La ilusión de los ilusos

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  Fredy León

 

 

 

 

 

 

Y en medio de todo eso, nuestro Partido (PCP) que se mantiene en el anonimato y continúa empecinado en seguir jugando en tercera división, sin ninguna opción real de poder influir en el desarrollo político del país y sin mayores expectativas frente al proceso electoral del 2016.

 

 

 

 

 

 

Acabo de leer el discurso de Marco Arana, virtual candidato presidencial del Frente Amplio, pronunciado en la inauguración de su Congreso, y creo que si lo expuesto en ese discurso va a ser la línea de conducta a seguir por el FA, las izquierdas –todas, sin excepción- están actuando de una manera tan ilusa que no va a resultar extraño que sumen en su historial una nueva y catastrófica derrota política el 2016.

El discurso de Arana demuestra que no tiene la mínima idea de cómo está estructurado el poder político que la derecha maneja en el país y las fuerzas económicas que lo sostienen.

Marco Arana es un dirigente político respetado, honesto y probablemente con buenas intenciones; pero es un pésimo candidato presidencial, falto de carisma, sin arrastre electoral y sin esa sensibilidad política propia de los líderes populares. El 1% que le otorgan las encuestas –más allá de todas las críticas que se puede hacer a la discutible labor que realizan las empresas encuestadoras- es para poner los pelos en punta hasta al más fanático partidario de la candidatura de Arana.

Marco Arana lleva buen tiempo metido en política y durante los últimos 5 años ha venido trabajando de manera activa su candidatura presidencial. En las últimas elecciones municipales y regionales ha mantenido un perfil protagónico, ha participado públicamente apoyando a diferentes candidatos municipales y regionales, con resultados desastrosos. En Cusco, lugar donde impusieron contra viento y marea una lista cerrada bajo el nombre de Tierra y Libertad, su candidato al Gobierno Regional, el Economista Oscar Mollohuanca apenas alcanzó el 5% de la votación. La presencia de Arana en la campaña electoral de Mollohuanca no aportó nada.

La ilusión de Arana –expresado en su discurso- es lograr pasar a la segunda vuelta electoral. Esa es la ilusión de Arana, pero habría que ser demasiado iluso para creer que un hipotético gobierno con esa débil base electoral va a tener la fuerza necesaria para impulsar los grandes cambios que Arana promete en su oferta electoral.

¿Sin mayoría en el Parlamento, sería interesante saber cómo haría Arana para convocar a una nueva Asamblea Constituyente, modificar las políticas neoliberales o cambiar la estructura productiva del país? ¿O es que Arana cree que la derecha peruana es manco, coja y ciega?

La unidad de las izquierdas es importante –y esto parece que no entienden nuestros distinguidos dirigentes- porque debido a las características peculiares de debilidad estructural, dispersión orgánica, carencia de líderes, pérdida de credibilidad y falta de apoyo popular de nuestras izquierdas, solo la unidad nos abre la posibilidad de revertir esa situación y convocar a amplios sectores de la sociedad para construir las fuerzas políticas y sociales que se conviertan en la fuerza impulsora de los cambios que el país necesita.

Para ganar las elecciones necesitamos los votos, pero para gobernar y derrotar el poder de la derecha necesitamos la fuerza organizada del pueblo.

Es lo que hemos venido sosteniendo tercamente. En el país había que construir la unidad de las izquierdas para forjar una nueva mayoría política y social que tome la iniciativa política y pase a la ofensiva en la lucha de masas contra las políticas del gobierno de Ollanta. Había que derrotar primeramente en las calles las políticas neoliberales y luego prepararnos para derrotarlos en las urnas a la derecha neoliberal. Este proceso de construcción de una nueva mayoría política y social nos hubiera permitido crear el escenario político favorable a las fuerzas del cambio para posibilitar a un gobierno de izquierda realizar las grandes transformaciones por las cuales venimos luchando.

En esa perspectiva, no es aventurado afirmar que un hipotético gobierno de Arana sin mayoría parlamentaria, sin una fuerza social organizada y con un movimiento popular en proceso de estancamiento, está condenado de antemano al fracaso.

Pero lo que es grave y genera estupor en quienes vemos la inacción que demuestran las dirigencias partidarias, es que estamos asistiendo no solamente al fracaso de una candidatura que no genera ninguna ilusión, sino al fracaso de todas las izquierdas ensimismadas en una absurda pelea de ilusos para ver quien termina siendo cabeza de ratón.

Los límites que muestra el Frente Amplio son las mismas limitaciones que impiden y lastran las posibilidades del otro sector agrupado en Únete y que va a tener graves problemas para poder procesar una posible candidatura presidencial de Yehude Simon.

Y en medio de todo eso, nuestro Partido que se mantiene en el anonimato y continúa empecinado en seguir jugando en tercera división, sin ninguna opción real de poder influir en el desarrollo político del país y sin mayores expectativas frente al proceso electoral del 2016.

En definitiva cuenta, estamos frente a una izquierda con poca ilusión pero con muchos ilusos.

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

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