etapa superior del capitalismo, tesis que, además, defendían el partido de los bolcheviques rusos, que habían tomado el poder en su país, y la Tercera Internacional (Komintern). La intermediación de Armando Rivera Bodero, maestro primario en ejercicio, propietario de la librería Leer, distribuidora de las publicaciones que enviaba de Lima la editorial "Minerva" entre ellas Amauta y Labor logró que el "GR" se comunicara con el Amauta a comienzos de 1928. Pero Rivera, además, había entablado contacto con los editores del diario El Pueblo y desde allí fueron difundidos varios de los artículos publicados por Mariátegui en Amauta y Labor. Por otra parte, la librería Simiente (subsidiaria de Leer) venía difundiendo, también, ese tipo de literatura.

Los contactos de los Del Prado con Mariátegui determinaron que algunos integrantes del "Grupo Revolución" se negaran a participar en "un proyecto comunista" debido a la radicalización de José Carlos en defensa del marxismo. Instigados por un tal Rómulo Meneses (yerno del prospero industrial limeño Manuel Vinelli) algunos abandonaron el Grupo para conformar la "Célula Aprista de Arequipa". Meneses, por las vinculaciones de su suegro (que fue ministro primero de José Pardo y después de Sánchez Cerro) viajó a Alemania a comienzos de la década del 20 habiéndose entusiasmado, en Berlín, con la prédica "latinoamericanista" de Haya de la Torre. A su regreso al Perú fue destacado por la dirigencia nacional del APRA para dirigir en Arequipa una escuela de cuadros partidaria a la que llamaron, como en todo el Perú, "Universidad Popular Gonzáles Prada". Producida la polémica entre Mariátegui y Haya de la Torre, Del Prado, junto a sus mas cercanos colaboradores, fundó la "Célula Socialista de Arequipa", contrapuesta a la "Célula Aprista" formada por Meneses a la que, sin embargo, siguieron llamando Grupo Revolución. La primera tarea de la "Célula Socialista de Arequipa" fue enviar a Jorge Del Prado a Lima para contactar con los organizadores del partido marxista que proponía Mariátegui y donde activaban sus hermanos Blanca y Julio.

Fuera de ambos grupos se encontraban: Augusto y Antonio Chávez Bedoya, José Domingo Montesinos y los jóvenes universitarios Herman Ugarte Chamorro, Humberto Núñez Borja, Jorge Núñez Valdivia, Vicente Mendoza Díaz, Pedro Arenas y Aranda y un grupo numeroso de estudiantes de la Universidad Nacional de San Agustín.
 


Augusto Chávez Bedoya, el hombre del Komintern
 


Era Augusto Chávez Bedoya y Valencia, un larguirucho joven perteneciente a la burguesía local que mantenía sus propios contactos con el Buró Sudamericano de la Internacional Comunista, Komintern. Augusto Chávez Bedoya tenía un basto conocimiento de teoría marxista y principios de organización bolchevique; era un estratega político, cuyos conocimientos los había adquirido de sus contactos con el Komintern. Chávez Bedoya no tenía vínculo orgánico con ninguno de los grupos revolucionarios que en Arequipa procuraban formar un partido obrero, más bien compartía criterios con José Domingo Montesinos y Montesinos, otro joven burgués que fue ganado para la causa de los trabajadores y por la proscrita literatura marxista. Ambos se pusieron a trabajar con la finalidad de construir un instrumento político que les permitiera enfrentar al capital y al estado. 

Así se produjo, en enero de 1929, un encuentro en el Jardín Primavera entre Jacinto Liendo, Teodosio Salazar, Guillermo Mercado y Armando Rivera Bodero; y, junto a ellos Augusto Chávez Bedoya y José Domingo Montesinos, para intercambiar pareceres sobre la conveniencia de crear en Arequipa la anhelada organización política que recogiera las tradiciones revolucionarias de nuestra tierra para conjuncionarlas con la lucha política de los trabajadores. Producto de esta reunión se constituyó una suerte de comisión "de hecho" con la finalidad de promover la ansiada organización. 
 
A mediados de marzo se produjo la segunda reunión ampliándose al doble el número de concurrentes. La agenda empezó a esbozarse por si sola. Lo primero que se plantearon los asistentes fue ¿Qué clase de organización se quiere? Chávez Bedoya, el más claro de todos, planteó la creación de un partido político revolucionario, con una ideología clara, libre de oportunismo, dogmatismo y sectarismo, que, como tal, no existía en Arequipa. Este partido revolucionario debía estar ligado a las masas trabajadoras y su núcleo de dirección debía estar integrado por revolucionarios profesionales. 
 
Los del Grupo Revolución aceptaron, subrayando que preferían su calidad de “partido de los trabajadores” pero los del Grupo Rojo, más bien planteaban una "organización" más amplia, libre y voluntaria basada en el desarrollo espontáneo de los acontecimientos, excluía la creación de un partido organizado y todos sus esfuerzos los encarrilaban para mantener el espíritu "libertario" de las masas. Nuevamente Chávez Bedoya insistió en la necesidad de crear una organización, en el sentido cabal de la palabra, centralizada, con dirección única, compuesta por hombres abnegados y entregados sin reservas a la causa de la clase obrera aunque sus integrantes no lo fueran como quería el Grupo Revolución. Los dirigentes del nuevo partido deberían tener, según las tesis de Chávez Bedoya, convicciones firmes y deberían dominar el trabajo conspirativo en condiciones de clandestinidad pues los tiempos se estaban poniendo difíciles. Chávez Bedoya insistió en que la nueva organización precisaba de una dirección firme y prestigiada. Hasta para el menos avispado de los analistas políticos de aquel tiempo, esos no eran otros que los planeamientos de la III internacional. El Grupo Rojo fue cediendo algunas posiciones pero mantenía otras de acuerdo a su pensamiento bakuninista. El primero en manifestar su conformidad con Chávez Bedoya fue Jacinto Liendo del Grupo Rojo, luego lo hizo Guillermo Mercado del Grupo Revolución.

La tercera reunión se formalizó a fines de abril, y el comité “de hecho” se dedicó a preparar los festejos del Primero de Mayo que se avecinaba retomando la celebración pública del Día Internacional de los Trabajadores que habían iniciado los liberales de Santiago Mostajo pero que, por la crisis interna de este movimiento y la situación política de esos días, se había abandonado. El año de 1929 el comité “de hecho” programó para ese día una actuación en el Teatro Fénix con todas las galas de una Velada Literario Musical que por entonces se estilaba, incluyendo la presencia de una banda musical de Paucarpata llamada: "Los Ccaperos de Santa Ana" que tocó, hasta el cansancio, canciones mexicanas como La Cucaracha, La Adelita, Cielito Lindo y algunas marineras con tonada de marcha. Un dúo de guitarristas llamado “Los Chogray” cantaron yaravíes entre ellos "Pajarillo Cautivo" que era el Bet Seller de la época; Guillermo Mercado recitó varios poemas suyos lo mismo Carlos Oquendo de Amat que estaba nuevamente en Arequipa, buscando establecerse en esta ciudad. Armando Rivera leyó el discurso de orden, que no fue otra cosa que una proclama revolucionaria, basada en el mensaje por el Primero de Mayo de 1924 que había escrito José Carlos Mariátegui. Finalmente, el público de pie cantó "La Internacional" a todo pulmón.

Esa misma noche el Grupo Rojo colocó en una de las casas que daban al frente de la Plazoleta del Mercado de San Camilo un gran cartel saludando al 1º de Mayo el que permaneció allí, colgado, hasta mediados de junio, fecha en que por raído fue retirado por el propio grupo, ya que nadie se atrevió a sacarlo. El Grupo Rojo, continuó por su cuenta con sus actividades políticas formales, propias de su organización, lo mismo que el Grupo Revolución, aunque ambos estudiaban la literatura proporcionada por Armando Rivera Bodero y ambos discutían la forma de organizar un partido marxista en nuestra ciudad que hiciera frente a la política dictatorial, despilfarradora y antipopular de Augusto B. Leguía, debido a que los partidos políticos, existentes entonces, solo servían de coreografía al régimen.

En la reunión de julio fue tomando cuerpo la idea de formar un partido marxista leninista con las características del partido bolchevique ruso, el mismo que aglutinara a la incipiente clase obrera y al resto de los trabajadores. La resistencia del Grupo Rojo a organizarse fue cediendo poco a poco, los hermanos Liendo se acercaron a Chávez Bedoya para darle su punto de vista y asegurarle que estaban a favor de su propuesta.

Para agosto, el grupo deliberante ya tenía una idea de la organización que se necesitaba. Estaba consciente que era necesaria una sola dirección, centralizada, compuesta por un estrecho núcleo de revolucionarios profesionales y decidieron crear, en aquel momento, un "Comité Central de Dirección" para canalizar todas las propuestas que confluyeran en la formación del partido único de los revolucionarios arequipeños. Ellos compartían, también, la idea de que la organización debería contar con una amplia red de formaciones periféricas, de comités fabriles, de círculos universitarios, de mutuales y de clubes que coadyuvara en el quehacer revolucionario.

Para mediados de setiembre se convocó, nuevamente, en el Jardín Primavera, al núcleo principal deliberante al que se ratificó como Comité Central de Dirección con el fin de sacar algunas conclusiones de todos los encuentros habidos. Acudieron a esta reunión solo Augusto Chávez Bedoya, Guillermo Mercado y Jacinto Liendo. Por deferencia especial y por sus contactos con otros grupos se invitó también a Ricardo del Carpio Rosado y Herman Ugarte Chamorro. Ellos, consideraron que cinco, no era número suficiente el para tomar tan trascendentales acuerdos y convinieron en convocar una nueva reunión ampliada del Comité Central de Dirección con una mayor concurrencia para otra fecha con el propósito de estudiar los estatutos del Partido Socialista del Perú que Jorge Del Prado les habían enviado desde Lima; y, para limar las ultimas contrariedades, sobre todo con los compañeros venidos del anarquismo, que era un tumulto mayoritario.

La nueva reunión se concretó en la primera semana de octubre con la participación, además, de Vicente Salas, Isaías Valdivia y Vicente Núñez del Grupo Rojo; Eleazar Bustamante, Enrique Rodríguez Escobedo y Manuel Alzamora de Grupo Revolución. Augusto Chávez Bedoya llegó junto a su hermano Antonio y también lo hicieron José Domingo Montesinos, Herman Ugarte Chamorro y Ricardo del Carpio Rosado. En esta reunión ya no hubo oposición del Grupo Rojo a ningún punto de la agenda, integrándose de hecho en una sola organización. De consenso se aprobaron los estatutos que

los incorporaba al partido socialista de Mariátegui. El problema quedó en que si, al integrarse, lo hacían como "Partido Socialista" o como "Partido Comunista", teniendo información que en el Cusco se había formado un "Partido Comunista", bajo la conducción de Sergio Caller que, también, se había adherido al partido de Mariátegui, conservando su nombre. El propio Caller se habría contactado con Guillermo Mercado para ver la posibilidad de establecer algún tipo de relación "orgánica", pero nada se pudo concretar pues Del Prado ya trabajaba estrechamente con Mariátegui.

Para dar los toques finales el comité organizador (Comité Central de Dirección) se dio cita, nuevamente, en el Jardín Primavera la tarde del sábado 26 de octubre de 1929 con el fin de terminar con todos los problemas que quedaban pendientes y sancionar las propuestas aprobadas en reuniones anteriores. Esto se cumplió de rutina sin las discusiones de encuentros anteriores dándose algunas responsabilidades dentro del Comité Central de Dirección. Así, Jacinto Liendo fue nominado responsable político; a Augusto Chávez Bedoya se le encomendó la secretaría de organización e ideología; Ricardo del Carpio Rosado se encargaría de la movilización y a Guillermo Mercado y Armando Rivera se les confiaría las secretarías de educación y propaganda, respectivamente. Igualmente se vio la necesidad de convocar a una reunión mayor, con la participación de toda la militancia de las agrupaciones que se habían integrado. Esta fue acordada para el jueves 7 de noviembre de paso que se conmemoraba, solemnemente, el XII aniversario de la Revolución Bolchevique.

Aprovechando las festividades de “Todos los Santos”, de “Difuntos” y “El Día de los Compadres” El Comité Central de Dirección se reunió desde el viernes primero para dar los toques finales a la organización. A todos los camaradas se les dio la tarea de llevar al Jardín Primavera la mayor cantidad de gente para el jueves 7 de noviembre que incluyera “la militancia de todos los grupos y las personas independientes que estén de acuerdo con nuestros planteamientos" según citación que hiciera circular el comité organizador. La reunión tenía por finalidad, también, ratificar al Comité Central de Dirección o elegir una nueva directiva “única y centralizada del partido”. Del mismo modo la asamblea debía aprobar (o desaprobar) los acuerdos a los que habían llegado los encargados de la unificación de los grupos y la creación del nuevo partido.

Teniendo en cuenta que el día 7 de noviembre se conmemoraban 12 años del triunfo de la revolución de los bolcheviques en Rusia, se pusieron como tarea llenar el Jardín Primavera, con la anuencia de Teodosio Salazar, su propietario. Cada uno se comprometió a citar a los compañeros de su entorno para la tarde de ese día. A los independientes los invitaría el Comité Central de Dirección. Ese 7 de noviembre de 1929 se dieron cita en la fonda de Teodosio Salazar todos los camaradas. Uno a uno fueron llegando los artesanos de Salazar y de Carpio Rosado, los intelectuales de Mercado, los tipógrafos de Jacinto Liendo y los mecánicos, herreros o cerrajeros de Vicente Salas.

En un ambiente separado, al costado de la cocina de la fonda se reunieron los cinco del “Secretariado” del Comité Central de Dirección y acordaron someter a consideración de los demás camaradas los acuerdos tomados en los días anteriores. Estos acuerdos no eran otros que la organización de un partido revolucionario, marxista en Arequipa y dar cuenta de los contactos que los Del Prado mantenían en Lima con José Carlos Mariátegui.

Luego de ponerse de acuerdo entre ellos, los cinco pasaron a la ramada del Patio Grande donde los esperaban los asambleístas en número mayor a cien, entre los que destacaban Carlos Oquendo de Amat que había llegado de Puno especialmente para la ceremonia, José Domingo Montesinos, su hermana Adela y Herman Ugarte. El pleno los recibió con un sonoro aplauso y se dio inicio a la asamblea. El informe central fue leído por Augusto Chávez Bedoya y puesto a consideración de la asamblea. Se dio cuenta pormenorizada de cada una de las reuniones habidas desde enero, se expuso con lujo de detalles las posiciones y planteamientos del Grupo Rojo y el Grupo Revolución y de cómo fueron confluyendo en un solo proyecto.

Con tono enérgico Chávez Bedoya fue narrando uno a uno cada hecho, cada ocurrencia que había escrito en su cuaderno de notas. “Nos reunimos por primera vez el 29 de enero de este año: Jacinto, Teodosio, Guillermo, Armando Rivera y yo en esta misma casa y nos propusimos la nada fácil tarea de forjar un partido que… etc.”

Nadie objetó punto alguno. De consenso se acordó la creación de un partido que reuniera a todos los revolucionarios dispersos en la ciudad y se propusiera no solo luchar por salarios justos, sino para tomar el poder. Igualmente ratificaron los Estatutos y al núcleo de dirección, nombrado por los encargados en las conversaciones. La discusión se centró en el hecho si al nuevo partido se le ponía el nombre de "comunista", "socialista", "obrero", "revolucionario", "bolchevique", "de los trabajadores" o si se mantenía como "Grupo Rojo" o "Grupo Revolución". La discusión acabó con una propuesta salomónica: "Que lo decidan las bases en una próxima reunión", mientras tanto se llamaría solo: "El Partido". Por primera vez se comenzó ha hablar de “las bases del partido”.

