Perú y su futbolística batalla contra el mal

Futbol: un recreo que nos permitirá el olvido

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GUILLERMO GIACOSA | DIARIO UNO

       

17JUNIO2018

 

 

Alguien, por ahí, dijo o escribió: “el fútbol nos vuelve niños”. Me llegó la frase y como siempre ocurre cuando algo nuevo se aloja en el cerebro, comenzaron las inevitables asociaciones y, sinapsis va, sinapsis viene, volví a encontrar, en mi caos neuronal, una cita de Martin Buber que he empleado varias veces, pero por motivos muy distintos.

Decía así el gran filósofo judío: “Esta etapa de aparente esplendor tecnológico y científico no es otra cosa que la infancia de la especie humana”. Ya, por cuenta propia, me dije, si los avances científicos y tecnológicos solo representan la infancia de nuestra especie, el Mundial de fútbol debe representar el recreo, qué digo, el súper recreo, al que todos los niños tienen derecho.

Un recreo que nos permitirá olvidos que hasta hace un rato nos robaban el sueño o empañaban el vidrio a través del cual podíamos avizorar la esperanza, la belleza o la felicidad. Hoy el planeta estallará en sonidos tan curiosos, caprichosos y distintos como; ziel, tsel, hadaf, but, mubiaj, scopo, meto, mal, markmio, doel, poarta, etc.

El único que dañaría a los peruanos de esos extraños sonidos, en esta primera fecha, es MAL, maldito sea el Mal, porque mal no es otra cosa que GOL en danés. Podríamos argüir que evitar el MAL es el noble objetivo de esta nación milenaria y heterogénea que es el Perú. ¿Quién podría ser ajeno a tan noble propósito? Hubiera sido hermoso, aunque suene sádico, que los daneses se retiraran de la cancha exclamando: “Åh Gud, Gud, fordi du har tilladt Peru at score så mange mål” (Ay Dios, Dios porque has permitido que Perú nos haga tantos goles). Esperando que así pase y no al revés, se me ocurre que: solo el mal y sobre todos los males, podrían evitar que Perú rompa su racha sin derrotas.

En medio de estas reflexiones futboleras y filológicas me alegraba pensar que el Vaticano no presentara un equipo. Primero porque tendría el favor de Dios. Ya vimos como el Papa, hincha apasionado de San Lorenzo de Almagro, logró sacarlo campeón del Torneo argentino y creo también de la Sudamericana. Y segundo porque gol en latín, es “propositum”. Y no me imagino a Toño Vargas cantándole a su patria, la “palabra sagrada”: “propoooositummmmm”, suponiendo que este relator hubiese nacido en algún vericueto del Vaticano, lo cual es improbable pero no imposible.

Deseo sí, que los egipcios, y especialmente, Salah, hagan muchísimos hadaf para redimir a ese gran jugador y gran tipo además, y pueda sentirse recompensado de la acción cuasi criminal con la que Sergio Ramos buscó dejarlo fuera del partido Real Madrid – Liverpool. Rechazo terminantemente la conversión de markmios contra el equipo argentino (que no es el de Macrilandia) y espero con esto no ser injusto con los islandeses que tienen un país admirable por sus modos democráticos y su justicia imparcial, cosa de la que los latinoamericanos, y mucho menos el actual (des)gobierno de Argentina, puede alardear. Cuando estalló el escándalo de los Panama-Papers (cuentas off shore) el ministro islandés involucrado renunció en el acto, Macri también involucrado miró con su cara de gaznápiro hacia otro lado y siguió con su implacable tarea de destruir a su propio país y entregárselo en bandeja a los bandoleros del FMI. Si los jugadores islandeses son tan rápidos como su ministro y los argentinos tan distraídos como su presidente, los últimos pueden vérselas negras.

Este inmenso recreo universal llamado Mundial de Rusia 2018, enfrentará a millonarios con millonarios, no me refiero al equipo colombiano, ni al apodo de River Plate, me refiero a la fortuna que tienen en sus cuentas bancarias una parte importante de los jugadores que desarrollarán sus habilidades sobre el césped. Los equipos de España, Alemania, Inglaterra, Argentina, Uruguay, Brasil, Francia y otros cuentan en sus filas con muchos de esos potentados. Perú tiene los suyos, no todos por ahora, pero prometen.

Nuestro súper recreo será en consecuencia lo que nosotros, pobres, semipobres, clase media con anuncios de tiempos peores y unos cuantos ricachones, veremos en las pantallas y se dará la extraña paradoja de que los pobres sientan que a los ricos les tiene que ir bien (parte del perverso panfleto neoliberal) para que nosotros podamos sonreír. Y lo haremos, lo haremos bien y con sinceridad pero, eso sí, con los cinco sentidos puestos en nuestros intereses de clase para que no sigan birlándonos las conquistas que nos hicieron visibles como seres humanos y sujetos activos como potenciales transformadores de la historia.

 

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