Votar en las elecciones ciudadanas del Frente Amplio y contribuir al surgimiento de una candidatura de izquierda sólo puede ser beneficioso para el país. Incluso si no eres izquierdista.

¡Yo voy con Vero!

Y acá te explico por qué

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 JORGE FRISANCHO / PUBLICADO en LA MULA el: 02-10-2015

 

 

 

 

Predata para izquierdistas: Quienes tenemos memoria de la vieja IU sabemos bien los riesgos de unas elecciones internas que deberán ser refrendadas mediante un mecanismo todavía opaco, y sabemos también que mucho se va a jugar en el proceso de armado de la lista parlamentaria, donde los viejos hábitos del sectarismo y la baraja de correlaciones estarán al acecho. Pero nada de eso desparecerá si uno se queda en casa el domingo; más bien, sólo participando, incluso desde fuera del FA —desde los partidos, desde CxC, desde el BNP— se empieza a luchar contra esas tradiciones que sólo han conseguido empobrecernos. No hacerlo es asumir la derrota en una guerra en la que el enemigo, con tantísima frecuencia, somos nosotros mismos.
 

 

Este domingo 4 de octubre votaré en las elecciones ciudadanas convocadas por el Frente Amplio para elegir al candidato o candidata de la agrupación en las presidenciales del 2016. Y votaré por la congresista Verónika Mendoza, desde hace ya buen tiempo la figura más renovadora e interesante en el desolado basural de la política peruana. Se han dado, incluso desde la izquierda, varias razones para no hacerlo; algunas de ellas pueden parecer atendibles, pero creo —considerando en frío, imparcialmente— que todas se equivocan. Basta mirar un poco lo que nos rodea para darnos cuenta de que abstenerse es un error, y no solo para los izquierdistas convencidos (como yo) sino también para todos los ciudadanos y ciudadanas deseosos que las cosas no sigan como están. Paso a explicarme.

Uno de los argumentos más frecuentes que se escucha y se lee para desestimar el proceso del Frente Amplio en general, y a Verónika Mendoza en particular, es que una candidatura de izquierda no puede ganar la presidencia. Esto se expresa de muchas maneras, pero la más socorrida hace referencia a las encuestas de opinión actuales: que el FA no sale del pelotón de “otros”, o que Mendoza no alcanza ni un solitario punto porcentual. Todo ello cierto. Pero, dos cosas.

La primera, que esa extrapolación es falaz e interesada. Falaz, porque las encuestas fotografían el instante de su captura y revelan las tendencias, pero no dicen nada sobre la realidad en el terreno algunos meses más adelante: la futurología es un ejercicio de bobos en el Perú (¿o es que ya nadie se acuerda de cuando, hace muy poco, el enemigo a vencer en segunda vuelta era Alan García, hoy reducido al dígito simple de intención de voto?), y la verdad es que nadie sabe realmente lo que puede pasar una vez que una candidatura de izquierda esté definida y en marcha. E interesada porque, a fuerza de repetición en titulares y noticieros y muros de Facebook, busca dar por cierto y sentado algo (“Keiko se la lleva fácil el 2016”) que sigue siendo solamente una probabilidad. Nada está dicho aun, aunque lo parezca, máxime en un sistema electoral que naturalmente polariza al electorado y multiplica en los últimos tramos el peso del “antivoto”.

Y la segunda, que no es cierto que una candidatura de izquierda no pueda ganar elecciones en este país. En los hechos, lo que es cierto es lo contrario: sólo una candidatura percibida como tal en términos generales puede ganarlas. Este es un truísmo de nuestra politología reciente: se gana desde la izquierda, se gobierna desde la derecha. Y lo saben bien los principales contendores, que hacen toda clase de contorsiones para presentarse como lo que, decididamente, no son, ya sea el PPK “socialista” o la Keiko caviar-en-Harvard de los últimos días. Claro que aquí estamos hablando del “centro izquierda” y no de la “izquierda radical” (las comillas, en ambos casos, son intencionales). Pero ese es, en el fondo y en la superficie, un asunto de percepciones, y nada determina hoy que una candidatura emergida desde el Frente Amplio o desde una alianza más ancha no pueda moverse, también ella, hacia el centro del espectro, o al menos contribuir a una redefinición de esa topología.