La aprobación de todos los puntos de la agenda fue unánime. La alegría con que se tomaron las resoluciones fue contagiante. Todos se abrazaron a manera de felicitación mutua. Vicente Salas narraba que, terminada la reunión, le reclamó al dueño de la fonda un clarito (anisado) para celebrarlo y Teodosio Salazar mandó traer una chomba de chicha y varios "claritos" en cantarillas. Mientras llegaba la chicha y el clarito se vino la velada por los doce años de la Revolución de los Bolcheviques con discursos de Liendo y Chávez Bedoya, poemas de Guillermo Mercado y Carlos Oquendo de Amat, proclamas de Armando Rivera y la interpretación de algunas canciones cantadas por Víctor Felipe Salas quien activaba en el grupo de Teodosio Salazar y a quien motejaban "Chogray" por la similitud de su voz con el trinar de un pajarillo del mismo nombre. La ceremonia acabó con las notas de "La Internacional", cantada por los asistentes.

La nota emotiva en el evento la puso Adela Montesinos, una muchacha de 19 años quien llegó acompañada de su hermano José Domingo para declamar algunos poemas revolucionarios dedicados a los trabajadores rusos que habían conquistado el poder en su país. Entre los versos escogidos por Adela se encontraba uno de Vladimir Maiakovski, que cayó como anillo al dedo para el momento, haciéndoseles un nudo en la garganta a los asistentes. Adela empezó diciendo: 
 
El Partido es como un huracán bravío. 
El Partido es una mano de un millón de dedos, 
apretada con vigor, en recio puño demoledor. 
El Partido es el cerebro de la clase, 
la acción de la clase, 
la fuerza de la clase, 
la gloria de la clase, 
¡eso es el Partido! 

 
Un silencio elocuente y emotivo recorrió el Patio Grande del Jardín Primavera, mientras algunos tragaban saliva apretando las mandíbulas y a otros se les humedecía los ojos cuando ella concluyó. El auditorio emocionado se puso de pie y prorrumpió en atronadores aplausos que fueron escuchados hasta por las monjas de Santa Teresa, tres cuadras más allá.

Adela Montesinos compartía la inquietud revolucionaria de su hermano José Domingo quien está considerado como uno de los pioneros del marxismo arequipeño, junto a Augusto Chávez Bedoya. José Domingo no pertenecía a ninguno de los "Grupos" (ni al Rojo ni al Revolución). La posición económica de los Montesinos le permitió tener a su alcance la literatura del momento, José Domingo leía a Marx y Lenin, mientras Adela prefería la literatura clásica revolucionaria, entre esas preferencias tenía "los Miserables"; ella había demostrado simpatía especial por la historia de Adele Hugo, la hija de Víctor Hugo que se había suicidado por culpa de un amor obsesivo y no correspondido hacia un militar francés ("Te he perdido preciosa hija tú, que hoy llenas mi destino con la luz de tu ataúd", le cantó su padre). La tenencia de copias de los Diarios de Adele Hugo determinó que ella fuera expulsada del Colegio de los Sagrados Corazones y de haber tenido más de un problema con las monjas del Colegio Sophianun.

La tarde del 7 de noviembre de 1929 surgió en Arequipa, una pequeña ciudad del sur del Perú, con una población menor a 100 mil habitantes, el partido de los trabajadores: obreros, campesinos, artesanos e intelectuales, Ese partido tendría una orientación marxista y organización leninista. Se insistió que la nueva agrupación debería estar compuesta y dirigida preferentemente por trabajadores. Es por esta razón que los cinco del Comité Central de Dirección fueron ratificados como dirigentes convirtiéndose en el primer Comité Departamental del nuevo Partido en Arequipa con el nombre, por analogía con los bolcheviques, de "Presidium" y esa misma tarde eligieron como primer responsable político (Secretario General) al obrero gráfico Jacinto Liendo.

Así pues, el nuevo partido que se formó aquí, nació como el continuador de la tradición popular y revolucionaria de nuestra ciudad y como el más tenaz defensor de los intereses del pueblo de Arequipa; pero, también, se fundó como el partido de la clase obrera, como su vanguardia organizada, como su destacamento avanzado, consciente y cohesionado por una voluntad única, por su unidad en la acción y una férrea disciplina. Fueron claros sus fundadores en afirmar que la nueva organización, si bien representaba a la clase obrera como su destacamento avanzado, no podía confundírsele con toda la clase. Hicieron saber, además, que esta iría incrementando sus fuerzas ganando a los mejores representantes de la clase obrera: los más conscientes, los más organizados, los más abnegados y más fieles a la causa revolucionaria, teniendo en cuenta que el proletariado, tan incipiente en nuestra ciudad a comienzos del siglo pasado, no era homogéneo y que estaba dividido en capas. Además, a la creación del partido en Arequipa no solo concurrieron obreros, que fue el sector minoritario, sino, también, otras fuerzas como artesanos, campesinos, pequeños productores, intelectuales y estudiantes universitarios. La nueva organización por un tiempo se le llamó solo "El Partido" y a su dirección “El Presidium”.

Mientras tanto, Jorge Del Prado había comunicado la conformidad de Mariátegui con admitir en el Partido Socialista al Grupo Revolución. Por la dificultad de las comunicaciones la noticia llegó cuando ya se había constituido la nueva entidad política, a pesar de ello existen algunos elementos paradójicos en los comienzos de la vida del partido en Arequipa como el hecho de que, si bien los Del Prado trabajaban directamente con Mariátegui y el Partido Socialista del Perú, sin embargo, el partido en Arequipa actuaba autónomamente. Es elocuente el caso que, a los pocos días de conocerse la formación del nuevo partido este ya era denunciado de comunista por los diarios "El Pueblo" y "El Deber" al tener conocimiento que tanto Mercado como Chávez Bedoya habían expuesto, públicamente, los planteamientos revolucionarios de su partido. Otro elemento radica en que Augusto Chávez Bedoya llamaba machaconamente a la nueva organización “Partido Comunista" contra la opinión de otros y a la propia denominación del partido al que se adhirió en su asamblea fundacional, es que el camarada Alfredo era partidario de llamar a las cosas por su nombre. Finalmente, el último aderezo lo pusieron apristas y leguiístas pretendiendo dar al término “comunista” una connotación peyorativa y extremista relacionada con la subversión y el terrorismo. Lo cierto es que, antes del 1 de enero de 1930, ya se comenzó hablar en nuestra ciudad de "los comunistas" .

No se puede afirmar, taxativamente, que el 7 de noviembre de 1929 se fundó "oficialmente" el partido comunista en Arequipa, pues nadie dijo "desde hoy queda constituido" etc. Además el proceso de formación de la nueva entidad abarcó desde enero hasta noviembre de 1929 y se produjo de la unión de dos grupos revolucionarios: los trabajadores anarquistas del Grupo Rojo y los intelectuales marxistas del Grupo Revolución. Estos, una vez conjuncionados, empezaron sus labores procurando reclutar nuevos militantes entre lo mejor de la clase obrera, los que fueron organizados en células donde se les daba orientación ideológica y política hacia el marxismo leninismo. Héctor Ballón comenta que apenas "fundado" el partido se emitieron circulares a los primeros organismos celulares para la formación de fracciones en los gremios artesanales y sindicales, aprovechando el antecedente histórico, objetivamente demostrado de que el artesanado arequipeño fue el fundador de los organismos de defensa de los trabajadores por el espíritu de cuerpo que poseía.

Herman Ugarte Chamorro, Decano, por los años 60, de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de San Agustín, se solazaba conversando con los estudiantes del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y de la Juventud del Partido Comunista (JCP) de esa Universidad, acerca de los episodios protagonizados por él en la formación del PC en Arequipa. Ugarte narraba que el año 29, a pesar de su juventud y siendo estudiante universitario, asistió, junto a Guillermo Mercado a las reuniones del Jardín Primavera. Recordaba con precisión sociológica los encuentros que empezaron la mañana del domingo 3 de noviembre de 1929 y acabaron el jueves 7. 
 
Los coloquios de Ugarte Chamorro con los estudiantes marxistas de la UNSA los llevaba a cabo en el local del Decanato de Letras situado en la Ciudad Universitaria. Relataba Ugarte que el año 27 se contactó con Jorge Del Prado y el Grupo Revolución y participó de sus reuniones, mezcla de arte, bohemia y política. Contaba sonriente, como anécdota, que allí adquirió el hábito de fumar lo mismo un cigarro, que una cajetilla o una tiza. Ugarte mantenía una especial relación con los jóvenes marxistas de la UNSA a pesar de que algunos afiliados al PCP-JCP lo acusaban de ciertas deslealtades con el partido, referentes al manejo administrativo de la Universidad. Esta acusación tuvo su origen en los diretes de Juan Reynoso Días, un curioso militante no militante, marxista no comunista del PC quien se las ingeniaba para controlar al partido dentro los claustros de dicha casa superior de estudios. "Lolo", como así lo llamaban, cultivaba (y cultiva aún ) ciertos odios y rencores muy particulares, no solo contra Ugarte, que lo ha llevado a escribir dos tomos (hasta ahora) sobre sus agitados pasos por la Universidad agustina. A esos tomos Reynoso ha titulado "La Verdad", su rara verdad, claro está.
 
Ricardo del Carpio (4), afirmaba que el gran animador de las reuniones del Jardín Primavera fue “el camarada Alfredo”: Augusto Chávez Bedoya quien, desde 1927, venía difundiendo en determinados círculos la obra de José Carlos Mariátegui. Don Ricardo contaba, por los años 80, que Chávez Bedoya y José Domingo Montesinos, pertenecieron a familias "aristocráticas" burguesas y terratenientes, antiguas y acomodadas. A esta clase social también pertenecieron las familias de Jorge del Prado y de Ugarte Chamorro. Dada su posición económica ellos pudieron tener acceso a literatura marxista por eso, tempranamente, conocieron los escritos de Marx y Lenin y se dedicaron a difundirlos, hecho que les causó más de una contrariedad y amargura por las detenciones y destierros que sufrieron por este motivo, sobre todo los dos primeros.

La familia de José Domingo Montesinos estaba compuesta por 13 miembros. Once hermanos sobrevivieron de un total de 19. Todos tuvieron posiciones avanzadas e ideas progresistas, unos más que otros, siendo José Domingo y Adela los que más participaron de las actividades del partido comunista. Augusto Chávez Bedoya tenía dos hermanos: José y Antonio. Ambas familias poseían fundos en el Valle de Tambo que les daba al hogar determinada estabilidad económica. Pese a ello, las dos familias tenían ideas progresistas para su época. El padre de los Chávez Bedoya fue un liberal de izquierda y por ello fue confinado a al Isla de San Lorenzo, lo mismo que sus hijos José y Augusto. José se confesó anarquista desde muy joven y murió como tal, Antonio era solo un joven "izquierdista" al que los problemas políticos no le causaban mayor preocupación. Fue Augusto quien, por sus ideas y por defender a los trabajadores, abandonó fortuna y familia para vivir, a salto de mata, siendo, por sus actividades partidarias, desterrado a Bolivia y a Chile hasta en dos oportunidades.

A mediados de 1927, Chávez Bedoya viajó a Bolivia a lomo de mula, perseguido por la policía de Leguía. En La Paz contactó con Manuel Cerpa, un desterrado arequipeño, responsable de la "Célula Aprista de Bolivia" y lo convenció para que abandonara el partido de Haya de la Torre y participara de las reuniones de la fracción boliviana del partido marxista que Mariátegui estaba estructurando en Lima. Y así fue. Cerpa deja la Célula Aprista junto con buena parte de sus compañeros y con Chávez Bedoya organizaron un "Círculo de estudios marxistas" en La Paz. De Bolivia Augusto es nuevamente expulsado "por actividades antibolivianas" y se dirige a Santiago de Chile donde toma contacto con el Buró Sudamericano de la III Internacional, milita en el partido comunista chileno trabajando con Elías Lafferte y Luis Emilio Recabarren hasta fines de 1928.

Ese año el Komintern decide su regreso al Perú. El PC chileno traslada a Chávez Bedoya de Santiago a la ocupada provincia de Arica y de allí a Tacna, como si se tratara de un “patriota” mapochino que viajaba para participar de la “chilenización” de las provincias peruanas ocupadas ante un posible plebiscito para determinar a que país querían pertenecer los habitantes de las provincias cautivas. Descubierto el ardid, en noviembre de 1928 las autoridades chilenas de Tacna lo expulsan a Moquegua, ingresando luego a Arequipa con el aura de perseguido por el régimen chileno por su condición de peruano. Esta circunstancia, casi rocambolesca, en que llegara Augusto Chávez Bedoya a Arequipa hizo que muchos le atribuyeron el papel de comisario del Komintern en el Perú.

Chávez Bedoya, hasta su muerte, le dio a la cosa partidaria un manejo prusiano por el orden y disciplina que le imponía. Él, por los años 20-30, tenía muy clara su militancia comunista y su filiación marxista-leninista estaba a toda prueba. Ambas cualidades fueron adquiridas en el destierro mucho antes de la fundación oficial, en el Perú, de un partido con esas características.

De vuelta a su ciudad natal, Augusto Chávez Bedoya, con remozadas ideas acerca de la organización leninista, producto de su militancia partidaria en Chile, persuade a Antonio, el menor de sus hermanos, de la necesidad de organizarse en un partido obrero revolucionario. Antonio lo contacta con Ricardo del Carpio Rosado, el hijo del peluquero más famoso de Arequipa, Antonio del Carpio, un viejo anarquista, admirador de Bakunín y Gonzáles Prada quien, en cada cliente que se acercaba para "cortarse" el pelo, barba o bigote veía un potencial militante "libertario". Antonio del Carpio era dueño de la "Peluquería Maury", la más elegante y moderna de Arequipa, ubicada en la segunda cuadra de la calle Santo Domingo 211; y su hijo Ricardo era, entonces, un joven y dinámico relojero quien mantenía sus reuniones con los artesanos anarquistas en el local de la peluquería de su padre.

Chávez Bedoya gana para su causa al joven relojero, logrando que este abandonara las prácticas inorgánicas y conspirativas del anarquismo. Lo convence de la necesidad de organizar a los trabajadores y logra formar con él y su hermano Antonio un circulo de estudios marxistas al que uno tras otro se irían integrando el resto de los jóvenes "libertarios" amigos de Ricardo. Este grupo de muchachos que acompañaba a "Carpio Rosado" estaba compuesto, fundamentalmente, por peluqueros y relojeros, aunque también los seguía un carpintero de apellido Velásquez. Por la misma razón, Chávez Bedoya fue relacionándose, también, con los intelectuales y artistas del "Grupo Revolución" reunidos en la célula socialista de Arequipa y con los anarquistas del "Grupo Rojo". Carpio Rosado ya estaba ganado, ciertamente, a la causa de Chávez Bedoya. Esa era la razón por la que siempre actuaba de consuno con “el camarada Alfredo" en las conversaciones del Jardín Primavera que se realizaban con este fin.

Jorge Del Prado en "Los años cumbres de Mariátegui" dice que el verdadero fundador del Partido Comunista y del Movimiento Sindical en Arequipa fue Augusto Chávez Bedoya, no solo por sus contactos con la III Internacional (Komintern) sino porque él fue el artífice de todas las tentativas que hubieron en Arequipa por constituir un partido marxista. Fue él, el primero en procurar organizar a los trabajadores en sindicatos, a los artesanos en gremios, a las mujeres en asociaciones y a los jóvenes en clubes; pero, sobre todo, hizo todo lo que estuvo a su alcance para darles un partido político, organizado a la manera de los bolcheviques rusos, con disciplina e ideología revolucionarias, basadas en leninismo.

