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De perros, chacales y ratas

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Nelson Manrique

 

 

 

 

 

“Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. Como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina, pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”. Quien se ha expresado así sobre América Latina no es un cavernícola senador republicano de Mississippi sino el Presidente de la República del Perú, Pedro Pablo Kuczynski (http://bit.ly/2mDdy4a). Y no lo hace en una reunión privada sino en un acto público, en la Universidad de Princeton: “Un público acogedor, más de mil personas me dieron esta medalla”, narra entusiasmado. Redondeando su faena, declara que pidió al gobierno de Venezuela “dar un paso al costado”.

La vergüenza que provoca estas declaraciones en boca del Presidente ha generado agrias condenas en las redes sociales. Indigna la equiparación que PPK hace de Latinoamérica con un perro. Esto se atribuye a su edad, pero un balance de su visita a los Estados Unidos lo muestra en plena posesión de sus facultades, y responsable por tanto de sus actos y sus declaraciones.

Mi impresión es que el problema va por otro lado. No es el presidente de una nación latinoamericana (con la problemática carga histórica que esto supone en las relaciones con el vecino del norte, precisamente cuando se va a construir un muro para partir en dos a América) el que está hablando, sino un gringo conversando con otros gringos, recurriendo a los tópicos con que los gringos suelen caracterizar a sus vecinos del sur: mascotas a sobrellevar, como “un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita”, o problemáticas, como Venezuela, a cuyo gobierno PPK ha pedido “dar un paso al costado”. PPK va a tener que definir de qué lado está su corazón.

En medio del escándalo mundial por la continuación de las denuncias por abusos sexuales perpetrados por curas (aquí tenemos una en Vitarte), el papa Francisco ha decidido suavizar los castigos para los religiosos pedófilos. En resumen, en adelante no se les apartará del sacerdocio (Benedicto XVI expulsó a 800 curas por este motivo), se les sustrae a la justicia y se les condena a “una vida de penitencia y oración y a la prohibición de ejercer públicamente su ministerio”. En otras palabras, se quedan a vivir confortablemente en residencias en Roma, como curas, con la iglesia garantizando su impunidad, como se ha hecho con el monstruo del Sodalicio, Luis Figari, pues “el concepto de la misericordia de Francisco se aplica incluso a los culpables de crímenes atroces”, según ha declarado un portavoz del Vaticano. Es difícil encontrar correspondencia entre esta manera de entender la misericordia, perdonando a quienes sodomizan a niños, desentendiéndose de las víctimas y encubriendo a los victimarios, y la sentencia de Cristo para este crimen: “Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y le arrojen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños” (Lucas 17:2).

En medio de las revelaciones que se van haciendo en el caso Odebrecht, en el Perú prosigue el montaje de los aparatos de encubrimiento, destinados a burlar a la justicia. El escándalo de la semana corrió a cargo de la procuradora Julia Príncipe, que ante la denuncia de una cercanía problemática con la familia Tambini, de filiación aprista y con antecedentes de defensa de narcotraficantes, negó ser la persona retratada en una fotografía comprometedora. Tuvo que retractarse luego, cuando aparecieron otras fotografías, en alguna de las cuales destaca como centro de la reunión Alan García. Los sucesivos retrocesos llegaron hasta las declaraciones de Moisés Tambini, que habla de una entrañable amistad de tres o cuatro décadas. La señorita Príncipe adelantó opinión declarando que no existen elementos que vinculen a Alan García con Odebrecht y ahora ha desautorizado a la procuradora ad-hoc Katherine Ampuero, que evaluaba incorporar a Alan García como investigado. Julia Príncipe es defendida por los apristas y los fujimoristas.

La fiscalía descartó una intervención en Odebrecht y optó por la negociación, a cambio de que la empresa entregue información documentada sobre las coimas. Quien debe entregar esa información es Lourdes Carreño, abogada de Odebrecht en Perú y ex asesora de la Comisión de Indultos y Gracias Presidenciales del segundo gobierno de Alan García, la que otorgó los narcoindultos a 3,200 narcotraficantes y a 1,600 delincuentes de alta peligrosidad, negociado que está impune. Así, los responsables de la corrupción en el metro de Lima terminan siendo funcionarios menores: Jorge Cuba, Edwin Luyo y Miguel Ángel Navarro, mientras las grandes ratas lo pasan en grande (http://bit.ly/2mmFnBM).

 
 

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