¿Fue la Revolución de Octubre un Golpe?

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FRANCISCO DEL CARPIO

 

Algunos cuestionan a Lenin no haber seguido el manual para estos casos y convocar a elecciones para deponer al Zar, y otros, que parecen los mismos, dicen que la Revolución de Octubre fue un Golpe de Estado y no una revolución.

 

 

Bastaría ver Octubre de Serguéi Eisenstein para concluir que lo de Octubre en Rusia del 17 fue una insurrección y no un golpe. John Reed no hubiera escrito los "Diez días que estremecieron al mundo" por un Golpe como majaderamente lo define Carlos Mejía, el último ideólogo del Partido Comunista del que tenemos noticia. Para Mejía el 25 de Octubre (Nov.7) del 17 se produjo solo una operación que involucró a algunos cientos de personas que tomaron el Palacio de Invierno en Petrogrado y eso no puede llamarse insurrección proletaria pues esta, dice, estar definida por la teoría marxista, como un amplio movimiento de trabajadores que asumen un nivel superior de conciencia política y de forma masiva derriban el poder burgués. Y, este no era el caso. Para Mejía lo de Octubre del 17 técnicamente se le puede considerar solo como un putsch.

 

 

Habíamos escuchado -la generación del 60- que después de Octubre y de Lenin, Stalin había deformado la revolución para perseguir a sus oponentes, incluso Spútnik y RT publican tales "atrocidades" remarcando que nada las justifica, ni el regreso del zarismo ni aún el fascismo. Nosotros tenemos otra opinión. Los historiadores occidentales se lamentan de lo sucedido con la familia del Zar sin decir una palabra acerca de lo sucedido con Luis XVI de Francia y su familia que fue peor. Sin embargo, pocas veces, habíamos leído ni escuchado que la Revolución de Octubre solo fue un putsch, un Golpe y no una insurrección, ni detractores de la Revolución Rusa habían afirmado tal despropósito y si lo hacía un dirigente o exdirigente de un partido comunista, en este caso del peruano.

 

Por tradición oral partidaria sabíamos -y estudiado los que tuvimos la oportunidad de hacerlo- que en febrero de 1917 una insurrección popular en Moscú y Petrogrado obligó al zar a abdicar y que el poder quedó en manos de una coalición de mencheviques y de partidos burgueses que fueron incapaces de manejar la crisis. Que el Gobierno Provisional dictó una amplia amnistía y gracias a ella Lenin pudo retornar a Rusia. Sabíamos, también, que desde antes de febrero los bolcheviques se habían opuesto a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial porque la consideraban una guerra interimperialista, llamando a los soldados rusos y extranjeros a dirigir los fusiles contra sus patrones.

 

 

Nos enseñaron en la escuelas del partido que, desde antes de estallar la revolución de febrero, el campesinado no soportaba más la opresión feudal y que los obreros ya estaban lo suficientemente organizados por el partido (Obrero Social Demócrata Ruso POSDR) en los soviets. Y, por otra parte, los soldados, haciendo caso a la prédica de los agitadores bolcheviques optaron por desobedecer a sus jefes y regresar del frente.

 

Finalmente, hemos venido repitiendo por décadas que los partidarios de Lenin levantaron la consigna: “Tierra, paz y pan” y con ella se lanzaron a la insurrección el 25 de octubre del 17, que los cañones del Aurora dieron la señal y los soviets, compuestos por obreros, campesinos y soldados, donde activaban los destacamentos del partido tomaron todas las instalaciones del Gobierno Provisional en Moscú y Petrogrado, no solo el Palacio de Invierno, triunfando. Si esto no es insurrección, las palabras han perdido sentido y significado y ello nos obliga a revisar (en la acepción gramatical del término) la historia en la que nos educó el partido.

 

 

Carlos Mejía y la Teoría de la Conspiración

 

Sonriente, Carlos Mejía Alvites, el último ideólogo del Partido Comunista, feliz en Comisiones Obreras de España

 

Carlos Mejía fue, sino sigue siendo, miembro del Comité Central del PC, también es un hombre clave o importante para la CGTP y sobre todo para el Federación de Construcción Civil. Él dirige un periódico digital llamado “Bajada a Bases”  donde publica su opinión crítica muy particular en este caso sobre la Revolución de Octubre. En articulo llamado "Algunas preguntas sobre la Revolución Rusa" del 30 de octubre de 2017, reproducido íntegramente aquí, expone su punto de vista sobre la llegada de los bolcheviques al poder en Rusia el 7 de noviembre de 1917, que es un resumen de un larguísimo articulo suyo lleno de notas y citas, publicado en 1995 bajo el título “De 'Todo el poder a los soviets' a todos los soviets sin poder", escrito para la revista Nueva Síntesis Nº 3.

 

Mejía no considera la Revolución de Octubre como una insurrección proletaria como todos en el PC alguna vez pensamos que así fue. No, Mejía considera que el 7 de noviembre de 1917 en Petrogrado se perpetró un golpe de Estado, una conspiración, una suerte de operativo de algunos cientos de personas que asaltaron el Palacio de Invierno solo para desalojar a Kerenski del Gobierno Provisional; asegura, por lo tanto, que la llegada de los bolcheviques al poder fue un putsch, es decir, un golpe de timón contra el Estado ruso.


