Los editores

 

.

Una oferta que no podrás rechazar

©

Nelson Manrique

 

 

 

 

 

La largamente anunciada caída de Alejandro Toledo por recibir sobornos debería abrir un nuevo capítulo en la lucha anticorrupción. Hay, sin embargo, un justificado escepticismo con que eso suceda.

Toledo es, entre los expresidentes comprometidos en el cobro de sobornos de Odebrecht, el lado débil de la pita. Durante los últimos años una mezcla de frivolidad, torpeza y soberbia lo fue indisponiendo hasta con aquellos que alguna vez fueron sus socios y aliados. El 1.5 % de votación que obtuvo en la reciente elección selló su carrera como político y su próxima detención por corrupción liquidará a “Perú Posible” hasta como logo para negociar. Está pues listo para someterlo a los rigores de la ley.

No es muy distinto el escenario que enfrenta Ollanta Humala. A diferencia de la década que ha transcurrido desde que Toledo abandonó Palacio de Gobierno, apenas ha pasado un semestre desde que Humala abandonó el poder. Eso da una medida de la velocidad con que logró cavar el magnífico aislamiento en el que ahora se encuentra.

Humala y Toledo son por eso los candidatos perfectos para canalizar la demanda popular de justicia, dejando impunes a los otros protagonistas.


El escándalo podría involucrar al presidente Kuczynski; todo depende de qué haya declarado el responsable de distribuir los sobornos en el Perú, Jorge Barata. PPK tiene como antecedente en contra haber sido ministro de economía de Alejandro Toledo y su primer ministro cuando se firmó el cuestionado contrato para la construcción de la Carretera Interoceánica Sur, de la que fue uno de los gestores.

Es por haber recibido 20 millones de dólares de soborno (11 millones de los cuales ya han sido ubicados en una cuenta perteneciente a Josef Maiman) por la suscripción de este proyecto que Toledo está a punto de ir a prisión. PPK incorporó además al mero Jorge Barata como director de la ONG Asociación Empresarial para el Desarrollo Rural, que fundó luego de abandonar el gobierno de Toledo, e incorporó en el mismo cargo al presidente del directorio de la constructora Graña y Montero, José Graña Miro Quesada, socio de la constructora Odebrecht. Elementos que justifican una investigación.

Otra es la situación de Alan García. Este se siente tan seguro que se da el lujo de enviar este mensaje en Twitter, a raíz de la caída de Toledo: “Fariseos. Hipócritas. Tanto hablaron de corrupción y terminan siendo ellos los verdaderos megacorruptos”. Más allá de la indignación que este mensaje ha provocado en las redes sociales y de las explicaciones psiquiátricas que se le han propuesto, lo cierto es que García se siente seguro, y puede ampararse en que el poder judicial lo investigó durante años sin encontrar ninguna evidencia de desbalance patrimonial de su parte, como ha consignado en su página.

El pequeño detalle que no menciona es que las investigaciones fueron conducidas por José Peláez Bardales, entonces fiscal de la Nación, un personaje que ha pasado a la historia por batir récords archivando investigaciones que comprometían a los dirigentes apristas, con momentos tan destacados como los escándalos inmobiliarios (incluyendo la venta de local del Ministerio de Educación, sin contar con un lugar donde colocar al personal), los petroaudios, los narcoindultos, etc.


Cuenta, por otra parte, la experiencia. Luego de librarse de las acusaciones penales por corrupción que acumuló durante su primer gobierno acogiéndose a la prescripción, va a ser muy difícil encontrar a García como titular de actos de corrupción, y siempre habrá algún personaje subalterno que cargue con las penas. Si se toma como ejemplo los sobornos en el Metro de Lima, hasta hoy los responsables son personajes de la segundilla del Apra: Jorge Cuba, Miguel Ángel Navarro y Edwin Luyo.

Aparentemente se puede llegar hasta Enrique Cornejo pero va a ser difícil ir más allá. Y puede añadirse a esto las prácticas mafiosas cuya proliferación es abonada por la impunidad largamente consentida. Moverse en el lado oscuro de la realidad, como por ejemplo vendiendo conmutaciones de penas a narcotraficantes y criminales de alta peligrosidad, da contactos y nuevas habilidades, útiles en estas coyunturas.

Luis Davelouis narra una anécdota que debe ser profundamente meditada: “Cuando uno de los detenidos del caso Odebrecht era transportado al penal, un sujeto que se hizo pasar por periodista se le acercó y le dijo: ‘Tú no vas a decir nada, ¿ya? Porque ya sabes lo que pasa’.

 

Hoy, ese detenido solo come lo que le llevan de su casa y renunció a ser colaborador eficaz”

 
 

www.jornaldearequipa.com