Lo mismo que Vallejo en el Perú, el poeta más grande de Turquía fue comunista

Nazim Hikmet

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JUNIO2018

 

 

Autobiografía escrita en Berlín RDA el 11 de Setiembre de 1961


Nací en 1902.
Jamás he vuelto a mi ciudad natal.
No me gusta volver atrás.
A los tres años, en Halep, ejercité la profesión de nieto de pachá,
a los diecinueve la de estudiante en la universidad de Moscú,
a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú:
y desde los catorce años escribo poesías.
Hay hombres que conocen mil variedades de hierbas, otros
conocen variedades de peces,
yo, de separaciones.
Hay hombres que saben de memoria el nombre de cada estrella,
yo, el de las nostalgias.
He dormido en las cárceles y en los grandes hoteles.
He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado
incluido el de la huelga de hambre.
A los treinta años han querido ahorcarme,
a los cuarenta y ocho quisieron concederme la medalla de la Paz
y me la concedieron.
A los treinta y seis, necesité seis meses para recorrer
cuatro metros cuadrados de sombrío hormigón.
A los cincuenta y nueve, en dieciocho horas, volé
desde Praga a La Habana.
En 1951, en un mar, en compañía de un amigo,
anduve sobre la muerte.
En 1952, con un corazón cascado, tendido sobre la espalda,
esperé la muerte más de cuatro meses.
Fui locamente celoso de las mujeres a las que amé.
No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Charlot.
Engañé a mis mujeres.
Nunca hablé mal detrás de mis amigos.
He bebido, sin llegar nunca a borrachín.
Siempre con el sudor de mi frente
gané mi dinero. ¡Qué suerte para mí!
Sentí vergüenza ajena. Mentí.
Mentí por piedad.
Pero nunca dije mentiras porque sí.
He montado en tren, en avión, en coche.
La mayoría no lo consigue.
He ido a la ópera.
La mayoría no consigue ir
a la mezquita, la iglesia, el templo, la sinagoga, los hechiceros;
ni siquiera ha oído hablar de la ópera.
Sin embrago, desde los veintiún años no voy
a muchos sitios adonde va la mayoría,
pero suelo hacerme leer el porvenir
en los posos del café.
Mis escritos están impresos en cuarenta idiomas
y prohibidos en mi Turquía, en mi propia lengua.
No tengo aún el cáncer,
tampoco es obligación padecerlo.
Nunca seré primer ministro ni cosa parecida,
tampoco me gustaría serlo.
No fui a la guerra
Pero tampoco bajé a los refugios en medio de la noche.
No me arrastré en las carreteras
huyendo de los aviones que vuelan a ras de tierra.
Cerca de los sesenta me enamoré locamente.
En pocas palabras, amigos míos
Aunque esté hoy en Berlín muriendo de nostalgia,
puedo afirmar
que he vivido como un hombre.
En el tiempo que me queda por vivir
¿qué podrá ocurrirme aún?
Chi lo sá?

 

   

Nazim Hikmet Ran

El gran poeta turco, es una de las más altas voces líricas en todo el mundo, considerado como el poeta en lengua turca más destacado del Siglo XX. Sus ideas revolucionarias lo llevaron a vivir la mitad de su vida en la cárcel y el exilio.Fue mucho más que un renovador de la literatura turca, censurado durante muchos años por su militancia comunista, hubo de escribir el grueso de su obra en condiciones muy difíciles. Aun así, hoy es reconocido como uno de los grandes renovadores de la poesía turca contemporánea.
Síntesis biográfica

