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Los enemigos del sur del Perú

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Humberto Campodónico

 

 

 

 

 

La corrupción de Odebrecht revelada por autoridades de EEUU se suma a Lava Jato de Brasil que ya tiene condenas a importantes funcionarios (Marcelo Odebrecht), incluyendo algunos del gobierno corrupto de Temer. Pero aquí las investigaciones judiciales van a paso de tortuga lenta. Hay denuncias contra altos funcionarios de 3 gobiernos y, quizá, hasta ex presidentes. El Congreso también debe investigar y no es válido el argumento que podría “politizarse”.

Dicho esto, la justa indignación por la corrupción debe distinguir la paja del grano. Es el caso del Gasoducto Sur Peruano (GSP), donde la mayoría de las acciones son de Odebrecht, que está negociando su venta con varios postores, los que aceptan la cláusula anticorrupción, la misma que es castigada con la pérdida de la concesión.

La principal indignación es: “no es posible aceptar que Odebrecht gane plata con la venta de sus acciones, pues seguramente ganó esa licitación (u otras) con las coimas otorgadas. Ese dinero nos lo han robado a nosotros”. Entendida y compartida la indignación.

Pero no botemos al niño con el agua sucia de la bañera. Que la corrupción no nos impida calibrar el contenido estratégico de llevar el gas al sur. Para lograrlo se necesita un proyecto integral, lo que comienza con una oferta garantizada de gas, mucho mayor a los 400 millones de pies cúbicos diarios del Lote 88. Esta oferta debe provenir con las importantes reservas de 4 TCF del Lote 58 de la estatal china CNPC (el Lote 88 tiene 8 TCF). El Perú debe recuperar la capacidad de decisión soberana sobre el destino de la molécula.

Más importante aún: se debe poner en marcha, ya, la petroquímica (PQ) del etano (industria de plásticos), componente del gas natural. Es lo que dice la ley 29690, que “promueve el desarrollo de la PQ basada en el etano y el nodo energético en el sur del Perú”. Allí está la verdadera rentabilidad del proyecto integral y de la diversificación productiva y no en el tubo del GSP que solo lo transporta, como lo dice bien Manuel Dammert (1).

Pero sucede que en el actual GSP no está para nada la PQ. Eso lo hace incompleto, por lo cual debe ser reformulado. El etano es la clave, pero este líquido no se ha separado del gas y hoy se “quema” en el consumo local. Un crimen. Más: el gas del Lote 56 se exporta también con el etano adentro, el mismo que puede ser extraído afuera. Corolario: la PQ extranjera aprovecha gratis nuestro etano.

Peor, imposible. Perdón, me olvidé de la exportación de gas del Lote 56 a México a precio vil y su posterior re-exportación a mercados que lo pagan más caro sin que el Perú lo sepa. Es harina del mismo costal, pero para otra ocasión.

Los enemigos del gas al sur aprovechan la corrupción de Odebrecht para llevar agua a su molino. Dicen que no hay demanda de gas. Falso, porque solo el nodo energético del sur (Arequipa y Moquegua), con centrales con capacidad de generar 2,000 MW, garantiza el consumo de 400 millones de pies cúbicos diarios, lo que cubre en 80% el total de 500 mmpcd que manda el contrato.

Tampoco hablan sobre la inseguridad energética que pende como espada de Damocles, ya que hay solo un tubo de gas y un tubo de líquidos de Camisea a Lima en el tramo selva. Si solo uno se rompe tendríamos enormes pérdidas porque en Chilca se genera el 46% de la electricidad. Proveer esa seguridad con un segundo tubo sí es un objetivo clave del GSP (2).

Tampoco hablan sobre la descentralización, con las nuevas centrales operando a gas en Arequipa y Moquegua (ese 46% está todo en Chilca). Si el gas no llega en el 2020, operarán con petróleo caro, lo que beneficia a los generadores actuales (2). Esa es la verdadera alza de tarifas de 25% y no la que le achacan al GSP.

El nuevo proyecto integral, con PQ incluida, debe estar acompañado de un plan de mediano y largo plazo, que establezca la nueva matriz energética sostenible al 2040, aprobada por Decreto Supremo para que sea vinculante. El gobierno debe convocar, ya, a los diversos actores para diseñarla y los empresarios deberán adecuar sus planes de negocios a esas nuevas reglas, como sucede en todo el mundo. Solo con ese plan se podrá saber si –después de abastecer el mercado interno– se exporta energía.

La corrupción, privada y pública, debe ser desterrada, caiga quien caiga, no importa su color político. Pero esa lucha no tiene por qué impedir la importante inversión –que contribuye a reactivar la economía– que lleve el gas a los domicilios de los pueblos del sur, que haya energía barata para sus industrias y autos y la verdadera diversificación productiva que trae la PQ. La muerte de este proyecto integral (que no lo haga nadie) es lo que quieren sus enemigos. Los pueblos del sur y de todo el Perú lo impedirán.

 
 

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