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El reino de la cutra

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ÁNGEL PAEZ

FEBRERO2019

 

“Las delaciones de los exejecutivos de Odebrecht confirman que la corrupción en el gobierno de Alan García no es un invento comunista”.

El exfuncionario de Odebrecht en el Perú Sergio Nogueira Panicali confesó que su empresa y sus socias Graña y Montero, ICCGSA y JJC, pagaron 45 millones de dólares en sobornos para ganar la adjudicación de los tramos 2 y 3 de la Interoceánica Sur. Del total, Alejandro Toledo se levantó 20 millones por su posición de exjefe de Estado, y el resto fue distribuido entre funcionarios públicos de su gobierno que contribuyeron en la consumación del delito. Lo relatado por Nogueira confirma que en el patrón de corrupción de la obra pública de presupuesto millonario, se lleva la mayor parte el que por su extraordinaria ubicación en el aparato estatal está en condiciones de direccionar los contratos. Como lo han dicho Nogueira y otros exejecutivos brasileños, Odebrecht no ofrecía la cutra. Se la pedían.

Quiere decir que para asegurarse la adjudicación de los tramos 2 y 3 de la Interoceánica del Sur, Odebrecht no solo tuvo que coimear a funcionarios del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y de Provías Nacional -y probablemente también a los congresistas que aprobaron una ley ad hoc para levantar la prohibición que existía sobre la constructora brasileña que le impedía contratar con el Estado- sino también al expresidente Toledo. Según la reciente experiencia, en un caso de megacorrupción es muy difícil que un mandatario no se entere de nada. Dejar hacer, o dejar pasar, son también actos de corrupción.

La exministra de Finanzas de Nigeria Ngozi Okonjo-Iweala relata en sus memorias Luchar contra la corrupción es peligroso (2018), que las grandes fortunas de los exmandatarios de su país se debían a que personalmente encabezaban las organizaciones criminales que robaban los fondos públicos. El reportero del periódico argentino La Nación, Diego Cabot, narra en su libro Los Cuadernos (2018) cómo apuntes de las libretas de un chofer de un alto funcionario permitieron destapar que empresarios de la construcción pagaban sobornos a Néstor Kirchner y Cristina Fernández a cambio de la asignación de multimillonarios proyectos.

En el caso del Tren de Lima se repitió el mismo formato, empezando por la presencia de la corrupta Odebrecht. El exviceministro y los exintegrantes del comité de licitación involucrados hasta el momento, no podrían haber actuado por su cuenta y riesgo, sin la aprobación de Palacio de Gobierno, donde Jorge Barata solía ser un invitado especial durante el mandato aprista. Las delaciones de los exejecutivos de Odebrecht confirman que la corrupción en el gobierno de Alan García no es un invento comunista.

 

 

 

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