Nació en la ciudad de Salónica, actualmente Tesalónica, en Grecia el 20 de noviembre de 1901. Uno de sus abuelos fue poeta; descendiente de un matrimonio conformado por un alto funcionario imperial, su padre, Nazım Hikmet Bey, y su madre, Ayşe Dshalila, una reconocida pintora.
Infancia y juventud
Asistió al instituto francés Galatasaray de Estambul y a la escuela naval de Turquía, aunque no llegó a embarcarse a causa de su estado de salud. Tiempo después, en 1921, impresionado por la Revolución rusa, viajó a la Unión Soviética y se adhirió al Partido Comunista turco. Estudió Sociología y Ciencias Económicas en la Universidad de Moscú.
A fines de 1924, regresó a Estambul y comenzó a integrar la redacción del diario “Aydinlink” (“Claridad”), una publicación perteneciente al Partido Comunista que, en Febrero de 1925, fue clausurado. En ese contexto, quienes trabajaban en el mencionado medio fueron detenidos y procesados a excepción de Hikmet, quien logró huir a la ciudad de Esmirna. Sin embargo, fue juzgado en rebeldía y condenado a 15 años de prisión, por lo que, en Septiembre de 1925, volvió a escaparse a la Unión Soviética, donde tomó parte en la creación de un teatro-estudio (METLA), que desapareció en Marzo de 1927. Al año siguiente, Hikmet regresó a Turquía y, tras pasar seis meses encarcelado, se dedicó a escribir poemas, relatos, novelas, artículos y ensayos para el diario “Akşam”.
Tras sumar experiencia como redactor de la revista “Resimli Ay” (“Mensual Ilustrado”), del cual también formó parte del comité de redacción de la revista vanguardista, se dedicó a cultivar su faceta como poeta y en 1929 publicó sus libros de poemas 835 líneas, La Gioconda y Si-Ya-U. En esta época conoce a su futura primera esposa, Pirayé, contaba apenas con 22 años.
Un año más tarde en 1930 publica dos nuevos poemarios, Varan 3 (Y van 3) y 1+1=2, el segundo en colaboración con Nail V. (Nail Çakirhan); en 1931, La ciudad que perdió la voz, ilustrada por Abidin Dino; y, en 1932, la antología poética Telegrama nocturno, y ¿Por qué se ha suicidado Benerci?. También escribió obras teatrales: Kafatası (El cráneo) y La casa de un muerto, estrenadas ambas en Estambul en 1932.
En prisión
En 1933, Hikmet fue llevado a prisión debido a una acusación en su contra vinculada a la asociación ilegal y a la implantación del régimen soviético pero, dos años más tarde, fue beneficiado con una amnistía general. En 1938, este turco que ya había publicado los poemas narrativos La epopeya del jeque Bedreddin (Şeyh Bedrettin Destanı, 1936) ), en la que glosa la figura de un líder religioso revolucionario del Siglo XIV; y Cartas a Taranta Babd (Taranta Babu'ya Mektuplar, 1935), contra la intervención fascista en Etiopía por las tropas de Mussolini y recogido en Commune en Marzo de 1936; fue condenado a 28 años y 4 meses de prisión y pasó doce años en la cárcel. Durante su permanencia en prisión contrajo matrimonio con su prima Münevver Andaç (fue su segundo matrimonio).
En la cárcel escribió sus Poemas de las 22-23 horas; su estilo libre y la alternancia de verso, prosa y diálogo, que, en cierta manera, prefiguran ese nuevo género que se propone fundar con su obra más ambiciosa, que redactará durante sus largos años de cárcel: "Paisajes humanos de mi país", en la que se proponía retratar a su pueblo en diferentes momentos históricos.
En 1935 publica además la novela La sangre no habla, así como varias obras dramáticas y otros poemarios. Durante su encarcelamiento estaba prohibida la publicación y circulación de sus obras, por lo que, en lo que al teatro se refiere, las firmaba con seudónimo: es el caso de Ferhât y Sirin, Sabâhat y Yûsuf y Züleilâ.
En 1951, gracias a una importante movilización internacional para pedir su liberación, consiguió la amnistía. En ese contexto, despojado de su nacionalidad turca, abandona su país de forma definitiva y se exilia como ciudadano polaco.
En 1957
publicó su más famosa obra "Duro oficio el exilio".
Su obra fue prohibida. No dejó nunca de escribir poesía, aunque ésta sólo pudo ser conocida después de su muerte, ya que en Turquía, privado de nacionalidad, su obra estaba severamente prohibida y su nombre proscrito. Hubo que esperar a finales de la década de 1960 para que su obra completa, caracterizada tanto por un intenso lirismo como por su compromiso, fragmentada y dispersa en infinidad de publicaciones extranjeras, comenzara a aparecer en su país.
Nazim nunca se doblegó ante la tiranía. No consiguieron acabar con él; resistió y permaneció fiel a las ideas revolucionarias "aún teniendo los brazos atados a la espalda, y la espalda pegada al corazón".
Gran cantor de su patria y de la lucha por la justicia, su sensibilidad nos legó así mismo hermosos poemas de amor. Su obra está muy influenciada por la poesía de Maiakovski y de los Futuristas rusos.
Su obra, por tanto, está escrita en las condiciones más adversas, con un pie en la cárcel y otro en el exilio, y eso marca indeleblemente sus versos.

 

 

 

 

 

 

DESDE LAS CUATRO CÁRCELES


POEMA Nº 2


Estoy extraordinariamente contento de haber venido al mundo,
amo su tierra, su luz, su lucha y su pan.

A pesar de conocer hasta el centímetro la medida de su circunferencia
y de saber que no es más que un juguete al lado del sol el mundo es increíblemente inmenso para mí.

Hubiese deseado recorrer el mundo, ver los peces, las frutas, los astros que no he visto y, sin embargo, solamente en los libros y los mapas viajé por Europa.

No he recibido ni siquiera una carta con su sello azul matado en Asia.

Lo mismo yo que el tendero de mi barrio somos totalmente desconocidos en América.

Pero qué importa: desde la China a España, desde el cabo de Buena Esperanza a Alaska, en cada milla marina, en cada kilómetro tengo amigos y enemigos.

Amigos que no nos hemos saludado ni una vez siquiera sin embargo, podríamos morir por el mismo pan, la misma libertad la misma nostalgia.

Y enemigos sedientos de mi sangre como yo sediento de la suya.

Mi fuerza: es que no estoy solo en este inmenso mundo.

El mundo y sus hombres no son ningún secreto para mi corazón, ningún enigma para mi ciencia.



Nazim Hikmet (Salónica, 1901- Moscú, 1963)
 

 

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