En el artículo de 1995, Mejía arguye que el golpe bolchevique marca un punto de inflexión en la historia de los soviets. Así, el proceso por el cual éstos van acumulando cada vez más autoridad a costa del Gobierno Provisional (el de Kerenski) parecía tener su necesario corolario en la toma completa del poder estatal. "El resto de la historia mostrará -dice- cómo los mismos personajes que lucharon por entregar el poder a los soviets serán luego los que limitarán sus atribuciones restringiéndolos finalmente a tareas administrativas".

 

Esto habrá que entenderlo como que los soviets tuvieron que dar paso al partido en la toma del poder estatal o sea en el putsch. Mejía, desarrolla la presunción de que los bolcheviques se apropiaron del poder para desarmar a los soviets y convertirlos en apéndices del partido "sin ningún poder" neutralizando el soviet central en beneficio del Consejo de Comisarios del pueblo o Sovnarkom utilizando "los mecanismos comunes" que, para él, consistían en aumentar astutamente, mediante maniobras, el número de delegados.

 

Su encono por la Revolución de Octubre se deja notar en cada poro. Dice que el golpe de Estado que los bolcheviques dieron en nombre y para defensa de los soviets, representa el final de un proceso para dar mayor autoridad y legitimidad a las nuevas instituciones creadas por el bolchevismo, siendo así que el Consejo de Comisarios del pueblo se adjudicaría el manejo real de la política y la economía a expensas del congreso de los Soviets de toda Rusia y de su Comité Ejecutivo Central.
 

El encono de Mejía por la Revolución de Octubre se deja notar en cada poro.


22 años después, Mejía sigue pensando lo mismo. Sigue definiendo a la Revolución de Octubre como un Golpe y no una insurrección. Sigue pensando que no fue conveniente disolver la Asamblea Constituyente ni necesario eliminar lo que llama "esta vía democrática representativa", para darse argumentos cita -sin decir lo que dijo- a Rosa Luxemburgo criticando a Lenin por disolver la Asamblea y a György Lukács por defender a Lenin. Cuestiona que los soviets lo constituyan solo comunistas y el rol del propio partido en el Estado soviético, porque, según él, si el "partido comunista" representa per se la voluntad de la clase obrera, entonces, obviamente, no es necesario un sistema competitivo de partidos, pues el "partido único" deriva del carácter omnisapiente que se le atribuye al partido como vanguardia.

 

Si así pensara y escribiera José Rodríguez nadie le reprocharía, pues de vez en cuando o siempre si se quiere, son necesarias críticas y cuestionamientos de este tipo, pero veintidós años diciendo lo mismo desde la "alta" dirección de un partido que se precia o preciaba de ortodoxo en sus concepciones leninistas, es preocupante.

 

Es cierto que a partir del X (1991) Congreso, el PC se fue extraviando tanto que hubo quienes pretendieron cambiarle hasta de nombre para revertirlo a "socialista" pues Sendero había pervertido el nombre "comunista" y ahora el término se asociaba con el terrorismo, lo mismo que su simbología; pero, por paradojas del destino los cuestionadores del X Congreso se quedaron por 4 congresos y 26 años más: el XI de Junio 1996, XII de Diciembre 2002, el XIII  enero-febrero del 2008 y el XIV de octubre del 2012, años en que "el partido de Mariategui" fue reducido a la nada, deslizándolo por senderos socialdemócratas.

 

En 1991, el X Congreso licenció a Jorge Del Prado y con él se licenciaron a los últimos intelectuales que aún quedaban en el partido, siendo Gustavo Espinoza uno de ellos. La CGTP fue "casi" subastada a las ONGs socialdemócratas de Italia, España y Bélgica; y estas fueron imponiendo su línea. En ese lapso llegaron al PC ideólogos "perestroikos" como Mejía, capaces de cuestionar al partido desde el partido y no pasó nada. El Congreso XV de mayo del 2017 algo corrigió, pero no todo, pues pareciera que el señor de los cuestionamientos goza de todos los privilegios partidarios sin que nadie le cuestione. Y eso no solo pasa en Lima. Habrá que esperar el Congreso XVI y rogar al cielo para que el partido comunista vuelva por sus fueros. Y nosotros vivamos para verlo.

 

 

Hemos recibido algunas "aclaraciones" del Partido Comunista sobre este artículo señalando que Carlos Mejía Alvites no es miembro del Comité Central, ni tampoco su ideólogo. Bien por el PC. Nosotros también aclaramos no haber dicho que lo sea, Jornal dice exactamente: "Carlos Mejía fue, sino sigue siendo...", pues en articulo precedente al citado, Mejía escribió el 7 de Octubre, hace solo un mes, otro titulado "De la militancia y nuestra izquierda" reproducido por Teófilo Bellido, de donde tomamos la información. El citado escrito dice: "Luego de asumir responsabilidades en el Comité Central y en la Comisión Política y no haber logrado ningún cambio". Mejía habla en tiempo presente modo transitivo, y en ninguna parte dice haber dejado los cargos directivos. Lejos de reprocharnos de si es o no es, los amigos del PC deberían tomar en cuenta la posición reaccionaria y desafiante del asesor de la Federación Nacional de Trabajadores en Construcción Civil . (La Redacción).

 

 

 

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