El Frente Amplio y las primarias ciudadanas

¡Votaré por Verónica Mendoza!

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 Nelson Manrique

 

 

 

 

Las elecciones primarias abiertas convocadas para el 4 de octubre por el Frente Amplio, en las que cualquier ciudadano o ciudadana podrá participar mostrando su DNI para elegir al candidato o la candidata que debe representar a la izquierda en la próximas elecciones generales del 2016, constituyen un paso adelante en la construcción de una democracia representativa.

Los riesgos y las dificultades son grandes. Un proyecto así requiere la movilización de miles de activistas a nivel nacional, para las tareas de propaganda y difusión, coordinar acciones, conseguir locales para la votación y acondicionarlos, supervisar la corrección de las elecciones, etc., pero de esa forma se construye organización. Aun así la convocatoria se limitará a las provincias donde las organizaciones integrantes del Frente Amplio tienen presencia, lo cual dejará fuera a muchos que quisieran participar en el Perú y el extranjero y no podrán hacerlo, una limitación inevitable en un proyecto pionero. Será necesario asimismo enfrentar el escepticismo y la apatía a la que invitan dos décadas de intentos unitarios de izquierda frustrados.

Es imprescindible romper por alguna parte los círculos viciosos en que se debate nuestro sistema político. Las objeciones a la propuesta son varias y tienen un innegable grado de verdad. Por una parte, se trata de elecciones de un sector y no de toda la izquierda. A pesar de que la convocatoria era abierta hay un significativo sector de movimientos y líderes que no participarán, y en ciertos casos desarrollarán sus propias elecciones primarias más adelante, como el movimiento Únete por otra democracia.

 

Lo importante es que esta práctica, perfectible en el tiempo, se consagre como la forma en que las organizaciones designen a sus candidatos. Que haya dos primarias en la izquierda no anula la posibilidad de una candidatura única. Una vez que los movimientos más importantes definan sus candidatos será más fácil conversar, intentando llegar a acuerdos unitarios o, si eso es imposible, lograr compromisos que eviten los enfrentamientos fratricidas.

Otras críticas se concentran en las obvias dificultades para hacer elecciones primarias convincentes en un país donde la institucionalidad es precaria. Hay una triste herencia de vicios y malas prácticas que podrían hacerse presentes, convirtiendo las elecciones en una caricatura, frustrando los intentos de constituir una representación verdaderamente democrática. Por eso muchos de los críticos de la iniciativa sostienen que primero es necesario construir verdaderos partidos políticos como prerrequisito para acometer la realización de elecciones primarias.

Este es un círculo vicioso: no existen partidos, pero estos no existirán en tanto no exista una práctica política sistemática y, sobre todo, sostenida en el tiempo. Una práctica así supone no solo movilización, planes, programas y plataformas de lucha, sino la construcción de estructuras organizativas permanentes y liderazgos reconocidos, capaces de condensar la voluntad política necesaria para emprender cualquier intento serio de transformación social. Es otro círculo vicioso apostar al activismo de los movimientos sociales y al mismo tiempo descalificar a las organizaciones políticas y los líderes que se acercan a ellos, acusándolos de intentar aprovecharse oportunistamente de la movilización. La desconfianza frente a “lo político” termina despolitizando la acción social.

Todo movimiento social es por definición limitado en el tiempo y, si no da lugar a la construcción de estructuras orgánicas permanentes (movimientos, frentes, partidos), terminará inevitablemente agotándose. Hemos tenido numerosos ejemplos de esto durante los últimos años en múltiples movimientos juveniles que desplegaron gran fuerza y entusiasmo, pero fueron incapaces de mantener su impulso y trascender más allá de la coyuntura en que nacieron. Las organizaciones se constituyen en la movilización social, sea esta reivindicativa o de construcción de canales de representación y de expresión de la voluntad ciudadana (prensa, frentes, partidos) y deben durar.

Una elección nacional brinda una oportunidad de movilizarse no solo para construir representación y poder sino también organizaciones políticas capaces de dar continuidad en el tiempo a la acción política. Es estéril la oposición que se construye entre las movilizaciones reivindicativas y la movilización electoral. Lo que debiera anudarlas es la existencia de organizaciones políticas construidas en la acción. En la medida en que nos comprometamos contribuiremos a construir organización y a superar la crisis de institucionalidad en que se debate la democracia peruana.

 

Votaré por Verónika Mendoza.

 

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