Por la evolución de los acontecimientos políticos en el Perú, a comienzos de 1930 el régimen leguiísta vuelve a deportar a Chile a Chávez Bedoya y él nuevamente se reintegra al PC chileno. Esta vez militará en una célula "peruana", junto a Jorge del Prado, José Domingo Montesinos, su hermana Adela y Pompeyo Herrera Mejía el esposo de ella, además de otros paisanos expatriados por el mismo motivo: "actividades comunistas". Es bueno anotar que Adela Montesinos viajó voluntariamente a Chile para reunirse con Herrera. Ella se incorporó a las tareas del PC chileno, trabajando estrechamente con Volodia Teitelboim, Marcos Chamudez -Secretario General del partido chileno-, y con su esposa Martha Vergara. En 1933 Adela quedó viuda, a los 23 años, regresando al Perú junto a su hermano José Domingo, en 1937.

Constituido el partido en Arequipa, como parte de la estructura nacional de la organización fundada por Mariátegui, este se convirtió en el ariete de las movilizaciones contra la dictadura de Augusto B. Leguía en nuestra ciudad. En 1930 la convulsión política que se vivía en esa época en Arequipa, fue tal, que sirvió de pretexto o coartada al comandante Luis M. Sánchez Cerro para, desde aquí, pronunciarse contra el presidente Leguía perpetrando su golpe militar. Por ello, tanto el "Manifiesto del 22 de agosto" como los primeros documentos del gobierno golpista fueron redactados por José Luis Bustamante y Rivero, nada menos. En esta coyuntura Chávez Bedoya regresa por segunda vez, clandestinamente, al Perú en enero de 1931, llamado por el partido.

Un levantamiento popular a nivel nacional, sin precedentes, obliga a Sánchez Cerro a dejar el poder sucediéndole, en 10 días, 4 "presidentes", entre ellos un obispo arequipeño llamado Mariano Holguín. David Samanez Ocampo se queda con el gobierno, culpa a los comunistas del caos existente y decide "pacificar al país" desatando en abril del 31 una feroz cacería contra ellos. Los comunistas en Arequipa, con Chávez Bedoya a la cabeza, trabajan en la clandestinidad dirigiendo el movimiento obrero y popular. A mediados de 1931 es convocada una "Asamblea de organizaciones populares" para analizar la situación política frente al proceso electoral convocado para el 11 de octubre y los constantes atropellos del gobierno contra los trabajadores y el pueblo en general. En esta Asamblea, participaron los principales gremios y organizaciones políticas de la ciudad. El partido estuvo representado por Augusto Chávez Bedoya quien presentó un frente con la UGA y los Ferroviarios, sin embargo, el discurso electoral y demagógico del APRA ganó más terreno que las propuestas del partido y sus aliados.
 


Partido para hacer la revolución
 


El partido comunista, en la Ciudad Blanca, se formó recogiendo las experiencias revolucionarias de varias generaciones de paisanos y como una invariable continuidad de las tradiciones del pueblo arequipeño.

Antes de lo que podría llamarse "la fundación" del Partido Comunista, en Arequipa, los trabajadores se habían organizado en diferentes centrales, de acuerdo a su pensamiento político, según el rol que ocupaban en el proceso de producción o rama del trabajo independiente. Así, a comienzos del siglo XX, los trabajadores del departamento se encontraban agrupados en diferentes gremios de obreros o de artesanos según sea el caso. Héctor Ballón, un viejo militante del PC, quien por muchos años fue profesor y director de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA) nos da una relación casi completa de estos gremios en su libro “Cien años de vida política de Arequipa 1890–1990”. De acuerdo al estudio de Ballón estos "organismos de defensa de la clase obrera" como el los llama, se les puede clasificar en centros, sociedades o cooperativas obreras, gremios de artesanos, de trabajadores independientes (Choferes), de empleados e intelectuales.

Existe la versión de Sergio Caller (5) que el partido comunista fue organizado en Arequipa como una sección del partido comunista fundado en el Cusco o el 28 de enero o el 1º de febrero de 1929 por él. Según tal conjetura este "Partido Comunista" tenía como aspiración extender la doctrina y acción del "Grupo Ande Comunista" del Cusco hacia nuestra región. Esta versión no ha sido corroborada ni por documento alguno ni por la tradición oral que se ha heredado de los viejos dirigentes comunistas arequipeños que sobrevivieron hasta los años 80 del siglo pasado, como los hermanos Chávez Bedoya, Ricardo del Carpio, Isaías Valdivia o el propio Jorge Del Prado. Guillermo Mercado, que desde 1940 ya no mantenía relaciones orgánicas con el PC, nunca mencionó tal hecho; por el contrario, él se ufanaba no solo de ser uno de los fundadores del partido en Arequipa, sino de haber propuesto que el partido a fundarse en nuestra ciudad debiera llamarse "Partido Comunista de Arequipa". Con amargura contaba que su pedido no prosperó en vista que se estaba esperando el resultado de las conversaciones de Jorge Del Prado con Mariátegui. Mercado (lo mismo que los Chávez Bedoya y los Montesinos) siempre fue muy respetado por todos los sectores políticos de la localidad, de izquierda a derecha. Los comunistas arequipeños siempre lo consideraron como uno de los fundadores de su partido. Fue poeta y como prosista de fina pluma escribió para muchos medios, no habiendo jamás mencionado tal episodio aunque se diga lo contrario

Lo real y concreto es que el Comité Departamental de Arequipa del Partido Comunista, no fue sección de ninguna otra organización, sino parte consustancial del partido fundado por Mariátegui y así comenzó a trabajar vehementemente, en sus años aurorales, en coordinación con esa organización. Se propuso, como meta, una política de crecimiento orgánico para atraer a su causa nuevos sectores y nuevos militantes, lo mismo se preocupó, no solo por conquistar el grueso del proletariado fabril de las pocas industrias que por esos años se iban estableciendo en nuestro departamento como curtiembres y otras.
 


El Partido Comunista desde 1950
 

 

                                                                                                 
El 12 de Junio de 1950 Arequipa amaneció con la noticia de una huelga de escolares en el Colegio emblemático de Arequipa. El estudiantado de la "I" se declaró en huelga exigiendo mejoras materiales, cambio de métodos pedagógicos y la renuncia del director.

El prefecto de Arequipa, Coronel (EP) Daniel Meza Cuadra, ordenó desalojar por la fuerza a los estudiantes que habían tomado el colegio. Cuando los policías quisieron cumplir la orden, sin dudas ni murmuraciones, los estudiantes se organizaron dentro del plantel y rechazaron la violencia de los asaltantes con los materiales de la construcción del internado que se llevaba acabo dentro del plantel

La noticia de la carga policial corrió como un reguero de pólvora por la ciudad en el sentido que se estaba masacrando a los niños y en muchos casos a sus hijos. Cuando los padres acudieron al plantel para defenderlos, la policía, con torpeza inaudita, los tomó como rehenes para forzar a los estudiantes a dejar el colegio.

Ante esta absurda torpeza, los trabajadores abandonaron las fábricas, los artesanos sus talleres, se cerraron los negocios, se paralizó el transporte y la gente se constituyó en los alrededores del plantel rodeando al destacamento policial. Se liberó a los rehenes y los estudiantes sublevados salieron del local en acto que consideraron su victoria y la derrota policial.

Llevando a sus heridos por las calles concitaron la conmoción popular expresada en la realización inmediata de concentraciones callejeras a las que la policía atacó a balazos, apoyada por el ejército que también salió a las calles. Un obrero de la construcción al que solo se le conocía por el apellido Chicata, fue la primera victima. Le destrozaron el cráneo de un sablazo. Su cuerpo fue recuperado por los trabajadores del poder de la policía y fue paseado por las calles, y más tarde, velado en la universidad.

Las barricadas comenzaron a levantarse por todo lado con asombrosa celeridad. Los camiones militares fueron asaltados por la muchedumbre, arrancando a los militares armas y municiones. Al día siguiente el pueblo le dio uso a las armas “confiscadas” y comenzó a disparar. Para las siete de la noche hasta el amanecer, el tiroteo se había generalizado en todo el centro de la ciudad comprendido entre la calles Pizarro-Colón y Cruz Verde-Villalba.

Actores de esos acontecimientos, en el plano estudiantil fueron los pocos estudiantes comunistas como Washington Céspedes, Luis Ordoñez Carrera y Rómulo Gonzáles, este último fue quien, luego de reventar el clásico "camaretazo", arengó a sus compañeros anunciando el comienzo de la huelga. En la Universidad existía un buen grupo de estudiantes comunistas en el que destacaba Pedro Luis Gonzáles Pastor, Félix Vargas de Vinatea, Manuel Fuentes Delgado, Enrique Soto León Velarde y Juan Reinoso Días(1).

Ellos, los estudiantes, junto a militantes juveniles del APRA en la UNSA y de la Acción Católica y con la simpatía de algunos profesores universitarios como: César Guardia Mayorga, Teodoro Núñez Ureta, Alfonso Montesinos y los hermanos Núñez Valdivia impulsaron el movimiento iniciado en la "I". Humberto Núñez Borja quien para entonces dejo de pertenecer al PC, fue nombrado para constituir la Junta Provisional de Gobierno durante esos días, pero fue tomado preso por el gobierno y confinado en los calabozos de la prefectura de Lima (2).

Fue el Centro de Trabajadores de Arequipa (CTA) dirigida por Eduardo Flores Mamani el que más contribuyó a darle una orientación política antidictatorial y democrática, la central regional de los trabajadores, en consulta con los empleados de la FECIA, la UGA, los ferroviarios, los choferes y la Asociación Estudiantil Universitaria decretó un paro general y fueron los sindicatos y los estudiantes los que organizaron la movilización popular.

La prensa de esos días ocultó la participación del PC en el levantamiento de junio de 1950 "para no dar pretextos a la dictadura" y solo destacaron la participación, además de Francisco Mostajo, de los social cristianos Carlos Bellido y Arturo Villegas e independientes como Arnoldo Guillén y Javier de Belaúnde, aparte de de militantes apristas como Paredes, ocultando el papel de Augusto Chávez Bedoya y Teodoro Azpilcueta como delegados del PC ante la Junta Provisional de Gobierno presidida por Mostajo.

Esta Junta, además de los nombrados la integraban también Humberto Núñez Borja, el maestro universitario a quien todos tenían por comunista, Alfredo Roberts, Arnoldo Guillén y Carlos Ortiz Peralta. Guillermo Torreblanca y Raúl Acosta (comunistas) actuaron como delegados de los trabajadores.

Por el prurito de no politizar el movimiento se ha tratado de ocultar la formación de la Guardia Urbana cuya comandancia general estuvo integrada, casi en su totalidad, por comunistas. La guardia urbana fue una suerte de milicia popular toda vez que la policía había puesto pies en polvorosa y ya no se encontraba patrullando en las calles. De esta forma el mismo pueblo impidió mayores desmanes como fueron la quema del Casino Militar, la casa del Prefecto, el saqueo de la Zapatería Paredes y otros negocios.

La Compañía de Bomberos accedió a integrar esta Guardia Urbana proporcionando sus instalaciones para cuartel General. La Bomba otorgó distintivos sellados para que se reconociesen a sus integrantes. Los voluntarios inscritos pasaron del millar, cuando la población total de la ciudad no pasaba de cien mil habitantes. La organización de esta Guardia Urbana fue encomendada a Enrique Zapater y a Carlos de la Riva, nada menos.

La Guardia Urbana cuidó de la correcta administración de energía eléctrica a la ciudad y logró la rendición pacífica del destacamento del Ejército que cuidaba Radio Continental. Esa misma tarde la radio comenzó a propalar los comunicados de la Junta (local) de Gobierno, uno de los cuales decía: "La Junta Provisional de Gobierno de Arequipa, acaba de hacerse cargo del gobierno de la ciudad y comunica a los pueblos del Perú, que se ha iniciado la ansiada revolución por la libertad del pueblo peruano y la reivindicación de los derechos de la ciudadanía".

Esta Junta Provisional hizo suyo el Paro General decretado por la Central de Trabajadores e inició conversaciones con el gobierno militar. Al día siguiente un segundo comunicado fue transmitido por Radio Continental donde se daba a conocer que una Comisión Popular se había entrevistado con el Prefecto del Departamento llegando a los siguientes acuerdos: 1. La Junta Provisional de Gobierno toma bajo su control los radios y periódicos; 2. La Milicia (Guardia) Urbana, en formación, toma bajo su control la ciudad para su custodia; y 3. Todas las autoridades nombradas por el gobierno central cesan en sus funciones.

Cuatro días, llenos de incidentes, habían pasado desde que se inició el conflicto. Se sucedieron tres prefectos. Tropas llegadas de otros departamentos rodearon la ciudad. Los combates se producían por todas partes. Los principales focos de resistencia estaban en el Municipio y la Universidad. Se abrieron "frentes" en la Pontezuela, en Radio Landa y nuevamente en Radio Continental. La balacera se generalizó en toda la ciudad. Los soldados tomaron los puentes y dispararon a discreción. Los defensores de la ciudad se instalaron en sitios estratégicos, resistiendo heroicamente. Desde los techos de los edificios, de los campanarios, desde las azoteas de las casas y las ventanas, el pueblo salió al encuentro no solo con los fusiles arrancados a la policía y al propio ejercito, sino con piedras, palos y botellas cargadas con gasolina (bombas molotov) que explosionaban al hacer impacto.

Las noches del 14 y 15 de junio en la ciudad solo se escuchó la voz de la metralla y las descargas retumbaron como nunca. El tiroteo fue intenso. Durante esas noches la ciudad no durmió. Los francotiradores, apostados en diversos sitios, mantenían a raya al ejército. Muchos cayeron muertos y otros tantos heridos, en ambos bandos. Las ambulancias remplazando a la Cruz Roja, realizaron un trabajo continuo recogiendo a los heridos y los cadáveres.

Al final solo quedaron dos focos de resistencia: uno en la Municipalidad y el otro en la Universidad donde los estudiantes y los trabajadores se defendieron bravamente. A media noche del 15 la tropa logró penetrar en la Universidad y reducir a sus defensores.

Fue en el fragor de esa batalla cuando la Junta de Gobierno Local decide una tregua con el representante del segundo Prefecto, nombrado por el gobierno en reemplazo de Daniel Meza Cuadra: el Comandante Cardeña. Mostajo comisionó a 4 parlamentarios: Javier de Belaúnde, Arturo Villegas, Amoldo Guillén y Carlos Bellido. Ellos salieron del Concejo en misión de paz, portando una bandera blanca, pero la soldadesca del comandante Cardeña los recibió con una ráfaga de ametralladora. Cayeron muertos Bellido y Villegas y heridos Guillén y Belaúnde. Cardeña exigió una rendición incondicional. La Junta no aceptó.

El Gobierno central se vio obligado a cambiar por tercera vez de Prefecto, nombrando al General Alejandro Ruiz Bravo, y este aceptó conversar con Mostajo y la Junta bajo nuevas condiciones, sin exigir la prepotente “rendición incondicional” de Cardeña. Se forma una Comisión Conciliadora compuesta, como siempre, "por los notables", los mismos que cosecharon los frutos del sudor y la sangre del pueblo. La Comisión Conciliadora llegó a los siguientes acuerdos con la prefectura: Se suspende el Paro General convocado por trabajadores y estudiantes y hecho suyo por la Junta Provisional. Se entrega a los caídos durante los acontecimientos de los días 13, 14 Y 15 cuyos sepelios se verificarán independientemente por cada familia el día 17. La Municipalidad se obliga a correr con todos los gastos que demande el entierro de las victimas civiles como de los heridos. El representante del gobierno central se compromete a poner en libertad a los dirigentes populares detenidos por el ejército, así como, la junta provisional gestionaría para que se pusiera en libertad a los oficiales policiales y militares detenidos por los combatientes de la ciudad y que estaban detenidos en diversos lugares. El ejercito y policía asumía los gastos del entierro de sus efectivos y la curación de sus heridos. No habrá represalias contra los Sindicatos y sus dirigentes. Se acoge los reclamos de los estudiantes del Colegio Nacional de la Independencia. A las 8 de la noche del día 16 de junio de 1950 se firmaron los acuerdos de paz y la ciudad volvió nuevamente a la tranquilidad.

