Toda concesión a los huelguistas debilitará al Sutep-Patria Roja, que es hoy un muro de contención de la ultraizquierda

De su propia medicina

 

 

Este caballero acusa a los huelgistas de senderistas

 

   

La huelga y sus extraños amigos

©  Mirko Lauer

 

 

En 1970, gobernaba el general Velasco y el Partido Comunista (ortodoxo) controlaba la FENEP (Federación Nacional de Educadores del Perú) donde confluían el SINPES, SINPEP, SINPET, sindicatos de profesores secundarios, primarios y técnicos. El PC apoyaba a Velasco y concordó con él un arreglo sobre el problema magisterial en el marco de la nueva Ley General de Educación. Eran tiempos de "revolución" y definiciones. El partido maoista "Patria Roja" (PR) recién fundado por Gotardo Rojas (Alberto Moreno) urgía de contar con un sindicato poderoso para enfrentar al PC y en base a algunos sindicatos magisteriales dirigidos por Elva Oviedo convocó un paro que fue primero desconocido y luego ninguneado por la FENEP, Patria calificó de traidores a los dirigentes "revisionistas" de la FENEP y el PC denunció que la huelga la promovían el Apra y la ultraizquierda como parte "de la contrarrevolución". En medio del problema surgió la figura del moqueguano Horacio Zeballos, anodina al comienzo, sin embargo, con/por el impulso de "las bases" magisteriales descontentas y el empuje de la dirigencia de Patria Roja con el tiempo este fue adquiriendo dimensión de líder nacional. Patria empezó a crear "sindicatos únicos" (sutes) en base a la experiencia chilena y al "centralismo democrático" los que luego se reunieron en el Cusco fundando, junto al Apra, el SUTEP que convoca un paro nacional el que finalmente acaba con la FENEP, la que subsiste por un tiempo y luego desaparece. El Gobierno crea la FENTEP para sus propios intereses. Esta es la tragedia, lo que esta pasando ahora es la comedia. El artículo de Lauer pareciera escrito para 1970.

 

 

El objetivo político de la huelga magisterial, ahora conducida por la ultraizquierda en varias regiones y que entra a su segundo mes, es reducir la influencia de Patria Roja en el Sutep nacional. En cierto modo, reemplazar esa influencia. El recurso es el mismo que ha puesto a esos grupos en el mapa sindical: radicalizar las exigencias más allá de lo posible.

Patria Roja se defiende haciendo notar que la huelga convoca a un porcentaje muy menor de maestros (¿20%?), y que la huelga que ellos mismos condujeron hace unas pocas semanas ha logrado un significativo aumento salarial, como siempre una plataforma para otros mayores. Pero eso no conmueve a los rivales de su flanco izquierdo.

Los dirigentes del Sutep-Patria Roja plantean que la huelga no es ni remotamente nacional, que sus fines son políticos, que está llevando al magisterio a un callejón sin salida sindical, y que en buena medida está orientada por dirigentes del Movadef, el organismo de fachada de Sendero Luminoso.

Para mantener su margen de radicalidad, los huelguistas están reclamando prácticamente el desmantelamiento de los principales avances de más de 15 años de reforma educativa, un esfuerzo pluripartidario de la democracia peruana. Patria Roja no puede, y a estas alturas es probable que no quiere, competir con eso.

Así Patria Roja aparece arrinconado al lado del gobierno, una posición incómoda frente a la agitación de algunas dirigencias regionales ultra, dedicadas a convertir reclamos razonables en confrontaciones imposibles. Pero a la vez su huelga nacional, declarada indefinida, no tiene visos de poder durar mucho tiempo más.

A la huelga le han salido insólitos, aunque no del todo inesperados aliados, en sectores de la derecha periodística y parlamentaria interesados en poner de rodillas a la ministra de Educación. Son dos retrocesos paralelos. Los enemigos del Sutep apuntan contra la reforma educativa, los periodistas/congresistas contra la Ley de Educación.

El gobierno está en una encrucijada complicada. Toda concesión a los huelguistas debilitará al Sutep-Patria Roja, que es hoy un muro de contención de la ultraizquierda, y radicalizará a una parte de sus bases magisteriales. Pero resistir se le hace difícil cuando debe enfrentar al mismo tiempo problemas en su flanco derecho.

Los enemigos del Sutep apuntan contra la reforma educativa, los periodistas/congresistas contra la Ley de Educación.

 

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