Enviado por Guillermo Vásquez Cuentas

 

Humala y un futuro siniestro

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  CÉSAR HILDEBRANDT

 

 

 

 

El último discurso del presidente confirma que no tiene el menor propósito de enmienda y que el Perú marcha al continuismo dictado por el peor conservadurismo
 

Dice "sueño realizados" o "cariño demostrados".


Su aptitud para la concor­dancia de número tiene que ver con su cociente intelectual. Dice también "todos y todas" para congraciarse con el feminismo analfabeto y en ristre.


Y pinta un país ficticio, una leyenda urba­na y otra rural, un paisaje de cifras en azul. Habla como un contable de encargos, como un intendente que se permite algún entu­siasmo escolar. Lee -o deletrea- con gran esfuerzo y a ratos tartamudea por escrito. Y pone cara de edecán de Odría.


Pero, sobre todo, miente. Habla de una energía barata que nadie encuentra, de una radical reforma educativa que las estadísti­cas no registran, de una lucha anticorrupción que él ha intentado desalentar. Futurista sin saber quién diablos es Filippo Marinetti, se atreve a incorporar a "la lista de sus éxitos" nada menos que "los parques industriales que construiremos en todo el país" Así de sencillo. Así de demagógico.


Sus ministros lucen desganados, más provisorios que nunca. La "portátil" sí que funciona y crea una atmósfera de teatral unanimidad. Los partidarios rentados y citados por la señora Solórzano ocupan los mejores palcos y desde allí crean un coro cortesano de vítores y aplausos pactados. Es un espectáculo sombrío de somocismo terminal.


Dice que ha invertido 1,951 millones de soles en la Policía mientras todas las encuestas señalan que la inseguridad ciudadana es el mayor problema del país. La PNP está podrida y él lo sabe.

Fácil deducir por qué se ríe usted, presidente: de lo tontos que fuimos

Y enseguida dice que los sicarios que perpetren “feminicidio” –lo que quiere decir que los que maten a tenedores de pene y testículos recibirán condenas menos severas-. ¿Se puede ser más estúpido? ¿Es posible ser más poblador de los suburbios de la inteligencia? Lo dudo.


No habla seriamente de nada. Ni de la economía ni del medio ambiente ni de la diversificación industrial ni de la agricultura de consumo interno ni de las pequeñas y medianas empresas ni de las relaciones exteriores.


Y se atreve a hablar de La Haya cuando Chile aún no convalida los documentos que confirmen la nueva frontera marítima, cuando lo del triángulo terrestre está pendiente y cuando lo del espionaje quedó en veremos.


Y no se atreve, eso sí, a tocar el tema del sueldo mínimo mortal que padecemos.


Ni tiene el coraje de reconocer errores o admitir siquiera que el contexto internacional lo obligó a renunciar a muchas de las metas planteadas en su campaña electoral. Huye de todo gesto de grandeza.
Y parece que acaba de inaugurar el régimen. Habla como si tuviera cinco años por delante, el crédito intacto, la imagen ¡lesa. Quiere que nos olvidemos que es el gerente de su propia ruina.


Habla en un Congreso hoy tomado por el fujimorismo impertérrito y el Apra inamovible. Dos prontuarios se han juntado para aupar al mensajero de Orellana en lo más alto del parlamento. Y me produce arcadas escuchar a la fujimorista Luz Salgado decir en RPP que está horrorizada por lo que pueden hacer con la democracia "los organismos de inteligencia al servicio del gobierno" El Perú tiene Alzheimer.


Lo más increíble es que la derecha peruana -cuyos ancestros se opusieron a San Martín y a Bolívar, perdieron guerras y oportunidades y saquearon las arcas públicas- sigue siendo hoy la fuerza protagónica del escenario.


Llevan 194 años gobernando –excepción hecha de los pocos meses de Billinghurst y los cinco años de Velasco- y siempre se presentaron con la misma cara de falsas vírgenes.


Son la orgía de la consolidación, la fiesta del guano, la derrota del Pacífico, la pérdida de Leticia, las dictaduras feroces de Benavides u Odría, la frustración generalizada, la inviabilidad del país, son la explotación y el racismo, el resumen de nuestros vicios, son todo eso y más, digo, y ahora se encarnan en los rostros de Keiko, PPK o Alan.


Nos han hecho creer que no hay salida, que hay una Biblia de la economía que nos mira desde arriba y que nos fulminará si la desobedecemos. La única concesión que están dispuestos a hacer es la de los "programas sociales" tipo Humala migajas sobreras pero sin ningún cambio estructural.


Y nos han hecho creer que el cambio es herejía que la planificación es de demonios, que poner aranceles al dumping es sacrílego, que cuestionar la dictadura mundial de los mercados merece el ostracismo. Y allí están con sus diarios y sus televisiones imponiendo su agenda bicentenaria y llenando sus listas negras de réprobos y aguafiestas.


Mientras tanto, la izquierda cuántica sigue empeñada en la insignificancia y no podemos producir liderazgos regionales que no estén manchados por la mediocridad o la corrupción. Fuimos el último país de Sudamérica en liberarnos del yugo español. Seguimos pagando esa factura. Ahora somos el país más conservador de la región. Hasta los pobres votan aquí alegremente por sus verdugos. Y la derecha, que secuestró a Humala a punta de chantajes mediáticos y lo obligó a traicionar su programa, dice ahora que Humala no es suyo. Todo para que las turbas de las manos tendidas vuelvan a votar por sus inacabables seudónimos. Y nada ni nadie parece oponerse a este destino trágico.
¿Somos un país o ya somos un cementerio donde solo penamos. ▀
 

Tomado De “Hildebrandt en sus Trece” N° 260, 31jul15

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

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