Pero más importante que todo lo anterior es que la idea de no participar en las elecciones de este domingo porque la izquierda no ganará el próximo año confunde completamente las cosas. Esa objeción podría tener algún sentido en abril, cuando se esté en efecto votando por la presidencia y el parlamento. Pero lo que se está definiendo ahora no es eso. La pregunta del 4 de octubre no es si se va o no a ganar el 2016, sino qué candidaturas se quiere como opciones para el electorado. Y en un país con los aparentes consensos del nuestro, hay muchas razones para querer que exista una candidatura de izquierda. Propongo tres, relacionadas entre sí.

Uno, que la izquierda es el vocero natural de preocupaciones, intereses y temas de fondo que deberían estar presentes en el debate nacional, y no siempre lo están. El rol del estado en la economía, la definición del modelo económico peruano como primario-exportador, la fiscalización de las grandes corporaciones, los sistemas de pensiones y de salud pública, la defensa del medio ambiente, las relaciones entre la actividad extractiva y la agricultura, la respuesta del Estado a los conflictos sociales, el respeto a los derechos humanos, la memoria histórica reciente: la izquierda puede poner estos y varios otros asuntos de igual urgencia sobre la mesa de discusiones de la campaña, algo que nadie más hará. Si uno, cualquiera sea su posición, cree que ese debate es beneficioso para el país, haría bien en contribuir al surgimiento de una candidatura izquierdista legítima, por ejemplo saliendo a votar el domingo.

Dos, si se acepta la premisa de que existe en el Perú una significativa corriente de opinión opuesta al neoliberalismo imperante y sus excesos, debe aceptarse también que es necesario para la democracia peruana el que esa corriente, incluso si uno no comulga con ella, encuentre verdadera representación política y participe en las negociaciones legislativas. Para ello, la consolidación de un nuevo liderazgo izquierdista es fundamental, y lo es también que ese bloque obtenga escaños parlamentarios propios el 2016. A ambas cosas buscan contribuir las elecciones ciudadanas del FA.

Y tres, ninguno de los actores que hoy se disputan el primer, segundo y tercer lugar en los titulares y en las encuestas está en condiciones de enfrentar uno de los problemas más serios que aquejan hoy al Perú: la corrupción política, y en particular la infiltración e influencia de mafias criminales en el Poder Judicial y el Ministerio Público. No es posible exagerar la importancia de este tema: tan mal como piensa el lector que estamos en ese terreno, la realidad es sin duda mucho peor, y el riesgo es verdaderamente existencial para la sociedad peruana (o lo que va quedando de ella). ¿Alguien en sus cabales piensa que un nuevo gobierno fujimorista o aprista querrá hacer el más mínimo movimiento para solucionarlo? ¿Alguien cree que PPK y sus cuadros, salidos de un empresariado que se beneficia directamente de ese sistema, podrán hacerlo? Eso debería bastar para que se desee el surgimiento de una alternativa distinta, por quijotesca que ahora la creamos. Votar en las elecciones ciudadanas es una buena forma de expresar ese deseo.

A todo lo anterior, añado mi opción personal. De todos los precandidatos que compiten el domingo, creo que Verónika Mendoza es de lejos quien mejor expresa la posibilidad que aquí he esbozado: un liderazgo nuevo, capaz de aglutinar la dispersa corriente de opinión izquierdista que existe en el país, capaz de comunicarse clara y eficazmente con la ciudadanía más allá de los corrillos propios, y capaz también de generar y negociar alrededor suyo un consenso unitario. Otros ciudadanos tendrán otras opciones, y ya sabremos pronto cuál de todas resulta preferida. La cosa es participar, pues lo que hay en realidad, aunque tantos ironistas y tantos desesperanzados quieran convencerte de lo contrario, son muchos motivos para hacerlo.

Postdata para izquierdistas: Quienes tenemos memoria de la vieja IU sabemos bien los riesgos de unas elecciones internas que deberán ser refrendadas mediante un mecanismo todavía opaco, y sabemos también que mucho se va a jugar en el proceso de armado de la lista parlamentaria, donde los viejos hábitos del sectarismo y la baraja de correlaciones estarán al acecho. Pero nada de eso desparecerá si uno se queda en casa el domingo; más bien, sólo participando, incluso desde fuera del FA —desde los partidos, desde CxC, desde el BNP— se empieza a luchar contra esas tradiciones que sólo han conseguido empobrecernos. No hacerlo es asumir la derrota en una guerra en la que el enemigo, con tantísima frecuencia, somos nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

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