Pensamiento crítico: el mayor enemigo del establishment

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GUILLERMO GIACOSA

 

 

 

Al escribir expresando nuestros puntos de vista todos tenemos presentes las variadas opiniones que existen y las, a veces, airadas reacciones, de quienes viven como una agresión cualquier idea opuesta a su visión del mundo.

Esas reacciones, seguramente sinceras, se nutren del metódico trabajo de alienación en el que están empeñados los monopolios mediáticos. Esta persistencia en crear una realidad a la medida de los intereses de los sectores privilegiados lleva a un grado de despersonalización tan agudo que muchos ciudadanos terminan defendiendo todo aquello que a la larga los perjudicará.

Hemos cambiado la grosera represión física por una refinada represión mental llamada alienación. La primera deja heridas y moretones en el cuerpo, la otra aplasta, con argumentos falaces y muchas mentiras, la tarea analítica que debieran emprender las neuronas.

El fenómeno que mencionamos es universal y las líneas maestras de lo que debe decirse proviene de los grandes poderes económicos y de sus voceros políticos. Por tanto, quien escribe estas líneas, siente que al hacerlo está expresándose solo para una minoría reacia a abandonar lo que en algún momento se exaltó como un paradigma imprescindible para el crecimiento humano: la conciencia crítica.

Resulta muy difícil atravesar el muro de los prejuicios levantados contra quienes conducen políticas que no coinciden con las predicadas por los países desarrollados que, curiosamente, cuando hablan de sí mismos, se autodenominan “opinión pública internacional”. El mundo comienza y acaba en ellos, lo demás es comparsa. Una comparsa de más de 150 países que incluyen a China y Rusia cuyas superficies son considerables y cuyas poblaciones sumadas son poco menos de un tercio de la población mundial.

Las técnicas de alienación no son demasiado sofisticadas pero tienen un efecto demoledor a causa de la repetición tipo bombardeo de una misma cantinela que, asemejándose a la realidad, no tiene nada que ver con ella.

Basta recordar que el ex presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, anunciando la presencia de venenosas armas químicas y otras de destrucción masiva en manos del feroz dictador Saddam Hussein por todos los medios a su alcance, logró que millones de sus compatriotas y no pocos “estadistas” de países satélites se comieran un disparatado cuento, que llevó a una guerra absurda de la cual la región aún no se ha repuesto y el país, Irak, que en su momento fue una de las naciones árabes socialmente más avanzadas, sigue padeciendo enfrentamientos destructivos.

Demás está decir, aunque muchos parecen haberlo olvidado y vuelven a caer en la misma trampa, que las armas anunciadas por G.W. Bush nunca existieron. Otra técnica consiste en crear un adjetivo que luego se relaciona con todo lo malo y perverso de la naturaleza humana para aplicar a todo aquel que no está dispuesto a abdicar ante los atropellos de quienes detentan el poder económico.

 

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