FARC-EP: CONTINÚA LA LUCHA GUERRILLERA

 
 
 
 
 
 
 
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PDF: Manifiesto de las FARC-EP «Mientras haya voluntad de lucha, habrá esperanza de vencer»

Tribuna Popular.- El comandante Iván Márquez –junto a otros líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), como Oscar Montero «El Paisa», Jesús Santrich, Iván Mahecha, Zarco Aldinever, Edison Romaña y Walter Mendoza–, leyó un Manifiesto en el que anunciaron el comienzo de «la Segunda Marquetalia bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión».

Márquez –desde algún punto en la zona del río Inírida, situado en la región amazónica del sureste del país, cerca de las fronteras con Venezuela y Brasil–, resaltó que es «la continuación de la lucha guerrillera en respuesta a la traición del Estado al Acuerdo de Paz de La Habana».

Enfatizó que «La rebelión no es una bandera derrotada ni vencida; por eso continuamos con el legado de Manuel y de Bolívar», y que buscarán «coordinar esfuerzos con la guerrilla del ELN y con aquellos compañeros y compañeras que no han plegado sus banderas».

«El objetivo […] será la oligarquía, esa oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta», puntualizaron en el Manifiesto, al tiempo que «Una Nueva Modalidad Operativa conocerá el Estado. Sólo responderemos a la ofensiva. No vamos a seguir matándonos entre hermanos de clase para que una oligarquía descarada continúe manipulando nuestro destino y enriqueciéndose, cada vez más, a costa de la pobreza pública y los dividendos de la guerra».

Anunciaron su «desmarque total de las retenciones con fines económicos», aclarando que «La única impuestación válida será –siempre en función de la financiación de la rebelión– la que se aplique a las economías ilegales y a las multinacionales que saquean nuestras riquezas».

 

 

La guerrilla se propone «trabajar con todos los estratos del pensamiento humanista la construcción de la patria del futuro», asumiendo un compromiso «de corazón y sin descanso –como dice Marulanda– en una lucha constante por los cambios, motivados en la gran causa de la paz con justicia social y soberanía, por un Nuevo Gobierno Alternativo que salve al país de la crisis general».

Tras una breve relatoría de intentos de paz truncados por la oligarquía santanderista, el Manifiesto señala que «Desde la firma del Acuerdo de Paz en La Habana, y del desarme ingenuo de la guerrilla a cambio de nada» continuaron los asesinatos: «En dos años, más de 500 líderes y lideresas del movimiento social han sido asesinados, y ya suman 150 los guerrilleros muertos en medio de la indiferencia y la indolencia [del Estado]».

Los combatientes explicaron que «la trampa, la traición y la perfidia, la modificación unilateral del texto del Acuerdo, el incumplimiento de los compromisos por parte del Estado, los montajes judiciales y la inseguridad jurídica, nos obligaron a regresar al monte. Nunca fuimos vencidos ni derrotados ideológicamente. Por eso la lucha continúa. La historia registrará en sus páginas que fuimos obligados a retomar las armas.»

«El expresidente Santos juró […] que no cambiaría ni una sola coma de lo pactado, que cumpliría lo firmado de buena fe […].», dice el Manifiesto, «Pero ni siquiera se atrevió a titular tierras a los campesinos que han vivido en ellas por décadas […]. Tanto el fondo de tierras, como la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito acompañada de proyectos alternativos y el mejoramiento de las condiciones de vida en el campo, han quedado por ahora, perdidas en el laberinto del olvido.»

Asimismo, denuncia que «Nada hizo Santos para impedir el hundimiento en el Congreso de la Reforma Política, sabiendo, como todos los colombianos, que ninguna guerrilla se desarma si no existen plenas garantías de participación política para todos», y que «sabotearon las Circunscripciones Electorales Especiales de Paz concebidas para que las víctimas de las regiones más afectadas por el conflicto, tuvieran voz en el Congreso de la República».

«Estuvimos cerca de poner fin a través del diálogo al más largo conflicto del hemisferio, pero fracasamos porque el establecimiento no quiso respetar los principios que rigen las negociaciones», reflexionan las FARC-EP, dejando claro que la oligarquía logró lo que quería: «que era la entrega de las armas».

Para lograr «un nuevo Acuerdo de Paz sin más asesinatos de líderes sociales y de ex combatientes guerrilleros», se plantean «la instalación en el Palacio de Nariño de un Nuevo Gobierno colocado allí por una gran coalición de fuerzas de la vida, de justicia social y democracia, que convoque a un nuevo diálogo de paz. Un nuevo diálogo […] que involucre a las fuerzas guerrilleras y a todos los actores armados para que podamos fundar una paz definitiva, estable y duradera».

«El Estado ha sido secuestrado por los forajidos y la mafia de la corrupción y la impunidad», alertaron, y que «Rescatarlo y liberarlo, está en manos de la movilización de las conciencias, de la nación en masa, del pueblo unido».

Ampliaron que «El régimen imperante, de políticas neoliberales, de corrupción y guerra del actual poder de clase» los colocó frente a dos caminos: «o se abre una recomposición como resultado de un diálogo político, y de la institucionalización de los cambios resultado de un Proceso Constituyente Abierto, o esos cambios, tarde o temprano, serán conquistados mediante el estallido de la inconformidad de todo un pueblo en rebelión».

Así se pronunciaron por «una Asamblea Constituyente, suficientemente representativa y con plenas garantías de actuación, [que] dé un impulso definitivo a las transformaciones estructurales que requiere Colombia».

Y culminaron con una de las consignas de la histórica organización fundada el 27 de mayo de 1964: «¡Con Bolívar, con Manuel, con el pueblo al poder!»

 
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