Cómo se degrada la democracia
 
FELIX JIMÉNEZ  

DICiembre2019

 


Dionisio Romero Paoletti, presidente del holding peruano Credicorp Ltd., afirmó que financió con 3.65 millones dólares la campaña presidencial de 2011 de Keiko Fujimori. También declararon en el mismo sentido Vito Rodríguez, del grupo Gloria; José Ignacio de Romaña Letts, de la empresa minera Volcan; y, José Graña Miró Quesada, de CAPECO. Además, la CONFIEP actuó como “recolectora” de fondos con el mismo fin.

La corrupción como proceso sociológico colectivo

Ninguno de estos representantes del poder económico admitió haber cometido una falta, como si la ley permitiera la compra de candidatos. Y, peor aún, justificaron esta violación de la institucionalidad democrática, como un acto de “responsabilidad con el progreso del país”, como un acto de defensa de la democracia (sic) porque había que impedir el triunfo del candidato con “ideología chavista”.

Estas “explicaciones” cínicas revelan el grado de corrupción imperante en nuestra sociedad. La conducta impropia de empresarios, “políticos” y gobernantes en las últimas décadas, ha transformado a la corrupción en un proceso sociológico colectivo de degradación de las instituciones que definen a nuestra sociedad como comunidad política. Esta conducta corrupta se propagó a todos los poderes y organismos del Estado. El obrar político y el patrón de conducta social —como diría Eloy García— fueron trastocados de forma tal que operan deteriorando la sociedad (Istorie Fiorentine de Maquiavelo, 2010).

Esta degradación generalizada de la institucionalidad, configuró un contexto favorable a las oligarquías políticas y económicas que practican la impostura y el provecho fácil y propio. Con instituciones degradadas, los principios y reglas democráticas orientados al bien común ya no son guía de los comportamientos sociales y políticos.

El neoliberalismo y la degradación de la democracia

¿Qué es lo que ha generalizado la desnaturalización de las instituciones? Como dice Todorov (en Enemigos íntimos de la democracia, 2012) la principal amenaza que pesa sobre la democracia y las libertades proviene del fortalecimiento de determinados individuos por la puesta en práctica, desde el Estado, de las políticas neoliberales.

El neoliberalismo extendió la idea de la neutralidad económica del Estado. La igualdad formal ante la ley —sentenciaba Hayek —es incompatible con toda actividad del Estado en la economía. Con el neoliberalismo, entonces, el Estado entregó su papel de garante social al mercado libre; el interés público fue sustituido por el privado y el interés común por el individualismo. Así, el camino hacia la corrupción se hizo más directo y descarado, convirtiéndose en una forma de gobernar y de hacer “política”.

La "caída del muro de Berlín" (1989), seguida por la generalización del dominio del mercado desregulado, parecía iniciar la consolidación de la democracia a nivel mundial. Sin embargo, dichos acontecimientos revelaron una crisis incubada desde la imposición del neoliberalismo a fines de los años setenta del siglo XX. Por un lado, la crisis de los partidos que, desprovistos de ideologías, se convirtieron en estructuras formales de usufructo del poder por las oligarquías partidarias que compiten periódicamente con ese fin. Y, por otro, la erosión del principio de separación entre el poder político y poder económico. Esta crisis se inició —como señala Ferrajoli, 2005— cuando se impuso la primacía del mercado en la esfera pública, lo que implicó la “subordinación de los poderes del gobierno a los grandes poderes e intereses económicos privados, y el establecimiento de una estrecha alianza entre poderes políticos y poderes mediáticos”. Esta es la manera, entonces, como se degradó la democracia.
 
 

 

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