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Vizcarra y el neoliberalismo

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NELSON MANRIQUE

MARZO2019

 

La lucha contra la corrupción no va a servir de caballo de Troya para enmascarar una ofensiva antipopular. Ese es el mensaje que los gremios laborales están haciendo llegar a Vizcarra.

La reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos registra un quiebre en pleno despliegue en la relación entre el presidente Martín Vizcarra y los peruanos. Las cifras son contundentes. En enero su aprobación superaba por más del doble a su desaprobación: 60% contra 29%. Para marzo, en apenas dos meses, su aprobación ha caído 16 puntos y su desaprobación ha subido 14. Hoy quienes aprueban y quienes desaprueban a Vizcarra están estadísticamente empatados: 44% y 43%, respectivamente.

La caída de la popularidad presidencial debiera analizarse en el contexto de dos variables que hoy ocupan un lugar fundamental: la lucha contra la corrupción y la atención a las demandas sociales embalsadas, que en esos días están dramáticamente ilustradas por el conflicto entre el consorcio chino que explota Las Bambas y las comunidades de la región de Apurímac.

Existe un discurso, ampliamente difundido por los políticos y analistas que frecuentan los programas políticos de la TV limeña, que sostiene que la gente quiere trabajo, más ingresos, mayor seguridad y que el gobierno debiera desentenderse de la corrupción y concentrarse en mejorar la situación de los peruanos. Con ligeras variantes es lo que demandan Alan García, Keiko Fujimori y otros que temen que las declaraciones de los testigos del caso Lava Jato pudieran ponerlos en evidencia. ¿Refleja esto las demandas de la población? Por fortuna existe evidencia empírica para contestar esta pregunta.

En la encuesta del IEP se preguntó a los encuestados si el gobierno debiera dejar la lucha contra la corrupción en manos de la fiscalía y el poder judicial para concentrarse en la reactivación económica, la seguridad ciudadana y otros temas urgentes para el país. Aprobaron esta propuesta el 21% de los encuestados. Pero un contundente 71% opinó que el gobierno debe mantener su lucha contra la corrupción y a la vez poner más atención a la reactivación de la economía, a mejorar la seguridad ciudadana y otros temas urgentes para el país. El cuento de que a Alan García le interesa la desnutrición infantil y que el gobierno debiera desentenderse de la corrupción y dedicarse a combatir la anemia no ha funcionado.

El intento de los políticos y empresarios corruptos de desviar la atención, de la lucha contra la corrupción hacia “cosas más urgentes”, ha fracasado. La lucha contra la corrupción sigue siendo la causa que convoca a la más amplia unidad nacional. La encuesta del IEP la coloca, junto con la realización del referéndum para sacar adelante las reformas jurídicas y políticas que propone el gobierno, como los logros más valorados del presidente Vizcarra.

La derecha política y económica vendió al gobierno el discurso de que el respaldo popular que el presidente obtuvo con su iniciativa en la lucha contra la corrupción debiera aprovecharlo para “completar las reformas necesarias” (siempre se trata de las necesarias para los empresarios, claro), o sea implementar plenamente el programa neoliberal: “flexibilización” laboral, más privatizaciones, impunidad para los empresarios corruptos. Lo que estamos viviendo en estos días es el fracaso de este proyecto. La lucha contra la corrupción no va a servir de caballo de Troya para enmascarar una ofensiva antipopular. Ese es el mensaje que los gremios laborales están haciendo llegar al gobierno de Martín Vizcarra en el campo y la ciudad. Debiera escucharlo, ahora que comienza a rondarlo la soledad.

 

 

 

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