NOTAS


(1) Reinoso posteriormente, siendo residente norteamericano, negó su condición de "militante comunista". Por otra parte, según aclaración del Dr. Jorge Rendón V., Enrique Soto León Velarde era, entonces, militante aprista y Pedro Luis Gonzáles Pastor no era gran cosa. Por su parte Juan Reinoso en "Sangre Derramada" alega que Pedro Luis más bien actuó de acuerdo con los profesores del colegio, pues trabajaba allí como auxiliar administrativo y/o de servicio.

(2) El Dr. Jorge Rendón V. Asegura que no es tan cierto que los catedráticos "izquierdistas" de San Agustín canalizaran ni impulsaran el movimiento iniciado en la "I".

NOTA FINAL.

Según el Dr. Jorge Rendón: "Los hermanos Juan y Oswaldo Reinoso Días estaban en primero de Letras en 1950 y ambos eran simpatizantes comunistas. Tuvieron una conducta heroica en las acciones de junio de 1950, en particular Juan, y su hermano mayor Alberto" y agrega: "1950 fue un movimiento en el que quienes simpatizábamos con el PC hicimos lo que pudimos sin coordinación alguna, simplemente porque pensábamos que así debíamos actuar. La Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA) con una junta directiva integrada casi totalmente por comunistas fue la columna vertebral de los sucesos de junio de 1950. Su acción ha sido silenciada por los demócrata cristianos que durante años se atribuyeron la dirección de ese movimiento. Ninguno de ellos peleó en las calles, aunque varios de sus miembros estuvieron en la Municipalidad rodeando a Francisco Mostajo que tomaba sus acuerdos con ellos". A propósito. Juan Reinoso en "Sangre Derramada" señala al Dr. Rendón junto a Elías Castilla Rosapérez, Alberto Álvarez, Edwin Neyra y Luis Castillo Velasco como seguidor de una facción burocrática del PC (pags. 54, 55, 56) manejada por Humberto Núñez Borja cuyas sugerencias eran tomadas como acuerdos del PC. Es obvio señalar que debido a su organización clandestina, el PC actuaba tras las bambalinas de la CTA (no FDTA). Y casi nadie, salvo la dirección clandestina del PC, sabía quien militaba en el partido y quién no.



Los comunistas arequipeños y el movimiento obrero: la FDTA
 


El 20 de enero de 1951 en el viejo Ateneo Municipal de Arequipa, culminó con una gran ceremonia pública y multitudinaria, el congreso de la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa realizado en diciembre, el mismo que confirmó a la FDTA como la máxima central laboral del departamento logrando unificar, sobre criterios clasistas, la organización de los trabajadores. La nueva central basaría su práctica, tanto en la unidad sindical, mantenida en la comunidad de intereses de la clase obrera, como en el centralismo democrático que es la concentración de las decisiones de las bases bajo una sola dirección. Este último principio establecería el respeto a las opiniones de las minorías y el acatamiento disciplinado de éstas a las decisiones de la mayoría.

Las más viejas referencias acerca de las primeras formaciones sindicales en Arequipa se remontan a comienzos del siglo XX con la instalación de las primeras industrias fabriles en la ciudad. Trabajadores sindicalistas de todas las orientaciones ideológicas y tendencias políticas tuvieron sus primeros encuentros a partir de los años 20 siguiendo el ejemplo de sus hermanos de clase del resto del país, principalmente de Lima y Callao y de paisanos suyos como Javier Sánchez y Benito Bonifaz, artesanos arequipeños que en 1868 se habían levantado en armas para defender su ciudad y lo que ellos consideraban como principios de fe patriótica, combatiendo, fusil en mano, en calles y barricadas contra el agresor venido de la capital de la república, agresor que algunas veces tenía de su parte la razón, como así fue en 1868. 

Fueron los anarquistas de finales del XIX y principios del XX los que fundaron diversos organismos de defensa de los trabajadores como: el Centro Social Obrero de Arequipa el 22 de julio de 1905, la Cooperativa Obrera de Caja de Ahorro el 1º de mayo de 1912, la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos en el Huaico el 20 de setiembre de 1917, la Coalición Obrera de los Barrios y Socorros Mutuos el 12 de diciembre de 1918. Por su parte los artesanos fundaron la Sociedad Unión de Sastres el 18 de setiembre de 1918, la Sociedad Mutua de Peluqueros el 29 de febrero de 1919 y la Sociedad Unión de Choferes de Arequipa el 18 de setiembre de 1919. Ese año también se constituyó la Federación de Zapateros y Socorros Mutuos y en 1925 la Sociedad Gremial de Panaderos. (*)

La Confederación Obrero Ferrocarrilera del Sur fue fundada el 3 de noviembre de 1919. la Confederación de Empleados en Ferrocarriles el 29 de enero de 1924, la Confederación de Tranviarios y Electricistas de Arequipa el 8 de noviembre de 1924. En 1925, obreros albañiles, ya en contacto con sindicalistas de pensamiento marxista, fundan la Sociedad de Trabajadores del Ramo de la Construcción. Con estas bases se crea ese año la Federación Local de Sociedades Obreras de Arequipa. Finalmente, y como organizaciones independientes, se formarín la Federación de Empleados de Comercio y la Industria el 28 de setiembre de 1926 y la Federación de Intelectuales Artistas y Trabajadores el 30 de noviembre de 1926. (*)

El antecedente más cercano a la creación de la FDTA se encuentra en la fundación de la Unión Gráfica Arequipa (UGA) el 26 de junio de 1930 y luego en la Federación Obrera Local (FOL) formada en base a la UGA y otras organizaciones pequeñas, ese mismo año. Cabe destacar que para burlar el acoso del Estado y del patrón, los obreros gráficos de Arequipa decidieron no llamar sindicato a su organización sino, simplemente "Unión". Al poco tiempo la FOL es ilegalizada creándose en 1932, en su reemplazo, la Unión Sindical Obrera de Arequipa la misma que, al cabo de unos años, corrió la misma suerte.

El 22 de junio de 1940, la perseverancia y la pertinaz tenacidad de los trabajadores arequipeños hizo que organizaran en el Centro de Trabajadores de Arequipa (CTA) conformado, además de los gráficos de la UGA, por obreros de las Curtiembres "Ibáñez" y América (Pedro P. Díaz), Leche Gloria, Cervecería y los obreros de la "Sociedad de Trabajadores del Ramo de la Construcción" o sea lo que es hoy Construcción Civil. Este "Centro" duró hasta 1948 fecha en que se realiza la primera conferencia obrera que se propuso como meta llamar al primer congreso departamental de trabajadores, procurando congregar a un número mayor de organizaciones sindicales. 

Esa conferencia obrera convirtió a la CTA de "Centro" en "Confederación", encargándosele la tarea de convocar al magno evento. En el empeño, le acompañaría la Confederación Ferrocarrilera del sur dirigida por Guillermo Torreblanca, la FECIA (Federación de Empleados del Comercio y la Industria de Arequipa) con Luis Héctor Salas a la cabeza, la Central de Choferes y Anexos de Felipe Villasante, la Federación de Empleados Bancarios cuyo secretario general era Julio Vizcarra, el Sindicato de Obreros del Tranvía Eléctrico (TEASA) de Arequipa, el Sindicato de Telefonistas y Electricistas de Arequipa y el Sindicato de Campesinos de Caylloma dirigidos por Jesús Quispe Begazo.

Para constituir la nueva central obrera, los trabajadores eligieron una Comisión Organizadora del primer congreso departamental de trabajadores, esta comisión tomó el nombre de "Comité Departamental de Trabajadores" y lo presidió Mariano Bejarano quien hizo las veces de Secretario General. El levantamiento popular de junio de 1950, conocido por unos como "La Revolución de Arequipa" o "El Levantamiento de la I", por otros, sorprendió a los trabajadores en plena organización de su congreso, teniendo que posponer su realización unos meses. La represión de la dictadura militar de Odría obligó al Comité Departamental y a la CTA a programar nuevas acciones de lucha en vista de los acontecimientos que se generaron en el Colegio Nacional de la Independencia Americana. 

Junto a los otros integrantes del Congreso se convocó al Paro General el día 14 de junio, pese a la poca organización habida en ese momento. Sin embargo, los obreros comunistas movilizaron al pueblo en las faenas de esos días. Dirigentes del PC como Augusto Chávez Bedoya y Teodoro Azpilcueta participaron de la formación de la Junta Provisional de Gobierno Local presidida por Francisco Mostajo. Otros como Teodoro Nuñez Ureta, Enrique Zapater y Carlos de la Riva, formarían la "Milicia Popular" adjunta a la Guardia Urbana, creada por la Junta Local en base a la Compañía de Bomberos voluntarios. La Milicia Popular participó en la toma de Radio Continental y en la reducción de algunos camiones militares que patrullaban la ciudad. Finalmente, se intentó organizar el Socorro Rojo, tarea encargada al médico Juan Casapía junto a Elena Butrón, Doris Paredes y Luzmila Rivera. Ellos (y ellas) fueron los que socorrieron a los heridos de la Plaza de Armas la noche del tiroteo del 14 de junio y los que trataron de auxiliar, sin éxito, a Carlos Bellido Gutheridge, el parlamentario acribillado por la soldadesca.

Luego de esos días que convulsionaron la ciudad, se retomó a la organización del Congreso. La CTA, de innegable tendencia comunista, tomó la iniciativa de invitar a este evento a la USTA, de vocación aprista, que aceptó participar bajo ciertas condiciones. El APRA, por esos días y, teniendo como base el sindicato de obreros textiles de El Huayco había creado la Unión Sindical de Trabajadores de Arequipa (USTA). Así fue que entre los días 17 al 21 de Diciembre de 1950 en el local del Centro Social de Trabajadores, situado en los altos del Ateneo Municipal, se llevó a cabo el encuentro de 32 bases sindicales de obreros, campesinos y empleados, las que dieron nacimiento a la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa, la actual FDTA. 

Los congresistas, en decisión histórica, eligieron una primera junta directiva presidida por Guillermo Torreblanca de la Unión Ferrocarrilera del Sur e integrada por Raúl y Luis Acosta Salas de la Unión Grafica, Víctor Salas Rodríguez y Augusto Salazar Ortiz por el Sindicato de Choferes camioneros, Bernardo Linares Fajardo por Construcción Civil, Luis Héctor Salas por los empleados de FECIA; Víctor Medina Jáuregui y Raúl Lozada Daza, por los maestros; Pablo Alarcón y Ricardo del Carpio Rosado por los artesanos. Y, junto a ellos, Mariano Bejarano, Rubén Pajuelo, Eduardo Flores Mamani, Tomás Villagra y Maximiliano Huaracha, quienes se habían convertido en los grandes animadores de este acontecimiento.

De acuerdo a la resolución final del Congreso, la Junta Directiva, elegida en ese máximo evento, debería hacerse cargo de sus funciones antes de 30 días, y se escogió el sábado 20 de enero de 1951 para la ceremonia de juramentación de los nuevos directivos. Por eso, dicha fecha es considerada como fundacional por los trabajadores. Trascendental en la constitución de FDTA como la máxima central sindical del departamento fue la participación del Partido Comunista, el PC destacó a sus mejores cuadros nacionales para la realización de este evento en plena dictadura militar de Manuel Odría. 

Fueron los comunistas quienes imprimieron carácter de clase a la nueva organización sindical (en vista que habían otras organizaciones gremiales que solo existían para reclamar migajas a sus patrones) uniendo a sus reclamaciones, estrictamente laborales, propuestas políticas. De aquí en adelante los trabajadores arequipeños no solo lucharían por mejores salarios o gratificaciones, sino que pelearían por democracia y libertad y añadirían, explícitamente, algo que pondrían los pelos de punta a los empresarios capitalistas, la palabra “socialismo”. Los trabajadores lo dirían explícitamente.

En 1955 otro hecho importante protagonizaron los trabajadores de la FDTA. El 22 de diciembre se produjeron choques entre la policía militarizada de la dictadura militar de Manuel Odría, reforzada con matones llegados de Lima y manifestantes opositores. Las únicas víctimas de estos incidentes fueron trabajadores y estudiantes que repudiaban tanto a los abusos de la policía militarizada como al oportunismo de la derecha oligárquica que quiso aprovecharse del clima político que entonces se vivía en nuestra ciudad, adverso a la dictadura que auparon en su momento. La FDTA llamó a la formación de un Frente Único Obrero Estudiantil para enfrentar a Odría. Este se concretó el 23 (de diciembre) en el Paraninfo de la Universidad Nacional de San Agustín y de inmediato se convocó a un Paro General por el cual se exigía la salida del ministro de gobierno y policía Alejandro Esparza Zañartu, responsabilizándolo de la brutal represión del 21 de diciembre. El 24 ante la contundencia del Paro General el temido ministro Esparza fue destituido. Fin de este capitulo de la legendaria historia de la FDTA.
 
La FDTA, hasta fines del siglo pasado -antes que Fujimori desmantelara el Parque Industrial- fue la central obrera más combativa del Perú y la que protagonizara los más grandes levantamientos populares de mitad y fines del siglo pasado debido a que Arequipa tenía una poderosa fuerza laboral de mayoritaria composición obrera. La FDTA durante ese periodo protagonizó el primer (y tal vez el único) paro político del Perú, llevado a cabo los días 19, 20, 21 y 22 de setiembre de 1952 con la exclusiva finalidad de exigir la libertad de Raúl Acosta Salas, Secretario General de la UGA, dirigente de la FDTA y miembro de la dirección departamental del Partido Comunista. 

Por su doble condición de dirigente obrero y comunista Acosta Salas fue secuestrado el 15 de setiembre y trasladado en avión a Lima por la policía política del gobierno militar, toda vez que se venía venir una protesta masiva de los sindicatos por reclamos salariales y libertades democráticas. El secuestro de Salas precipitó la paralización y esta fue acatada por toda la fuerza laboral de Arequipa a excepción de algunas peluquerías y el Correo Central. El gobierno mandó detener a Acosta solo por ser comunista y los trabajadores lo rescataron solo por ser comunista. No hubo otro punto en la orden del día. El prefecto Ricardo Pérez Godoy se vio obligado a viajar a Lima para gestionar directamente su excarcelación. Al cuarto día de negociaciones, iniciadas el 18 de setiembre, los ánimos se tranquilizaron cuando el “Camarada Renato” (nombre de combate de Acosta) regresó sano y salvo.
 


El Movimiento estudiantil en los 60'. 
 
De la “I” a la “J”
 


A mitad del siglo XX la política exterior norteamericana pretendía uniformizar criterios en su cruzada contra el comunismo. El Perú estaba gobernado por una dictadura militar de cuyo mandato los trabajadores estaban hartos y la burguesía fatigada. Lo mismo pasaba en Venezuela. En Colombia fue asesinado Eliécer Gaitán el líder de la oposición liberal, este crimen provocó “el Bogotazo” y dio comienzo a la lucha armada que años más tarde fue retomada por las FARC. Finalmente en Bolivia sucedió algo atípico, una revolución popular liderada por el MNR derrocó a la oligarquía y ajustició al presidente de la república e instauró un gobierno popular..

En junio de 1950, en Arequipa, ocurrió el levantamiento estudiantil del Colegio Nacional de la Independencia Americana conocido como “la Revolución del 50” del que poco se ha escrito a pesar de lo mucho que de ellol se ha hablado. En 1955 otra revuelta obligó al dictador militar que gobernaba entonces: Manuel A. Odría, a convocar elecciones generales. Protagonistas de ambas jornadas fueron la Federación de Trabajadores y el Partido Comunista

La leyenda que se tejió alrededor de uno y otro suceso, sobre todo del primero, y el desempeño de conocidos líderes comunistas en ambas contingencias hizo que en el Colegio de la Independencia crecieran las simpatías de los estudiantes “alfeñiques” hacia el socialismo, a pesar de que el profesorado, mayoritariamente, fuera de orientación aprista.
 
