La pluma venenosa de José Ignacio Beteta

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Martin Yauri Cruz

 

 

 

Un imbécil como José Ignacio Beteta, Director de Contribuyentes por Respeto, pretende confundirnos y mostrarnos al igual que los seudo sindicatos de las mafias que están al servicio de su clase.

 

Este tipo que escribe en el diario El Comercio, el mayor concentrador de medios y donde se desvirtúa la información favoreciendo a los capitalistas, debería empezar hablando que la rata de Alan García permitió la creación de los sindicatos mafiosos que no tienen nada que ver con nuestros sindicatos de clase donde luchamos contra el sistema capitalista neoliberal y este tipo de periodismo basura para poder sacar adelante a nuestras familias.

Habla de los compañeros de Lindley por no querer, según este idiota, trabajar horas extras para los damnificados, no tiene idea ni cuantas botellas se producen por hora pero da una opinión antojadiza típico de un servil del capitalismo, buscando desprestigiar al sindicato.

 

Tenemos que salir a tumbar al sistema que según él es bueno, claro por que de ahí come este sinvergüenza, al parecer no quiere ver que en Chile el sistema neoliberal se cae a pedazos porque esta comprobado que no es sostenible.

Si el sindicalismo esta mermado es por la constitución neoliberal del 93 que seguro el defiende a capa y espada, debemos erradicar este tipo de prensa basura que nos hace daño al pueblo, pretenden taparnos los ojos mientras q acaban de saquear el país.

Es hora de salir a las calles y enfrentar a estos vendepatria y recuperar la soberanía del país.

 

 

Modernización sindical: algunas precisiones
Enrique Fernández-Maldonado Mujica

Diario UNO el mayo 8, 2017


José Ignacio Beteta publicó esta semana una columna donde reclama “a la CGTP y nuestros sindicatos (…) se conviertan en organizaciones democráticas, transparentes y técnicas, que dialoguen con una mirada de apertura” (“Modernización sindical”. El Comercio, 3/05/17). Se basa en los siguientes cuestionamientos: a) la negativa dedos centrales sindicales de participar en el CNTPE; b) los conflictos generados por un mejor reparto de utilidades; y c) la formación de “sindicatos” mafiosos.

Ciertamente se requiere una modernización sindical, pero no por las razones que esgrime Beteta. El retiro de las centrales sindicales del CNTPE no es gratuito: es en protesta por el incumplimiento de PPK de sus compromisos electorales. Específicamente, el de no flexibilizar (más) la legislación laboral. Los proyectos presentados por el MTPE van en esa línea. Quedarse en el foro tripartito avalaría tal política.

Segundo. Los reclamos por un mejor reparto de utilidades son justos y están amparados por ley. Que un sindicato (en este caso el de Southern Perú) tenga que recurrir a una huelga, expresaría la resistencia de su empleador para distribuir proporcionalmente las ganancias. La oposición del sindicato de Corporación Lindley (Coca Cola y otras) a trabajar horas extras, en el contexto de la emergencia, dice más del tipo de “filantropía” que estaría queriendo proyectarla empresa, a costa del descanso de sus trabajadores.

En tercer lugar, la aparición de “sindicatos”vinculados con el hampa y la extorsión (aunque creciente) es marginal. Es más: viene siendo denunciada hace años por la propia CGTP, que en repetidas oportunidades ha solicitado al MTPE la eliminación del registro sindical de estas organizaciones. Pero ni el gobierno de Ollanta ni el actual acusan parte.

¿Qué modernización sindical se necesita? Una que implique un recambio generacional y de liderazgos. Que adapte su organización a la nueva estructura económica. Que aproveche las nuevas tecnologías para la incidencia política y social. Que se capacite para proponer alternativas de políticas públicas. Que mantenga firmes sus principios, y los adecúe al nuevo escenario global.

 

Modernización sindical, por José Ignacio Beteta

Que llegue pronto el día en que nuestros sindicatos se conviertan en organizaciones democráticas, transparentes y técnicas.

