JFK: "nuevos" archivos echan más sombras que luces en el crimen

©

 

 

 

 

 

Los archivos JFK: más luces y sombras sobre el crimen americano

Mirada histórica

 

Los documentos liberados sobre el asesinato del presidente de EEUU, en 1963, aportan detalles de lo ocurrido, pero en general ahondan el enigma. Se mantendrán ocultos más de 200 documentos considerados todavía muy sensibles.


Las sombras se resisten a abandonar el crimen que hizo temblar el siglo XX americano.


La liberación de 2.891 informes secretos sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy está destinada a ahondar las incógnitas. No solo porque aún se mantienen ocultos 200 documentos considerados demasiado sensibles para la seguridad nacional, sino porque los expedientes sacados a la luz destapan las contradicciones del tenebroso mundo de los servicios de inteligencia.


Un viaje turbio y subterráneo donde, entre mucha chatarra informativa y memoriales desfasados, figuran las obsesiones de una época: el odio a Fidel Castro, la política de bloques, la extraña vida del magnicida y las sospechas de una conspiración.
 
Matar a Castro


EEUU lo quería muerto y enterrado. En la época del magnicidio, Fidel Castro era la pesadilla de los servicios de inteligencia. Los planes para liquidarlo se multiplicaron y ocuparon una parte considerable de las posteriores investigaciones. No solo por la adhesión de Lee Harvey Oswald a la causa comunista, sino por la sospecha de que el asesinato de Kennedy hubiese podido deberse a una respuesta de La Habana o Moscú a las intentonas para acabar con Fidel.


Entre los planes descritos en los informes figura un operativo diseñado con apoyo del mafioso Sam Giancana para acabar con Castro mediante la bacteria del botulismo. Dos veces fracasó esta trama. Una por el temor del agente que recibió las pastillas con el tóxico y otra porque Castro dejó de acudir al restaurante donde le esperaba el camarero que debía verter las bacterias en su comida.
 

Otro proyecto, que no pasó de la fase larval, consistía en aprovechar la afición de Castro al submarinismo para regalarle un equipo de buceo contaminado de hongos y bacilos de la tuberculosis. Tampoco llegó muy lejos la idea de dar a un infiltrado un bolígrafo-bala. El mismo espía lo vio imposible, dada la escolta que acompañaba a Castro, y pidió armas convencionales. Nunca fueron utilizadas.
 
URSS y la teoría de la conspiración


La muerte de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, puso en guardia a los comunistas americanos y a los propios soviéticos. El asesino, el ex marine Lee Harvey Oswald, había vivido en la URSS y profesaba el credo marxista-leninista.


Por ello, nada más se conoció el atentado se aprestaron a mostrar su repudio. No bastó. Durante años, los servicios de inteligencia estadounidenses sondearon en aguas comunistas en busca de algún indicio. Uno de los puntos más escrutados fue la Embajada de Cuba en México. Allí se había dirigido Oswald, 54 días antes del magnicidio, en busca de un visado para la URSS. Un espía estadounidense en la legación cubana, el prolífico Litamil 9, despejó muchas dudas al describir la preocupación que el atentado generó entre el personal y el rechazo que el estadounidense había inspirado en todos ellos.


Esto tranquilizó a EEUU, pero no a los rusos. En aquellos años confusos, la rueda de la sospecha giró de tal modo que al final fueron los propios soviéticos quienes empezaron a poner en duda la versión oficial estadounidense. Un memorándum fechado el 1 de diciembre de 1966 establece: “De acuerdo con nuestra fuente, los altos cargos del Partido Comunista de la Unión Soviética creen que se trató de una conspiración bien organizada por la ultraderecha de Estados Unidos para dar un golpe”.
 
Esas Fiestas sexuales


Un memorando del FBI de 1960 describía a una "prostituta de Hollywood de alto precio", a quien Fred Otash, un conocido investigador privado de Los Ángeles, se puso en contacto con él en busca de información sobre las fiestas sexuales en las que participaba el entonces senador John F. Kennedy; su cuñado, el actor Peter Lawford; Frank Sinatra y Sammy Davis Jr. "Ella les dijo a los agentes que no estaba al tanto de ninguna indiscreción", decía el memorándum.


Precio por la vida de los Castro y aviso desoído del FBI
-Otro memorando del FBI, de 1964, describe la reunión en que los exiliados intentaron poner precio a las cabezas de Fidel, Raúl Castro y "Che" Guevara. "Se consideró que los $ 150.000.00 para asesinar a FIDEL CASTRO, más $ 5.000 de gastos, eran demasiado altos". En una reunión posterior, se establecieron sumas más modestas: $ 100.000 para Fidel, $ 20.000 para Raúl y $ 20.000 para el Che.

-En un archivo del 24 de noviembre de 1963, el día en que el magnicida fue liquidado, el director del FBI, J. Edgar Hoover, recuerda: “La noche pasada recibimos una llamada en nuestra oficina de Dallas de un hombre que, hablando con voz calmada, dijo que era un miembro de un comité organizado para matar a Oswald. Lo notificamos al jefe de la estación policial y nos aseguró que Oswald tendría suficiente protección... No ocurrió”.

 

www.jornaldearequipa.com