Se fabricó una suerte de “tradición” huelguística del colegio bolivariano que hacía de sus estudiantes, revoltosos por excelencia. Con razón o sin ella, a partir de 1950 se hizo ”tradicional” la huelga del año, organizada alternativamente por los estudiantes de cuarto o quinto, “evento” que iba forjando futuros líderes con tendencias izquierdistas. Estos acontecimientos, jornadas y tradiciones, determinaron que, años más tarde, ingresara oficialmente al PC muchos ex alumnos de este plantel al que propios y extraños prefieren llamar ”glorioso”. Todos con ideas definidas del socialismo y el comunismo.

Entre los sucesos de junio del 50 y setiembre de 1952 habían mediado una serie de acontecimientos que transformaron la historia social de nuestra ciudad. Los trabajadores, en histórico congreso se habían unido en una sola organización: la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA) y los estudiantes universitarios lo hicieron a través de la Federación Universitaria de Arequipa (FUA).

Los acontecimientos de junio de 1950 habían determinado que a partir de la fecha apristas y comunistas se disputaran enconadamente la influencia política no solo en la Universidad sino, también, entre los estudiantes del Colegio de la Independencia. 
 
Del 51 al 56 habían ingresado a la Universidad los protagonistas del levantamiento del 50, entre ellos, Rómulo Gonzáles, Daniel Neira Salinas, Luis Ordóñez Carrera, Sigifredo Zegarra, Luis Yañez, Héctor Ballón y otros. El 56 ingresaron Juan Lazo y Marcial Chalco. En 1957 lo hicieron otro buen grupo, todos con ideas definidas del socialismo y el comunismo, muchos de ellos eran ya militantes de la juventud del PC.

En la Universidad de San Agustín los estudiantes comunistas se fueron organizando en sucesivas agrupaciones: el Movimiento Autentico Revolucionario (MAR) el Frente Reformista Auténtico (FRA), hasta llegar al FER (reformista) para, luego, el 20 de junio de 1951 junto a otras agrupaciones políticas constituir (o más exactamente reconstituir) la Federación Universitaria de Arequipa (FUA), en base a la "Asociación Universitaria de Arequipa" que no tenía una configuración orgánica.

A partir de entonces la FUA se forma en base a la estructuración descentralizada de los centros federados de alumnos de cada facultad, los mismos que deberían confluir en un organismo superior centralizado. Estudiantes de todas la tiendas políticas decidieron ese 20 de junio convocar a elecciones universitarias para el 9 de julio siguiente donde se elegiría presidente y vicepresidente de la federación de estudiantes y los delegados por cada Facultad o escuela profesional. Un total de 17 dirigentes estudiantiles se harían cargo, en adelante, de la organización estudiantil más poderosa de Arequipa.

Hasta fines de los 50 la juventud comunista basaba su fuerza en la militancia universitaria, sin embargo a partir de entonces adoptó una organización barrial basada en el principio de los “radios de acción”, alrededor de los cuales deberían confluir otras fuerzas “no comunistas”, amigos o simplemente simpatizantes de izquierda en sus respectivos centros o “radios de acción” que no eran otros que sus barrios. Así se constituyeron los “Radios” de Siete Esquinas, La Ranchería, Calle Nueva, Beaterio, El Puente (Bolognesi), Ayacucho (San Lázaro), Ejercicios, Yanahuara y San Pedro (Miraflores). Estos radios subsistieron hasta comienzos de los 60 cuando se decretó la organización circular de la nueva juventud comunista peruana.

Así, los radios lograron crear un cinturón rojo que iba desde Siete Esquinas, continuaba por Tristán, Alto de la Luna, la Casa Rosada, subía por Calle Nueva hasta La Ranchería, subía a San Pedro, bajaba por El Filtro, Peral, Ayacucho, Puente Grau, Recoleta, Beaterio, Antiquilla, Puente Bolognesi, Cruz Verde y regresaba a Siete Esquinas.

La influencia perniciosa que sobre los estudiantes universitarios de estos radios tenía Juan Reynoso Días hizo que los dirigentes del partido criticaran abiertamente la orientación autonomista que le estaba dando este “camarada” quien solía decir que no solo era marxista-leninista sino y sobre todo estalinista; sin embargo actuaba como trotskista, pero su sinuosidad se perdía en extrañas tratas y contratas (mejor dicho componendas) con otras organizaciones políticas y con individualidades cuestionadas dentro y fuera de la universidad por el partido.

Reynoso constituyó un "equipo" con el que quiso imponer ciertas condiciones a personalidades que comúnmente habían trabajado con el partido. Desgraciadamente se identificarían con él: Carlos Jaén Roldán, René García Cruz, Rómulo Gonzáles Muñoz, Sergio Nieves y Mauro Irigoyen (presidente y vicepresidente de la FUA), entre otros, quienes le dieron la fuerza que necesitaba para ejercer presión sobre algunas autoridades universitarias. Todo esto llevó a que el partido separara a Reynoso de sus filas y que la organización juvenil del PC pasara a depender directamente de su Comité Regional.

Con el control directo de los radios por el partido, Reynoso redujo su influencia a la junta directiva del FER (reformista) la que se vio envuelta en más de un extraño compromiso en el nombramiento de autoridades universitarias como la elección de Alfredo Corzo Masías como rector de San Agustín contra la opinión del PC a favor de Humberto Núñez Borja. No solo eso, monopolizando la conquista por los estudiantes del “Derecho a Tacha”, Reynoso elaboró un reglamento Ad-hoc para utilizarlo según conveniencia suya contra los profesores que a él no le simpatizaban. Esto ocurrió, sobre todo, en la Facultad de Derecho.

Hábilmente Reynoso comenzó por explotar en favor suyo las contradicciones entre su expartido y los otros grupos de Izquierda un tanto más radicales. Públicamente pasó a discrepar con lo que desde entonces llamaría “el partido comunista burocrático”, oponiéndose a cuanto este apoyara en la universidad como a Javier Mayorga, Herman Ugarte, Ernesto Carrasco y otros 

Víctor Raúl Sacca goza hoy de muchos títulos y honores pues se trata de un alto funcionario o exfuncionario de la Universidad Nacional de Arequipa. Él ha hecho carrera universitaria desde que pisó los claustros del viejo exconvento, más exactamente, desde que llegó a la presidencia de la Federación Universitaria de Arequipa en 1962. Unos años antes con Jaime Salas, Luis Zaraus, Víctor Cadenas, Héctor Ballón, Edilberto Salazar y Magdiel Gonzáles habían refundado el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) en base al FER "revolucionario" de Soto León Velarde que reemplazó al "reformista" de Reynoso que aún existía y cuya creación se disputaban Pedro Luis Gonzáles, Manuel Fuentes Delgado, Rómulo Gonzáles, Juan Reynoso, Sergio Nieves, Luciano Álvarez y otros.

“El turco”, como lo llamábamos sus compañeros de Colegio, pertenece a la promoción del año 56, la que lo recuerda como un tipo huraño, de pocos amigos o ninguno, el que en los ratos libres no hacía otra cosa que “chancar” o consultar sus dudas a los profesores. Solo hablaba con David Polanco López, su compañero de carpeta. Sin embargo, este huraño anacoreta se daba maña para impartir sus conocimientos de marxismo en las gloriosas aulas del centenario plantel y en las narices de los profesores apristas. 

Nos reunía en las horas libres para hablarnos con mucha parsimonia de un tal Govinó, personaje al que nadie conocía, solo él. Su fuerte era desautorizar a los profesores que chalaqueban, en vez de enseñar discutiendo desde su punto de vista los temas que dominaba. Cuando Daniel Guillén Benavides (400), el profesor de Economía Política, intentó darnos una definición muy suya (el era aprista) de Plusvalía, el turco lo interrumpió refutándola para alegría nuestra, pues todo lo que significara interrumpir las aburridas clases era bienvenido. Sacca insistió en su punto de vista y Guillén no tuvo más remedio que aceptar la posición discrepante, solo que, al final, insistió en que debíamos aprender la definición oficial, la suya.
 
El “camarada Marcial”, era otro de los comunistas infiltrados en el plantel de Bolívar, su nombre Jaime Salas Medina. Era el que tenía más experiencia en política porque su padre y ejemplo fue un viejo ferroviario que militaba en el PC desde siempre. Marcial se había criado en el partido. El hoy circunspecto ex vocal de la Corte Suprema y dos veces presidente de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, en sus años de alfeñique era una joyita, jugaba fútbol, tocaba en la banda y mataperreaba junto a Luis Acosta García, Ciro Llerena, Javier Talavera, Humberto Sánchez y el Pollo Ávila Gonzales, sus amigos de siempre, contagiando a todos su alegría de palomilla. Talavera Salas lo llamaba “chinchilla”, nadie sabe por qué. Jaime era solidario, a pesar de ser ordenado y estudioso, no presentaba las tareas si el resto no lo hacía, aunque le significara un jalado. De su actividad política dentro el colegio no se conoce. O era muy cauto o no las hacía.
 
Al ingresar Salas a la Universidad se destapó como líder político. Fuera de la U Jaime y su hermano César fueron el alma de la juventud del PC. Ambos, junto a sus camaradas, pusieron tanto empeño a su compromiso político que en poco tiempo lograron convertir el partido en una fuerza turbulenta capaz de poner de cabeza la ciudad. 
 
Sacca, junto a Jaime Salas, Luis Acosta, Fredy Delgado, Rodolfo Carbajal, Guido Silva, Rigavi Gamarra, Javier Talavera y el autor de esta nota pertenecíamos a la misma promoción (56 del CNIA) y con la excepción de Talavera y Carbajal todos militaron "alguna vez" en la JCP. 

Al ingresar al partido los nuevos camaradas se fueron educando en el dogma de la revolución proletaria: “lealtad, honestidad y consecuencia con los trabajadores en general y la clase obrera en particular” a la que se consideraba, a tenor de las charlas en: “la única clase capaz de llevar adelante la revolución socialista”. Una vez dentro, también empezaron a escuchar las primeras historias, a veces dramatizadas, de la vida de los camaradas en el destierro, principalmente en Chile y Bolivia; pero, frecuentemente se filtraba algún pasaje poco revolucionario, alguna barrabasada o una queja sobre la inconducta de algunos compañeros en el exilio.

Carlos De la Riva era adicto a contar este tipo de historias, pues, para él, ese comportamiento estaba reñido con la moral revolucionaria. Era curioso, pero las quejas de De la Riva o caían en saco roto o gozaban de un auditorio muy reducido, pues, se daba el caso que a este camarada (Wálter) le preocupaba más imponer una disciplina casi prusiana (beriana, decían), que el desarrollo del partido. Más amenas resultaban ser las historias contadas por Augusto Chávez Bedoya sobre su militancia en el PC chileno y las de Enrique Zapater en el PC boliviano.
 


Los años heroicos
 


Fueron los años que el PC no tenía ni local ni recursos y era muy poca la ayuda material que le llegaba. Las casas de los camaradas eran sedes potenciales del partido. El marxismo-leninismo se aprendía en las calles, la literatura revolucionaria se reducía a las bibliotecas públicas, pequeños folletos y burdas reproducciones mimeografiadas que circulaban de mano en mano, sólo unos cuantos privilegiados tenían algunos “manuales” y algunas colecciones.

De contrabando o por vías clandestinas ingresaban, a parte de la propaganda soviética, algunos ejemplares del Manifiesto. Raramente llegaba a librerías un “clásico”. Los jóvenes universitarios, que eran los más interesados en la ideología marxista-leninista, no tuvieron más “Escuela de Cuadros” que la práctica diaria o el duro trabajo diario. Algunos privilegiados como Héctor Ballón, Jaime Salas, Luis Zaraus o Víctor Sacca conseguían algunos libros de "Claridad" como "El origen del Hombre" y un resumen de "El Capital". Sacca tenía dos impresionantes estantes de libros marxistas, pero jamás prestaba uno. José Málaga tenía la colección completa de las obras de Stalin y la Historia Social del Perú de Martínez de la Torre, pero el no era militante de la JCP, sino de un PC toskoide que se autodenominaba "leninista", liderado por Luis Shimitzu, Manuel Jiménez Delgado, Amado Paredes y Hernán Vela Espinoza.

Por el año 60 la librería "Nuevo Mundo" de Puente Bolognesi inició la venta de los manuales de la Academia de Ciencias de la URSS como Economía Política, "Marxismo-Leninismo”, de Filosofía, etc; editados por Grijalbo. El año 62, Ventura Zegarra comenzó a distribuir las obras escogidas de Marx-Engels y Lenin y folletería suelta de editorial “Paz y Progreso”.

El año 61 ingresaba ya, vía universidades, literatura marxista de procedencia soviética. El año 62 el círculo Sandino de la JCP editó “Principios elementales de Filosofía” de George Polítzer en el mimeógrafo de la FUA. El 63 el CR de la JCP hizo lo mismo con “Principios de Comunismo” de Engels. El año 64 ya circulaba hasta propaganda china.

En cuanto a las finanzas. Hasta bien entrados los 60, estas no pasaban de erogaciones recogidas por Augusto Chávez Bedoya con quien muchos contribuían, más por el respeto que les merecía su extracción social y económica que por su condición de dirigente nacional del partido. Con Chávez Bedoya contribuía los Ugarte, Montesinos, hasta Máximo Velásquez, el fabricante de velas; a parte, claro está, de los funcionarios públicos. 
 
Internamente, cada quien aportaba lo que podía y los eventos se hacían en las casas de Vicente Mendoza Díaz en la Calle San Pedro, en la de Víctor Salas Rodríguez o la del pato Salazar en Gráficos.

Chávez Bedoya, sin el carisma de Zapater, logró mantener estabilidad orgánica a pesar de sus encontrones con Eduardo Flores y Bernardo Linares. Don Augusto era el patriarca de las peroratas interminables, el de los discursos coherentes pero aburridos para una militancia ávida de “acción”. Si bien el camarada Alfredo era el hombre más representativo del partido y el más respetado fuera de él, a partir de los años 60 su discurso se fue extendiendo cada vez más y sus intervenciones eran cada día más reiterativas.

A pesar de ello, El PC llegó a convertirse en la primera fuerza sindical de Arequipa y el mejor baluarte de los trabajadores por sus derechos en esta ciudad. Los comunistas de entonces se ganaron a pulso el respeto de toda la ciudadanía por la calidad de sus dirigentes y de sus militantes.

Pero no todo fue color de rosa. Desde entonces la organización juvenil del PC ya se enfrentaba a un mal endémico de la izquierda internacional: los conflictos internos. Carlos (Pozo) De la Riva, al cabo secretario departamental de disciplina y amigo personal de Jorge del Prado, era el hombre fuerte del PC, quien mantenía bajo control estaliniano a buena parte del aparato partidario. Por un exceso de “vigilancia revolucionaria”, expulsó a los mejores cuadros de la Juventud, la que posteriormente se rebeló contra él.

En sucesivos eventos clandestinos y con ayuda de Miguel Tauro de Lama, dirigente nacional de la JCP, los jóvenes sancionados por De la Riva fueron formando un “Comité de Activistas” entre los que destacaban: Ventura Zegarra, Edmundo Paredes, Magdiel Gonzales, Jaime Salas, Alberto Palomino y Helard Valdivia Ballón. Este Comité convocó a congreso exigiendo, con éxito, la separación del camarada Walter. Luego de este evento la JCP emprendería la gran tarea de convertirse en la primera fuerza política juvenil de Arequipa. Y lo consiguió.

Los 60 fueron años de dura lucha en las calles contra el régimen de Prado su ministro Beltrán y su aliado: el APRA. Cuando Pedro Beltrán anunció su llegada a Arequipa estos jóvenes movilizaron toda la opinión pública, a través de la Unión Popular de la Juventud, en contra del gobierno y lograron que tal venida se considerara como una provocación. Tomaron casi todas las calles del centro, impidiendo que el Primer Ministro pise la ciudad. “La Morena” una canción muy difundida entonces por ellos, describía tales días.
 
