Y con los vasallos nunca se negocia.

La cumbre del fracaso

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  FREDY LEÓN

 

 
 

La ausencia de Trump en la cumbre de las américas es un rotundo fracaso para la diplomacia peruana. Sin la presencia del mandatario yanqui y vetado el presidente venezolano, la cumbre quedó reducido a lo intrascendental, será como ver un clásico Barcelona-Real Madrid sin Messi ni Ronaldo.

El gobierno peruano hizo todo lo imposible para garantizar la presencia de Donald Trump, era la máxima estrella del evento, pero lo que no calibraron en su real dimensión es que la sumisión no siempre garantiza la benevolencia del amo.

La ausencia de Trump, más allá de la formalidad con la que justificó su decisión, tiene tres motivos reales.

1. Trump no tiene dentro de sus prioridades a América, no tiene una propuesta -como Busch con el fallido intento del Alca- ni tampoco tiene algo para negociar. Su obsesión es Venezuela, que quiere pero no puede, su capricho es el muro en la frontera con México y Cuba vuelve a ocupar el centro de la atención de los objetivos políticos de los viejos halcones republicanos.

2. La prioridad de Trump son las relaciones bilaterales. En ese espacio Trump puede imponer sus condiciones sin dar nada a cambio. Para ello cuenta con gobiernos sumisos -Temer en Brasil, Macri en Argentina, Santos en Colombia y Peña Nieto en México- La cumbre, con todas sus limitaciones, obliga a negociar, y eso es algo que va contra el temperamento del mandatario yanqui. Trump no negocia, impone.

3. La cumbre está destinada al fracaso. No hay consenso para aprobar el documento final. Solo habrá una declaración formal, llena de retórica y nada sustancial. La cumbre no aprobará ninguna condena contra Venezuela ni sentará a Cuba en el banquillo de los acusados, y por pudor, puede que hasta pida a Trump no construir el muro en la frontera mexicana y respete el derecho de los migrantes latinos que radican en los Estados Unidos. Y hasta quizás, en un intento de política ciencia ficción, la cumbre pida levantar el bloqueo yanqui contra Cuba. Total, nuestro continente se ha convertido en un espacio de disputa política donde la hegemonía norteamericana ha sufrido algunos reveses importantes.

Con ese panorama claro oscuro de una cumbre que va perdiendo aliento y sin un horizonte definido ¿qué sentido hubiera tenido la presencia del mandatario estadounidense en la cumbre? Trump lo único que desea en América es mantener intacto las relaciones de subordinación y para ello solo necesita tener gobiernos vasallos. Y con los vasallos nunca se negocia.

 

 

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