El sueño de César Hildebrandt

.

"Incendiar el poder judicial aprista"

©

 

Tomado del fb de Nelson Coronel

       

JULIO2018

 
 

Ninguno de los últimos gobiernos ha podido limpiar los establos del Poder Judicial Aprista.


Eso da una idea de la fuerza que aún mantiene la cantina de Alfonso Ugarte que, durante sus dos gobiernos, ha llenado el Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, el Ministerio Público, de Magistrados apristas, Vocales apristas, jueces apristas, fiscales apristas, secretarios apristas y toda una tanda de mequetrefes apristas, toda una corte de harapientos morales.

En esas covachas del Palacio de Justicia Aprista, entre secretarios de uñas sucias, jueces a tanto el fallo, mesas de parte llenas de gusanos, vocalías de sargazo, sierpes con toga, cucarachas con toga, pederastas que exculpan a pederastas, manoseadores que excusan a manoseadores, rateros que liberan a rateros, basura que juzga a basura, en medio de esa maleza humeante, los pobres pueden perder la libertad y el patrimonio y los ricos pagarán su cuota para no perder nada.

Hace varios años yo tuve que estar pendiente, por un largo período, de un juicio en el que un sujeto, denunciado por el municipio de Lima por proxenetismo, me acusó de haberlo difamado por decir lo que exactamente decían las autoridades la noche en que clausuraron el cine-burdel del que era accionista. Y durante varios años debí recorrer, tapándome la nariz, esos ambientes que el perfumista de Suskind no habría envidiado.

Así que hablo con conocimiento de causa. He padecido quince juicios en mi vida de periodista, el último de los cuales me fue entablado por el presidente regional de Áncash, el amigote del congresista Aprista Heriberto Benítez. Y he tenido que verme con abogados y acudir a esas salas donde no se sabe qué da más vergüenza: el hacinamiento insalubre de papeles, la incompetencia mental de algunos jueces, la caspa de los secretarios, la práctica enferma de que en este país cualquier tipejo te puede poner una querella, encontrar un juzgado a su altura y amenazarte con indemnizaciones que pueden sacarte de circulación.

¿Y todo por qué? Porque la putrefacción del Poder Judicial Aprista lo permite. Y es por eso que en el Perú un litigio puede terminar contigo sin que los hechos tengan algo que ver con el fallo.

No hablo como comentarista, entonces. Hablo como víctima y testigo. Y hablo indignado porque el país no parece reaccionar ante la suciedad insolente de estos magistrados que, en sociedades más conscientes de sus derechos, no sólo habrían sido investigados y destituidos sino que habrían dado con sus huesos en prisión.

¿De qué clase de resignación está hecho nuestro país? ¿De dónde nos viene esta sangre de horchata? ¿En qué momento nos jodimos como ciudadanos? El momento podría datarse perfectamente. Nos jodimos como ciudadanos el día en que empezamos a tolerar el Poder Judicial Aprista que hiede mientras sentencia.

La reorganización del Poder Judicial, la desinfección de sus salas no pueden ser realizadas por quienes viven de su infección. ¿Autorreorganización? Eso es una broma.

Un día soñé que una turba justa, una multitud de vengadores, un vocerío de mujeres y hombres ofendidos entraba al Palacio de Justicia Aprista y lo quemaba entero. Soñé que lenguas de fuego purificadoras hacían ceniza sus expedientes amarrados con sogas, su carceleta donde duerme la muerte, soñé que el fuego volvía oscuras sus columnas de palacio francés vuelto prostíbulo y que de sus sótanos, donde habita Circe, la bruja que vuelve cerdos a los hombres, salían, como flechas, aullidos de ratas cercadas por las brasas. Fue uno de los mejores sueños de mi vida. Por su cumplimiento estoy dispuesto a cualquier sacrificio.
 

 

Jornal de Arequipa no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección

 

www.jornaldearequipa.com