Modernización sindical, por José Ignacio Beteta

Diversos grupos sindicales se reunieron en la plaza Dos de Mayo para participar en la marcha de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) por el Día del Trabajo. (Lino Chipana / El Comercio)

 

 

 

 

 
José Ignacio Beteta
 

La modernización de nuestros sindicatos de trabajadores está en marcha. 

La Confederación Nacional de Trabajadores del Perú (CGTP) acaba de suspender su participación en el Consejo Nacional de Trabajo (CNT), espacio en el que se venían debatiendo diversas reformas. Las razones no pudieron ser más técnicas. Según su presidente, Gerónimo López, la Confiep gobierna el Ministerio de Trabajo y seguramente los ministros o empresarios no podrían vivir con S/850. De hecho, en un comunicado oficial, la CGTP ya había anticipado su decisión con un discurso similar. “El empresariado no está dispuesto a ceder para modificar esta nefasta legislación porque esta [se] ajusta a los intereses y objetivos del proceso de acumulación del gran capital”.

Sin embargo, les aseguro que nadie ha quedado en ‘shock’ ni con la noticia ni con las excusas esgrimidas. Hace semanas que nos venían preparando para un evento así.

El 17 de marzo, por ejemplo, el sindicato de trabajadores de la compañía Lindley se negó a trabajar horas extra, básicas para atender la demanda de agua y la necesidad de ayuda humanitaria en medio de El Niño costero. La razón: según sus líderes, el año anterior la empresa había tenido utilidades históricas, y como aún estaban negociando cuánto más debían recibir los trabajadores por este concepto, no trabajarían ni una hora más. Incluso amenazaron “a los afiliados que incumplan las medidas adoptadas [pues] se les aplicará el reglamento de disciplina”.

En abril, casi 3.000 trabajadores sindicalizados de la minera Southern estuvieron en huelga (declarada ilegal por el Ministerio de Trabajo). “Estamos afincados –afirmaba José Espejo, dirigente del sindicato– en cada lado de la línea férrea porque no vamos a dejar que pase el tren”. El motivo: percibir también un porcentaje mayor de utilidades. Para conseguir su meta, bloquearon el tren y, por lo tanto, detuvieron la producción que justamente genera las utilidades que reclaman.

Pero si su enfoque vanguardista sobre estos temas financieros fuera poco para confirmar que nuestros sindicatos van en la senda correcta, analicemos el desempeño de sus políticas anticorrupción. En diciembre del año pasado, se descubrió una mafia –dirigida nada menos que por Gerson Gálvez, ‘Caracol’– que había constituido un sindicato de trabajadores en el Callao. Este sindicato, por cierto, implementaba un mecanismo bastante común en el puerto: cobraba cupos y extorsionaba a sus trabajadores para permitir que diversas obras, como la ampliación de la Costa Verde y el muelle de minerales de la Base Naval, se ejecuten.

O recordemos Chilca, en donde se conformó otro sindicato para implementar el mismo modus operandi, pero esta vez para traficar con terrenos públicos o privados. El sindicato 15 de Enero, alrededor del cual se articulaban autoridades públicas, policías corruptos, sicarios, extorsionadores y traficantes de terrenos, servía como una organización de soporte para causar zozobra y miedo en la población de este distrito.

Sí, estimado lector, he sido irónico. No hay ninguna modernización sindical en marcha. Pero la ironía revela también cierto grado de indignación. Si todos nos esforzamos a trompicones por construir un país más democrático, moderno y transparente, bajo la perspectiva de un modelo económico e institucional que, aún con ciertos vacíos y ajustes pendientes, funciona bien, ¿por qué no podemos exigirle exactamente lo mismo a nuestras organizaciones sindicales? ¿Por qué les permitimos hacer lo mismo y ser más de lo mismo cada 1 de mayo?

Estoy seguro de que después de leer estas líneas sentirá el mismo anhelo que yo: que llegue pronto el día en que nuestros sindicatos se conviertan en organizaciones democráticas, transparentes y técnicas, que dialoguen con una mirada de apertura. Lo penoso es que la CGTP y nuestros sindicatos nos recuerdan todos los días que ese día está lejos. Muy lejos.

 

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