El otro Rafo León

El manejo tramposo del fútbol

 

 

 

 

 

 

 

Argentina 1978: se Dice
“Se dice que Videla donaría a Morales una cantidad inmensa de trigo para nuestros pobres”.
Escribe: Rafo León |

Lima, 10 de octubre de 2017

Si es una leyenda urbana pues se trata de la más investigada y expuesta por el periodismo de entre las de su género. 21 de junio de 1978, Argentina ante el mundo se ha vuelto una dictadura africana, miles de asesinatos extrajudiciales, desapariciones, torturas, migración forzada, todo dentro de una atmósfera de horror y secretismo liderada por Jorge Rafael Videla, un dictador militar que llevaba en la cara su condición.

Ese día se jugaba en Buenos Aires un partido decisivo para las clasificatorias al mundial de fútbol que luego se desarrollaría en la misma Argentina durante ese año. El partido enfrentaba a las selecciones de Perú y Argentina, esta última necesitaba meter cuatro goles para clasificarse. Nuestra selección entraba por la puerta grande a las mayores ligas del fútbol, cosa que no pasaba así nomás.

Prensa Libre años más tarde publicó un reportaje en el que se planteaban las dudas, interrogantes e hipótesis de lo que pudo haber ocurrido aquella tarde en la que luego de haber jugado un decoroso primer tiempo, en el segundo Argentina le mete a Perú seis goles. Las primeras especulaciones parten de un hecho real y comprobado. El dictador Videla –y se dice que acompañado por Harry Kissinger– entra al camerino de los jugadores peruanos para instarlos a perder, por orden del gobierno de Morales Bermúdez y a favor de la concordia en el subcontinente.
 


El investigador David Yallop en How they stole the game, un demoledor volumen dedicado a la corrupción dentro de la FIFA y a las relaciones entre el poder político y el fútbol, jamás desmentido, da respaldo a la versión según la cual Videla y Morales Bermúdez eran dos destacados integrantes del Plan Cóndor, el que apoyado por la CIA buscaba terminar con cualquier conato de disidencia socialistón en América del Sur. Sostiene Yallop que Morales acuerda con su par argentino que el Perú se dejara ganar como parte de la estrategia del siniestro plan. Pero, ¿qué ganábamos en ese contubernio? Se dice que Videla donaría a Morales una cantidad inmensa de trigo para alimentar a nuestros pobres. Pero además, se dice que salvo jugadores que se negaron a recibir un soborno (Oblitas, Quiroga, Muñante) el resto de la selección se habría abrochado con sumas que –se dice– se acercaban a los cincuenta mil dólares por cabeza.

Ricardo Gotta es el autor de Fuimos Campeones, una rigurosa pesquisa sobre los vínculos entre el deporte más popular del mundo y la política. Gotta cita como un antecedente de lo que habría ocurrido en Buenos Aires 1978, una gigantesca corruptela encabezada por Mussolini en el año 1934 para conseguir que Italia fuera sede del mundial correspondiente. Y se consiguió. ¿El motivo? Lo mismo que en 1978. La euforia futbolística es capaz de evaporar hasta el descontento social más agudo y programático y convertirlo en inflada nacionalista de pecho. Un amigo de Facebook me escribe: “Puede no haber sido un soborno sino un favor que Videla le pidió a Morales Bermúdez… Definitivamente el equipo peruano se dejó ganar 6-0, que era exactamente la diferencia que Argentina necesitaba. Cuando el efecto político de ganar el mundial se esfumó unos años después, los militares invadieron las Malvinas. 2,000 chicos murieron, pero cayó la dictadura y los militares regresaron a sus cavernas, y hasta hoy están en ellas. Ganar el mundial (con ayuda peruana) permitió prolongar la dictadura por varios años”.
 


La leyenda urbana –si es que lo es– llega a detalles truculentos y obsesivos. Como que se cambió la hora del partido Argentina/Perú para que no coincidiera con el que jugaba Brasil sino que se diera más tarde, para así saber cuántos goles necesitaba el país anfitrión para clasificarse. Sin embargo con el mismo énfasis con el que se defiende la veracidad de este episodio, también se cuestiona. En las redes sociales la sola mención a Argentina 1978 desata pasiones encontradas entre las que gritan las de fanáticos que niegan todo. Y que insultan de maricones para abajo a quienes osan rozar siquiera el tema.

Escribo estas líneas antes de que se juegue el Perú/Colombia que será definitivo para nuestra clasificación, o no. Personalmente no entiendo nada de fútbol, un deporte que me deja en blanco. Pero debido a razones que no entiendo por primera vez en mi vida observé un partido completo por la televisión, el Perú/Argentina de la semana pasada. No sé si a la vejez estoy entrando a la fanaticada pero debo decir que las expresiones, actitudes y desempeño de los muchachos de la selección peruana me hicieron dudar de que pudiera replicarse lo que –se dice– ocurrió en 1978. Pero bueno, se dice.

 

www.jornaldearequipa.com