Años antes de que el Premier amenazara con venir, esta juventud ya había refundado en la Universidad de San Agustín el Frente Estudiantil Revolucionario en base al Frente de Estudiantes Reformistas, ambos bajo la sigla de FER. El nuevo FER difería del “reformista” no solo en el referente sino en la calidad de sus dirigentes. En ese frente se fueron fogueando sus líderes. En 1960 el nuevo FER gana la presidencia de la FUA con Sergio Nieves. En 1961 se pierde con Luciano Álvarez Vásquez.
 
Por esos años el PC había contribuido, decisivamente, a la constitución del Frente de Liberación Nacional y a través de él movilizó a miles de trabajadores y estudiantes en todo el país por “nacionalización del petróleo, reforma agraria antilatifundista y defensa de la revolución cubana”. En Arequipa la convocatoria corrió por cuenta de la Juventud Comunista siendo extraordinaria la movilización. 
 
El 11 de mayo de 1962 un tumulto juvenil venido de todas partes de la ciudad y alrededores, universidades y colegios secundarios, principalmente, abarrotó la Plaza de Armas para recibir a los dirigentes nacionales del FLN (General EP César Pando Esgúsquiza, el sacerdote católico Salomón Bolo Hidalgo y el escritor humorístico Luis Felipe Angell "Sofocleto") al grito de “petróleo para el Perú”, ante el pánico de la derecha encabezada por los curas de la “Acción Católica” que no dudaron en enviar a sus cursillistas y a otros cristeros con los íconos de la Virgen María y Cristo Rey para contramanifestar a una multitud enfervorecida. Los resultados fueron muy desfavorables... para ellos.

Ese año 62 el nuevo FER ganó las elecciones estudiantiles en la UNSA con Víctor Sacca Abusabal, el 63 con Alfonso Vásquez Urday y el 64 con José Málaga Rodríguez. Cada una de estas elecciones eran demostraciones de júbilo. Multitudes de estudiantes las celebraron por las calles desde la Avenida La Salle hasta la Plaza de Armas que siempre se convertía en escenario de demostración popular. Sin embargo, en la elección de José Málaga el grupo prochino nos puso una pica en Flandes: Víctor Raúl Cadenas Velásquez a quien impusieron bajo amenaza de romper el FER. Con Cadenas exigieron un cupo mayor de candidatos a las elecciones universitarias de 1964 y lograron una mayoría de delegados en la FUA que les permitió hacer, literalmente, lo que la gana les dio.


Cuba sí, yanquis no
 


El triunfo de la revolución cubana en 1959 dio motivos suficientes para que estos muchachos se llenaran de orgullo, esperanza y de un espíritu revolucionario comparable sólo al vivido por sus padres o camaradas mayores durante la proclamación de la 2da. República Española, de cuya guerra civil provenían sus héroes, canciones y leyendas. Los muchachos de esos años entonaban canciones de la Guerra de España, como una versión arequipeña de “La Morena” adaptada a la situación que se vivía durante el segundo gobierno de Prado. Nuevos jóvenes se incorporaron a la juventud comunista y se bautizaron como la flor más roja del pueblo sintiéndose continuadores de las jornadas de gloria y muerte del pueblo español. Baste citar que sus canciones estaban más referidas al 5to. Regimiento, al Ejército del Ebro o la Pasionaria que a Mariátegui o la Federación de Trabajadores. Igualmente era más fácil escuchar canciones rusas (soviéticas) como “Catalina”, “La Joven Guardia”, o “Medianoche en Moscú” que alguna relacionada con la situación del país. Edmundo Paredes ensayó adaptar unos versos “revolucionarios” al carnaval de Arequipa, fracasó. Luciano Álvarez Vásquez intentó lo mismo con algunos huaynos, corrió la misma suerte.

En 1962 regresó de la URSS Alberto Delgado Béjar, el “camarada Ferré”, con un basto repertorio de himnos y canciones cubanas y latinoamericanas que “revolucionaron” el ambiente, fue así que las canciones de la isla reemplazarían a españolas, rusas y otras del repertorio internacional. Comenzó a escucharse más el “Himno de América Latina” que la Internacional, el “26 de Julio” que “La Katiusha (Catalina)", finalmente “Cuba, que linda es Cuba” acabó con “Medianoche en Moscú”. Hasta una ranchera guatemalteca (comunista) comenzó a abrirse paso.

La revolución cubana tuvo la virtud de “latinoamericanizar” los partidos comunistas. Las organizaciones juveniles de izquierda, incluida la JC, comenzaron a mirar más a La Habana que a Moscú y a leer más a Fidel que a Lenin. Esto fue aprovechado por China para meterse en baza y orientar su polémica con la Unión Soviética hacia nuestro continente, dándole una connotación universal de lucha entre el bien y el mal, entre la revolución y la contrarrevolución, entre el marxismo-leninismo (ellos) y el revisionismo contemporáneo (la URSS).
 
Jugó a favor de los dirigentes chinos y su seguidores aquí, el hecho de que la revolución cubana fuera producto de una insurrección armada: Esto abonaba su tesis sobre el carácter de la revolución contraria a la "vía pacifica" supuestamente patrocinada por la URSS. La polémica chino soviética, en nuestro medio, no fue factor de enfrentamiento aunque en 1962 la revista del FER, dirigida por Víctor Cadenas, ya publicó un articulo sobre las contradicciones escrito por Mao Tse tung refutado en la misma revista por otro de Héctor Ballón.

Cuando se produjo la invasión de Bahía Cochinos la presencia de la Juventud Comunista Peruana se hizo diaria en las calles de Arequipa en defensa de la Revolución Cubana. Durante la crisis de los cohetes al grito de “Cuba sí, yanquis no” tomaron las calles. La “toma” más recordada fue de la de Mercaderes y San Francisco, para plantarse en "La Pontezuela" de la catedral hasta que la policía montada los desalojó. Luego tomaron las calles San Agustín y Puente Bolognesi para finalmente refugiarse en el viejo local de la Universidad amparados en su autonomía.

Cuando en enero del 63 la Junta Militar de turno (la de Lindley-Pérez Godoy) detuvo a todos dirigentes legales del partido, la Juventud dirigió las principales acciones por su libertad. Es memorable la fecha cuando en el local del “FLN” de la vieja calle La Ranchería, Luis Gallegos Portugal daba su charla siendo interrumpido por los policías que allanaron el lugar, este se dirigió a ellos así, más o menos, “camaradas de la Guardia Civil, hermanos policías, ustedes no son culpables de...” un varazo acabó con el discurso, metieron a Luis Guillermo en el carro portatropas, pero el gordo, terco él, seguía con su arenga desde la tolva del camión. Pocas semanas después, en la primera cuadra de la calle Puente Bolognesi, Gallegos repetía fotográficamente el acto.
 
La última gran manifestación, en Arequipa, de esa hermosa Juventud Comunista se realizaría contra la invasión norteamericana a Panamá en 1964. Al grito de “Panamá, yanquis no” miles de jóvenes dirigidos por Magdiel Gonzales, Luis Delgado Bejar y Marcial Chalco, miembros del secretariado del CR de la JC nos concentramos en el Parque Duhamel y de allí marchamos hasta el consulado norteamericano ubicado en el edificio del Banco Popular. La efervescencia revolucionaria de los jóvenes dirigidos por el CR de la JC y el FER volvió a provocar pánico en la derecha arequipeña que vio en la protesta juvenil un levantamiento rojo, paredones e iglesias incendiadas a la vuelta de la esquina. Sin embargo para el partido y la JCP el fin estaba cada vez más próximo.

 
Los primeros choques y la división
 


En 1963, el FER vuelve a ganar las elecciones universitarias de la UNSA y Alfonso Vásquez Urday es elegido presidente acompañado de Rómulo Gonzáles como Vicepresidente. Hasta marzo de 1964 todo iba con relativa normalidad; sin embargo ya se venían dando las primeras batallas dentro la juventud comunista y los primeros alineamientos entre pro-chinos y pro-soviéticos.
 
A nivel nacional, durante el año de1963 hubo una suerte de armisticio sobre las discrepancias en el PC. Se produjeron algunas escaramuzas como la de Ayacucho durante el X Congreso de la Federación de Estudiantes del Perú, donde todo lo planificado por del Buró Ejecutivo Nacional (BEN) de la Juventud Comunista para contar con una “organización de masas” se vino abajo por la habilidad de Gustavo Espinoza quien había sido enviado por el Comité Central a Huamanga para contrarrestar las maniobras divisionistas del BEN.

De nada sirvió el “asesoramiento” de Abimael Guzmán al "BEN de la Juventud". Con el apoyo de la delegación de Arequipa presidida por Alfonso Vásquez Urday, pero, manejada por Magdiel Gonzáles, Espinoza, que ni siquiera era delegado de La Cantuta, su base, se metió al bolsillo el congreso, convirtiéndose en la estrella del evento. Era imposible no ver al chino Espinoza en todas las comisiones dando línea a un BEN perdido, jaqueado por los trotskistas de la UNI y por las huestes de Campos Lama. Magdiel Gonzáles, con el apoyo de otras delegaciones, principalmente de la de Ica y Cajamarca, amenazó al BEN y a Guzmán con el retiro de Arequipa si no se elegía presidente de la FEP a Gustavo Espinoza. Y así se hizo.
 
En Lima comenzó la guerra desde las páginas de “Bandera Roja” el periódico eventual del comité regional de Lima en connivencia con el BEN y su vocero "Perú Juvenil". Ambos, heridos por la derrota en Ayacucho fueron conspirando en los propios locales del partido.

La conspiración continuó y en enero de 1964 el diario “La Prensa” dio cuenta de la realización de una “IV conferencia nacional” del PC que expulsaba, entre otros, a Raúl Acosta, Secretario General del partido. Para convocar a esta conferencia no hubo ninguna comunicación ni fueron convocados Augusto Chávez Bedoya que era miembro del Comité Central ni Enrique Zapater que algo simpatizaba con ellos.

La publinota de “La Prensa” fue desmentida por el Comité Central, pero la sospecha quedó. El CR de la Juventud en Arequipa permaneció en el limbo pero dependiendo administrativamente del BEN hasta junio de ese año, lapso en el que emisarios de las dos partes hicieron su trabajo.

Oficialmente el Comité Regional de Arequipa de la JCP dependía del BEN que era parte del partido escicionista. Sin embargo, de los 8 miembros de ese CR, 4 discrepaban (Carlos Rosas, Guido Silva, César Salas y Francisco del Carpio) con esa dependencia, produciéndose un empate en la dirigencia juvenil, pues los otros 4 (Magdiel Gonzáles, Delgado Bejar, Nicolás Calla y José Luis Callo) estaban conformes con el BEN. El empate se rompe cuando Alberto Delgado Béjar (Ferré), responsable del CR, viaja a Cuba sin informar a la dirección regional de la JCP dejando en minoría a su "grupo", esto cambia la correlación de fuerzas en la dirección regional de la Jota en Arequipa a favor del Comité Central. 

A parir de la fecha el CR empezó a cuestionar al BEN invitando a Rolando Breña y a Gustavo Espinoza para que nos expusieran sus puntos de vista sobre la división tanto del Partido como del MCI. Espinoza llegó y Breña envió a Carlos Legua, un iqueño del BEN, en su nombre. 

Para evitar una división traumática, la JCP programó una Conferencia Regional de Organización con toda la militancia juvenil comunista, el evento se llevó a cabo en la casa de la camarada Silvia Huamán que funcionaba como panadería en Miraflores. Asistieron 93 delegados representando a mas de 200 militantes regulares de la organización juvenil, con más de un año en la JCP. Se distribuyeron documentos de ambas posiciones y sobre eso se discutió. 

La posición más dura de las tesis del BEN (Bandera Roja-Perú Juvenil) la asumieron Nicolás Calla Paredes y José Luis Callo Quispe, concluyendo, taxativamente, que no podían (podíamos) caber en el mismo costal marxistas-leninistas (ellos) que eran en promedio 20 y revisionistas contemporáneos. La posición del Partido defendieron César Salas y Emilio Rosas. La votación final fue la esperada: 70 por desconocer al BEN y volver al Partido y 20 por Bandera Roja. La nueva dirección juvenil surgida de aquella Conferencia estuvo encabezada por Raúl Corrales (Tauro), Emilio Rosas y otros camaradas que tuvieron que enfrentar abiertamente la división y a un nuevo enemigo: los escisionistas pro chinos. 
 
Nicolás Calla y José Luis Callo asumieron la tarea de construcción de un organismo juvenil paralelo y lo hicieron en base a los 20 delegados que votaron junto a ellos en la Conferencia. Orgánicamente solo el círculo "Bolchevique" de la Facultad de Educación, el "Torreblanca" de Cerro Colorado y el "Fidel Castro" de la Casa Rosada les siguieron. El grueso de la organización juvenil acató la decisión de la Conferencia.
 
En septiembre del 64 regresó de la URSS Edmundo Paredes incorporándose a la dirección regional de la JCP dando un nuevo impulso a la Jota debido a su capacidad organizativa. 
 


En construcción.

 

El periodo de 1965 a 1990
 


De aquí en adelante la pelea sería pública. Se dividió no sólo la JCP, se dividió el FER y los camaradas de ayer se convirtieron en enemigos inflexibles. No más revolución cubana. Se acabó la lucha contra el imperialismo. Terminó todo el ímpetu revolucionario. Nada por Cuba. Nada por Vietnam. Muchos oportunistas vieron en esta desdicha la gran coyuntura para abandonar no sólo el partido sino el proyecto revolucionario.

Humberto Núñez Borja, ex rector de la Universidad de San Agustín y exmilitante (luego simpatizante, luego amigo, luego indiferente) del PC, siempre que pudo decía, para justificar su alejamiento del partido: “el que hasta los 30 años no ha sido comunista no tiene corazón, pero el que después de los 30 sigue siendo comunista no tiene cerebro”.

Parece que ese fue el pensamiento que guió a la mayoría de esa inolvidable generación, algunos continuaron por un tiempo usando alguna palabrería revolucionaria, pero al fin se alejaron, cobijándose bajo el paraguas de la independencia ideológica.

Surgieron “los albaneses” o "enverjoyistas" de Delgado Béjar y la “línea de París” de Tito Cáceres Cuadros. A partir de entonces, los desertores de ambos lados se atrincheraron en el aparato burocrático de la Universidad de San Agustín a la cual se fueron entronizando como una suerte de intelectuales de salón y celestinas del nuevo partido de orientación pro-china.

Con la complicidad de algunas miedosas y blandengues autoridades universitarias los “pekineses” fueron convirtiendo a la UNSA en refugio y fortaleza. A ella fueron destacados los mejores cuadros del maoísmo "nacional" ante la complacencia de las graciosas usías de San Agustín timadas por el miedo.

El FER pro-chino, sorteando a la burguesía y al imperialismo, centró sus fuegos contra “el revisionismo”, sus militantes se convirtieron en adalides de la prédica por la lucha armada, sus arengas concluían con el estribillo “estudio, trabajo, fusil”. Era un ambiente donde la competencia revolucionaria se hacía obligada pues se repitía hasta el hartazgo la matraca “Arequipa revolución”.

En estas circunstancias lo lógico era que el mayor auditorio lo tuviera el tremendismo de la prédica de los más “ultras”, ellos eran los buenos y los revisionistas los malos. Fue a partir de 1966 que los jóvenes maoístas comenzaron a ganar las elecciones de la Federación Universitaria (FUA) y a presionar con su tercio estudiantil, implacablemente sectario, a profesores y autoridades de la UNSA, para convertir esta Universidad en un mandarinato.

