Crimen bien organizado

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CÉSAR LÉVANO | Diario UNO

 

 

 

 

El martes 3 se supo que la Primera Fiscalía Corporativa Especializada en Lavado de Activos ha dispuesto que Alan García y su esposa, Pilar Nores, sean investigados por 36 meses más debido a lo complejo del caso, que incluye a 31 personas y numerosas empresas, por lo cual cae en el ámbito de la Ley contra el Crimen Organizado. El jefe de la mafia sería el jefe aprista.

García ha salido a defenderse alegando que no hay pruebas ni indicios contra él y los demás acusados.

Erasmo Reyna, abogado del expresidente esgrime, además, otro argumento: “vincular a un jefe de Estado con un funcionario de cuarta o quinta categoría por el solo hecho de ser jefe de Estado es absolutamente una barbaridad y es parte de la fundamentación del fiscal”.

Endeble y desesperada defensa. Se sabe que la fiscalía cataloga a los coacusados de García en tres niveles. En el primero figuran exministros y jefes: Aurelio Pastor, Hernán Garrido Lecca, José Antonio Chang y Luis Nava, secretario y asesor en Palacio.

No son meros indicios los que pesan sobre ellos. La venta a precio de remate del terreno del Ministerio de Educación, que ahora ocupa espacios desperdigados y destinados a otros fines (de la Biblioteca Nacional y del Ministerio de Cultura), la venta de un terreno ajeno (el de la Aviación Civil, rematado a una empresa chileno-peruana), los negociados con el metro de Lima.

Pregunta ingenua: ¿la empresa Odebrecht iba coimear con millones de dólares a funcionarios de cuarta a quinta categoría?

También en el segundo nivel configurado por la fiscalía hay personajes con poder. Ahí figuran Carlos Arana Vivar, Jorge Barco, Miguel Facundo Chinguel y Umberto Olcese.

Todos los procesados con García son apristas, ¡qué casualidad! todos son compañeros políticos del expresidente. Todos provienen de las filas del partido que las encuestas muestran como el más corrupto de la historia del Perú, y actuaban bajo las órdenes del presidente que es clasificado como el más corrupto, en una galería de mandatarios que avergüenzan al país de Manuel González Prada, y que he llamado la generación podrida.

 

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