PRENSA POPULAR
César Hildebrandt

 


Murió Carlos Ney, el Carlitos de “Conversación en la Catedral”.


Fue reportero policial en varios diarios pero donde fue uno de los reyes fue en “La Crónica”, el diario borroso que el imperio Prado creó para que lo leyeran los que apenas podían leer.


No había crimen que se le escapa­ra a “La Crónica” ni detalle ventral que no tuviera. Y allí, en la escena del espanto, estaba Carlos Ney Barrionuevo con su libreta y su lapicero tomando las notas respectivas y ano­tando los pormenores de la sangre.


Las páginas policiales de “La Cróni­ca” eran su fuerte, tanto como las dedicadas al fútbol. Era prensa popular que hoy parecería pacata y tímida frente a lo que es actualmente el diarismo de las figuritas, los potos y las mentiras.


Ney Barrionuevo es el resumen de un drama. ¿Queda algo del periodis­mo policial? Después de los años y el ácido del tiempo, ¿sobrevive algo? La respuesta es que casi no queda nada. Del periodismo atado a la cotidianidad, devoto de esa extrema actualidad próxima a las pasiones y a los desen­laces sanguinarios, quedan algunas hojas pálidas lapidadas en una heme­roteca. Muy de vez en cuando alguien, con apetito memorioso o con el fin de armar una estadística, las consultará. Y esa será la única gloria que les esté reservada.
 


Conocí a muchos reporteros policiales hechos a la antigua, amigos de los comisarios, con fuentes en los bajos fondos, capaces de desbaratar coartadas y construir sospechas con el profesionalismo de un jefe de Homicidios. Al mejor que conocí, de lejitos nomás, fue a Emilio Bobbio, que ya no era reportero sino comandante en jefe de una auténtica pandilla de husmeadores que eran como la PIP paralela funcionando en el viejo “Correo”. Don Emilio era un patriarca de las sombras, alguien que escribía estupendamente y que hizo muy bien en morirse antes de que el género que practicaba como nadie se llenara de becarios y atorran­tes que lo que serán las memorias de al­gún Capuñay. Don Emilio podía leer “Madame Bovaiy” en francés, para que vean cómo hemos retrocedido.


Así se resume el asunto: nos em­pezamos a hundir cuando, en una redacción, alguien dijo “quiero que me den esa comisión” y nadie lo echó a patadas. Dicen que el periodismo está en crisis. No, los que están en crisis son los periodistas, antes parientes, aunque sea lejanos, de la cultura, y hoy miembros de hordas que reducen cabezas en nombre de la igualdad.


Fíjense en la entrañable “Caretas”. En su último número publica una fe de erratas por haber puesto en porta­da la palabra Mecánica con una tilde barbárica: “Mécanica”. Pero al pedir perdón a sus lectores, la revista de Doris y Enrique (y antes de Paco) incurre en otro error fatal al señalar esto: “La palabra Mecánica se escribió con tilde en la é, deviniendo en una esdrújula forzada e imperdonable”. No, pues, Marco. “Mécanica” no sería, de existir, una esdrújula -palabra que lleva la in­tensidad de la voz en la antepenúltima sílaba-, sino una sobresdrújula, es de­cir una palabra acentuada en la sílaba previa a la antepenúltima. O sea, como “¡tráiganmelo!”.

 

 

Y otra cosa: el galicismo devenir es verbo intransitivo y en su acepción de llegar a ser o convertir­se no requiere la preposición en. Por­que se deviene cura del mismo modo que se deviene periodista. No es por fregar, Marco, que hago este modesto y seguramente indeseable aporte. Es porque respeté mucho a tu padre. Y es para que te busques un corrector de verdad. ■

 

COYUNTURA PERUANA

LECTURAS INTERESANTES Nº 790
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Tomado de HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 374, 24NOV17 p. 12 POR GUILLERMO VASQUEZ CUENTAS http://punoculturaydesarrollo.blogspot.com  

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