Las Naciones Unidas desde 1973 vienen aprobando resoluciones para que Puerto Rico pueda obtener su independencia.

Puerto Rico es una espina clavada en el talón de Aquiles del Imperio

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JORGE GRELA

 

 

 

   

No le tengo miedo a las confrontaciones
porque yo me crié con invasiones
y como las hormigas si tengo mala suerte
defiendo mi hormiguero hasta la muerte
Residente de Calle 13

 

Poco antes de abandonar la Casa Blanca, el presidente Obama sorprendió otorgando el indulto al independentista portorriqueño Oscar López Rivera. Condenado a 70 años de cárcel, llevaba detenido en cárceles norteamericanas desde 1981. Oscar López Rivera, nacido en 1943, al regresar de la Guerra de Vietnam se incorpora a la lucha por la independencia de su país.

Cabe destacar que Puerto Rico, territorio bajo control yanqui desde la guerra contra España a finales del siglo XIX, nunca fue anexionado sino que la administración de Washington usó el estrafalario formulismo de “estado libre asociado” para definir su estatus. De esa forma pretendió neutralizar la lucha contra la descolonización, cosa que no logró ya que las Naciones Unidas desde 1973 vienen aprobando resoluciones para que Puerto Rico pueda obtener su independencia. Más aún, el 18 de junio de 2012, el Comité de Descolonización de la ONU aprobó una resolución, promovida por Cuba, en la que pedía reconocer el derecho a la independencia y autodeterminación de Puerto Rico e instaba a la liberación de los independentistas prisioneros en Estados Unidos. Declaraciones que EEUU se ha negado sistemáticamente siquiera a considerar. El movimiento por la independencia del pueblo boricua [1] se ha mantenido pese a amenazas, sobornos, detenciones y asesinatos implementados por los mandamases del Imperio.

¿Qué está sucediendo ahora para que Barak Obama dicte este indulto? ¿Es que Obama pese a incumplir todas las promesas en temas de derechos humanos, de las cuales el cierre de Guantánamo es sólo la más conocida, quiere hacer honor al Premio Nobel de la Paz que tan inmerecidamente recibió? No parece que al ya expresidente le importe demasiado la coherencia en temas de defensa de la paz y los derechos humanos. ¿Entonces?

Más aún, cómo es posible que importantes funcionarios del gobierno de Puerto Rico hayan estado apoyando la petición de libertad para el preso político más antiguo del continente? No sólo que decenas de miles de portorriqueños han firmado, sino que hasta el propio Gobernador Alejandro García lo hizo y además, Twitter mediante, publicitó la necesidad de que se produzca esta liberación.

Dicen que Bill Clinton tenía en su despacho un cartel que decía más o menos así “Es la economía, idiota, la economía”. Bill el simpático constructor de muros fronterizos, risueño impulsor de guerras y sonriente sostén del neoliberalismo mundial.

Quizá para comprender esta decisión de Obama, haya que adentrarse en la problemática de la deuda gigantesca de la administración portorriqueña. En la primera mitad del año pasado Ricardo Alarcón de Quesada publicó en Resumen Latinoamericano un interesante artículo titulado “Puerto Rico, el final de una farsa”. En él indica que “La crisis económica de la isla, consecuencia del fracaso del modelo económico que se le impuso, había conducido a una deuda colosal y la insolvencia.

 

Las autoridades locales quisieron encontrar remedios por sí mismas imaginando que tenían capacidad para hacerlo (…) La Corte Suprema, el Congreso y la Administración norteamericana solemnemente y en términos inequívocos dijeron lo que los patriotas nunca se cansaron de denunciar: Puerto Rico carece de soberanía propia y está sujeta completamente a los poderes de Washington, o sea, es una posesión norteamericana, un territorio colonial.”

 

Tan claro quedó todo que hasta quienes miraban hacia otro lado en el tema comenzaron a acercarse a los independentistas. Un peligro para el “establisment”. Puestos en la encrucijada de la ruina económica, los proyanquis de Puerto Rico tenían dos alternativas. O bien se acercaban a quienes habían combatido feroz y no siempre limpiamente, o bien acentuaban la exigencia de que Puerto Rico pase a ser un estado más de los EEUU.

 

Pero su voz ya no tiene el crédito de antaño. El amo de la Casa Blanca los había dejado malparados. Necesitan señales que los ponga otra vez en la onda de la credibilidad. El impulso de la liberación de Oscar López Rivera se puede ver enmarcado en esta táctica. Por ello el actual gobernador, Ricardo Rosselló, avala el indulto a López Rivera.

Puerto Rico y la lucha por su independencia son una espina clavada en el talón de Aquiles del Imperio, y la coyuntura sociopolítica anima a quienes desarrollan esta idea.

 
 

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