El apocalipsis de la izquierda
 
Eduardo González Viaña  

noviembre2019

 

“El desastre que se avecina” – un artículo de mi amigo Víctor Caballero- se refiere a los probables resultados que obtendrán los grupos de izquierda en las elecciones de enero.

Apoyándose en la Encuesta Nacional Urbano Rural del IEP, señala que la izquierda va a un desastre electoral y que juntos todos los grupos de esta tendencia, no alcanzarán a sumar el 5% del electorado.

Desde la caudalosa votación de Barrantes Lingán, ¿qué ha pasado en los días de la democracia postfujimorista para que la izquierda prácticamente se convierta se haga humo? …Respuestas y propuestas:

1. El fujimorismo no ha terminado. Con la Constitución, o más bien Acta de la Dictadura de 1993, el Estado se ha convertido en un fantasma, los ciudadanos han dejado de serlo y el neoliberalismo se ha convertido en un modo de ser axiomático. Tirios y troyanos lo toman como inobjetable, y dividen al mundo entre quienes lo aceptan de esa manera y los “antisistema” (a los cuáles también pueden llamar terrucos).

2. Para reaparecer en la escena peruana, la izquierda debe incluir como primera de sus exigencias, la revocación del acta dictatorial y su cambio por una Constitución que haga posible una nueva vida y una nueva República.

3. Si ahora decimos que no hay que votar por los fujimoristas, el ciudadano de a pie no sabe por quienes hacerlo. La izquierda del Congreso no ha hecho mucho por diferenciarse de sus compañeros de hemiciclo.

Cualquiera hubiera dicho el 2016 que una veintena de congresistas de izquierda, con limpias hojas de vida y un average de educación superior, iban a imponerse sobre la bancada naranja en la cual en vez de curriculums, sobresalían los prontuarios. Y no fue así.

La izquierda que elegimos no fue capaz de diferenciarse ni de hacer frente a una derecha cerril y cuasi analfabeta. Más bien, lo primero que hicieron fue dividirse en dos mitades.

Como era de esperarse, los medios de comunicación enfilaron contra la candidata y otras personalidades del entonces Frente Amplio. Para intimidar al electorado hablaron de chavismo o de castrismo. Querían que Veronika y los suyos se retractaran centímetro tras centímetro y no los dejaron en paz hasta que hubieran perdido buena parte de su ideología y consistencia.

Si la izquierda continúa tratando de ser “la izquierda que la derecha necesita” puede ser que convenza a sus detractores derechistas.

Lo malo es que en ese momento no habrá motivo alguno para que el pueblo vote por la izquierda.

La muerte civil. Fue patético por ejemplo, que dejaran sin piso a una de sus más brillantes representantes María Elena Foronda y fue anticonstitucional y propio de ignorantes en derecho que en esa misma ocasión apoyaran una ley de muerte civil que cierra las posibilidades de trabajo a quienes ya han cumplido sus condenas. En cualquier país del mundo eso es perverso, criminal y antediluviano.

En estos últimos años no ha habido énfasis alguno en los derechos humanos, en un país en que los estándares en ese punto lo colocan entre los más atrasados del planeta La derecha, por boca de su sacristán Cipriani, piensa que “los derechos humanos son una cojudez”. La izquierda, o bien no ha promovido acciones, o peor, se ha sumado al coro de la derecha.

El doctor Tumbas. Tal ocurrió con la aberrante ley propuesta por Alberto de Belaúnde (ya conocido como el Doctor Tumbas) para profanar y dinamitar las tumbas de los presos del Frontón. Era normal que el fujimorismo la acogiera como suya, pero solamente un congresista de izquierda votó en contra de lo que es una vergüenza y una afrenta contra la humanidad.

Notamos con agrado que ha habido un saludable recambio en las listas parlamentarias de esta tendencia, pero es necesario recordarles a los candidatos que la izquierda no tiene que reinventarse. Solamente tiene que ser de verdad izquierda.
 
 

 

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