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PPK

¿Y ahora qué?

©

Fredy León

 

 

 

 

La Humanidad, perezosa y rutinaria, necesita de espíritus rebeldes que la despierten, la agiten y la empujen hacia horizontes nuevos. Sin hombres animados por el oxígeno revolucionario, la Tierra formaría un amodorrado reino de quinquendones.
(Manuel Gonzáles Prada, Bajo el oprobio)
 

 

 

Luego de leer el discurso presidencial de PPK nunca más cierto esa afirmación que dice que cada lugar y cada momento político requieren de su propio lenguaje.

El Congreso está lejos de ser el lugar propicio para los grandes discursos y el momento político que vivimos está dominado por la apatía, la indiferencia y resignación, y si a ello le sumamos el echo que PPK es un diligente tecnócrata devenido en político que nunca ha abrazado una causa progresista, nunca ha liderado un movimiento de rebeldía, nunca ha sentido la pasión por las ideas, entonces es comprensible que su discurso de asunción de la presidencia haya sido un discurso chato, sin brillo, sin grandes ideas, un discurso pronunciado por un hombre cuya vida no ha sido “robustecida con la sangre del siglo” ni ha estado marcado por los grandes ideales que se forjan con el sudor y la sangre del pueblo.

En la visión de PPK el país queda reducido a una empresa y su tarea se reduce a maximizar la utilización de los recursos para producir más. La modernidad es vista como hija del crecimiento económico y la voluntad política como el motor que empujará al país por la ruta del progreso ininterrumpido hasta anclar, el 2021, en la OCDE, promesa reiterada desde los tiempos de Toledo.

Su fórmula se reduce a la trilogía: produce, come y calla que en el país de PPK “no hay tiempo para discusiones ideológicas.”

Entusiasmo y optimismo no le faltan. Es el mismo entusiasmo y optimismo mostrado por su colega el presidente argentino Mauricio Macri, quien luego de haber desandado el camino transitado por Kristina Kirchner y creído que con otorgar todas las facilidades al capital internacional, con haber logrado esa “vuelta al mundo” que fue festejada por los fondos buitres y Wall Street, se produciría una lluvia de inversiones que llevarían la felicidad a los argentinos, hoy Argentina enfrenta un panorama sombrío, con una recesión, inflación y desempleo galopante que en menos de un año han puesto en jaque al gobierno neoliberal de Macri.

No es que creamos que PPK tiene una lectura equivocada de la realidad, lo que pensamos es que en la realidad de PPK no cabe todo el país.


Esa visión pragmática de la vida le limita los horizontes de la patria y su ilusión de gobierno aparece encuadrado en los parámetros de las buenas intenciones, muy similar a las buenas intenciones mostradas por las damitas de la alta sociedad cuando organizan sus actividades de caridad social. Por lo demás, la derecha nunca se ha caracterizado por construir utopías colectivas.

Pero será la realidad quién pondrá a prueba la ilusión de PPK. Veremos si en la lucha por lo correctamente posible se puede concretar las ilusiones de un hombre forjado en las frías oficinas de la banca mundial, una ilusión que marcha al ritmo del vaiven de la bolsa de valores.

Visto en blanco y negro, no creo que sea difícil lograr las metas trazadas por PPK.

Aquí su mayor reto será vencer esa vieja mentalidad de la derecha peruana que ha construido muros sociales -y físicos, como el muro de la vergüenza en Surco, que ojalá PPK mande a derribarlo- y que han mantenido un sistema económico excluyente donde el pueblo es un simple convidado de piedra.

La paradoja de PPK es que tendrá que librar una batalla especial contra los burócratas que manejan el MEF y el Banco Central para modificar el presupuesto de la nación y redistribuir de manera radical el sentido del gasto social y la inversión pública, justo en un periodo donde los ingresos nacionales apuntan hacia abajo y con un modelo económico cuyo patrón de acumulación se encuentra bajo control del capital internacional.

No se puede ser albacea del capital internacional y banquero del pueblo al mismo tiempo.

Gobernar es decidir y PPK tendrá que decidir entre atreverse a cambiar la realidad para concretar su ilusión o vendernos la ilusión que la realidad es inmutable.
 

 Publicado el 29 julio, 2016 por (en) Wirataka

 
 

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