Frente Amplio

Crónica de un divorcio puntualmente anunciado

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Fernando Vivas

 

Frente Amplio
 

 

 

El Frente Amplio sufrió la deserción de la mitad de su bancada y la ley les impide formar una nueva. El Congreso no tiene una solución para ellos. La simetría 10-10 es solo aritmética. Arana es portavoz y tiene más prerrogativas que los otros. (Ilustración: Giovanni Tazza/ El Comercio)

 
Este no es el drama de una izquierda que no podía unirse, sino que no podía separarse. La ironía se ceba en el Frente Amplio: en abril, cuando las tensiones se hicieron insoportables entre los 11 aranistas y 9 mendocistas (o ‘verolovers’ o Nuevo Perú); el puneño Oracio Pacori pasó del primer al segundo bando y quedaron empatados 10-10.


La simetría llevó a los ‘verolovers’ a pensar en que los 20 podrían reunirse por una vez (hace tiempo que no se ven las caras y conversan por las buenas) y decidir unánimemente disolverse o escindirse. O sea, unión para votar por la desunión. El ideal dialéctico de la armonía de contrarios fugazmente alcanzado, para luego plantear al Congreso que les permita operar en dos bloques distintos. Porque, desde el 14 de octubre del 2016, la llamada ley antitransfuguismo prohíbe la formación de nuevas bancadas y esa es, aquí, la madre institucional del cordero.


Conversé ‘off the record’ con Marco Arana, Marisa Glave y otros actores de esta historia. No los puedo citar, pero sí referir, sin atribuírselos, argumentos que entre todos me proporcionaron.


—Divorcio imposible— 


Queda claro que la simetría entre las dos facciones solo es aritmética. Desde que Arana fue designado portavoz y escalaron las divergencias, tuvo más prerrogativas que los mendocistas para comunicar decisiones y pedidos a la mesa del Congreso, además de controlar asesores y recursos de bancada. Por ejemplo, decidió que Jorge Castro integrara la Comisión Lava Jato, a pesar de la grita ‘verolover’ que no quería a nadie del FA al lado de Víctor Albrecht.


En realidad, para el aranismo, los otros no son 10, sino 9, pues consideran al ‘verolover’ Richard Arce expulsado. Es cierto que lo hicieron con un tribunal formado solo por aranistas y con un reglamento de bancada que la otra parte rechaza porque ni siquiera cumple con el estándar del reglamento general del Congreso, que aplica sanciones solo si se deciden por mayoría en el pleno. Arce interpuso un amparo constitucional que un juez ha declarado improcedente y la Oficialía Mayor del Congreso ha hecho un informe que no da la razón a nadie.


El caso de Arce es el que eriza más a los bloques. Tras conversar con los dos, pulseé las posibilidades de revertir las renuncias y llegar a acuerdos en temas de reparto de comisiones, de financiamiento partidario, de vocería, de modificación del reglamento (los mendocistas se contentarían con un solo cambio: que para expulsar a alguien se requiera el voto de 3/4 de bancada); pero con Arce no transan. Para el aranismo, Richard ya fue; para Nuevo Perú, se queda sí o sí.


Arce es la perfecta encarnación y pretexto de la bronca. Fue designado candidato por Apurímac tras un acuerdo en Lima, pues en su comité los militantes de Tierra y Libertad no se pusieron de acuerdo con el resto de frenteamplistas. Esos incidentes entre bases de TyL, dueño de la inscripción que permitió candidatear a Mendoza, y los independientes o militantes de pequeños partidos de izquierda, aumentaban la comprensible pica de Arana y su entorno al ver que un nuevo movimiento se armaba a expensas del triunfo logrado en común. Para remate de la pica aranista, importantes dirigentes de TyL, como Marisa Glave, Pedro Francke e Indira Huilca, se adhirieron a Verónika e impulsaron la formación de un nuevo partido. Allí vino el forcejeo que llevó a Arana a cerrarse en el manejo de la bancada y a Arce a cometer un grave error: en la Comisión de Ética, de la que era miembro, se abstuvo de votar en contra de una acusación contra Arana, a quien se lo culpaba de difundir la imagen del entierro de una terrorista, pero todo indicaba que lo hizo por error.


Si bien lo de Arce es una pieza de absoluta infraternidad, existe la prueba de otra: una carta donde el propio Arana remite al despacho de Luz Salgado un recorte periodístico donde se culpa a Arce de turbios manejos partidarios.


Entre el desprendimiento inicial de Arana, y su actual soledad de 10; media otra ironía. TyL, sin ganas, se rebautizó Frente Amplio ante el pedido de las bases plurales que seguían a Verónika. Ahora, los frenteamplistas originales han olvidado el nombre para abocarse a la construcción de Nuevo Perú y es Arana quien reivindica el nombre y el logo florido.


Volviendo al punto inicial: No hay, pues, afán conciliador. El bloque ‘verolover’ está convencido de que solo le esperaban más exclusiones y expulsiones si se quedaban, y por eso, renunciaron. Evaluaron, además, que 10 parias pueden hacer sentir su voz en el Congreso más de lo que se cree y ello podría obligar a la junta directiva a buscar una solución imaginativa que los deje, de alguna forma, operar como grupo. A eso le tienen más fe que a la posibilidad de que el TC declare inconstitucional la ley antitransfuguismo.


Por su lado, Arana y sus fieles del original TyL sienten que el mendocismo les fue ingrato. Los menguó ante las bases y el electorado, en el marco de un frente. Y han encontrado, en el manejo de la bancada, la manera de resarcirse. No se pierdan el próximo capítulo, en la próxima legislatura.

 

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