2019 el año de la necedad

 
Fredy León  

02ENERO2020

 
  Será que la necedad parió conmigo,
La necedad de lo que hoy resulta necio:
La necedad de asumir al enemigo,
La necedad de vivir sin tener precio
(Silvio – El necio)
 

Se fue el 2019 para nunca más volver y su partida dejó en pie las grandes certezas forjadas en la necedad de la vida; muchas sorpresas previstas, otras imprevistas y algunos -demasiados diría yo- hechos desagradables.

Como certeramente apostillo el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en el 2019 el imperialismo yanqui tiró a matar, Trump pensó que finalmente había llegado la hora de repicar las campanas y anunciar la anhelada caída de la revolución cubana, pero una vez más el imperio encontró un pueblo templado en la lucha y resistiendo estoicamente ante las duras pruebas de la historia. La necedad hechó raíces fuertes en la isla de Fidel.

Si lo de Cuba es heroico, lo de Venezuela tiene dimensiones épicas. 2019 comenzó con el anuncio necrológico del imperio que la revolución bolivariana tenía las horas contadas pero el año terminó con un Nicolás Maduro más fortalecido y un bravo pueblo que hizo posible lo imposible: derrotar los planes intervencionistas del imperio.

El neoliberalismo demostró que cuando las ilusiones de la riqueza fácil se esfuman aparecen las pesadillas de la eterna pobreza. En Argentina el macrismo necesito solo 4 años para volver a destruir todo un país y ponerlo de nuevo bajo el control del FMI, el nuevo gobierno peronista de Alberto Fernández va necesitar mucha firmeza para salir del hoyo en que se encuentra la Argentina; en Chile Piñera busca enceguecer a un pueblo digno y rebelde para aferrarse a un poder en descomposición, la constitución pinochetista ha muerto por acción de las masas; en Ecuador el felón de Moreno sobrevive al pie del abismo gracias a las debilidades de la oposición; en Colombia Duque ha perdido el rumbo y está volviendo a los tiempos donde los fusiles disciplinaban en silencio a la sociedad; en Brasil la política mediocre se ha vuelto normal y Bolsonaro asoma como el filibustero del poder; el Perú se va convertiendo en un país hermafrodita, donde los tercos inmovilistas insisten en querer inventarse una democracia liberal sobre la base de una economía neoliberal dependiente y al final solo consiguen tener una democracia raquítica y temerosa de las muchedumbres que cierra un congreso para reelegir a los mismos fascinerosos; y lejos, en el norte, el poder económico de Trump quiere uniformizar el mundo aunque para ello necesita recurrir cada vez más al poder de las armas, el imperio quiere pero no puede y Trump, envuelto en la tragicomedia ucraniana, entra al último año de su mandato asemejándose a un dios en su ocaso.

Pero lo trágico vino de Bolivia donde los fascistas nos recordaron que en este continente en disputa las bayonetas siguen pesando más que los votos, el imperialismo ganó en Bolivia un gobierno pero perdió un país; en Inglaterra la vergüenza asola al mundo, Julian Assange, el periodista irreverente que arriesgó su vida para mostrarnos las carroñas de la guerra de rapiña contra Irak, está condenado a una muerte silenciosa y abandonado por el mundo; Australia se incendia dejando una estela de muerte y destrucción casi irreparable de la flora y la fauna; y en el mundo el clima tiene cada vez un comportamiento muy raro, los científicos advierten sobre los peligros que se avecinan si no se toman medidas urgentes pero los políticos siguen más preocupados en ganar las próximas elecciones que en preservar la vida de las futuras generaciones.

Y mientras la cumbre del clima en España terminó en un fracaso, constato que luego de vivir más de 20 años en Noruega, este es el primer año nuevo que lo celebramos sin nieve y con una temperatura de 4 grados.
 
 

 
 

 

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