México lindo y querido

La revolución pasiva de López Obrador

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Gustavo Gordillo

       

02 de junio de 2018

 

 

 

Cambio de régimen. Los rasgos centrales de la coyuntra que se abrió a finales de los años 90 han sido: la creciente división entre las élites económicas, políticas e intelectuales, y el sistemático desmantelamiento de los mecanismos propios del poder del Estado para responder a los reclamos sociales.

Abandono. Este sentimiento de desamparo de muchos ciudadanos lleva a la desesperanza o a la rabia. La gente se siente abandonada por el gobierno. Quien mejor entendió este sentimiento, a partir de su incesante peregrinar por el país, fue López Obrador. Pero para que esto ocurriera se dio un hecho central: la triple derrota de las élites económicas, políticas e intelectuales.

La corta transición. Lo que siguió a partir de 1997 no fue una continuidad bajo la conducción de otro partido. Lo que ha ocurrido ha sido una consistente decadencia donde el centro político se desmadeja, una emancipación gradual y discontinua, tanto de las entidades federativas como de franjas de la sociedad, al tiempo que opera la colonización de franjas del aparato estatal o de territorio nacional por un sinnúmero de poderes fácticos.

Crisis orgánica. Es importante resaltar las dos causas de crisis orgánica citadas por Gramsci en sus Cuadernos de la la cárcel (1975): el fracaso de la clase dirigente en alguna causa política de envergadura y la acción consciente de éstas en torno a reivindicaciones que constituyen en sí mismas una revolución. La triple derrota fueron la reforma económica, que no trajo bienestar, ni crecimiento económico; la reforma de la seguridad pública, que se convirtió en una política fallida en materia de combate al crimen organizado enlutando a miles de familias mexicanas, y la reforma política, que desembocó en una democracia frágil e inestable donde la cereza del pastel, el sistema de partidos, terminó en contubernio oligárquico. En vez de contrapesos y división de poderes, captura de franjas del Estado por poderes fácticos a pesar de que han comenzado a despuntar una gran gama de organizaciones ciudadanas así como instancias del Estado como la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Revolución pasiva. Estas crisis orgánicas se resuelven por medio de una revolución pasiva, que es el proceso a través del cual la esfera más consolidada del poder político y económico recupera una parte de las demandas de los gobernados quitándoles su iniciativa política. Esta revolución sin revolución, supone que la supremacía de un grupo social se expresa en dos formas, como dominio y como dirección intelectual y moral. Se vincula lo anterior con el término de transformismo, que es una forma de absorción de las élites de grupos antagónicos, primero por una vía molecular y luego por la incorporación de segmentos de esas élites. El ejercicio del transformismo tiene desde luego el propósito de alimentar a la élite dirigente, pero también busca decapitar la capacidad dirigente de las élites opositoras. Es decir, intenta bloquear el surgimiento de un polo orgánico opositor.

La revolución pasiva de AMLO. En el contexto de esta crisis orgánica la estrategia de López Obrador basada en la construcción de Morena tiene esa idea del transformismo. Éste se alimenta de la atracción intelectual y emotiva de quienes se sienten marginados y desamparados, así como del transfuguismo desde otros partidos o movimientos. De ahí personajes tan disímbolos en esta coalición en ciernes. La pregunta es cómo gobernaría esa coalición en caso de que ganara las elecciones. Esas serán las reflexiones que me gustaría continuar en mi siguiente entrega.

No puedo dejar de mencionar a Carlos Pereyra en el 30 aniversario de su muerte. Pereyra fue una de las mas importantes influencias políticas e ideológicas en la izquierda democrática. Su bonhomía, rigor conceptual y honestidad intelectual me marcaron de por vida.

 

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