Este FER no tuvo el menor empacho de llamarse en adelante, a propuesta de Víctor Raúl Cadenas: “FER pekinés” provocando al interior de San Agustín una suerte de “revolución cultural” donde la dirigencia pekinesa satanizó y prohibió, sin rubor alguno, toda actividad de la JC "... por revisionista". Obligaron a maestros, empleados y personal de servicio a sujetarse al pensamiento Mao. Profesores que hasta la víspera eran conocidos por reaccionarios terminaron por abrazar el maoísmo como “doctrina oficial” de la UNSA.

Finalmente, el pensamiento guía fue elevado a la categoría de cátedra y José Franklin Winston (el chino) Lora Cam se convirtió en su máximo ideólogo, el shogún del nuevo evangelio: “el pensamiento Mao”. Maestros como Luis Málaga Rodríguez reconocido por su militancia en el PC fueron obligados a dejar la cátedra, otros como Francisco Rosas Portocarero, René "Cristo" García Cruz y hasta Bertín Flores prefirieron acomodarse a la nueva situación, plegar sus banderas y doblar la nuca para contentar a los nuevos amos de la Universidad. Bertín Flores fue convertido en "autoridad" y posteriormente en "Decano" de la Facultad de Educación. En tiempos normales Flores no hubiera pasado de auxiliar de cátedra.

Mientras tanto el PC se fue fortaleciendo en los sindicatos. La llegada de Velasco al poder, las nuevas leyes laborales y el reconocimiento oficial de la CGTP hicieron que se acercaran a la FDTA y al partido un buen contingente de cuadros obreros y dirigentes sindicales como David Sobenes (*), Fabián Idme, Gabino Arenas, Modesto Mamani, Francisco Vargas, José Ames, Liberto Rodas, Tito Lima, etc.

 
50 años después
 


La desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista debilitó las fuerzas revolucionarias en todas partes. En Arequipa, las dos facciones: oficial y oficiosa del partido comunista (peruano y del Perú-“Patria Roja”) hoy no suman ni la mitad de lo que fue en 1960. Ambos carecen de líderes de la talla de Moisés Butrón, Enrique Zapater o Augusto Chávez Bedoya.

Horacio Zevallos, fue una bendición para “Patria Roja”. De discurso sectario, limitado a la “lucha contra el revisionismo”, la URSS, Vietnam y Cuba, y siempre acompañado de un fusil de juguete, logró que un buen contingente de maestros engrosara las filas de su partido solo por simpatía a él. Su condición de fundador del SUTEP, conductor de una prolongada y exitosa huelga magisterial, su destierro y muerte hicieron que “Patria Roja” lo elevara a los altares fabricando a su alrededor una aureola santurrona de “mártir”, fallecido por causa de “las torturas inflingidas por la dictadura fascista de Velasco”.

Hoy, a pesar de los esfuerzos reunificadores de enero del 2002 los fantasmas siguen siendo los mismos. “Patria” ha sido un permanente factor de desestabilización en un hipotético camino a la unidad, por la arrogancia de sus jefes, sus rencores estúpidos, rivalidades desfasadas, complejo de gran partido, o por, el control exclusivo de la Derrama Magisterial.

Su animosidad de entonces (con razón o sin razón) hacia Manuel Guillén Benavides hicieron que durante las jornadas de junio del 2002 (para unos "La gesta de Junio" y para otros "el arequipazo) boicotearan el paro general, frustrando una solución definitiva al problema de EGASA. Por culpa de sus miedos, disfrazados de “principios”, abandonaron la lucha sólo porque, a su juicio, Guillén o era un oportunista (hoy, octubre del 2013, piensan lo contrario) o no era lo suficientemente revolucionario para conducir la lucha del Frente Amplio llamado FACA. 

Esa táctica, ejecutada por los trotskistas en la España de 1936 resquebrajaron el FACA no permitiendo presentar un bloque sólido para las conversaciones con la delegación de “alto nivel” enviada por el gobierno de Toledo. Con la defección de “PR”, el Frente se debilitó, el SUTE vaciló y se tuvo que aceptar una “transacción”, negociada, que no satisfizo a nadie, pero que solucionó el impasse. Se accedió a esa salida tramposa que hoy está causando idénticos problemas, porque no había otra escapatoria.

Eso no fue lo último. Para las elecciones municipales y regionales de ese año Patria bajo la piel de “Nueva Izquierda”, extorsionó con la inscripción legal del nombre “MNI” proponiéndole al PCP “integrar” las listas electorales “a partir del quinto lugar”. Es verdad que los dirigentes del PCP se embarcaron en otro proyecto electoral con “joyitas” politiqueras locales y con disidentes de Patria oscureciendo el panorama político. Igual, es cierto, que la gente de Guillén los embrolló para, finalmente, retirarse de las elecciones, dejándolos sin piso; pero también es cierto que el papel de Patria no fue claro, no hubo una comunicación de pares con el PCP. 

Patria hizo “alianza” con el MNI en una jugarreta politiquera “clásica” como si el PC del P “Patria Roja” y el Movimiento Nueva Izquierda fueran entes políticos diferentes. Las conversaciones de los PPCC nunca se iniciaron. Al final el fracaso fue estrepitoso para ambos. El PCP, al menos “se ganó alguito” en la Municipalidad de Cayma, el distrito “chic” de Arequipa donde salieron elegidos sus militantes.

El sectarismo autosuficiente de los dirigentes locales de Patria Roja es tan absurdo que, pese a la pública autocrítica de Alberto Moreno (un tipo democráticamente conversable) en el programa “Sin Patrones” de Canal 9 de TV sobre la actuación de “PR.” contra el gobierno del general Velasco, la dirigencia local sigue con la monserga antivelasquista “porque Horacio lo combatió” glorificando el “20 de noviembre”, efemérides del progrom parafascista que protagonizaron las huestes maoistas contra ese gobierno.

“Patria Roja”, a pesar de estar en retirada en la UNSA, aún posee algunos santuarios e interviene en algunas cofradías agustinas; también, controla burocráticamente una facción del SUTEP y sobretodo la Derrama Magisterial, pero nada más, ni menos, tampoco. Patria se ha convertido, para los medios, en el partido de la izquierda respetable que el sistema necesita como referente ante la inercia del PC. Otros medios lo promuevan como causal de conflictos para alegría del sector "ultra" o "zeballista" que le gusta oficiar de "revolucionario". Pero eso aquí, en Arequipa, ya pasó.

Por su parte el PC no es ni pálido reflejo de lo que fue, no digamos el 60, sino el 80 o 90. La FDTA, su principal frente de masas, no es ni sombra de lo que fue en el siglo pasado. El "arequipazo" fue el estertor de su historia. Su viejo local de la calle Santa Catalina ya no es más la casa de los trabajadores pues fue convertido, hace años, primero en salón de bailes chicha, a gestión seguida, Máximo Villalobos lo excavó en busca de un “tapado”, Valentín Zegarra lo cambió a taberna y Luis Saraya no tuvo mejor idea que dedicarlo a la enseñanza de marinera norteña, a vista y paciencia de la dirigencia arequipeña del PCP.

 

 



Saraya López, por consejo de terceros, ingresó a las filas del partido no para militar sino para que lo eligieran secretario general de la FDTA. De discurso atropellado, enredado, casi ininteligible Saraya tenía todo menos carisma. Fue un tipo de decisiones personales y estuvo rodeado de una cohorte interesada de colaboradores encabezados por Isabel Sánchez, la cajera de la Federación. Este séquito, en establecidas circunstancias, le dio mayoría en el Comité Ejecutivo, para sortear algún peligro, proveniente de algunos sectores del propio PCP que querían licenciarlo, fastidiados por su sinuosa conducta pues, alegan, que este habría hecho algunos tratos con autoridades y empresarios a cambio de beneficios personales a espaldas del partido y la Federación. Hoy es funcionario del Gobierno Regional.

Tres años después el comité ejecutivo (junta directiva) de la FDTA fue cambiado. A Saraya le sucedió Gerónimo López Sevillano el exsecretario general de Construcción Civil. La presencia en Arequipa de este personaje es un misterio, ni sus biógrafos pueden establecer su origen, de él nadie sabe nada. López hace lo que le da la gana, desde declarar disparates a la prensa, hasta ser candidato de otros partidos. El sentido de la oportunidad de este exmuchacho hace colegir que está obsesionado por llegar o al Parlamento, al Gobierno Regional o a alguna Municipalidad, no importa cómo.

Gerónimo López es un tipo déspota. Se cree el escogido, el único, el iluminado, capaz de realizar trabajos que ya por ocho años los viene realizando. Claro que los "trabajos" que hace no los haría cualquiera o no tendría estómago para hacerlos. La arrogancia de este chico no tiene límites. 

López no tiene sindicato que lo respalde, avale o patrocine pues del Sindicato de Trabajadores en Construcción Civil de Arequipa (STCC) lo expulsó hace varios años por causales administrativas y económicas; sin embargo, él sigue teniendo todo el poder a pesar de que en su relación con la FDTA existe un agujero negro. Cuando fue secretario general de Construcción desafilió al sindicato de la Federación manteniendo un artificioso conflicto que muchos culpaban a una presunta (o no tan "presunta") pasada militancia en el Partido Unificado Mariateguista (PUM) en alternancia con "Bandera Roja".


Durante ese "agujero negro" López prohibió por varios años a los afiliados del STCC participar de las actividades de la FDTA, sean estas protestas, desfiles, aniversarios o de otra índole. López, se convirtió en un dolor de cabeza por su posición díscola. Tuvo que venir José Luis Risco a "poner orden" o calmar las aguas para que de alguna forma el gremio de los albañiles "regresara" a la FDTA. Un tiempo después, cuando avizoró la posibilidad de llegar al cargo más alto de la FDTA: regresó, tanto por la coyuntura que le daba la resistencia a Saraya como por la presión del poder de Construcción Civil.

Durante los sucesos de Junio del 2002 ("arequipazo"), López mantuvo a Construcción Civil en un estado de abierta beligerancia contra la central regional. Incluso el Partido Comunista, dirigido entonces por Carlos Rivera Guzmán, y al que decía pertenecer López, fue blanco de sus ataques y sus desplantes.

Ciertamente, en junio del 2002, los trabajadores arequipeños se levantaron contra la privatización de las empresas hidroenergéticas de la región. La FDTA se opuso a esta medida y convocó al mayor número de organizaciones sociales y políticas desde el “Frente Amplio Cívico Arequipa” (FACA), llamando al pueblo a luchar contra esta desafortunada medida. La protesta hizo retroceder al gobierno y este desistió de la privatización. Esa fue la última gran batalla política de los trabajadores arequipeños. Y el merito fue de su máxima central: la FDTA. Durante estos sucesos López y Construcción, lo mismo que el SUTEP, exigieron "cupo" aparte, mejor dicho representación independiente, y caminaron por su cuenta.

Diez años después de junio del 2002, la FDTA, esta ahora dirigida por Gerónimo López y por tres periodos consecutivos. La querida central de los trabajadores de Arequipa no es más una organización independiente de clase, ahora solo es parte o está diluida en una Coordinadora Político Social que es la portátil, sostén, y parachoques político del presidente del gobierno regional de Arequipa, J.M. Guillén Benavides.

Como que los tiempos han cambiado para mal, el viejo local de Santa Catalina 404, reconstruida por obreros arequipeños contratados por el gobierno regional, ha sido convertido, ahora, en un bellísimo palacete donde casi no concurren los sindicatos sino clubes de madres o del vaso de leche, asociaciones "civiles" y, últimamente, virtuales empresarios de inmobiliarias ofreciendo lotes de terreno por invadir tanto en Majes como en Quequeña. 

En el viejo local ya no existe el calor amical ni el ambiente de compañerismo que existía unas décadas atrás. La Secretaría General no es ya el ambiente del compañero, el camarada, el amigo de los trabajadores, ahora es la oficina privada, bien implementada con tecnología de punta, del burócrata cómodamente instalado y con una oficina alterna, al lado o en la antesala de la "oficina" donde funciona la mesa de partes de una desconocida empresa inmobiliaria, que proporciona información acerca de futuras urbanizaciones o áreas libres de terrenos "para urbanizar" o por invadir.

Esta oficina está atendida por gente que habría sido contratada por el gerente de vivienda, saneamiento y construcción del Gobierno Regional de Arequipa y titulador de lotes recién "adquiridos" o invadidos. 

La virtual o intencionada desaparición del partido comunista como vanguardia organizada de la clase obrera, ha determinado que los trabajadores no vean a la FTDA como una organización suya. Ahora ellos ya no enfrentan más, políticamente, al patrón. Ya no se ha vuelto a insistir en el carácter de clase de la organización sindical. Ahora, de vez en cuando, se reclaman mejoras salariales que ni siquiera son atendidas por el compañero gerente de trabajo del Gobierno Regional, pese a que estas reclamaciones son cada vez más estrictamente laborales y ya no propuestas políticas.

La relación entre el secretario general de la FDTA y el gerente de trabajo resulta surrealista donde el primero pide y el segundo niega a pesar de que ambos hablan el mismo idioma por pertenecer a la misma tienda política. En la práctica, ambos están de acuerdo, razón por la cual no se ha solucionado ninguna petición de ningún sindicato importante como Cerro Verde, Alicorp, Orcopampa, La Ibérica, Kola Real, solo para citar algunos, habiendo, ambos, hecho morder a los trabajadores el polvo de la derrota,

El reloj de la historia ha retrocedido al punto donde empezó la lucha. Hoy de vez en cuando se pelea por alguna demanda económica y casi nunca se arranca un triunfo a los patrones. Ahora la palabra “socialismo” que puso los pelos de punta a los empresarios capitalistas no se le ha vuelto a escuchar. Los trabajadores volvieron a ser solo trabajadores. La mejor muestra de todo esto ha sido el último congreso de la FDTA, vacío de contenido, pero si, lleno de bocaditos, cocteles, discursos sobones y triunfalistas. Y unanimidades y aclamaciones. Faltaba más.

Capítulo aparte merece el Sindicato de Construcción Civil. Este sindicato fue hechura del PC, su pilar histórico, su columna de hierro, su Guardia Obrera, porque fueron comunistas como Bernardo Linares Fajardo, Hermógenes Sullca, Valentín Pacho, Eduardo Chevarría, Gabino Arenas y Justo Ramos, entre otros, quienes lo pusieron en el sitial que aún goza hoy. Ellos y su partido le dieron la fuerza que tiene, para bien de su clase y de su pueblo.

Sin militancia activa, sin nuevos dirigentes, sin relevo, el PC de hoy es el partido de las celebraciones y de recuerdos melancólicos, como este. Las inteligencias que lo dirigen creen que mirándose de vez en cuando para comentar “las últimas” en el local de la FDTA, ya están “militando” o “dirigiendo” una organización que, de existir, tendría plena vigencia, porque el marxismo está cada día más vigoroso, lo mismo el leninismo, a despecho de quienes han declarado su defunción.

Los que han perdido la fe en el porvenir del socialismo deberían saber que lo que ha fracasado es el capitalismo, liberalismo, neo liberalismo o como quieran llamarlo. El capitalismo no da para más. Lo que pasa en el Perú es sólo una muestra. El imperialismo está cada día más prepotente y matón por la desaparición de la Unión Soviética si no, estaría con el rabo entre las piernas. Hoy más que nunca se hace necesaria la presencia de un partido marxista-leninista moderno, capaz de personificar el pasado glorioso del socialismo y de interpretar el anhelo de los trabajadores en el futuro. 
 


El "arequipazo"
 

 


En junio del 2002, los trabajadores y el pueblo de Arequipa, guiados por la FDTA, se levantaron contra el intento de privatizar las empresas hidroenergéticas: Egasa, Egesur y Sedapar, dispuesta por el gobierno de Alejandro Toledo, pese a que firmó, siendo candidato, un compromiso con la central obrera en el sentido que no lo haría. Toledo, ya presidente, no honró palabra ni firma y la FDTA convocó al mayor número de organizaciones sociales y políticas en lo que se denominó “Frente Amplio Cívico Arequipa (FACA)" e hizo un llamado al pueblo arequipeño para enfrentar la política privatizadora de la administración toledista.

