Hildebrandt y el indulto
Articulo original “Volvió usted a hacerlo, señor Kuczinski” de César Hildebrandt, editado por Jornal de Arequipa



... volviste a tomar el atajo, la senda oscura, y escogiste el “indulto humanitario”, aunque para eso tuviste que festinar trámites, adulterar hechos y violar la ley. Con el riesgo de que el “canceroso en fase terminal” y el “fibrilante amenazado” saliera a una casa de lujo desde donde ha empezado a dar consejos a todos los peruanos.


De modo que lo que pudo ser un gesto de grandeza y generosidad se convirtió, gracias a tu vocación por las sombras, en una maniobra de abogados de Azángaro. Y las citas del pobre Borea se fueron por el inodoro.
No asumo, por si acaso, como argumento, ciertas histerias discursivas presentes en los alegatos de alguna izquierda. A mí el fujimorismo planeó matarme, como le consta a los colegas de “La República”, y me correspondería, en todo caso, estar al frente de la ira más vieja.


... a mí no me van a dar clases de antifujimorismo. Mi desprecio por el fujimorismo no se alimenta de la basura del pasado. Es desprecio vigente y actual en la medida en que Keiko Fujimori encama, duplicados, los vicios de su padre. Y por eso Fuerza Popular -estoy convencido de ello- no es un partido político que acepte las reglas democráticas: es la organización que simulará modales tolerantes mientras prepara el segundo y probablemente final asalto sobre las instituciones. Su actitud en el Congreso y el talante arrabalero de sus voceros y escribas son apenas el aviso de lo que serán si llegan otra vez al poder.


No era mala idea indultar políticamente a Fujimori para precipitar la corrosión de la maquinaria fujimorista. Si resultaba desagradable ver al “patriarca” en la calle, resultaba más que intolerable ver al fujimorismo parlamentario como una aplanadora conducida por un chofer de combi.
Quebrar ese diseño de coerción y chantaje que nos llevaba al despeñadero po­día ser un relámpago ajedrecístico que iluminara la noche.

Pero para eso se requería coraje. Se requería que el indultador se aliase con los disidentes de Fuerza Popular y con los grupos políticos que se habían negado a votar por la vacancia presidencial. Se requería hacer de Fuerza Popular (versión keikista) el gran adversario. Se trataba de hacer política, no de mearse los pantalones por enésima vez. Se trataba de nombrar un gabinete brioso y con miras políticas y no este triste remedo de continuismo.


No, la verdadera traición es haber liberado a Fujimori y estar embarcando al país en una coalición de barraganía con Fuerza Popular. Con lo que el indulto, a la larga, no habría servido para partir sino para unificar, bajo el reinado de Keiko Fujimori, a la única fuerza capaz de liquidar la democracia en el Perú. Treinta monedas.


Ha vuelto el Kuczynski que elogiaba a Alberto Fujimori en un mitin de su primogénita del año 2011. Ha vuelto el abuelo mañoso que mete mano a las cuentas del Estado y que se hace pagar abogados caros a la hora de enfrentar uno de los casos de su ya vasto prontuario. Ha vuelto, en suma, lo peor del Perú.


Y, por supuesto, junto a esta ruma de harapos personales ha vuelto la debilidad de un gobierno que no sabe qué quiere, que ignora dónde va, que carece de metas y horizonte. Ha vuelto, en suma, el belaundismo en una versión próxima al Alzheimer y con risa de idiota.

 

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