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20 millones de dólares y una canción desesperada

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CÉSAR LÉVANO

 

 

 

 

 

Dos expresidentes del Perú que la cárcel aguarda con impaciencia han lanzado mensajes que revelan culpa y temor. Alejandro Toledo, plagiando a Alberto Fujimori, se ha declarado inocente. Se ha pintado como una criatura limpia de todo mal. Nadie le cree. Alan García, por su parte, reestrena su técnica de echar la culpa a otros. “Hipócritas, fariseos”, clamó, aludiendo a Toledo y sus cómplices.

Suena ahí un eco de Baudelaire: “Hipócrita lector, / mi semejante, mi hermano”.

Juristas peruanos que analizan el caso Odebrecht y anexos concluyen que el acusado más débil es Toledo, y el más fuerte, García. Un grave problema de Toledo es que no sabe mentir, y miente con frecuencia. Su falacia reciente (“Soy inocente”) lo confirma.

García, en cambio, es un artista de la mentira y el cinismo. Lo demostró cuando la acusación del italiano Sergio Siragusa lo desenmascaró, con pruebas, de haber recibido coima para la construcción del tren eléctrico de Lima. Luego fue enviado por el Apra a estudiar en La Sorbona de París, pero se dedicó allá a cantar y vagabundear, más que a estudiar.

En esa época, en Lima, el vocal supremo Hugo Sivina confirmó que García había recibido un soborno de 2’835,138 dólares entregados por el consorcio Tralima, formado por cuatro empresas italianas. Ese escándalo ha pasado a la historia judicial y política de Italia.

Ocurrió en esa ocasión que el líder aprista se amparó en el Partido Socialista Italiano, convertido en gran crisol de corruptelas y anticomunismo en complicidad con Washington. No sería extraño, por eso, que en España García esté buscando protección y complicidad del Partido Socialista Obrero Español. El Apra, no lo olvidemos, es miembro de la Internacional Socialista, cuya ala derechista se acomoda con toda clase de componendas.

La prueba mayor de la falsedad de García es su título falso de doctor en derecho, conferido como obsequio de cumpleaños por una argolla de profesores de derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

García suele ampararse en el resultado de investigaciones que lo pesquisaron en el pasado. Siempre resultó favorecido, gracias a la gigantesca red de corrupción aprista. En 2008, año en que el presidente del Congreso era Javier Velásquez Quesquén, el Legislativo investigó una denuncia sobre impedimento legal de Odebrecht, pero el aprismo logró que todo pasara al archivo. García había dado (¿gratis?) su bendición al negociado con Odebrecht que Toledo había iniciado.

 
 

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