Al llamado del Frente Amplio se sumó el alcalde de la ciudad Juan Manuel Guillén Benavides, hoy presidente reelecto del gobierno regional y, luego, el 90% de los alcaldes del Departamento. El FACA y los municipios decretaron el mayor y contundente paro general de la historia de Arequipa. La Federación, se convirtió, una vez más, en el caudillo colectivo del levantamiento popular logrando la mayor victoria cualitativa de la historia social del Perú: impedir la privatización de las empresas energéticas. El pueblo se levantó como un puño y de la forma que mejor lo sabe hacer, construyendo barricadas y tomando las carreteras y el aeropuerto. Después de varios días de lucha en las calles, luego de dos muertos y cientos de heridos, el 19 de junio el gobierno retrocedió en su determinación. 

Este levantamiento fue, repetimos, cualitativamente superior a otros, porque cuestionó la base misma del sistema capitalista: la propiedad privada sobre los medios de producción. Los trabajadores se enfrentaron directamente contra los dictados del capitalismo internacional. Nuestro pueblo, esa vez, estuvo más unido que nunca a través de un grito “Arequipa Dignidad”, una canción: “Entonemos un himno de gloria” y una bandera granate o roja de la ciudad. Pero, lo que más unió a los arequipeños fue la oposición a la sola idea que sus empresas fueran entregadas a capitales privados extranjeros. Esa fue la última gran batalla política de los trabajadores arequipeños y el merito fue de su máxima central: la FDTA.

Nueve años después la FDTA ya no es la misma. La virtual desaparición del Partido Comunista como vanguardia organizada de la clase obrera ha determinado que los trabajadores no enfrenten más, políticamente, al patrón. Ya no se ha vuelto a insistir en el carácter de clase de la organización sindical y ahora solo se reclama mejoras salariales. Estas reclamaciones son cada vez más estrictamente laborales y ya no propuestas políticas. 

El reloj de la historia ha retrocedido al punto donde empezó la lucha. De vez en cuando se pelea por democracia y libertad y se arranca uno que otro triunfo, pero transitorio siempre. Finalmente, la palabra “socialismo” que fue el leit motiv de su organización y su lucha y que puso los pelos de punta a los empresarios capitalistas, no se le ha vuelto a escuchar. Los trabajadores volvieron a ser solo trabajadores.

Como que los tiempos han cambiado para mal, su local, la vieja y señorial casona colonial de Santa Catalina 404, reconstruida por obreros arequipeños contratados por el gobierno regional, ha sido convertido ahora en un bellísimo palacete donde casi no concurren los sindicatos sino clubes de madres o del vaso de leche, asociaciones "civiles" y, últimamente, virtuales empresarios "del campo y la ciudad" ofreciendo lotes de terreno tanto en Majes como en Quequeña. 

En el viejo local ya no existe el calor amical ni el ambiente de compañerismo que existía unas décadas atrás. La Secretaría General no es ya el ambiente del compañero, el amigo, el camarada de los trabajadores, ahora es la oficina privada, bien implementada con tecnología moderna del burócrata cómodamente instalado, con una oficina alterna, al lado o en la antesala, donde funciona la mesa de partes de una empresa desconocida, que proporciona información acerca del futuro de Majes Siguas 2 y, "de paso", también, inscribe a futuros beneficiarios de la posible irrigación. Quien estaría detrás de esta empresa sería el flamante Gerente de Vivienda, Saneamiento y Construcción del Gobierno Regional de Arequipa (1).
 


El camarada Max
 


A Enrique Zapater, se le conocía mejor como “el camarada Max”. Muchos evocan hasta hoy su facha de “agente comunista” de películas norteamericanas de los 40, por sus enormes ojos de conspirador insomne, su nariz de beduino y su bigote de galán pelado. Enrique caminaba siempre de prisa, apurado, asido a un raído cartapacio negro lleno de papeles amarillos y recuerdos. Era un tipo muy especial. Tenía un carisma sui géneris, una extraña capacidad de convencimiento, una tenacidad irritante. Su calidad de funcionario gratuito del partido lo hacía muy querido entre los jóvenes.

Como muchos de su generación admiraba sobre todo a Stalin por su gestión al frente de la Unión Soviética. Cuando después del XX Congreso del PCUS se puso de moda la crítica al estalinismo, él lo defendía, inclusive en los eventos orgánicos, argumentando que, de no ser por Stalin y el Ejercito Rojo, el mundo estaría bajo las botas del fascismo. Resaltaba muy hábilmente el rol decisivo del dirigente soviético en la II Guerra Mundial, justificaba los “juicios de Moscú” y citaba reiterativamente “Cuestiones del leninismo”. Finalmente, no disimulaba su antipatía por la nueva jerarquía soviética, principalmente por Nikita Jrushov. Este hecho posiblemente le llevó a alinearse, por un momento y que luego lamentó, con José Sotomayor y la gente que en enero del 64 rompió con el partido por razones ideológicas.

Enrique era el “comisario” oficial encargado de juramentar a quienes ingresaban al partido o a la JCP por la solemnidad que le imponía. Recibía a los nuevos camaradas con un “bienvenido a la lucha y al sacrificio” y encima los arengaba a luchar por el pueblo trabajador, en particular por la clase obrera, la arenga terminaba con la cantinela “primero el partido, segundo, tercero el partido, cuarto todo lo demás”. Finalmente, mirando fijo a los ojos de los futuros camaradas, los conminaba sutilmente “nadie les ha obligado a enrolarse, aún están a tiempo de no hacerlo, pues, no hemos tratado nada que valga la pena”, si ninguno abandonaba (nadie lo iba a hacer pues el hombre inspiraba temor), continuaba “Juráis... etc” leyendo lo que decían los estatutos para la ocasión.

“Los Estatutos” que tenía el camarada Max era una recopilación de páginas viejas en una especie de archivo que se caía a pedazos y concluía “bien camaradas, ustedes se han alistado en la vanguardia del proletariado. Al partido no se renuncia. Del partido nadie sale, ¡Bienvenidos al Partido!”. A manera de brindis se ponía a canturrear alguna tonada revolucionaria, casi siempre “por praderas y montañas”, su canción favorita. Al día siguiente convocaba nuevamente a los jóvenes para programar la agenda del “circulo” para toda la semana: estudio de las categorías del materialismo dialéctico, aprender “la varsoviana”. Programar la campaña mural con la última consigna del partido, las cotizaciones, la asamblea, el mitin.

Max se esmeraba en el orden lógico que se debería llevar en la sesión: saludo (con el puño en alto), el minuto conspirativo, la dirección de debates, los informes (internacional, nacional, local), orden del día, debate, conclusiones, tareas, contraseña. Cual desfasado comisario del Ejército Rojo o del Quinto Regimiento español, Max tomaba nota de cada palabra que escuchaba para aclarar amigablemente al ponente si este le caía bien o para rebatirlo implacablemente si fuera lo contrario, intervenía por cada camarada poniendo y quitando palabras a sus intervenciones.

A comienzos de los 60’s se hizo muy común la crítica a Stalin en conferencias, congresos o eventos mayores. Enrique Zapater se negó a admitirlo saliéndose del discurso y el libreto oficial. Cuando los camaradas solían hacer referencias descalificadoras del líder soviético él asumía su defensa. Eran famosas sus broncas con el gordo Gallegos, un joven de 17 años, integrante del circulo “Martí” de la Ranchería, a quien le tenía especial ojeriza porque sus intervenciones eran particularmente provocadoras, despiadadas y demoledoras. Pensaba el camarada Antonio (Gallegos) que “el burocratismo” se estaba instalando en la organización juvenil del PC. No le importaba utilizar lenguaje no convencional, medio troskista, para referirse a los camaradas que criticaba. Zapater se desesperaba al ver la mano del gordo levantada, pidiendo la palabra. Si se la daban, Zapater hacía todo lo posible para interrumpirlo con el socorrido “cuestión de orden camarada” exigiendo su derecho a réplica, haciendo aclaraciones o, finalmente, imponiendo su autoridad.

Enrique Zapater era obsesivo con la puntualidad de las reuniones, sea la cita en la Plaza de Armas o en el Huayco. Más relajado era Raúl “Cacho” Lozada. Cuando ambos se juntaban eran el agua y aceite. Enrique se amargaba si alguien llegaba con 20 segundos de retrazo, el Cacho no, era el típico conciliador. Zapater renegaba, maldecía, se quejaba, Lozada pasaba la mano. Al final ambos terminaban en la picantería de alguna comadre que el Cacho tenía, generalmente en San Lázaro, donde compartían unas chichas con los camaradas de la reunión, aunque esta fracasara. La amargura no se le quitaba a Enrique hasta el tercer vaso de chicha o cerveza que invitaba Lozada. A partir de allí comenzada el concierto, las canciones revolucionarias iban desfilando una a una: “La Morena”, “Catalina”, “Los 4 Generales”, “El 5to. Regimiento” o "Por praderas y montañas" y "La varsoviana" las que todos íbamos aprendiendo. Enrique era incansable, repasaba unas 20 canciones y cantaba hasta enronquecer. La reunión terminaba cuando al camarada Max se le acababa la voz.
 

 

 

 

Suplemento


Un aproximado de la militancia real de la

 

Juventud Comunista del 60 al 64.

 

01. Oscar Chávez Arangoitia,
02. Luis García Colmenares (Blanco),
03. Ventura Zegarra Arana,
04. Luis Ordóñez Carrera,
05. Héctor Ballón Lozada,
06. Pedro Bolívar San Jorge
07. Benjamín Ordóñez Valverde
08. Orlando Pérez Coronado
09. Luis Pérez Coronado
10. Rosa del Carpio Gallegos
11. Teresa Dávila
12. Alfonso Vásquez Urday,
13. Mauro Irigoyen,
14. Luciano Álvarez Vásquez,
15. Daniel Neyra Salinas,
16. Teodoro Carrasco Carrasco,
17. Marcial Chalco Reyes,

18. Sigifredo Zegarra Tejada
19. Hernán Peñafiel Berlanga
20. César Salas Corzo,
21. Magdiel Gonzáles Ojeda
22. Jaime Salas Medina,

23. César Monroy Castro (Barbachán)
24. Luis Flores (Hess)
25. Leonardo Lazo Medina,

26. Marlene Salas Butrón

27. Augusto Cayro
28. Jorge Sotelo,
29. Luis Gallegos Portugal,
30. Daniel Espinoza Sumerinde,
31. Emilio (Pucho) Alarcón,
32. Darío Chalco Reyes,
33. Alonso Morante,
34. Freddy Delgado Díaz,
35. Víctor Sacca Abusada,
36. Hugo Huerto Rebaza,
37. Rosa Huerto Rebaza,
38. Raúl Acosta Ampuero
39. Lucila Acosta Lavera
40. Víctor Acosta Lavera
41. Enrique Aguirre Valdez
42. Róger Aguirre Valdez,
43. Víctor Medina Rivera,
44. José Alarcón Fuentes,
45. Raúl Sotomayor
46. Edmundo Paredes del Carpio,
47. Alejandro Valdivia Ballón,
48. Elard Valdivia Ballón,
49. Guadalupe Valdivia Ballón,
50. José Valdivia Ballón

51. Fernando Rivera Postigo
52. José Oblitas,
53. José Untama
54. Rodolfo Castro Pérez,
55. María Castro Pérez,
56. César Jesús Ojeda Casapía
57. José Suárez Torreblanca,

58. Carlos Gallegos Portugal,
59. Miguel Baldárrago Umpire
60. Carlos Rosas Villanueva,
61. Emilio Rosas Villanueva,
62. Vicente Mendoza Pinedo
63. Sonia Mendoza Pinedo,
64. Luis Alberto Delgado Béjar,
65. Martín Mestas Chura,
66. Alberto Palomino Andrade,
67. Sixto Osco,
68. Melitón Paredes
69. Luis Gutiérrez Cuadros,
70. Honorio Medina,
71. Guido Silva Mares,
72. Rodolfo Ponce Vélez,
73. Francisco del Carpio,
74. Fedor Jiménez,
75. Víctor Cadenas Velásquez,

76. Mario Arce Muñoz,
77. Félix Benavente Canales,
78. Olger Layme Mendoza,
79. Mario Layme Mendoza
80. Walter Márquez
81. Plácido Granda,
82. Virginia Medina Rivera,
83. Soledad Maldonado Sedano,
84. Rosa Flor Cuellar,
85. Nicolás Calla Paredes,
86. Pedro Álvarez Bejarano,
87. Julio Llerena Gamero,
88. Luis Málaga Rodríguez,
89. Raymundo Orihuela Melo
90. José Luis Callo Quispe,
91. Rafael Manchego Paredes,
92. Manuel Álvarez (Cachito),
93. Teddy Zegarra,
94. Duilio Quequezana Villanueva,
95. Leopoldo Ordóñez Valverde,
96. Róbinson Carpio Acosta,
97. Rigavi Gamarra Collado,
98. Francisco Chávez Lauro,
99. Francisca Cárdenas,
100. Renán Ochoa Oré.

 

101. Leonidas León Esquieros,
102. Valentín Pacho Quispe,
103. Wálter Medina Rueda,
104. Arturo Díaz Huerta,
105. Federico Andrade
106. Raúl Corrales (Tauro),
107. Carlos Rivera Guzmán (Guaguito).
108. Hélder Zanabria Camacho
109. Cristina Ramos
110. ................ ( Cachicho)
111. Luis Orihuela Málaga (Marat)
112. Julio José Fuentes
113. Silvia Huamán,
114. Marlene Díaz

115. Zoilo Orihuela Málaga

01. Augusto Mendoza Pinedo,

02. Jorge Añacata Gómez
03. Angel Fernandez Hernani Becerra

 

 

 

 

 

Datos tomados de las fichas de inscripción individual, tomados de la Secretaria de Organización del Comité Regional de Arequipa del PCP, hasta diciembre de 1965.

Héctor Ballón fue 30 años catedrático de la Escuela de Sociología de la UNSA y su Director.  Tiene publicados una veintena de libros sobre sociología.

Luis Alberto Delgado Béjar fue Constituyente en 1980;

Marcial Chalco Reyes fue congresista nacional

Valentín Pacho fue Senador de la República, Secretario General y Presidente de la CGTP. Actualmente es Subsecretario General de la Federación Sindical Mundial (FSM) con sede en Atenas.
Luis Gutiérrez Cuadros, fue el controvertido prefecto de Arequipa que reprimió el levantamiento de Junio del 2002.
Edmundo Paredes fue, también, prefecto (pacificador) de Arequipa durante el gobierno de Alejandro Toledo.

Jeús Ojeda Casapía fue suprefecto de Arequipa en el gobierno de Toledo.

Angel Fernadez Hernani Becerra fue Vocal Supremo durante el decenio de Fujimori.

Magdiel Gonzáles, fue miembro del Tribunal Constitucional y por poco tiempo subsecretario general del PC
Jaime Salas Medina, fue dos veces Presidente de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, luego vocal de la Corte Suprema; finalmente Presidente del Jurado Especial Electoral de Arequipa.

Martín Mestas Chura fue dos veces decano de la Facultad de Educación de la UNSA.

Julio José Fuente fue Director de la Escuela de Sociología. Es actualmente catedrático en la Escuela de Sociología de la UNSA

José Suárez Torreblanca y Julio Llerena Gamero fueron los dos últimos médicos legistas del Ministerio Público

 

Se tiene informes que Oscar Chávez Arangoitia y Renán Ochoa Oré murieron en acciones militares de Sendero Luminoso

 

Murieron de muerte natural José Alarcón, Francisca Cárdenas, Rosa Flor Cuellar, Guido Silva, Arturo Díaz, Luis Málaga y Augusto Mendoza Pineda