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Versión de parte

¿Se divide el Frente Amplio?

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Nelson Manrique

 

 

Visité a Carlos Iván Degregori una semana antes de su muerte. Habíamos militado juntos durante un tiempo. “¿Te acuerdas por qué nos dividimos, Carlos Iván?”, le pregunté. Su respuesta fue una carcajada; las discrepancias que en su momento parecían decisivas habían quedado reducidas a insignificancias. Recuerdo siempre esto cuando se sienten aires de ruptura.

El Congreso del Frente Amplio de Lima, realizado este fin de semana, ha ratificado la voluntad unitaria de las bases, mayoritariamente juveniles. El Congreso Nacional, convocado para el próximo fin de semana, debe tener como punto central la unidad. No faltan quienes anuncian una probable ruptura, y hay quienes la empujan abiertamente. Entre los militantes de base esto es motivo de pena y rabia. Tampoco faltan los agoreros a quienes les brillan los ojos: “Se dividen. ¡Yo lo dije!”.

La división fue una posibilidad abierta desde que Verónika Mendoza fue elegida como candidata presidencial del Frente Amplio en una elección ciudadana abierta y Marco Arana decidió acatar ese resultado, enfrentándose a un sector de su propio partido, Tierra y Libertad, que quería patear el tablero e imponer su candidatura a la mala. Este sector venía oponiéndose desde antes a cualquier unidad que no fuera bajo sus banderas y ahora rechaza abrir el Frente Amplio a quienes no forman parte de su partido.

Impulsar la candidatura de Verónika fue una decisión correcta y favorable para todos. Ciertos militantes de TyL afirman que a la izquierda le hubiese ido mejor con Marco Arana como candidato presidencial. Pongamos los pies en tierra: Vero Mendoza obtuvo 2 millones 800 mil votos: la tercera candidatura nacional más votada. Marco Arana postuló a parlamentario por Cajamarca y allí el Frente Amplio obtuvo 43 mil votos, siendo superado en cinco veces por la otra lista de izquierda, Democracia Directa, de Gregorio Santos, que obtuvo 209 mil. Arana obtuvo 8,500 votos, quedando muy por detrás de 5 de los 6 candidatos de Democracia Directa, que obtuvieron entre 12 mil y 23 mil votos cada uno. Si TyL no puede construir un liderazgo con el carisma suficiente para impulsar un proyecto partidario singular con perspectiva de poder, tendrá que ir necesariamente en un frente.

Sin la candidatura de Vero, Tierra y Libertad hubiera perdido su inscripción electoral y no hubiera logrado una representación parlamentaria, como le sucedió a Democracia Directa, a pesar de su alta votación en Cajamarca. Es una triste ironía que congresistas de TyL y sus equipos de asesores parlamentarios, que gracias al arrastre de Vero tienen un sueldo asegurado por los próximos cinco años, mezquinen la propuesta de otorgarle, del dinero que van a aportar para la construcción del frente, una asignación que le permita dedicarse a tiempo completo al trabajo político.

Con la unidad ganamos todos. Tierra y Libertad ha conservado su inscripción legal, se ha reforzado como partido y ha ganado una bancada de 8 a 10 parlamentarios. Vero se consagró como la líder más importante de la izquierda, con capacidad de aglutinar muy amplios sectores progresistas, más allá de los límites de la izquierda, y con una proyección nacional e internacional muy expectante. El Frente Amplio que reconoce a Vero como su líder cuenta también con parlamentarios y con comités organizados en buena parte del país.

Para ciertos líderes regionales de TyL, que han llegado al parlamento como candidatos del Frente Amplio, la ruptura parece tentadora, porque cuentan con la mitad de la bancada del FA y Marco Arana es su vocero electo. Consideran que podrían, además, desplegar una propuesta ecologista depurada, sin la contaminación “socialdemócrata” y “caviar” que denuncian algunos de sus militantes en las redes sociales. A mediano plazo, sin embargo, esta alternativa no pinta bien. 10 congresistas son pocos para sacar adelante cualquier iniciativa parlamentaria sin alianzas. De cerrarse en su proyecto quedarían confinados a una política reactiva: oponerse a los proyectos que amenazan la ecología y la población, sin capacidad de atacar las raíces del problema. Sus líderes más importantes tienen presencia provincial y eso no basta. Ningún líder regional ha logrado saltar al poder nacional sin lograr previamente hacer política y ganar reconocimiento en Lima. Alfonso Barrantes y Carlos Malpica fueron cajamarquinos, pero fue en Lima donde se construyeron como líderes nacionales. Para los parlamentarios que aspiran a la reelección expulsar a los detestados “caviares” (una posición bastante popular hoy) es cerrarse accesos al escenario político limeño.

Empujar una división en estas circunstancias parece profundamente irracional. Lamentablemente como historiador he aprendido que no siempre la historia se escribe sobre decisiones racionales.

 
 

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