¿La merece?

Una lágrima por el Congreso

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Fredy León

       

 

En un ambiente político de absoluta mediocridad, la mayoría de los congresistas electos llegaron al parlamento con la obsesión de solucionar sus problemas de la vida.

 

 

Salvo la destitución de PPK, el Congreso se ha convertido en un ente intrascendente; no hay nada que rescatar, ni una ley que valga la pena mencionar, lo único que ha generado en estos dos largos años, bajo el control del fujimontesinismo, ha sido rechazo e indignación en la ciudadanía, hasta el extremo que en las calles son cada vez más los que piden abiertamente que cierren el congreso. Si esto sucedería –cosa que ahora lo veo improbable- creo que nadie derramaría una lágrima por el Congreso.

Decir que el Congreso es sinónimo de democracia, resulta hoy un chiste de pésimo gusto.

¿Cómo hemos llegado a esta situación de extremo descrédito del Congreso?

El resultado de las elecciones le dieron la mayoría absoluta en el congreso al fujimontesinismo. Esa mayoría no tenía ni la mínima idea de qué hacer en el congreso y nunca presentaron al país su agenda parlamentaria, porque simplemente nunca la tuvieron. Sus prioridades eran otras. El Congreso quedó subordinado a las ambiciones personales de Keiko y el fujimontesinismo utilizó ese poder como su botín político para sastisfacer esa vieja y corrupta práctica del clientelaje partidario colocando a sus incondicionales en las planillas del congreso. (Más de 600, según declaración de Kenji al programa radial de Rosa María Palacios)

En un ambiente político de absoluta mediocridad, la mayoría de los congresistas electos llegaron al parlamento con la obsesión de solucionar sus problemas de la vida. Me atrevo a afirmar que para muchos de nuestros congresistas, salir elegidos fue como ganarse la “tinka”.

En el Perú de hoy ser congresista se ha convertido en todo un privilegio económico, tanto por el excesivo sueldo que perciben como por las innumerables gollerías que obtienen. No existe ninguna relación entre el trabajo que realiza un congresista y el pago que reciben por esa labor. Además, ser representante político debería ser visto como un compromiso social y no como una puerta abierta para obtener privilegios económicos.

Si no se modifican estos dos aspectos, importancia de que las fuerzas políticas presenten una agenda parlamentaria y necesidad que los sueldos que perciben los congresistas se determine de acuerdo a la realidad del país y tomando como base el concepto que la política es un compromiso social con el país y no una actividad para el lucro y beneficio personal; me temo que nuestro Congreso seguirá siendo visto como un botín al servicio de intereses particulares y en desmedro de la sociedad.

 

 
 

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